miércoles, 30 de septiembre de 2009

LOS DUELISTAS de Ridley Scott – 1977 – (“The duellists”)


Principios del siglo XIX. Europa está en un momento político y social frágil y turbulento. El joven teniente del ejército de Napoleón Armand Dhubert recibe la orden de arrestar a otro teniente, el fiero y pendenciero Gabriel Feraud, por haberse batido en un duelo sin permiso. Gabriel, ofendido, reta a Armand a otro duelo que no llega a concluir satisfactoriamente por diversas vicisitudes. Gabriel se obsesiona con vencer a Armand. En los próximos veinte años ambos van a recorrer la Europa más convulsa batiéndose sin cesar, persiguiéndose el uno al otro. Sólo puede quedar en pie uno de los dos, y hasta entonces ninguno podrá descansar en paz.

Británico afincado en los USA, Ridley Scott, como su hermano Tony, también famoso director, dio sus primeros pasos en el mercado audiovisual en los mundos de la publicidad y de los videoclips, de los que ha tomado gran parte de su esencia estética. Cineasta de la forma, Ridley Scott ha demostrado ser un gran maestro de la ambientación capaz de realizar obras comerciales y a la vez férreamente artísticas. Al igual que otros cineastas modernos de Hollywood como Tim Burton, ha sabido bregar con la industria y ha logrado tenerla casi siempre contenta sin haber perdido en el camino su personalidad como creador, a pesar de haber hecho varias concesiones (como tantos otros). Autor todoterreno, ha tocado todo tipo de géneros, realizando grandes obras maestras y, todo sea dicho, grandes e indignantes bodrios. Preocupado, como comenté antes, mucho más por la forma que por el fondo, sus personajes y sus historias no están cortados por un mismo patrón: algunas veces ha tratado historias pesimistas, otras optimistas y vitalistas, sus personajes han sido tanto antihéroes perdidos y atormentados como grandes héroes norteamericanos, sus tramas han sido en unas ocasiones tan críticas con el mundo moderno como conformistas y hasta colaboracionistas en otras. Su obra es completamente irregular, y por esto es que muchos no toman a este cineasta en serio, afirmando que murió prácticamente después de rodar su obra maestra “Blade Runner”. Debutó con el genial retrato de época “Los duelistas”, a la que siguió la soberbia y mítica película de terror y ciencia ficción “Alien, el Octavo Pasajero”. Tras ella, llegó la mencionada obra maestra “Blade Runner”, que le lanzó a la gloria. Después comenzaron las irregularidades: a partir de aquí Ridley Scott alternó notables filmes con otros olvidables y hasta detestables. Sus obras desde aquí hasta la fecha han sido el fallido cuento fantástico “Legend”, los irregulares thrillers “La sombra del testigo” y “Black Rain”, la irregular cinta histórica “1492: La conquista del paraíso”, la genial road-movie feminista “Thelma & Louise”, las bazofias patrioteras “Tormenta blanca” (aventuras) y “La teniente O’Neill” (bélica), dos asquerosas películas colaboracionistas y maniqueas a más no poder; la destacada histórica/épica “El gladiador” (que por momentos logró resucitar el cine de romanos), el aceptable thriller “Hannibal” (segunda parte de “El silencio de los corderos”), la anodina bélica “Black Hawk derribado”, la simpática comedia de timadores “Los impostores”, la flojita cinta histórica “El reino de los cielos”, el irregular drama optimista "Un buen año" y los geniales thrillers "American Gangster" y "Red de mentiras" (con los que se levanta y alcanza la maestría de anteriores trabajos) . Actualmente prepara una nueva versión de la historia de "Robin Hood" y una nueva entraga de la saga de "Alien". ¿Es Ridley Scott un verdadero autor que haya que tener en cuenta o por el contrario fue un proyecto de autor que cayó básicamente en la mediocridad tras tres primeras grandes películas y que cada cierto tiempo consigue levantar el interés con alguna aislada?

La carrera para la gran pantalla de Ridley Scott empezó de una manera inmejorable. Revolucionó el cine de ciencia ficción en su momento con dos de sus grandes obras maestras: “Alien, el octavo pasajero” y “Blade Runner” antes de entrar en una incomprensible espiral de mediocridad alternada con alguna que otra creación más o menos aceptable y alguna verdaderamente buena (que se prodiga de manera irregular, por desgracia). Su primera obra, la “otra maestra”, muy poco conocida en comparación con las dos antes citadas y con otras posteriores del mismo, fue “Los duelistas”, basada en la novela corta homónima (bueno, casi es un relato) de Joseph Conrad, que fue alabada por público y crítica y que le confirmó como la joven promesa que era entonces. En su ópera prima Scott narra la rivalidad enfermiza que mantienen dos duelistas que se encuentran sin cesar durante veinte interminables años a lo largo y ancho de la convulsa Europa del siglo XIX. Cuando uno de ellos amonesta al otro (Keith Carradine), le hiere, sin buscarlo, en su honor más íntimo. Éste otro, un soberbio y por momentos aterrador Harvey Keitel, le exige una compensación y le reta a un primer duelo. Por ironías del destino, el duelo termina bruscamente y se prolonga durante años. La vida del primer duelista llega a ser un auténtico infierno mientras el segundo lo persigue incansablemente pueblo tras pueblo, ciudad tras ciudad, guerra tras guerra. En la cadena de luchas con espadas y pistolas que los envuelve y que les destroza la vida a la vez que también les otorga a sus existencias una cierta motivación (la venganza y un cierto afán de superar al odiado y a su vez muy respetado adversario), se puede encontrar una mirada aguda hacia la guerra y hacia el sentido del honor llevado al grado más absurdo que provoca y prolonga tantas de ellas. La estética que presenta el filme, que es un apabullante y precioso ejercicio de estilo, es completamente opuesta a la que su autor presentaría en sus siguientes obras y también a la que hoy en día cultiva: heredera de la de cintas como “Barry Lyndon”, se recrea en unos hermosísimos y espléndidamente fotografiados (con luz no artificial en muchísimas ocasiones) escenarios naturales exteriores e interiores. La trama, además, la desarrolla de manera pausada y sobria. Cada fotograma es un cuadro, una postal. Los combates de espada constantes de los dos protagonistas, representaos con un gran naturalismo y soberbiamente coreografiados, desgarran esta trama cada cierto tiempo, contraponiendo el lirismo contemplativo de ciertas escenas con la brutal violencia (que es mucha y muy visceral) de estas luchas, instaurando un sosiego extraño e intranquilo que mantiene al espectador en tensión durante todo el metraje. Las estocadas, por cierto, duelen de verdad: no hay nada censurado en las heridas que los duelistas se inflingen mutuamente. Scott dirige con un pulso magistral, rodando unos brutales y frenéticos combates cargados de poesía épica (el último es sencillamente magistral). “Los duelistas” no merece ser una de las obras olvidadas de su, por desgracia, actualmente irregular autor. Creo que es una película que debe ser revalorizada como se merece. Ridley, quien te ha visto y quien te ve…

2 comentarios:

Crowley dijo...

Gran película que nos descubría a un prometedor Scott, aunque ligeramente inferior a Barry Lindon.
Saludops

Dr. Quatermass dijo...

Pues curiosamente nunca he visto esta pelicula, y con lo que me la han recomendado ultimamente ya tardo.

Por cierto, vaya frecuencia de actualizacion que te gastas, es complicado seguir tu ritmo...

Saludos!