miércoles, 9 de diciembre de 2009

DRÁCULA. PÁGINAS DEL DIARIO DE UNA VIRGEN de Guy Maddin – 2002 – (“Dracula. Pages From a Virgin’s Diary”)


El Conde Drácula, que ha vivido muchos siglos confinado en su castillo perdido de las profundidades de Transilvania, desea entrar en la Europa más occidental. Tras salir bien sus planes lo consigue y, en Londres, posee a la joven y bella Lucy Westenra, a la que sume en una terrible espiral de vicio y obsesión. Sin embargo, sus pretendientes y sus amigos, al mando del doctor Van Helsing, científico conocedor de los vampiros, van a plantarle cara y a luchar contra él con el objetivo de expulsarle del mundo de los vivos para siempre.

El canadiense Guy Maddin es uno de los cineastas modernos experimentales más personales e innovadores, autor inosobornablemente underground y férreamente independiente en todos los aspectos. Amante del cine clásico y especialmente del mudo (que le fascina), las obras de Guy Maddin se ven tremendamente influenciadas por este último. Sus películas son en sí mismas un homenaje a este cine o, también, a la literatura o al arte teatral de cualquier tipo, cintas en las que los clásicos (o sus fuentes y sus lugares comunes) adquieren una nueva lectura y que se presentan como collages de influencias cáusticos y delirantes pero homogéneos y consecuentes. Todo tiene cabida en el cine de Maddin: el musical, el terror, el melodrama, la comedia, el documental, la biografía, el ballet, la ópera, el expresionismo, el surrealismo, el absurdo. Sus películas son puras explosiones de homenajes, de referencias y de belleza plástica y musical desatada. Su estilo es preciosista y nervioso, poético y crudo, de raíz clásica pero a la vez poseedor de una excelentemente incorporada aura moderna. Autor inclasificable y habituado a trabajar con presupuestos bajos, Guy Maddin además experimenta sin cesar con el color o con el blanco y negro, mientras que sus obras exponen asuntos universales como el amor, la muerte, el sexo, el racismo, la corrupción, las relaciones personales de todo tipo o el enfrentamiento del individuo contra males que le superan, aunque también resultan ser muchas de ellas ejercicios de metacine en los que el director reflexiona sobre el arte al que se dedica y sobre otros tantos. Su filmografía, muy difícil de conseguir (aunque cada vez lo es menos gracias a Internet y a la fama en el mundo independiente que Maddin ha alcanzado), se compone de “Tales from the Gimli Hospital”, “Arcángel”, “Careful”, “Twilight of the Ice Nymphs”, “Drácula. Páginas del diario de una virgen”, “Los cobardes hincan la rodilla”, “La música más triste del mundo”, “Brand upon the brain!”, “My Winnipeg” y “Death of the Reel”.

Aunque, en palabras del propio Guy Maddin, la película que nos ocupa la rodó porque “Necesitaba dinero, así de simple…”, no deja por ello de ser una fascinante revisión del mito del vampirismo y de la obra “Drácula” de Bram Stoker. Adaptación para la pantalla de un ballet de Mark Godden (el cual colaboró estrechamente con Maddin en la película que nos ocupa), “Drácula. Páginas del diario de una virgen” es un homenaje al cine mudo, al musical clásico, al mencionado ballet y, especialmente, al expresionismo alemán. En unos escenarios góticos y retorcidos, cargados de un romanticismo exacerbado, se desarrolla la historia que ya todos conocemos: Drácula intenta hacerse un hueco en el mundo moderno y un grupo de héroes acaban con él mientras que a su vez se despliega una enfermiza historia de amor, de sexo y de posesión. Musical animado por Gustav Mahler, cargado de sugerentes momentos eróticos y rodado en un precioso y onírico blanco y negro, el filme está presentado con un cierto estilo teatral y usa en todo momento recursos conscientemente primitivos como los intertítulos, la niebla artificial y los tintes de color (verde para el dinero y rojo para la sangre). Su mensaje, además, ofrece una lectura genial y muy novedosa expuesta sin traicionar la esencia original de la obra adaptada: la cinta presenta a la mujer como un elemento subversivo en el mundo victoriano que, atacada por el mencionado vampiro, se entrega a una orgía de libertad que puede destruirla (como toda libertad desaforada), mientras que sus salvadores son en realidad beatos reprimidos que quieren eliminar a Drácula porque destroza su moral rancia. Guy Maddin entregó con “Drácula. Páginas del diario de una virgen” una maravillosa nueva visión del clásico de Bram Stoker con una personalidad indiscutible que se convirtió, aunque él no lo deseaba, en su obra bandera (tal vez por ser, entre otras cosas, la más llamativa y accesible de su filmografía).

7 comentarios:

Art Warriors dijo...

¿Con quién sino con Drácula? Nos reencontramos...

JAVI dijo...

Esta película ganó el premio a mejor película en el festival de cine fantástico de Sitges ante el abucheo de los asistentes.

El enfado vino (creo yo) porque no es una película de corte habitual en ese género. Por mi parte he de decir que me gustó mucho. Hay mucha mediocridad últimamente en el terror y este filme es original aparte de bello estéticamente.

Saludos desde Barcelona.

elprimerhombre dijo...

La tengo desde hace tiempo y nunca me decido. Este director tiene un estilo bastante peculiar que me tira un poco para atrás. A ver si algún día la veo. Un saludo!

Bea dijo...

El mito de Drácula es uno de mis favoritos, y procuro acercarme a todo lo que tiene que ver con él, así que me voy a apuntar esta película, que no la conocía.

Quimerico Inquilino dijo...

Le tengo muchas ganas a esta película desde hace tiempo. Estupenda reseña y muy interesante tu blog que he descubierto por casualidad.

Un saludo ;)

Erika Alvarez Cuervo dijo...

un blog de cine!
perfecto, me pasare por aqui muy a menudo
veo que tienes muy buenas pelis
:)

Anónimo dijo...

Este famoso personaje creo que ha llenado de terror las salas de cine pero tambien ha fomentado un ideal esclareciendo la benefica creacion de esta pelicula , creo que el cine a obtenido un logro al llevar a si mismo una historia de conflicto que se vuelve precticamente real cuando este filme te inunda de terror .