martes, 14 de julio de 2009

LA VENTANA INDISCRETA de Alfred Hitchcock – 1954 – (“Rear Window”)


Jeff, reportero gráfico de Nueva York, ha tenido un accidente que le ha dejado una pierna inmovilizada por una larga temporada. Dado de baja, se ve obligado a permanecer en su pequeño apartamento de reposo, donde se aburre mortalmente a pesar de las visitas de su novia Lisa, de su enfermera o de sus amigos. Ante este panorama, decide dedicarse, con sus prismáticos, a espiar a sus vecinos desde su habitación, que da al patio interior donde la vida diaria de su comunidad se desarrolla. Pronto, Jeff se aprende de memoria las existencias cotidianas de todos los que le rodean. Sin embargo, un día, se percata de algo: la mujer de uno de sus vecinos ha desaparecido. Y su marido se comporta de una forma muy extraña…

¿Qué vamos a decir a estas alturas de Alfred Hitchcock? El orondo maestro inglés del suspense, del terror y de la intriga fue algo más que un revolucionario innovador del lenguaje audiovisual; fue un director prolífico como pocos, un incansable y siempre originalísimo creador y uno de los más grandes experimentadores del arte de contar historias para las pantallas por la manera de recrear sus rocambolescas pero siempre pasmosamente posibles situaciones, por la manera de angustiar al espectador y hacerle sentirse perdido en callejones terribles y por la manera de hacerle identificarse con los sufridos protagonistas de sus obras. Siempre comercial pero no por ello amable (en absoluto), de formación católica y desinteresado en gran parte por las cuestiones ideológicas, sociales o políticas a pesar de ser un enorme constructor de perfiles psicológicos y morales, Alfred Hitchcock casi siempre colocaba a un héroe “bueno” y “normal” (que no era otro que el propio espectador) en una situación peligrosa, injusta o terrorífica, en la que se le acusaba de algo que no había hecho, en la que sabía algo que podía salvar a alguien pero que igualmente no podía contar o en la que era perseguido sin razón aparente por alguien o por algo. También, en numerosas ocasiones, fueron sus protagonistas antihéroes o seres atormentados en busca de redención, de amor o del camino para volver a hacer lo que creen que es correcto. El delito solía ser castigado en las historias de Hitchcock e incluso este castigo llegó a venir alguna que otra vez acompañado de un mensaje moralizante, aunque a pesar de todo demostrara a su vez el maestro del suspense gran simpatía por sus personajes “malvados”, a veces estrambóticos e incluso entrañables. Cada una de las películas de Alfred Hitchcock es radicalmente distinta, y en todas encontramos violencia y a veces hasta sadismo, gran morbo y tensión sexual, un humor fino y siempre inteligente (y a veces muy negro y siniestro), una puesta en escena siempre innovadora, refinada, fresca y precisa, un ritmo trepidante, una maestría en los planos y en el montaje pocas veces igualada y una atmósfera extraña y a veces enrarecida. Creador del concepto del “McGuffin”, indefinible motor de la acción y del suspense por el que la trama avanza, Alfred Hithcock fue un autor total, un inventor genial e inagotable, uno de los grandes e indiscutibles maestros del séptimo arte de todos los tiempos. Sin él no hay cine. ¿Obras maestras? Montones e interminables: “El hombre que sabía demasiado”, “39 escalones”, “Agente secreto”, “Sabotaje”, “Alarma en el expreso”, “La Posada de Jamaica”, “Rebeca”, “Sospecha”, “La sombra de una duda”, “Recuerda”, “Encadenados”, “El Proceso Paradine”, “La soga”, “Atormentada”, “Yo confieso”, “Crimen perfecto”, “La ventana indiscreta”, “Atrapa a un ladrón”, “Pero ¿Quién mató a Harry?”, “Vértigo”, “Con la muerte en los talones”, “Psicosis”, “Los pájaros”, “Marnie, la ladrona”, “Cortina rasgada”, “Topaz”, “Frenesí”, “La trama”… Y algunas me dejo.


