domingo 7 de febrero de 2010

BANANAS de Woody Allen – 1971 – (“Bananas”)


A Fielding Mellish le ha abandonado su novia Nancy, fiera e incansable activista política y social "de izquierdas". Por eso, para recuperarla e impresionarla, decide tomarse unas vacaciones en la pequeña y paradisíaca República de San Marcos, en donde el corrupto gobierno lucha día y noche contra la valiente guerrilla rebelde que se opone a él. Cuando esta guerrilla por fin toma el poder, su líder se vuelve misteriosamente loco… Y al nuevo gobierno se le ocurre entonces suplantarlo: Mellish es la elección perfecta para ocupar su puesto.

“Bananas” fue la segunda película que dirigió Woody Allen después de haber debutado (sin contar con “Lili, la Tigresa”) con “Toma el dinero y corre”. Su personalísimo estilo se va afianzando cada vez más. “Bananas” supone un nuevo paso hacia el ácido e inmisericorde humor irónico lleno de referencias culturales que le caracterizaría en el futuro. Aún conteniendo muchas escenas compuestas por gags puramente físicos y por diálogos de trazo grueso o directamente surrealistas o absurdos, ya apunta hacia un asunto de más enjundia que el de su anterior película: la crítica, brutal a pesar de aparecer en clave humorística, de las revoluciones y de las dictaduras que azotaban y aún azotan a muchos países de Sudamérica, así como la crítica al mundo “desarrollado” deshumanizado de los USA en aspectos como la violencia tranquilamente aceptada o el opio de la televisión. Dentro de estas críticas, también se hacen constantes referencias a otros de los asuntos que todavía le obsesionan a Woody: las relaciones amorosas y, aquí sobre todo, el sexo. El personaje se sigue asentando: es el protagonista del filme, por segunda vez, el hombre neurótico, tímido, apocado y mediocre de “Toma el dinero y corre” (interpretado por el propio Allen de nuevo), el hombre neurótico que se acaba involucrado en una empresa que se le escapa de las manos desde el primer momento: aquí una revolución y un tumultuoso y decepcionante cambio de gobierno. Este tipo de hombre sería el que protagonizaría ya casi todas las posteriores obras de su creador, que no es otro que este mismo hombre. Las referencias de “Bananas” a la Cuba de Fidel Castro son evidentes desde el primer minuto de metraje. Woody Allen disecciona con por momentos sádica ironía el proceso por el que una revolución en el nombre de ideas altruistas acaba instaurando, tras la victoria, un nuevo mecanismo tan opresor, tan corrupto y tan intransigente como el derrocado. Muchos criticaron a Allen por esto y hasta le acusaron de ir contra las revoluciones sudamericanas y a favor de los Estados Unidos (lo cual es totalmente falso, y no hace falta para asegurarlo más que comprobar como nuestro amado neurótico también ataca sin piedad a su país). La película, con un ritmo frenético que no encontramos en otras de su autor, si bien es divertidísima y delirante, no está al nivel de sus grandes obras, lo cual es también normal visto el nivel que alcanzó a partir de “Annie Hall”. No deja de ser, a pesar de esto, una comedia inteligente y canalla más que apreciable y cargada de memorables gags. Destacaría, por encima de todos, el de la paliza a la vieja del metro (podemos encontrar en ella a un joven Sylvester Stallone), lucidísima muestra en clave de negrísimo humor de cómo una sociedad de cobardes, para evitar mirar de frente a la violencia, se limita a ignorarla amparándose en sus quehaceres diarios. Es una escena realmente genial e irrepetible en toda la filmografía de Allen.

CHICAGO de Rob Marshall – 2002 – (“Chicago”)


Chicago. 1927. Dos mujeres radicalmente distintas coinciden en la cárcel: la famosa cantante Velma Kelly y la mediocre ama de casa Roxie Hart, una de sus más fervientes admiradoras. Ambas han cometido un asesinato: Velma ha matado a su hermana y a su marido, adúltero, y Roxie ha hecho lo mismo con su mentiroso amante. Ambas dependen de un hombre para salvarse de la horca: del abogado Billy Flynn, que nunca falla un caso pero que cobra un precio de locura por sus servicios. Roxie busca algo más sin embargo: la fama.

Rob Marshall ha dirigido, para la televisión, su propia versión del famoso musical “Annie”, y para la gran pantalla, el también musical “Chicago”, el drama “Memorias de una geisha” y el nuevo musical "Nine". Es un director cuyo estilo bebe directamente de los grandes clásicos de la edad de oro de Hollywood y, especialmente, de brillantes como Vincente Minnelli o Robert Fosse, de los que ha tomado su pasión por el musical, el género que más ha cultivado y en el que se siente más a gusto, y por el drama, ambos recreados en un estilo como he comentado "brillante" y visualmente cuidadísimo y lujoso. Es un, hasta ahora, gran artesano de la imagen (bastante grandilocuente) y de la narrativa clásica. Sin embargo, quizás le falte aún una personalidad más marcada. Veremos cómo le marcha en el futuro, porque aún tiene pocas películas en su filmogracía.

