domingo, 10 de enero de 2010

CANICHE de Bigas Luna – 1979 – (“Caniche”)


Bernardo y Eloísa son dos hermanos solterones cercanos a la mediana edad que viven solos en un chalet antes lujoso y actualmente casi abandonado, rodeados de miseria y suciedad. Su familia fue antes importante y rica. Ahora ya únicamente quedan ellos dos, que no supieron mantener lo que heredaron y que viven de las limosnas de su acaudalada tía Lina, que les desprecia pero que se ve incapaz de abandonarlos a su suerte. Lina es ya vieja y está enferma. Muy enferma. Y Eloísa y Bernardo esperan que muera pronto para poder cobrar toda su herencia… Y volver a ser otra vez la próspera familia de antaño. ¿Lo conseguirán?

Estrambótico director y guionista, pintor y diseñador, José Juan Bigas Luna ha sido el cineasta español del erotismo y el sexo por excelencia, mucho más que otros a priori más reconocidos como Pedro Almodóvar. Con un estilo personalísimo, provocador en su día y originalmente sin concesiones, macabro y cargado de violencia (especialmente en su primera etapa), lírico a veces y empapado de sexualidad, sensualidad y erotismo exacerbado y desenfrenado que en ocasiones se mezcla con el placer de la buena gastronomía y que a veces se regodea en la zafiedad y el casticismo más brutal, Bigas Luna destacó a finales de los años setenta y durante todos los ochenta como un creador rompedor de tabúes, de los tabúes de la sociedad poderosamente reprimida de la dictadura. Nunca miró a la Guerra Civil ni a los años del franquismo: su obra siempre se ambientó en su actualidad. Había que romper con el pasado radicalmente, y él lo hizo, al igual que el mencionado Almodóvar o Iván Zulueta. Debutó dirigiendo una aventura del famoso detective Pepe Carvalho en “Tatuaje”, pero muy pronto despuntó con su propia personalidad en “Bilbao” y la comentada “Caniche”, dos retratos “underground” tremendistas de obsesiones sexuales, de decadencia de burgueses o del individuo medio presa de sus propios diablos rodados con poco dinero pero genial inventiva que fueron todo un escándalo por sus escenas de sexo completamente explícito y por su brutal violencia y sadismo. Cambió pronto Bigas Luna de registro para dirigir, en los Estados Unidos, el retrato del mundo de las sectas “Renacer” y el drama, de nuevo sexual, “Lola”. Volvió a España con “Angustia”, una de sus mejores obras, una magnífica película de terror sobre el cine dentro del cine. En la cima artística de su carrera, comenzó por desgracia Bigas Luna a decaer. Su trama se estandarizó. Sexo, sexo y sexo, y erotismo, erotismo y erotismo. Lo siguió tratando como si de algo escandaloso se tratara, y el caso es que el sexo dejó de ser escandaloso para la democracia ya asentada. Es cierto que el creador catalán tiene una personalidad cinematográfica indiscutible y propia, difícilmente imitable. Sin embargo, comienzan a ser casi todas sus tramas un compendio de obsesiones sexuales y amorosas desnudas, sin que importe nada más. Esto se observa en su siguiente película, la que marca el comienzo de su irregularidad como autor: “Las edades de Lulú”, basada en la novela de Almudena Grandes, película que comienza de forma espléndida pero cuya trama se pierde en un sin sentido de escenas de sexo y erotismo que cansan al espectador de pura repetición y que dejan de excitar o de provocar nada. Así ocurriría y sigue ocurriendo en otras tantas de sus obras, por desgracia. Sus siguientes filmes fueron aún así todavía apreciables; el destacado drama cómico de tinte social “Jamón, Jamón”, la irregular “Huevos de oro” y la artística “La teta y la Luna”, que conforman una trilogía sobre la cultura y la idiosincracia españolas. Volvió a insistir en el erotismo en la mediocre y repetitiva “Bámbola”, realizó dos retratos de época con la hermosa “La camarera del Titanic” (su mejor y más comedida película de los últimos años) y la irregular “Volaverunt”, volvió al erotismo en la pretenciosa pero anodina y vulgar historia de amor “Son de mar” y realizó la curiosa y de tinte social pero fallida "Yo soy la Juani". Bigas Luna ha demostrado ser uno de los artistas más personales modernos de nuestro país. Sin embargo, se ha estancado demasiado en la misma temática, que ya no es escandalosa y que tampoco ya sugiere demasiado en el mundo en el que vivimos de la revolución sexual y de su comercialización.

“Caniche” es junto a la inmediatamente anterior “Bilbao” una de las mejores películas de Bigas Luna, perteneciente a su primera e imaginativa y revulsiva etapa creadora de tinte underground. En un trasfondo de burguesía en plena decadencia (burguesía que se puede identificar claramente con la franquista), encontramos a dos hermanos ya maduros que no han formado una familia y que, solos en la vida, conviven llenos de traumas, frustraciones y obsesiones que, por supuesto, tienen que ver en su mayor parte con el sexo, no satisfecho y de tinte incestuoso en este caso. Esperando a la muerte de su tía, que les desprecia por haber permitido que la familia caiga en la decadencia pero que aún así es su única pariente y les ha de dejar una cuantiosa herencia, los días pasan lentos en su gran chalet en ruinas, lleno de suciedad, en el que los hermanos se entregan a sus manías en un ambiente de tintes kafkianos en el que el caniche que da título al filme construye un extraño y surrealista puente entre lo animal y lo humano. La violencia y el sexo aparecen mostrados de manera completamente explícita, y no era de extrañar que, al igual que “Bilbao”, fuera “Caniche” un cierto escándalo en la sociedad de su tiempo, que acababa de salir de la dictadura de Franco. Algo olvidada hoy (injustísimamente), "Caniche" es una de las mejores pelíclas de Bigas Luna y de la filmografía española de finales de los setenta y principios de los ochenta, una joya de suciedad y brutal decadencia.

1 comentario:

Crowley (www.tengobocaynopuedogritar.blogspot.com) dijo...

He de reconocer que con Bigas Luna tengo una cuenta pendiente, pero es que su cine nunca me ha terminado de convencer, salvo Bilbao. Cierto es que esta peli apunta buenas maneras y le voy a dar una oportunidad pues la desconocía.
Gracias