El maestro inglés del suspense, Alfred Hitchocok, dio grandes e imprescindibles lecciones de cine a lo largo de su dilatada carrera, lecciones que llegaron a cambiar el cine mismo y su concepción. Una de estas lecciones, además de una de sus grandes obras maestras, fue“La ventana indiscreta”, toda una clase magistral sobre la utilización del espacio en una película. Una habitación reducida y un patio interior de vecinos; con sólo estos dos escenarios se construye una de las tramas criminales más originales de su época. Un hombre encerrado en casa por una baja médica, representación arquetípica del voyeur aburrido, morboso y hasta reprimido de la gran ciudad (aunque la carita de bueno del casi siempre íntegro James Stewart reduzca un poco este retrato) se dedica, en todo el tiempo libre que tiene ante sí (que es todo su tiempo), a espiar a sus vecinos, primero de forma inocente y más tarde con la pura intención de meter las narices en los asuntos ajenos; las intenciones del puro mirón, del puro cotilla, como el propio Hitchcock (que llegó a confesar más de una vez su pasión por mirarlo todo y a todos). No en vano, hay que señalar que el protagonista es, también, un periodista, un hombre que vive de observar/espiar la realidad. Este periodista lisiado descubre la vida de todos los que le rodean, vidas a las que, si no fuera por su baja médica, no habría hecho ni caso y, a raíz de esto, descubre que en una de las casas que miran a su patio ocurre algo extraño: un hombre se comporta de forma estrambótica mientras que su mujer no da señales de vida desde hace varios días. Jugando con lo que se ve, con lo que no se ve y con lo que se ve a medias, Hitchcock elabora una de las intrigas mejor hilvanadas de toda su carrera, además de un irónico y hasta cínico retrato urbano donde tiene cabida la soledad, la insolidaridad, la intolerancia hacia las parejas o su decadencia amorosa y los secretos de familia. El voyeur está protegido en la oscuridad de su apartamento, en la seguridad de los prismáticos y, sin embargo, está a la vez completamente indefenso ante su enemigo, el hombre del que sospecha que ha cometido un crimen, que en cualquier momento puede descubrirle e ir a por él, un lisiado temporal que no puede correr hacia ninguna parte. Varios personajes le dan su versión de lo que puede ocurrir, aunque en un principio no le crean demasiado: su novia (maravillosa y preciosa Grace Kelly), su amigo policía y su enfermera. Por supuesto, el espectador también opina. Él es el voyeur principal de esta obra.

2 comentarios:

Crowley (www.tengobocaynopuedogritar.blogspot.com) dijo...

Gracias por pasarte por mi blog y por tus comentarios. Como ya te he dicho allí, sí, el nombre del blog viene por el relato de Ellison.
Otra gran película que no debería perderse nadie. Una obra maestra, sí señor.
Saludos
Nos leemos

Alhy dijo...

Yo creo que esta pelicula tiene algo (o, mas bien, un mucho) de dolorosa. Lo digo por lo del voyeurismo imperante en nuestra sociedad hoy día. La forma de venderse y de observar que han puesto de moda los reality shows. Los 15 minutos de fama, la voracidad del espectador que ha perdido el centro....
Es imposible no identificarse. Afortunadamente para ambos, tú y yo escapamos un poco (¡que milks, un mucho!) de todo ese crazy circus ;)

Mis prefes del mago del suspense son: Vertigo, Encademados y Rebecca. No podria decirte cuál me gusta mas :)

¿Veo doble y no lo sabia o has puesto tu lista de contactos dos veces?
El contador va subiendo, pesimista-man ;)

Acabo de subir mi segunda veggie entrada. Que nerves! :P

Arg, me voy right now a seguir con mi horrenda busqueda de ropa bodil. Wish me luck o, mejor aún, ponme una velita. Ay...

Wedding hater Kisses ***