viernes, 4 de septiembre de 2009

RASHOMON de Akira Kurosawa - 1950 - ("Rashomon")


Japón. Siglo XII. En Rashomon, en las ruinas de un templo, tres individuos se refugian de una fuerte tormenta. Son un sacerdote, un estudiante y un leñador. Los tres hablan sobre algo que ha ocurrido recientemente en los alrededores: el asesinato de un noble y la violación de su esposa a manos de un ladrón de poca monta. Poco a poco, y de boca de otros personajes que han protagonizado la terrible escena, empiezan a surgir varias versiones de lo ocurrido. En muy poco tiempo, nadie sabe qué es lo que ha pasado realmente...

El japonés Akira Kurosawa, llamado en su propio país “El Emperador del Cine”, es el director oriental más famoso en occidente debido a su estilo más cercano al propio occidental, de corte académido y de impecable calidad formal, cargado de acción y caracterizado por sus hermosos decorados y su cuidadísima ambientación que contrastan con sus duros encuadres y concepciones pictóricas. Todo ello se ve completado por su gigantesco sentido del ritmo, del montaje corto, de la expresividad del blanco y negro y del mundo del teatro, que ha influído en su estética. A veces optimista y a veces pesimista, Akira Kurosawa hace gala en sus obras de un férreo humanismo ateo que insiste una y otra vez en la preocupación por los demás de sus protagonistas, abnegados y dispuestos a sacrificarse por buenas causas o soberbios, violentos o egoístas en un principio y posteriormente redimidos por sus acciones bondadosas y justas tras una lección moral. El cine de Kurosawa trata todo tipo de asuntos universales (el amor, la amistad, el altruísmo, la redención, la hipocresía, la corrupción, el poder, la humildad, los sueños, la relación entre la realidad y la ficción, la muerte, la enfermedad...) dentro casi siempre de un marco de corte social, crítico o reivindicativo (muchas de sus obras son urbanas y, las que se ambientan en el pasado de Japón, esconden este marco tras su aparente envoltorio samurai) en el que su país es mirado con un ojo agudísimo. Los primeros filmes de Akira Kurosawa fueron de aventuras o incluso de propaganga política en la Segunda Guerra Mundial (“La Leyenda del Gran Judo”, “La nueva Leyenda del Gran Judo”, “La más bella”...). Posteriormente, su obra se haría grande con sus primeras películas verdaderamente destacadas: “Un domingo maravilloso” y “El ángel ebrio”. Ya llegarían, a partir de aquí, obras magistrales unas tras otra y casi sin descanso: “Duelo silencioso”, “El perro rabioso”, “Escándalo”, “Rashomon”, “El idiota”, “Vivir”, “Los siete samuráis”, “Crónica de un ser vivo”, “Trono de sangre”, “Los bajos fondos”, “La fortaleza escondida”, “Los canallas duermen en paz”, “Yojimbo”, “Sanjuro”, “El infierno del odio”, “Barbarroja”, “Dodes’ka-Den”, “Dersu Uzala”, “Kagemusha, la sombra del guerrero”, “Los sueños de Akira Kurosawa”, “Rapsodia en agosto” y “Madadayo”. Akira Kurosawa, gracias a su estilo más abierto al cine occidental, fue durante muchísimos años el director más conocido fuera de su país por encima de colegas de profesión (grandes maestros también) como Kenji Mizoguchi, Yasuhiro Ozu, Hiroshi Inagaki, Teinosuke Kinugasa, Kaneto Shindo o Masaki Kobayashi, lo cual le acarreó tanto alabanzas como duras críticas.

Aunque en mi opinión no es la primera obra maestra de Akira Kurosawa (hay otras películas magistrales antes como “El ángel ebrio”, “Duelo silencioso” y “El perro rabioso”, que pertenecen a la primera y a veces injustamente olvidada etapa del creador), “Rashomon” fue la cinta que catapultó al sensei japonés a la fama mundial tras su fulminante triunfo en el Festival de Venecia y en los Oscars (mejor película de habla no inglesa) y que, además, contribuyó a abrir las puertas de occidente de cara al cine oriental junto a otras películas como la hoy en día por desgracia bastante poco recordada “La puerta del infierno” de Teinosuke Kinugasa. “Rashomon”, basada en varios cuentos de Ryunosuke Akutagawa, narra una historia en la que a su vez cuatro personajes de muy distinta clase y condición narran, desde su propia visión y punto de vista, otra historia que varía considerablemente según el “testimonio” de cada uno de ellos. Estos personajes son un ladrón, la viuda de un hombre recién asesinado, el mismo hombre asesinado (por el que se comunican por mediación de una espiritista) y un leñador que según dice estaba en el bosque, en donde todo supuestamente ocurrió, en ese momento y cerca de los protagonistas del terrible hecho. Dos personajes “neutrales” escuchan estas historias: un aldeano estudiante y un sacerdote. Un intrincado y retorcidísimo juego de relaciones humanas se abre ante el espectador, que, completamente perdido entre tantas informaciones contradictorias, ha de desarrollar su propia versión de los hechos. ¿Quién asesinó al hombre? ¿Violó el ladrón a la mujer? ¿De quien estaba enamorada ella realmente? ¿Cómo actuó el marido antes de morir? ¿Se suicidó y no fue asesinado? ¿Dónde estaba verdaderamente el leñador? ¿Pudo haber echo algo este leñador por evitar la tragedia? La intriga, estructurada de manera brillante, manejada con sorprendente economía, ritmo y pulso por Kurosawa, sirve para reflexionar sobre la verdad y la mentira y sobre sus distintas interpretaciones, sobre las apariencias, sobre la transmisión de información entre los seres humanos, sobre la naturaleza completamente dual de todos nosotros y, por supuesto, y viniendo del autor del que la obra viene, sobre la maldad del mundo, sobre la búsqueda de la verdad como medio para enfrentarse a esta maldad y sobre la esperanza. “Rashomon” es, como tantas de sus películas anteriores y posteriores, un canto humanista y de redención que queda reflejado en su emotivo desenlace, en el que alguien dispuesto a luchar por los demás decide acoger a un ser desamparado en su hogar aunque la época en la que viven sea una época oscura y terrible, un infierno, como sentencia otro de los personajes. Mención obligada merece su elenco protagonista, simplemente soberbio y sin el cual el filme tampoco habría sido el mismo: Toshiro Mifune, Takashi Shimura, Machito Kyo, Masayuki Mori, Kichijiro Ueda y Minoru Chiaki.

3 comentarios:

Lucifer, Becario del Mal dijo...

Así se habla!! Kurosava es Dios, Buda y el P* Amo juntos. Esta película sólo podía ser del Hijo de John Ford y Padre de Hitschcock (entre inacabables referentes). Aparte de un hito de la fantasía clásica, guste o no sale un "...", es una de las más primarias y preclaras obras sobre la naturaleza humana. Y el trabajo de iluminación en los bosques y el templo es simplemente de otro mundo.
Saludos!

redna dijo...

Que obra de arte. Uno de los tres mejores directores de la historia.
Mira que casualidad que justo pensaba ver hoy Los canallas duermen en paz. Este director me esta sorprendiendo cada vez mas. Hace poco descubri el infierno del odio y Barbarroja y que obras de arte son. jaja

Saludos

David C. dijo...

Rashomon fue la primera película que vi de Kurosawa y me gusto tanto que luego segui viendo puras pelìculas de él. Me falta ver El idiota, el argumento parece buenisimo pero no la encuentro en ningun lado.