“Chicago” supuso el debut en la gran pantalla de Rob Marshall. El musical en el que se basa la cinta que nos ocupa, creado por el gran Bob Fosse y por Fred Ebb en 1975 y representado constántemente en Broadway (todavía sigue en las carteleras), está basado en una obra de teatro de Maurice Dallas Watkins, que a su vez se inspiró para escribirla en un caso real que apareció reseñado en la prensa. Rob Marshall, tras su también musical “Annie” para la televisión, retoma el proyecto del prematuramente fallecido Fosse (que pensaba adaptar su propia obra para el mundo del celuloide una vez más) y entrega una película llena de encanto que, con una trama tremendamente simple y directa, se erige como una divertidísima sátira de la sociedad estadounidense de finales de los años veinte cargada de ritmo y de geniales números musicales. La dirección de Marshall es brillante en todos los aspectos: lleva un pulso excelente desde el primer minuto hasta el último, los mencionados números están cargados de inventiva y la ambientación de la época es riquísima, mientras que su caracterización vodevilesca imprime una entrañable aura de irrealidad y nostalgia al conjunto. El reparto también se encuentra en total estado de gracia: Renée Zellweger, Catherine Z. Jones y Richard Gere simplemente deslumbran con sus apariciones, mientras que los secundarios (entre los que destacan la rapera Queen Latifah, John C. Reilly o Lucy Liu) terminan de redondear la historia con sus también magistrales shows (hay que decir que todos los intérpretes cantaron y bailaron sin ayuda de dobles, lo que es verdaderamente admirable pues casi ninguno tenía experiencia en estos campos). “Chicago”, obra tan ligera y fresca como por momentos irónica en su retrato social, tan lúdica como autoral, tan cínica como entrañable, es un magnífico espectáculo lleno de homenajes a grandes clásicos del género (especialmente en su estética y en sus personajes conscientemente estereotipados y caricaturizados). Un entretenimiento artístico de primera.

LA CARRETERA de John Hillcoat - 2009 - ("The road")


El mundo ha sido salvajemente destrozado por una catástrofe que nadie ha podido explicar y que ha envuelto al planeta en la ceniza y en la oscuridad no se sabe por cuantos siglos. Prácticamente todas las plantas y todos los animales han desaparecido... Todos menos el hombre, que, diezmado casi hasta la extinción, vaga practicando el canibalismo para malvivir entre las ruinas de lo que fue su civilización. En este ambiente, un padre y un hijo viajan siguiendo lo que fue una carretera de Norteamérica hacia el sur, huyendo del frío atroz y buscando un lugar mejor en el que asentarse. En su camino, les espera el sufrimiento y la desolación más extrema... Sin embargo, también la esperanza en el ser humano puede terminar encontrándoles.

El australiano John Hillcoat únicamente ha dirigido hasta la fecha el western "The proposition" y el filme post-apocalíptico "La carretera".

Basada en la magistral novela homónima del enorme escritor norteamericano Cormack McCarthy (que se ha hecho famoso con más de setenta años -era conocido en círculos bastante cerrados por maravillas como "Meridiano de sangre" o "La trilogía de la frontera"- después de que los hermanos Coen llevasen al cine su obra "No es país para viejos"), "La carretera" confirma a John Hillcoat como una gran promesa del cine moderno sin dar lugar a dudas. Prácticamente igual a la novela (con pequeñas variaciones que incluso la enriquecen), el filme narra la historia de un padre y un hijo sin nombre que siguen una carretera hacia el sur por una Norteamérica profunda que ha sido destrozada, como el planeta entero al parecer, por un apocalipsis del que nadie sabe nada pero cuyas causas todos imaginan (posiblemente, alguna catástrofe o guerra de carácter nuclear a nivel mundial). Ambos buscar el calor, la comida y una vida mejor huyendo, una vez más, de los seres humanos, que vuelven a ser los animales más salvajes y crueles de todos y, aquí, los únicos que quedan en la Tierra prácticamente (se ha extinguido casi toda la vida, todas las plantas y animales que conocemos). En un ambiente oscurísimo de ceniza y lluvia constante, sin un solo lugar para la luz y marcado por las heridas abiertas de las ruinas de lo que fue la civilización se desarrolla "La carretera"; en un ambiente en el que no hay absolutamente ninguna esperanza para el hombre, que se dedica a practicar el canibalismo para malvivir y que nunca podrá volver a ser lo que era (por lo menos en muchísimos siglos). La sensación de impotencia total Hillcoat la extrae de la novela sin dar una sola tregua al espectador, que poco a poco se va sumergiendo en una espiral de pesimismo negrísima que llega, literalmente, a aplastarle. Fuego, hambre, miseria extrema, violencia y sangre por doquier, insolidaridad, ciudades abandonadas y una población mundial que posiblemente haya quedado reducida al cinco por ciento de lo que fue se intercalan con los recuerdos del protagonista (un Viggo Mortensen que pone los pelos de punta), marcados por escenas de amor idílicas en un mundo verde y azul perdido para siempre. Esta situación se va sumiendo vertiginosamente en un in crescendo hasta que (no revelo nada) la esperanza termina por surgir del lugar menos esperado y también la fraternidad, simbolizada en el personaje del niño, que no aprueba la insolidaridad de su padre aunque esté justificada por la carrera por la supervivencia. Película, como la novela, sobre el sacrificio y la confianza en la bondad del género humano a pesar de toda la barbarie de la que es capaz, "La carretera", sustentada además en unos geniales secundarios (el joven Kodi Smit-McPhee, Charlize Theron, Robert Duvall y Guy Pearce), es una de las películas fantásticas definitivas de este 2009 que acaba de terminarse. Os dejará con un nudo en la garganta pero también os reconfortará el corazón.

