miércoles, 26 de agosto de 2009

NADIE SABE de Hirokazu Koreeda – 2004 – (“Dare mo shiranai”)


Akira, Kyoko, Shigueru y Yuki son cuatro hermanos pequeños de distinto padre que viven con su madre común, frívola e irresponsable, escondidos en un pequeño piso de Tokio. Nunca han ido a la escuela, y no pueden ni quiera salir a la terraza porque si los servicios sociales los encuentran los separarán. Un día, su madre desaparece y, aunque promete volver, nunca más vuelven a saber de ella. Akira, de doce años, tiene que encargarse de sacar adelante el hogar familiar (o lo que queda de él) con su esfuerzo y picaresca. Frente a los cuatro hermanos se alza un mundo de marginación, desamparo, hambre y miseria en el que, sin embargo, va a brillar la amistad y la entrega de una chica que va a una escuela cercana y que se transforma en una más de su particular unidad familiar. ¿Podrán sobrevivir juntos sin que los separen?

Hirokazu Koreeda es uno de los directores japoneses “recientes” (nació en 1962 pero debutó en el cine en 1995) más importantes e influyentes y que mayor proyección ha tenido en occidente. Portador de una estética de aura documental (se formó en este género) y cargada de poesía (unas veces realista y otras onírica, unas veces urbana y otras rural), sus obras, pausadas y de rasgos minimalistas, naturales y sencillas y que conjugan a la perfección la fluidez con la contemplación (muchas de ellas puros homenajes al cine cotidiano del gran Yasuhiro Ozu), narran momentos cruciales de vidas de personajes del Japón actual o del pasado, personajes fácilmente reconocibles pero que, enfrentándose a los problemas diarios (que a veces les sobrepasan) a los que todos nos enfrentamos, alcanzan un brillo de héroes. En sus películas predominan los asuntos de la muerte y de su superación en todos los aspectos (muerte de un ser querido, aceptación de la propia y de su naturaleza…), del tiempo, del abandono físico y emocional, de la amistad, del paso a la madurez, de la injusticia, de la venganza o de la lucha o el abandono de una sociedad opresiva. Hirokazu Koreeda debutó en 1995 con “Maborosi”, una historia de superación con la muerte de fondo. Tras ella llegaron “After Life” (de nuevo con el asunto de la muerte como telón), los dramas “Distance” y “Nadie sabe”, el drama de samuráis “Hana”, el drama familiar “Still Walking” y la comedia dramática fantástica "Air Doll".

“Nadie sabe”, basada en un hecho real ocurrido en Japón en los años ochenta, narra la historia de cuatro hermanos de distinto padre que son abandonados por su madre, frívola e irresponsable, en un pequeño piso de la gran ciudad y que han de salir adelante con la única guía del mayor de ellos, que con doce años se encarga de mantenerlos y educarlos como puede. Hirokazu Koreeda, apoyándose en una simpleza expositiva pasmosa (emparentada con el documental) pero cargada de lirismo urbano, retrata el día a día de unos niños que nunca han ido al colegio y que se ven obligados a afrontar, de repente, un paso violento a la madurez mientras se enfrentan al abandono y al desamparo, a una vida entre las sombras (si los descubren los servicios sociales los separarán), a la marginación de otros niños de su edad y, posteriormente, a la pobreza e incluso a la miseria extrema y a la enfermedad. Cada plano de “Nadie sabe” es un estremecedor retrato de la desolación y, sin embargo, también de la alegría que se encuentra en los niños, tal vez los únicos capaces de enfrentarse a una vida bajo mínimos con una sonrisa sincera en la boca. Koreeda reflexiona en su filme más conocido sobre algunos de sus asuntos predilectos: el mencionado abandono físico y emocional, el paso a la madurez, el paso del tiempo, la opresión de una sociedad deshumanizada, la muerte o la amistad, que une a los marginados para sacarles adelante juntos (genial el personaje de la estudiante que llega a formar parte de la particular familia de los hermanos protagonistas). “Nadie sabe” es una película estremecedora, tierna y brutal cargada de escenas para el recuerdo (por su dureza especialmente) y con un desenlace sin embargo hermoso y esperanzador.

3 comentarios:

Lucifer, Becario del Mal dijo...

diga que si! El cine oriental es uno de los grandes olvidados y tiene perlas como puños.
Saludos!

redna dijo...

Pues Still walking me parece mejor. El cine japones es uno de los cines con mayor calidad que existen.

Saludos

Crowley (www.tengobocaynopuedogritar.blogspot.com) dijo...

Una gran película, elegante y exquisita. Una película para descubrir con tiempo ¡Cuántas joyas nos quedan por descubrir del cine oriental!. Bienvenidas sean todas.