sábado, 19 de septiembre de 2009

EL CAPITÁN BLOOD de Michael Curtiz – 1935 – (“Captain Blood”)


Inglaterra. Siglo XVII. El Doctor Peter Blood es acusado de traición por haber curado a un rebelde que quería atentar contra el Rey, un déspota que tiene al país sumido en la injusticia. Como castigo, es enviado al lejano Port Royal, en las Indias Occidentales, para trabajar como esclavo durante diez años en una plantación junto a los demás insurrectos. Peter no se va a conformar con este futuro: con sus compañeros va a robar un barco y se va a convertir en el Capitán Blood, uno de los piratas más temidos de los siete mares.

A veces aplastado por el enorme éxito de algunas de sus míticas películas, que le han ensombrecido a él mismo, Michael Curtiz fue uno de los grandes cineastas artesanos de Hollywood. De origen húngaro, parece ser que dirigió la primera película de ficción de este país y que posteriormente trabajó en Viena antes de llegar a los USA, en donde se convirtió en uno de los directores de oro de la Warner (especialmente durante los años treinta y cuarenta). Su puesta en escena siguió prácticamente en todos sus filmes los cánones del cine norteamericano más clásico y académico: no fue un director innovador en absoluto ni en lo narrativo ni en lo visual, aunque tampoco lo pretendió nunca. Muy prolífico (en 1930 rodó seis películas), Michael Curtiz tocó todos los géneros habidos y por haber, destacando siempre con cintas más que notables y con alguna que otra obra maestra que cierto sector de la crítica todavía se empeña en no reconocer. Trabajó dentro de la industria más comercial, y no luchó, como otros colegas suyos, por acaparar más parcelas de libertad para sus trabajos. Curtiz fue un artesano profesional que nos dejó muchísimas de las mejores obras de puro entretenimiento de la historia. No fue un autor, pero sí un maestro de gran olfato y solvencia. En su extensísima y variadísima filmografía destacan los thrillers “Matando en la sombra”, “Los crímenes del museo”, “La mujer marcada”, “Alma en suplicio” y “Punto de ruptura”; las películas de aventuras “El Capitán Blood”, “La carga de la brigada ligera”, “Robín de los bosques”, “El Halcón del mar”, “El Lobo de mar”, “Pasaje a Marsella” y “Las aventuras de Huckleberry Finn”; los dramas “Ángeles con caras sucias”, “Casablanca” y “Flamingo Road”; los westerns “Dodge, ciudad sin Ley”, “Oro, amor y sangre”, “Camino de Santa Fe”, “El rebelde orgulloso” y “Los comancheros”; los filmes históricos “La vida privada de Elizabeth y Essex” y “Sinuhé, el egipcio”, los bélicos “Dive Bomber”, “Capitanes de las nubes” y “La fuerza de las armas”; los musicales “Yanki Dandi”, “Romance en alta mar”, “El trompetista”, “Te veré en mis sueños”, “Blanca Navidad”, “Las mejores cosas de la vida son gratis” y “King Creole”; el biopic “Noche y día” y las comedias “Vida con mi padre”, “No somos ángeles” y “Escándalo en la corte”.

“El Capitán Blood” fue uno de los mayores éxitos de Michael Curtiz y de sus fantásticos protagonistas, Errol Flynn y Olivia de Havilland, éxito que ocupa hoy el podio de las películas de aventuras por excelencia. Un argumento lineal y pasmosamente simple es la gran ventaja de esta obra maestra de su género, en la que el protagonista, el clásico hombre ilustrado y justo condenado injustamente a vivir en un mundo hostil, aprende a luchar contra la maldad aplicando sus propias reglas, las de un pirata atípico, un bucanero hasta cierto punto altruista pero muy severo, galán pero a la vez salvaje, bondadoso pero ligeramente resentido y muy sexy al que da vida el mencionado Flynn en el que es uno de sus papeles más carismáticos (y el que le lanzó a la fama de manera fulminante). “El Capitán Blood” es un evocador recorrido cargado de ritmo por un pasado romántico y peligroso al que no le falta de nada: luchas de espada, batallas navales, viejas venganzas, combates por la justicia, villanos despreciables, héroes y heroínas, secundarios cómicos, reyes injustos a los que hay que derrocar y sistemas opresores contra los que hay pelear. Una de las películas más divertidas de su tiempo, una película que todavía es un ejemplo de cómo hacer un buen filme de piratas (podían aprender muchos de ella y de Curtiz).