ALAS DE MARIPOSA de Juanma Bajo Ulloa - 1991 - ("Alas de mariposa")


Un matrimonio humilde del País Vasco vive, bajo la sombra de un abuelo tirano, machista y clasista, deseando tener un varón para que lleve el apellido de la familia. Por desgracia, sólo tienen una niña. Más tarde, sin embargo, un chico por fin llega... Pero esta niña, viendo que nadie le hace caso en el hogar, va a cometer un acto terrible despechada por los celos y por su injusta marginación. Su madre no le volverá a hablar… Hasta que el futuro luche por volver a unirlas.

Juanma Bajo Ulloa es uno de los directos vascos modernos más personales de los últimos años, poseedor de un mundo intransferible que ha recreado en tres películas inimitables (su otra película es el encargo comercial “Airbag”). Sus historias son pequeños cuentos de hadas minimalistas ambientados en el exuberante e indómito campo vasco o en los rincones más viejos y ocultos de sus grises ciudades, y sus personajes son seres perturbados, emocionalmente al borde de abismos insondables, prisioneros de un amor de cualquier tipo que les condena a la destrucción pero que también les redime de una vida de horror y acciones terribles. Su estilo hace gala de un preciosismo sobrio muy particular lleno de cuadros y fotografías hermosísimas, y sus tramas son pausadas, líricas, descansadas, aunque a menudo revientan en estallidos de violencia sucia y poética o en arranques repentinos de sádica crueldad. Es un estilo que, particularmente, me recuerda un poco al del coreano Kim-Ki Duk. Existen parecidos ente sus cuentos brutales (como “Seom, la isla”, “Samaritan Girl” o “El arco”) con los del autor comentado, modos parecidos de abordaje de las tramas, un tratamiento de la intimidad muy similar, una estética onírica y un retrato de relaciones personales ciertamente cercanos… Es de todas formas una apreciación mía y me puedo estar equivocando. Ni siquiera sé si ambos autores han tenido el gusto de conocer sus obras respectivas (supongo que sí dada la fama de los dos). Nace y vive Juanma Bajo Ulloa en Vitoria-Gasteiz, y, aficionado a la fotografía por el negocio familiar, pasa al cine rodando cortometrajes en super-8: “Cruza la puerta”, “El último payaso”, “100 aviones de papel”, “Akixo” o “El reino de Víctor”. El guión de su primera película lo escribe con su hermano Eduardo. Nace “Alas de mariposa”, que le lanza a la fama y al reconocimiento como joven promesa, reconocimiento que se asienta con la genial “La madre muerta”. Poco después, y contra todo pronóstico, rueda el engendro canalla “Airbag”, que supone una decepción para muchos de sus fans, que le acusan de haberse vendido a la industria y de haber sacrificado su personalidad por dinero. Después de casi ocho años sin dar señales de vida salvo para rodar videoclips, vuelve a sus raíces con “Frágil”, un nuevo cuento cruel que no ha tenido la aceptación de los dos anteriores, y con el genial documental "Historia de un grupo de rock", sobre la despedida de la banda Distritocatorce.

En un ambiente onírico y hermoso como pocos, de gran poder de evocación y que transpira un gran amor por las tierras vascas se desarrolla “Alas de mariposa”, uno de los debuts más impactantes del cine de la península de los años noventa, acogido con escepticismo en un principio y elevado posteriormente a categoría de obra de culto. Drama materno filial de amor y de odio sencillísimo en su estilo y en su trama, pausado, límpio y lineal, narra el oscuro cuento de una niña que crece en un ambiente machista y opresivo y que, celosa de su hermano pequeño y por amor loco a su madre (el amor que la destruye y que a la vez le da la vida) realiza una terrible acción con la que crece el resto de su vida, cargando con un pecado irreparable sobre sus espaldas que la convierte en una adolescente extraña y misántropa. Ocurre esto en la primera parte del cuento: la segunda está dedicada al asunto del perdón, a la redención por medio de, por supuesto, el amor, redención forzada por circunstancias violentas. Las actrices, Susana García y Silvia Munt, realizan un papel soberbio, envueltas en una fotografía deslumbrante y en una banda sonora maravillosa. “Alas de mariposa” es un cuento poético lleno de crueldad y visceralidad que no hay que dejar de ver y todo un clásico imprescindible de nuestro cine, al igual que “La madre muerta”, la también inolvidable segunda cinta de Bajo Ulloa.

sábado 6 de febrero de 2010

EN CONSTRUCCIÓN de José Luis Guerin - 2001 - ("En construcción")


Retrato colectivo de toda clase de personajes que viven en el Barrio Chino de Barcelona, barrio que se encuentra sumergido en una espiral de cambios radicales a causa de un plan de reforma urbana. Entre los derribos y las nuevas construcciones, constantes, todos intentan salir adelante como pueden.

