domingo, 2 de mayo de 2010

MAD MAX. SALVAJES DE LA AUTOPISTA de George Miller – 1979 – (“Mad Max”)


El mundo está sumido en el caos. Salvajes bandas de motoristas luchan diariamente entre ellas y contra la Policía, que cada vez tiene más problemas para controlarlas. Max, un agente íntegro, acaba en una de sus misiones con El Jinete Nocturno, uno de los pandilleros más peligrosos de la zona en la que patrulla. Es entonces cuando comienza su pesadilla: toda la banda del fallecido se le viene encima y ataca a sus seres queridos. Pero no saben con quien se están metiendo. La venganza de Max va a ser implacable.

El australiano George Miller tiene a sus espaldas una de las trilogías más famosas e importantes del cine de ciencia ficción y fantástico post-apocalíptico de todos los tiempos: la que narra las aventuras de Mad Max, el guerrero de la carretera. A pesar de ello, su filmografía, que contiene incursiones en géneros muy variados y que salvo excepciones está orientada al cine familiar (a pesar de haber mostrado una violencia bastante cruda y desmesurada en algunos de sus títulos), se muestra en todo momento muy irregular. Miller, un director con algunas buenas ideas al que tal vez le falte más inspiración artística, alterna obras personales con otras verdaderamente mediocres y anodinas entre las que se pueden encontrar algunos sonados bodrios. Se compone su currículum de las dos buenas “Mad Max. Salvajes de la autopista” y “Mad Max II. El guerrero de la carretera”, de la horrenda “Mad Max III. Más allá de la cúpula del trueno”, de la floja “Las brujas de Eastwick”, de la despreciable “La historia inteminable II”, de la excelente “El aceite de la vida”, de la olvidable “Robinson Crusoe”, de la secuela “Babe, el cerdito en la ciudad” y de la película de animación “Happy Feet”. Actualmente, parece que prepara una nueva entrega de las aventuras de Mad Max.

“Mad Max” es el producto de una época (los setenta y principios de los ochenta) en la que el cine comercial norteamericano e incluso el de ciertos países de más allá alcanzaron una cota de violencia y desencanto crudos que no se habían visto antes en una pantalla destinada al gran público. En casi todos los géneros aparecieron obras que llevaban estas características como bandera. Dos de los más importantes en este aspecto fueron, por supuesto, el fantástico y el de la ciencia ficción, que con sus tremendos poderes de evocación presentaron futuros sin esperanza sumidos en este estado habitualmente por culpa de los propios seres humanos. “Mad Max” fue una de las tantísimas películas clave de este tiempo que, irrumpiendo de manera fulminante en las salas, alcanzó un instantáneo estatus de filme de culto. George Miller la rodó con un presupuesto ajustadísimo de 350.000 dólares (tan ajustado era que hasta rompió coches propios durante el rodaje) y recaudó con ella 100 millones en todo el mundo. Su filme era un western crepuscular futurista en el que Max, un policía que terminaba aplicando la Ley por su propia cuenta enarbolando la bandera de la venganza, luchaba contra una salvaje pandilla de motoristas que atacaban a sus seres más queridos, a su familia y a sus amigos, en busca de saldar otra venganza, la venganza por la muerte de su líder. El argumento era completamente lineal y los personajes bastante planos, pero el filme no necesitaba otra cosa para funcionar. La narrativa que Miller utilizaba en la cinta era, cimentada en un ajustado guión, simple y directa, tremendamente concisa, casi cortante. Los personajes, sumergidos en un mundo en descomposición, actuaban y no daban discursos, y la acción estallaba en todo momento frenética y llena de potencia. La violencia que “Mad Max” exhibe era además, para la época, verdaderamente desmesurada y sin concesiones, e incluso hoy resulta sádica y hasta sugerente por momentos. La escena de la violación intuida está realmente bien montada e ideada y sorprende tremendamente en su desaforado arranque. Lo mismo ocurre con el ataque al Ganso, el amigo del protagonista, o con el famoso desenlace. Max es interpretado por un más que solvente y muy carismático Mel Gibson que, a partir de este papel, saltaría a la fama. La estética underground que envuelve a la obra, que bebe de lo kitsch, de la serie B o de los comics, resulta efectiva en todo momento, delineando un ambiente excelente que sugiere con pocas pinceladas y menos medios económicos un mundo ambiguo al borde de una catástrofe a punto de ser devorado por el caos (la catástrofe, de carácter nuclear –muy acorde con la época-, se confirmaría en las dos entregas siguientes, en las que ya era plenamente patente el mencionado futuro post-apocalíptico). El desencanto aparece representado en la figura del propio Max, que pasa de ser un héroe a un antihéroe. Hoy vista, “Mad Max” sigue sorprendiendo, a pesar de que la historia que narra no presente demasiados alicientes (no los presentaba en su momento tampoco, todo sea dicho) dejando a un lado los logros estéticos y la trasgresión por medio de la violenta que mostraba. El éxito de la película fue tal que propició dos secuelas, una aceptable y otra detestable, rodadas con más presupuesto. Nacía otro mito del cine.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

A MI ME SIGUE SORPRENDIENDO MUCHO ESTA PELI TODAVIA HOY. LO VIOLENTA QUE ES SIGUE ACTUALIZADA.

PEPE CAHIERS dijo...

Yo sinceramente la encuentro algo aburrida, sobre todo en comparación con su primera secuela "El guerrero de la carretera", plena de acción y profundamente mítica, además creando ya un mundo post-apocalíptico que será santo y seña para el cine de género que vendría después.

Angel "Verbal" Kint dijo...

Yo me lo pasé en grande con esta parte, las dos secuelas siguientes no me interesaron demasiado...lo peor de estas sagas suele ser toda la mierda que suelen traer detrás en forma de copias descaradas

dvd dijo...

El lanzamiento de Mel y la constatación de que el "plan E" es una mierda...