viernes, 25 de septiembre de 2009

MONGOL de Sergei Bodrov – 2007 – (“Mongol”)


1162. Estepa mongola. El pequeño Temujin pierde a su padre, un poderoso Khan mongol, tras ser éste envenenado por sus enemigos los tártaros. No todo acaba aquí, ya que los aliados del Khan fallecido, sedientos de poder, le abandonan en la estepa y prometen que, cuando sea mayor (ya que la tradición no ve con buenos ojos matar a un niño), le asesinarán para que no intente vengarse de ellos. Temujin crece como buenamente puede y se transforma en un gran guerrero y en un enorme estratega. Temujin está destinado a convertirse en Genghis Khan, el unificador de su pueblo y el creador del Primer Imperio Mongol, que abarcará desde Mongolia y China hasta Rusia y que casi llegará a tocar las costas mediterráneas.

Padre del fallecido actor y también director Sergei Bodrov Jr., Sergei Bodrov es uno de los cineastas rusos modernos más importantes (por supuesto, muy poco conocido en occidente a pesar de que ha rodado filmes en los Estados Unidos o en Alemania). Periodista en sus inicios (muy crítico con el régimen soviético), Bodrov, que empezó su carrera cinematográfica de manera tardía, en los años setenta, ha rodado en una gran variedad de estilos una también muy grande variedad de películas de todos los géneros. Muy poco puedo decir de él ya que he tenido la suerte de poder ver también muy pocas de sus obras. Por lo que conozco de su filmografía, sí puedo asegurar en cambio que es un gran retratista de la idiosincracia rusa y de su sociedad y un excelente adaptador de clásicos literarios (por ejemplo, de su gran compatriota Lev Tolstoi). De sus primeros filmes no conozco nada: “Non Professionals” y “The Gambler”. El siguiente es ya un genial drama social: “Freedom is paradise” (visto en occidente en muy pocas salas), mientras que de los dos que le siguen tampoco puedo decir nada: “Rey blanco, Reina roja” y “I wanted to see angels”. Ya llega tras ellos el el soberbio drama antibelicista “El prisionero de las montañas”, tras lo cual llegan los dramas “Corriendo libre” y “El beso del oso”. Su última película (según tengo noticia) es la comentada “Mongol”, que al parecer va a ser la primera entrega de una trilogía. Sergei Bodrov pasó por una terrible depresión cuando su hijo murió el 20 de septiembre de 2002 junto con 27 miembros de su equipo de producción mientras localizaba escenarios en las montañas rusas de Karmadon.

Filme kazako de director ruso y protagonista japonés, “Mongol” es la primera entrega de una trilogía sobre la vida de Genghis Khan, el unificador de las tribus de mongoles del norte de Asia y el fundador del Primer Imperio Mongol, el imperio de tierras continuas más grande de la historia (abarcó desde Mongolia y China hasta el otro extremo de Rusia y casi hasta el Mar Mediterráneo). Esta primera parte de la historia de Temujin (su nombre verdadero, que significa “el mejor acero”) narra sus duras infancia y juventud hasta el momento en el que unifica a todos los mongoles bajo una misma bandera y crea el ejército más poderoso, temido y eficaz de toda la Asia e incluso de la Europa de su tiempo. Interpretado soberbiamente por un Tadanobu Asano en estado de gracia (enorme actor japonés cada vez más conocido en occidente gracias a filmes como “Ichi The Killer” o “Zatoichi” –tal vez las películas más famosas en nuestra tierra en las que ha trabajado-), Temujin es mostrado por Sergei Bodrov desde un prisma muy alejado de lo que hasta entonces se pensaba de su persona. El futuro Genghis Khan crece en un mundo hostil y brutal en el que los mongoles vagan asesinándose unos a otros e, influenciado por la caridad y la sabiduría de un monje del reino de Tangut, próximo a China, decide unificar a su pueblo para darle un gran imperio. Por desgracia para él, ha de enfrentarse a la fatalidad (uno de los asuntos principales del filme) al enemistarse sin quererlo con su mejor amigo (para él un hermano) mientras ha de luchar además por el amor de Borte, la mujer con la que se promete de niño y que le es fiel hasta las últimas consecuencias. Temujin es un guerrero brutal pero también un gobernante justo, un conquistador sangriento pero también un hombre agradecido con los que le ayudan y un general severo pero también un patriota preocupado por el destino de su pueblo y por su formación cultural. No hablamos en “Mongol” de personajes planos y mucho menos de personajes adaptados a la forma de pensar de nuestros días: Genghis Khan es un ser humano lleno de claroscuros, y en este aspecto está el principal valor del filme de Bodrov (en lo que fallan tantas obras históricas: en mostrar personas nada creíbles en su momento –le ocurre por ejemplo a “Braveheart” o a “Gladiator”-), filme tan épico como crudo y realista animado con retazos de lirismo puntual y soberbiamente ambientado (cimientado este ambiente en una esplendorosa fotografía de los parajes naturales de la estepa mongola y de los reinos que la rodean) y con unas excelentes escenas de acción comedidas y muy bien economizadas dentro la trama (es especialmente destacada la batalla final antes de la unificación). “Mongol” es un filme histórico excelente en todos los sentidos y, sobre todo, realista y con una visión madura que aportar de una época. Esperemos que sus dos continuaciones prosigan con este nivel de calidad y seriedad.

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