martes, 25 de agosto de 2009

PLANETA PROHIBIDO de Fred M. Wilcox – 1956 – (“Forbidden Planet”)


Siglo XXIII. La nave del comandante John J. Adams se dirige hacia el lejano planeta Altair 4 para averiguar qué es lo que ha ocurrido con una colonia humana de la que hace demasiado tiempo que no se tiene ninguna noticia. Cuando Adams y sus compañeros llegan al inhóspito y desértico lugar, descubren que únicamente hay dos terrícolas residiendo allí: el Doctor Morbius y su hija adolescente Altaira, que viven con su criado, el robot Robbie. Algo ocurre en Altair 4: una presencia terrible persigue a los miembros de la nave, una presencia que parece ser invisible y de la que únicamente el enigmático Morbius sabe algo…

El estadounidense Fred M. Wilcox fue un artesano del cine que, salvo por haber dirigido la mítica “Planeta Prohibido”, no destacó nunca especialmente. Fue conocido por encargarse de las películas de Lassie “La cadena invisible”, “El coraje de Lassie” y “Las colinas de mi tierra”. Pocas obras suyas más he encontrado en libros o en Internet.

Se decía mucho (por lo menos hasta que llegaron películas como “2001. Una odisea del espacio” o “Blade Runner”) que la ciencia ficción era un género de simple entretenimiento y hasta infantil o pueril. Afirmación que era, además de prejuiciosa, completamente falsa. La ciencia ficción, como el género fantástico o el de terror, a menudo esconde en sus tramas aparentemente de evasión espléndidas disecciones del alma humana o críticos retratos políticos y sociales. “Planeta Prohibido”, una de las más míticas obras de este injustamente denigrado género, a finales de los años cincuenta ya trazaba una espléndida parábola sobre la mente inteligente desatada que, tras llegar a la cúspide de su poder, se destruye a sí misma, a su portador y a su mundo (como le ocurrió a la gran raza de los Krell, que poblaron el planeta en el que el filme se desarrolla). Basada sólo parcialmente en “La Tempestad” de William Shakespeare, “Planeta Prohibido” enfrenta al espectador a un fascinante paseo por el subconsciente humano que, más que nunca, produce monstruos, monstruos que son obra de los fantasmas de la soledad, del miedo y, especialmente, de la represión sexual. Contra este subconsciente que produce monstruos, hay instrumentos que pueden usarse: el derecho y la religión, que, de hecho, también pueden fallar, como queda demostrado tras su uso por parte de los protagonistas, que intentan afrontar la amenaza de este subconsciente desbocado por medio de la razón. El mensaje de “Planeta Prohibido” ha sido interpretado de muchas maneras: para unos, es un claro alegato a favor del orden en contra del caos y de la razón en contra de la locura; para otros, es una película destinada a transmitir la idea conservadora de luchar contra los instintos por medio de la obediencia a los mencionados derecho y religión. Tampoco falta quien asegura que la obra está destinada a hacer reflexionar sobre la ciencia llevada a unos extremos en los que no se diferenciaría de la magia: los Krell aprendieron a materializar el pensamiento, y eso les destruyó: además se puede, a partir de este hecho, sacar en claro otro mensaje más; la crítica a los seres que intentan jugar a ser Dios. La polémica todavía sigue en pie, y posiblemente nunca se aclare. Dejando a un lado este aspecto que todavía fascina de la película, hay que mencionar que técnicamente es verdaderamente genial: la ambientación onírica, cimientada en unos escenarios fabulosos y tremendamente inhóspitos y en una extrañísima y siniestra música electrónica, es verdaderamente amenazante, además de imaginativa. El uso del color es igualmente genial, basado en verdes y rojos que crean una contraposición entre el misterio y el peligro muy sugerente. Los escenarios, alardes de tecnología mágica, son preciosos y todavía hoy conservan su encanto, al igual que el vestuario, el diseño del entrañable y mítico robot Robby (hoy icono cultural pop absoluto) y los fabulosos efectos especiales animados del monstruo de “fuego” (hechos por cierto por la casa Disney). Como curiosidad, en el reparto aparece un jovencísimo Leslie Nielsen como uno de los principales protagonistas, acompañado de unos excelentes Walter Pidgeon, Anne Francis y Warren Stevens. “Planeta Prohibido” es una joyita de la ciencia ficción y un clásico que nadie debe perderse y a la que por cierto no le falta ni el humor ni la aventura (no todo en ella son reflexiones más o menos sesudas: divierte además como pocas).

4 comentarios:

redna dijo...

Totalmente de acuerdo. Es un clasico del genero. Personalmente prefiero Ultimatum a la tierra, El increible hombre menguante o la invasion de los ladrones de cuerpos de esa epoca. Pero claro que no hay duda de que es una gran pelicula. Cada vez me sorprende mas los analisis que haces. Hoy me he puesto al dia de todos.

saludos

Dr. Quatermass dijo...

Vaya clasicazo, y con temas profundos de fondo con esa raza alienígena pretérito y el tema del Ego y el Id. Además las piernas bajo la minifalda de la hija del protagonista suben todos los puntos que baja ese robot con menos mobilidad que una farola (aunque todo lo entrañable que quieras).

Lucifer, Becario del Mal dijo...

Grandiosa exhibición de cine fantástico con tanta filosofía como se le pueda buscar. La represión sexual parece ser sólo la punta de una mentalidad oscurecida por su propia iluminación, de alguien que es tan listo que ha visto lo perverso del ser humano en si mismo y juzga a los demás por ese criterio. Gran reseña de todos modos. Te invito a leer la mía en El Becario Lucifer: El Planeta Prohibido

Fantomas dijo...

Un clásico del género que ha envejecido bastante bien a mi gusto. Poco que agregar a lo que ya has dicho en tu reseña.

Saludos.