De fiera vocación independiente y para algunos casi marginal, José Luis Guerin es uno de los cineastas españoles más innovadores, originales y personales de la historia. Autor de seis películas en poco más de veinte años, cada una de sus obras es un canto independiente a las miles de posibilidades de experimentación que el arte cinematográfico y narrativo son capaces de brindarnos. En sus creaciones la ficción siempre se da la mano con la realidad más cotidiana, que a menudo suele ser la más increíble. Guerin reflexiona en todas sus obras sobre la representación y el mundo real, sobre lo verdadero y lo falso, por medio de un estilo personalísimo pausado, contemplativo y violentamente realista (lo cual no excluye un toque de lirismo) que bebe tanto del documental como del puro cine de ficción, a los que reinventa constantemente. Junto a estas reflexiones encontramos en sus cintas otros asuntos variadísimos y universales como el mundo infantil, los recuerdos, los sueños y las ensoñaciones, el tiempo y el espacio (real y cinematográfico), el metacine, homenajes a los grandes clásicos y directores, el amor, la recuperación de pasados perdidos, las luchas obreras, la marginalidad, la deshumanización, las vidas comunes de los seres más comunes, que a menudo son también las vidas más interesantes y las que mejor dan cuenta de nuestro mundo moderno. José Luis Guerin lanza su mirada a todos estos asuntos, aunque no se posiciona prácticamente nunca: no juzga, no critica; enseña, y el espectador ha de extraer de sus miradas sus propias conclusiones. Su filmografía se compone del retrato infantil "Los motivos de Berta", del documental sobre "El hombre tranquilo" y John Ford "Innisfree", del drama negro "Tren de sombras", del documental comentado "En construcción" y del drama romántico "En la ciudad de Sylvia".

"En construcción" es la obra más famosa de José Luis Guerin, documental que, una vez más, se da la mano íntimamente con la ficción. El protagonista absoluto del filme es el antiguo Barrio Chino de Barcelona, la ciudad del director, que es reformado de arriba abajo y que alberga a una población variadísima que cambia conforme el mismo barrio varia su estructura, su espíritu, entre constantes demoliciones y reconstrucciones. La cámara de Guerin, que también hace uso de algunas imágenes de archivo, sigue las vidas cotidianas de las personas que viven en este lugar, vidas que de una forma u otra se ven afectadas por el medio, en transformación. Un espectacular paisaje humano y urbano (intrínsecamente relacionados) se abre ante los espectadores: entrañables seres de toda clase y condición pasean ante la pantalla, seres cuyos pedazos de vida cotidiana sirven para lanzar consideraciones, impresiones, reflexiones (que a veces aportan ellos mismos o que el público ha de aportar, ya que Guerin únicamente muestra lo que encuentra a su paso) sobre cualquier tipo de asunto: la arquitectura, el mundo moderno en constante evolución, el pasado y el tiempo, la prostitución, las drogas, las luchas obreras, la precariedad económica, la rutina, el poco futuro de la juventud. Existe un drama tras estas vidas que queda bien patente a pesar de que, como he comentado, Guerin únicamente muestre lo que su cámara capta: el Barrio Chino expulsa a su población autóctona para abrir el paso a otra nueva y conquistadora, la de un mayor poder adquisitivo (genial el retrato de la pareja que busca su nuevo piso en contraposición con la que mata el tiempo y vive en la ruina casi total). "En construcción" es así, además de un documental innovador como pocos, un documental fieramente social, un canto a los desheredados de cualquier ciudad del mundo cargado de dramatismo y, también, de humor (el dramatismo y el humor que se dan la mano diariamente en cualquier vida de cualquiera de nosotros).

viernes 5 de febrero de 2010

BARRIO de Fernando León de Aranoa – 1998 – (“Barrio”)


Javi, Manu y Rai son tres adolescentes que viven en hogares en descomposición en los suburbios de Madrid. El verano cae sobre la ciudad y mucha gente se marcha en busca de la playa o del buen tiempo. Ellos no pueden ir de vacaciones a ninguna parte y muy poca cosa hay que hacer en su barrio salvo lo mismo de siempre: meterse en problemas, intentar visitar el centro (muy alejado, mal comunicado y vedado a los que no tienen dinero), intentar conseguir algo de pasta, intentar ligar y, sobre todo, imaginar, imaginar otras vidas mejores.

