jueves, 20 de agosto de 2009

PRIMAVERA, VERANO, OTOÑO, INVIERNO… Y PRIMAVERA de Kim Ki-Duk – 2003 – (“Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom”)


Un monje budista vive en una cabaña flotante en un apartado lago de las montañas coreanas acompañado de su pequeño discípulo. Allí, practica sin cesar para hacerse inmune al sufrimiento mientras enseña su doctrina al niño que le acompaña. Con el paso de los años, este niño va a aprender todo de su maestro… Pero su vida va a cambiar radicalmente cuando, al cumplir los diecisiete, una chica de su edad enferma y necesitada de reposo vaya a vivir una temporada con ellos a la cabaña. El joven discípulo va a ser dominado por el sufrimiento y va a tener que luchar por eliminarlo con todas sus fuerzas… Y a lo largo de muchas estaciones.

Una de las mejores obras del prolífico y tal vez por ello a veces irregular Kim Ki-Duk es “Primavera, verano, otoño, invierno y… Privamera”, en la que el cineasta coreano traza uno más de sus habituales dramas intimistas desarrollando un camino a lo largo de la doctrina budista “básica” (con este “básica” me refiero a que viene explicada con líneas simples –pero concisas y firmes- y ligeramente adaptada para el público no oriental) por medio del recorrido por una larga temporada en la vida de un monje (simbolizada en las cuatro estaciones que dan nombre al filme y que representan los estados por lo que éste pasa) que, acosado por las pasiones de una manera insana, aprende a dominarlas por medio de su esfuerzo y de la iluminación. “Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera” es puro cine religioso, pura propaganda budista como “Quo Vadis?”, “La túnica sagrada”, “Los Diez Mandamientos”, “Ben-Hur” o “La pasión de Cristo” (por poner algunos ejemplos clásicos y modernos) son pura propaganda cristiana. Asuntos habituales en la filmografía de Kim Ki-Duk son revisados esta vez por medio del filtro budista: el amor y sus fantasmas y diablos, el sufrimiento, la culpa, la fatalidad, la violencia, la muerte y, por supuesto, la redención, aquí identificada con el retorno del discípulo a su hogar y al de su maestro como nuevo maestro dispuesto a entregar su vida por sus creencias. “Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera” es un tratado de budismo excelentemente resumido y, por su condición de filme religioso (o filosófico, según se vea al propio budismo) puede resultar o no aceptable para muchos. Sin embargo, tiene valores que van mucho más allá: Kim Ki-Duk sabe construir una excelente historia sobre el sufrimiento (contra el que el budista lucha sin cesar) que sabe conmover y emocionar traspasando la frontera de lo religioso. El protagonista elige seguir una cierta doctrina tras una vida en la que toca lo más bajo y también lo más alto moralmente hablando, por lo que la trama, extremadamente pausada y por momentos puramente minimalista (como en otras obras del director), se erige también como un cuento sobre las posibilidades de la elección y la búsqueda de la paz interior que, si bien hace proselitismo, lo hace de manera respetuosa y sin tratar de imponer nada. “Primavera, verano, otoño, invierno y… Primavera”, rodada con una delicadeza sin par y con una fotografía brillante en el lago artificial coreano de Jusán, un escenario esplendoroso (de los más hermosos nunca vistos en una película), es una pequeña joya más de su creador y una obra capital moderna del cine religioso y filosófico.

4 comentarios:

elprimerhombre dijo...

Pues yo con este hombre realmente no puedo. De Kim Ki-Duk he visto La Isla, Primavera, Verano, Otoño, Invierno...y Primavera, y Hierro 3. Esta última la critiqué en nuestro blog y no la dejé muy bien aunque di mis explicaciones.
Estoy de acuerdo de que su cine es bello y tiene una calidad que nadie puede dudar, pero a partir de ahí, todo el silencio que existe en sus películas me supera totalmente, aparte de que sus historias destacan más bien por algunos planos contundentes y bien resueltos, como en La isla, o una bella fotografía, como en Primavera... Si la siguiente crítica será Hierro 3, ya le daré mi opinión más ampliadamente, porque hay muchas cosas que comentar sobre el guión y sobre el silencio de sus personajes, un silencio tan irrealista que da hasta risa. Un saludo!

Pabela dijo...

Qué film! realmente has hecho una señora reseña! qué maravilla... es un cine religioso como dices, por eso quizá se escapa un poco a la mirada occidental. La fotografía, un lujo sin par.
elprimerhombre, me has dado risa con eso de los silencios porque un poco pasa... jajaja tiene muchos, pero en el caso de este film en particular debo decir que más bien perturban las palabras, como que ni hacen falta!

Fantomas dijo...

Las pocas películas que he visto de este director me han gustado. Si bien técnicamente son impecables, tengo que reconocer que sus películas se mueven a un ritmo algo lento por lo que tengo que metalizarme para verlas.
Esta aún no la veo pero tomaré en cuenta la recomendación.

Saludos.

Quimerico Inquilino dijo...

Magnífica reseña la que has hecho de este bellísimo film.
A mí Kim ki-duc me parece algo snob y pretencioso (ese hierro 3, ufff!). Pero aquí he de reconocer que logró el envoltorio perfecto para llegarme al corazón y los sentidos.
A mi parecer su mejor obra (a falta de ver "Samaritan girl").

Como ves sigo revisando tus entradas ;)
Lo dicho, enhorabuena por tu blog