El director y guionista madrileño Fernando León de Aranoa es hoy, con todavía sólo cuatro películas rodadas, uno de los grandes abanderados del cine social español. Aclamado autor de guiones como los de “Fausto 5.0”, “Insomnio” o “Corazón loco” (así como el del gran documental social “La espalda del mundo” de Javier Corcuera), debutó en la dirección de sus historias con el cortometraje “Sirenas”, del que pasó a la extraordinaria película “Familia”, que muchos no han enmarcado en el cine social que posteriormente firmaría pero que tiene mucho de éste al ser la loca historia de un hombre solo en la vida que contrata a un grupo de actores para que interpreten a su familia ficticia por un día. Fue uno de los debuts más destacados del cine español de su momento y es ya una película clásica de nuestra filmografía. Cambió después de registro y pasó León de Aranoa al drama social más triste y descarnado. Rodó “Barrio”, sobre las desventuras de tres chicos de barrio bajo sin salidas a ninguna parte en la vida. Después llegaron “Los lunes al sol”, sobre el drama de los parados, y “Princesas”, sobre el de las prostitutas, además de los documentales “Caminantes”, sobre la marcha zapatista en México, y “Buenas noches, Ouma”, sobre la guerra del norte de Uganda. En sus muy premiadas películas mezcla León de Aranoa el intimismo, la cotidianeidad, el lirismo y el humor. Sus personajes, siempre interpretados por actores y actrices de primera (Juan Luis Galiardo, Javier Bardem, Candela Peña, Luis Tosar…) a los que dirige con genial pulso, son seres perdidos en un mundo injusto, deshumanizado e insolidario del que a menudo escapan por medio de su imaginación o del constante humor ante cualquier situación, por muy dura y aparentemente insalvable que sea. Aún siendo sus dramas muy crudos y por momentos completamente desesperanzados y hasta patéticos, en casi todos hay siempre abierta una puerta luminosa a la esperanza, simbolizada en la amistad, en el amor o en la lucha incansable contra algo que a veces ni se sabe qué es. Fernando León de Aranoa tiene también algunos serios defectos que se aprecian especialmente en sus dos últimos filmes de ficción, en los que se pueden encontrar evidentes signos de demagogia, maniqueísmo, engaño y manipulación sentimental de situaciones y diálogos, así como una insufrible pedantería referida a estos mismos diálogos, que en “Princesas” ya llegan a ser completamente barrocos (y algunos totalmente vacíos aunque parezcan llenos) en un inútil afan por poetizarlo absolutamente todo de la forma más artificial. Todo esto le resta muchísimo valor a su última producción. Esperemos que lo subsane.

“Barrio” es, junto a la comedia social “Familia”, la mejor obra de ficción hasta la fecha de Fernando León de Aranoa. Alejado de muchos de sus maniqueísmos posteriores y sin hacer gala de sus también posteriores diálogos pedantes y abigarrados, narra, con increíble simpleza, unos cuantos días de vida cotidiana de tres adolescentes en los suburbios del Madrid veraniego, el que queda parcialmente desierto aplastado por el calor. No ocurre mucho, pero ocurre todo. Javi, Manu y Rai, interpretados por Críspulo Cabezas, Eloi Yebra y Timy (interpretaciones que unos alaban y otros detestan) son hijos de familias humildes descompuestas o en descomposición que pasan un verano básicamente aburrido en su barrio de enormes bloques de viviendas baratas, alejado del centro, mal comunicado, sin parques ni lugares de ocio, sucio y cutre, sumido en la pobreza, en la delincuencia y en la violencia. Como todos los personajes de Aranoa, los tres imaginan constántemente: imaginan otras vidas lejos del barrio, vacaciones en lugares paradisíacos, relaciones con muchas mujeres, grandes fiestas. Mientras, como tantos otros jóvenes, dan vueltas erráticas por todas partes, salen de noche, intentan ligar, hacen trapicheos, tienen broncas, visitan el centro para intentar hacerse un hueco en su vida nocturna de élite. Un elemento simbólico aparece en sus anodinas existencias: una moto acuática que le toca a uno de ellos en un concurso, una moto acuática que queda atada a una señal de tráfico del barrio porque ninguno de los tres puede ir a la playa a disfrutarla. La moto acuática representa sus vidas marcadas por el estancamiento y la marginación, sus vidas que posiblemente nunca salgan de ese maldito barrio. El desenlace logra conmover y creo que es el acertado. No lo revelo.

jueves 4 de febrero de 2010

¿QUÉ HACE UNA CHICA COMO TÚ EN UN SITIO COMO ESTE? – 1978 – (“¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?”)


Rosa es una peluquera que tiene dos hijos y que está separada de su marido, un antiguo policía violento, de ideas rancias y machista que no deja de acosarla y que vive de ella. Su vida cambia radicalmente cuando conoce al joven y rebelde cantante de un grupo punk… Y empieza una relación con él. Juntos, recorren un Madrid que empieza a salir de su letargo y cuyas noches son todas de fiesta. Rosa, sin embargo, ha de enfrentarse de una vez por todas a su marido, que cada vez la tiene más acorralada y que va a hacerla tomar decisiones radicales.

Fernando Colomo es tal vez el director más importante de la Nueva Comedia Madrileña, aunque él ha negado que toda su filmografía se adscriba a esta corriente, que según sus palabras ya está olvidada (se puede comprobar, efectivamente, este cambio en su obra). Sus primeras creaciones sí que pertenecen, de todas maneras, a este género genuinamente español, que además se inició con su debut: “Tigres de Papel”. Su cine es básicamente un cine de relaciones personales casi siempre en clave de comedias comerciales que va desde lo canalla hasta lo satírico, desde lo costumbrista hasta lo surrealista, desde lo sofisticado hasta lo facilón, desde lo tierno hasta lo patético y desde lo delirante hasta lo agridulce en las que suele retratarse la sociedad del momento en el que son rodadas, siempre con un ojo agudo aunque en momentos algo maniqueo que a veces se muestra más contestatario (especialmente en las películas de sus inicios) y a veces más conformista (especialmente en sus últimos tiempos). Es un excelente director de actores y actrices, a los que sabe extraerles muy bien su jugo cómico. Tras la mencionada “Tigres de papel”, dirigió la comentada “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?” y las nuevas comedias “La mano negra”, “Estoy en crisis” y “La línea del cielo”, tras la que incursionó con poca fortuna en el cine fantástico con “El Caballero del Dragón”, después de la cual volvió a las comedias con “La vida alegre”, “Bajarse al moro”, “Rosa Rosae”, “Alegre ma non troppo”, “El efecto mariposa”, “Eso”, “Cuarteto de La Habana”, “Los años bárbaros”, comedia ambientada en la dictadura; “Al sur de Granada”, biopic de Gerald Brenan en clave de comedia y “El próximo Oriente”.

“¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?” es una de esas películas que se convierten en obras de culto decisivas de toda una generación de manera fulminante y que hoy en día es recordada por los que en su momento eran jóvenes (por “jóvenes” entiendo en este caso particular –simplemente para hacer una acotación- a las personas que en ese momento tenían menos de cuarenta años y que veían amanecer con ilusión un nuevo futuro para España –porque pienso que únicamente es viejo quien quiere ser viejo-) como, por poner algún ejemplo, pueden ser recordadas obras como “Rebelde sin causa” o “El graduado” en los Estados Unidos. Una deslumbrante Carmen Maura interpreta a una peluquera madura que, separada de su marido, un antiguo policía de ideas rancias (las del viejo régimen), empieza una relación con un jovencísimo cantante de un grupo punk. Ambos, perdedores en el campo profesional o en el sentimental, recorren las calles y los locales de un Madrid que empieza a despertarse, como el resto de España, del letargo de la dictadura. El personaje de Maura, sin embargo, ha de enfrentarse a la lucha por su independencia, aunque sea utilizando medios que no pensaba utilizar y que aportan cierto toque surrealista y negro al filme (este hecho la proclama como una mujer valiente, fuerte y que obtiene su independencia en una época todavía anclada el machismo del pasado). Con un genial elenco de secundarios (destaca un magnífico Félix Rotaeta y un divertido José Lage), la película es un fiel y por momentos irónico retrato de una época de cambios decisiva para el país y un canto a la libertad, representada en la juventud hedonista, desenfadada y también luchadora que vive estos cambios, la destinada a terminar con las viejas ideas franquistas. La película, sin embargo, adolece de cierto maniqueísmo (los más cercanos al antiguo régimen son todos despreciables mientras que los jóvenes protagonistas son enrollados a pesar de que también intimiden a los demás y abusen de ellos con la excusa de la rebeldía –cómo ocurre en la escena de la peluquería, que para colmo se ve como una escena graciosa-). Dejando esto de lado, “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?” es una de las películas más míticas del cine español por todos los méritos antes enumerados. Además, el tema central del filme, del grupo Burning y que tiene su mismo nombre, es una canción clave de ese tiempo junto a las de formaciones como Kaka De Luxe, Alaska y Los Pegamoides, Alaska y Dinarama, Paraíso, La Mode, Parálisis Permanente, Derribos Arias. Loquillo & Trogloditas, Los Nikis, Radio Futura...

miércoles 3 de febrero de 2010

LA MUERTE DE MIKEL de Imanol Uribe – 1983 – (“La muerte de Mikel”)


Mikel es el joven farmacéutico de un pueblo de la costa vasca no muy grande y en el que la hipocresía, los prejuicios y los cotilleos más crueles están a la orden del día. Su vida no marcha bien: es homosexual pero no quiere reconocerlo y por ello su matrimonio con Begoña se va a pique. Cuando ésta le abandona, Mikel, en una escapada a Bilbao, se acuesta con un travesti… Del que se enamora siendo además correspondido. La felicidad le dura poco. En el pueblo descubren su relación y comienzan a criticarle por la espalda, mientras que sus amigos le fallan y el partido político en el que milita le excluye de las listas al ayuntamiento. Algo aún más terrible ocurre: su madre, clasista, puritana y rancia, se muestra dispuesta a hacer todo lo posible para que “abandone su condición sexual”.

Imanol Uribe fue uno de los cineastas que, durante la Transición, se destacó especialmente por realizar un cine de poderosa identidad vasca (aunque nacido en El Salvador es originario de Guipúzcoa y ha desarrollado toda su carrera en España) que, si bien se posiciona claramente en contra de la represión de su pueblo a manos de la dictadura de Franco y de lo que todavía quedó de ella tras su muerte, también critica la crisis de valores que entonces vivía el País Vasco, que, como el resto de España, se abría a la democracia con más de un problema serio de adaptación. En sus primeras obras se lanzan ataques frontales contra el clasismo, el machismo, la homofobia, la hipocresía, el puritanismo, la burguesía más rancia, los prejuicios y, también, la violencia policial y la falsedad y el oportunismo de los partidos políticos y de sus miembros y dirigentes. Hay, sin embargo, algo que siempre se le ha achacado a Uribe: no tratar con una mirada verdaderamente crítica el terrorismo de ETA, que aunque aparece en muchas de sus cintas, únicamente lo hace como mero trasfondo que asfixia a sus personajes, trasfondo en el que se intuye el ataque hacia la violencia como medio de vida pero nada más. Al asentarse la democracia, siguió tratando otros asuntos sociales como, de nuevo, el terrorismo y la violencia (“Días contados”), la represión sexual (“El rey pasmado”) o la inmigración (“Bwana”), las cuales alternó con obras comerciales en las que tocó una destacada variedad de géneros. Su obra, visualmente cuidadísima y con conseguidos toques de un lirismo a veces salvaje y brutal, se compone del polémico documental sobre las condenas a muerte de terroristas de ETA y del FRAP “El proceso de Burgos”, del thriller político “La fuga de Segovia”, de la comentada “La muerte de Mikel”, del thriller social “Adiós, pequeña”, del filme de época “El rey pasmado”, del thriller “Días contados”, del retrato de inmigrantes “Bwana”, de los nuevos thrillers “Extraños” y “Plenilunio”, del drama histórico “El viaje de Carol” y de la película de aventuras “La carta esférica”.

Basada supuestamente en la vida del etarra Mikel Kastresana, “La muerte de Mikel” es posiblemente la mejor película de Imanol Uribe y una de las obras decisivas y más arriesgadas de toda la Transición. Imanol Arias da vida de una manera muy solvente a Mikel, un farmacéutico vasco de pueblo que, homosexual y novio de un travesti, es agobiado y finalmente destruido en todos los aspectos por una familia y un ambiente opresivo para ser, además, utilizado por el partido político al que pertenece como mártir cuando previamente en este partido se le había despreciado por su condición sexual. Uribe traza, en un trasfondo político de incertidumbre y de tumultos, un fascinante, cruel y brutal retrato de la sociedad vasca y española del momento alejado de todo maniqueísmo posible. Se denuncian las torturas de la policía y, también, el oportunismo de los partidos independentistas vascos, mientras que se se destroza sin piedad a la familia burguesa tradicional, intolerante, hipócrita, clasista y aburrida y a la vida oscura y sin expectativas de libertad que se daba en los pueblos de la época. Mikel, acosado por prejuicios sexuales, descubre su homosexualidad y, tras un tiempo de dudas y de odio hacia sí mismo, comienza a exhibirla sin complejos: se convierte entonces en la burla de todos y es dado de lado por sus amigos, por su partido político (le retiran de las listas a la alcaldía) y por su familia. Únicamente le apoya su novio (que vive en Bilbao), su ex mujer y, en lo que es una sorpresa para la época y un sorprendente apunte contra el maniqueísmo, el cura del lugar, que se niega a ponerse del lado de su madre, que quiere que intente convencerle para que, por lo menos, guarde las apariencias. El imperdonable atrevimiento del protagonista de la película únicamente puede desembocar en la violencia. “La muerte de Mikel” es una obra maestra del cine español que, demasiado a menudo, es injustamente olvidada.

martes 2 de febrero de 2010

EL MILAGRO DE P. TINTO de Javier Fesser – 1998 – (“El milagro de P. Tinto”)


P. Tinto y su mujer Olivia se quieren pero han llegado a la vejez y no han podido cumplir su gran sueño: tener hijos. La culpa la ha tenido la desinformación: ninguno de los dos sabe qué hay que hacer para que una mujer se quede embarazada. Llevan una vida apacible en su casita de campo, visitados únicamente por el Tren Pendular, que pasa cada veinticinco años, y en compañía de dos marcianos. Un día, P. Tinto decide adoptar a un niño de este planeta, un niño de África. Su sueño está a punto de cumplirse… Pero también el caos está a punto de llegar a su hogar.

Hermano del periodista y también director Guillermo Fesser, Javier Fesser es uno de los cineastas españoles modernos más personales, cineasta hasta ahora poseedor de un delirante universo propio surrealista y absurdo de tintes mágicos donde la realidad, con las raíces hundidas en nuestro mundo aunque deformada en todos los aspectos, se desquicia sin cesar. Visualmente, las influencias de Javier Fesser provienen del cómic y de los dibujos animados, así como del esperpento. Sus personajes, tan aberrantes como entrañables (los cuales, por cierto, en lo físico recuerdan poderosamente a los de Fellini) viven locas aventuras en lugares rocambolescos donde absolutamente todo puede terminar ocurriendo. Únicamente cuenta, todavía, con tres obras en su filmografía, la comentada “El milagro de P. Tinto”, la adaptación de los famosos comics de Francisco Ibáñez “La gran aventura de Mortadelo y Filemón” y el drama "Camino", en el que se ha alejado parcialmente del universo anteriormente descrito. Ha participado además en un documental social, “El mundo a cada rato”, codirigido con Javier Corcuera, Patricia Ferreira, Pere Joan Ventura y Chus Gutiérrez.

Escrita junto a su hermano Guillermo, “El milagro de P. Tinto” fue el tronchante debut de Javier Fesser en el largometraje, una comedia completamente surrealista en la que se narra la titánica lucha de una pareja por tener un hijo (el cual no “tienen” hasta la vejez debido a la desinformación total de la que son víctimas) y la posterior lucha por criarlo junto a dos visitantes extraterrestres (desternillantes ambos) que, venidos del espacio, se quedan a vivir con ellos de buenas a primeras. Este hijo, por supuesto, no es el que ninguno esperaba… Y la locura se desata definitivamente (porque todo el filme, desde los inicios, es una perenne locura). “El milagro de P. Tinto”, con un argumento en el que nunca paran de introducirse nuevos personajes y elementos, es una delirante cascada de gags en los que se mezcla desprejuiciadamente cualquier clase de humor: el inteligente, el absurdo, el zafio, el escatológico, el negro, el “verde” y hasta el humor inglés para narrar una historia llena de guiños (muy agudos unos y nostálgicos otros) a la España más castiza las últimas décadas (los aparatos de la casa de los ancianos, la fábrica de obleas, el vestuario, el escenario: la naturaleza profunda…) y de homenajes a otras tantas cosas que fascinan a Fesser: el cine de Luis García Berlanga (Luis Ciges –genial- era un habitual suyo), el cine ruso mudo (verdaderamente geniales las primeras escenas del filme), los marcianos, los dibujos animados y los tebeos, la dictadura franquista (de la que se burla constantemente), los Monty Python… Sin embargo, el filme no es únicamente humor: hay también un espacio para la ternura, y bien delimitado y desarrollado. Visualmente, además, es verdaderamente personalísimo y fascinante, gracias en parte a unos efectos especiales magníficos. Por supuesto, y como suele ocurrir, “El milagro de P. Tinto” es una obra que fascina a algunos/as y desquicia a otros/as, que no le ven a la cinta la gracia por ninguna parte.

EL SEGUNDO NOMBRE de Paco Plaza – 2002 – (“Second name”)


La joven Daniela no se explica el misterioso suicidio de su padre, Teodore Logan, un rico y poderoso empresario. Además, pocos días después del entierro, su cadáver es robado del cementerio y aparece destrozado de forma ritual en un vertedero. Nadie le da una respuesta y la policía piensa que ha sido una gamberrada cruel y macabra. Daniela comienza entonces a ahondar en el pasado de su familia. Pronto, descubre cosas oscuras de las que nunca ha tenido conocimiento. Pronto también el mundo que le rodea empieza a cambiar.

El valenciano Paco Plaza es, junto a Jaume Balagueró, otro de los nuevos nombres del cine fantástico español moderno. También especializado en el género del terror, únicamente ha dirigido todavía dos películas, mientras que ha co-dirigido junto al mencionado Balagueró otras dos. Su estilo se aleja bastante del estilo del cineasta catalán, al que siempre aparece unido por sus trabajos comunes y del que es buen amigo. Las obras de Paco Plaza son, tanto en lo visual como en lo narrativo, más sobrias, menos efectistas, más comedidas en el campo de los efectos especiales y más pausadas que las de éste. Destacan en ellas una forma de rodar más clásica y unas muy destacadas atmósferas oníricas y siniestras poderosamente evocadoras cimentadas en una excelente fotografía. Sus personajes, hasta ahora, han sido seres comunes que se ven enfrentados a algo desconocido o a la verdadera naturaleza de otros personajes que creían conocer. Debutó con dos películas en el mismo año: el documental “OT. La película”, dirigida junto a Balagueró (cinta por la que ambos recibieron durísimas críticas –cuando en realidad fue un encargo, un mero trámite que ellos mismos pensaban olvidar-) y la excelente “El segundo nombre”. Más tarde, dirigió “Romasanta”, su aproximación personal a los legendarios hombres lobo, y “REC” y "REC II", de nuevo junto a Balagueró.

La primera película de ficción de Paco Plaza, “El segundo nombre”, al igual que la ópera prima de Jaume Balagueró “Los sin nombre”, está basada en una novela de Rampsey Campbell. Es una producción española aunque rodada en inglés y con bastantes actores extranjeros. Comparte con el debut del catalán un asunto parecido: el de las sectas, aunque en este caso centrándose en los oscuros secretos que laten en las familias, que aparecen representadas como organizaciones ocultas. Erica Prior debuta como protagonista dando vida a una joven que, tras el misterioso suicidio de su padre, empieza a ahondar en su entorno más cercano, su familia y sus amigos, para descubrir lo que late en su interior, algo inimaginable y oscuro. “El segundo nombre” es un thriller de terror psicológico excelente que, al igual que “Los sin nombre” (a la que pienso que es ligeramente superior), no muestra nada que no hayamos visto antes pero que, sin embargo, lo hace de una manera excelente. La dirección, de aura clásica, es comedida en todo momento, alejada de efectismos y de golpes de horror fáciles. Explora el miedo a la institución familiar por medio de la sugerencia y para ello se vale de un ambiente suavemente siniestro, aunque en ningún momento presa de exageraciones artificiales, y de una violencia sin concesiones pero nunca absurdamente desbocada. La trama, interesante desde un primer momento, se sigue sin problemas y de manera tremendamente amena gracias a un buen pulso y un buen ritmo. Podemos decir que, sustentándose en argumentos que no son originales, tanto “Los sin nombre” como “El segundo nombre” logran resultar filmes muy destacados: el primero lo consigue por medio de lo grotesco y de lo estrambótico, de lo desaforado; el segundo hace lo propio por medio del mencionado comedimiento.