Mostrando entradas con la etiqueta Batman (Saga Clásica). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Batman (Saga Clásica). Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de agosto de 2009

BATMAN & ROBIN de Joel Schumacher – 1997 – (“Batman & Robin”)


Batman y Robin se enfrentan a una nueva y terrible amenaza: el Señor Frío, el rey del hielo, quiere congelar toda Gotham y viene, además, acompañado de los malvados Poison Ivy, que puede controlar las plantas a su voluntad, y Perdición, que posee una fuerza sobrehumana. Por si fuera poco, Alfred, el fiel mayordomo de los Wayne, está enfermo de muerte, y sólo el Señor Frío tiene el antídoto que puede curarle. Sin embargo, Batman y Robin tienen ahora una nueva compañera para luchar contra las fuerzas del mal: la Bat Chica, sobrina de Alfred.

No es “Superman III” ni “Superman IV”. No es "Supergirl". No es “Batman Forever”. No es “Spawn”. No es “Los Cuatro Fantásticos” ni su secuela junto a Silver Surfer. No es “X-Men III”. Es “Batman & Robin”, y es la peor película de superhéroes de toda la historia del cine (tal vez sólo una le haga sombra: la despreciable “Catwoman”, también supuestamente ambientada en el universo del hombre murciélago). Después del gran éxito de “Batman Forever” en las salas, Joel Schumacher se puso a trabajar con rapidez en la que iba a ser su siguiente película y la cuarta entrega de las aventuras del defensor de Gotham. La fórmula que empleó fue la misma que la empleada en la tercera. Obtuvo (y miren que era bien difícil) resultados infinitamente peores (unos resultados del todo deleznables). El ambiente vuelve a ser el mismo, pero mucho más hiperbólico en todos los aspectos. Gotham es ya un puro circo/opereta colosal glam/kitsch/camp/pop: el neón literalmente se sale de la pantalla y hasta los objetos más insignificantes que vemos en ella desprenden algún tipo de fosforescencia. Predominan extrañamente tres: el azul, el rosa y el verde, tres colores de los que los ojos se cansan al cuarto de hora de metraje. El empalagoso aspecto visual de “Batman & Robin” no importaría de todas formas (hay algunos/as a los que la Gotham de Schumacher no les desagrada) si el guión mereciera un mínimo la pena. Pero no: el guión no hay por donde cogerlo. Si “Batman Forever” era plana e infantil, “Batman & Robin” es una película que en puerilidad se queda incluso por debajo de la serie de los años sesenta a la que pretende, como aquella, imitar u homenajear. Sus diálogos son los más vergonzosos que he escuchado nunca en una cinta comercial (y miren que los hay horribles). Pongamos varios ejemplos que he podido sacar de Internet: -Alfred: “Señor, ¿les dejo listas las pizzas?”, -Batman: “Nunca salgo de casa sin la Bat-Tarjeta”, -Robin: “Yo también quiero un coche, eso enrolla a las nenas”, -Batman (respondiéndole): “Por eso Superman trabaja solo” o –Batgirl (dirigiéndose a Poison Ivy): “Mujeres como tú hacen que las chicas queden siempre mal”. De puro infarto, pero hay más. La película es un encadenamiento lineal y sin ritmo ninguno de interminables escenas de acción que son un compendio de chorradas pirotécnicas (montadas de forma videoclipera) a cada cual más absurda: lucha en bat-patines sobre hielo, surfing aéreo, carreras ilegales, vuelos imposibles… Todo eso con diálogos como los anteriormente expuestos lanzados a velocidad de vértigo. Los personajes ya no son simplemente planos: ya es que parece que no han salido de ninguna parte y, además, son verdaderamente patéticos (sus acciones y reacciones provocan vergüenza ajena). Batman (ahora George Clooney tras el abandono de Val Kilmer) y Robin (de nuevo Cris O’Donnell) sólo viven para discutir por el traicionero amor de Poison Ivy, que les seduce de la manera más infantiloide nunca vista (y ellos caen en sus garras y repiten sin parar). Esta Poison Ivy es, sin ninguna duda, el peor papel de Uma Thurman en toda su carrera: si pretende ser seductor lo que consigue es dar risa. Lo mismo le ocurre a la Bat Chica que interpreta Alicia Silverstone: su ridículo disfraz y su actitud de niña de instituto malcriada desata la carcajada. Pero no acaba aquí la galería, porque tenemos como malo malísimo a un Señor Frío interpretado por el mismo Arnold Schwarzenegger (que se llevó una gran parte del presupuesto de la película y que aparecía en los créditos antes que el propio Clooney) que es para llorar, no sé si también de risa o ya de pena. Hay villanos sin carisma, y otros a los que dan ganas de estrangular. Él es uno de ellos, una suerte de Terminator congelado (él mismo lo definió así) que no hace sino trazar planes absurdos e inútiles y soltar idioteces sin descanso intentando parecer frío y distante y logrando asemejarse a un juguete mecánico. En los comics, tanto este Señor Frío como Poison Ivy eran dos villanos atormentados y tristes. Burton tal vez habría hecho algo bueno con ellos. Schumacher los destroza sin piedad, al igual que hace con el otro villano que les acompaña, Perdición, que queda reducido a una bestia estúpida que no sabe ni hablar. Después de este desastre de película que no gustó ni a los niños pequeños y que fue directa a los Anti Oscars, la saga se paralizó un tiempo. Por suerte, Joel Schumacher no se encargaría de su quinta entrega y oportuno reinicio: sería Christopher Nolan.

domingo, 9 de agosto de 2009

BATMAN FOREVER de Joel Schumacher – 1995 – (“Batman Forever”)


Dos nuevos villanos han hecho acto de presencia en Gotham: Dos Caras, un jefe mafioso con media cara desfigurada que quiere vengarse de Batman, a quien culpa de su tragedia, y Enigma, un genio de la informática que ha creado un aparato capaz de destapar la verdadera identidad del Hombre Murciélago. Sin embargo, Batman está vez no está solo: Robin, un joven a cuya familia asesinó Dos Caras, se une a él en su cruzada contra el mal.

Hay cambios ciertamente traumáticos, y uno de los más traumáticos del cine de superhéroes fue el que se operó en el paso de “Batman Vuelve” a “Batman Forever”, el paso del hombre murciélago visto por Tim Burton al hombre murciélago visto por Joel Schumacher, que en las dos entregas de sus aventuras que dirigió demostró que si por un lado es un director comercial capaz de realizar buenas películas (“Un día de furia”, “Última llamada”…) por otro es también capaz de realizar los peores bodrios que nos podamos echar a la cara. “Batman Forever” fue uno de estos tristes bodrios, y la que vino después, “Batman & Robin”, fue el bodrio más grande de la historia del cine de superhéroes (lo digo muy en serio: quien la haya visto lo sabe). En la tercera entrega para la gran pantalla de las aventuras de Batman encontramos impunemente deshecho todo el camino que Burton había hilvanado con tan buen hacer: el camino que encauzó al Batman cinematográfico en la dirección de la visión seria y digna del superhéroe que dieron en el mundo del comic grandes autores como Frank Miller o Alan Moore. Si, como comenté, en “Batman” y posteriormente en “Batman Vuelve” Tim Burton esquivó con precisión el concepto hoy completamente desfasado del Batman que habíamos podido ver en muchos comics infantiles y en series sobre el personaje como la de Adam West y Burt Ward de los años sesenta, Joel Schumacher retornó a este concepto de Batman en todos los aspectos. Siempre se le ha criticado mucho a este director la visión que mostró de Gotham para sus dos tristes aportaciones a la saga. La ciudad gótica de la oscuridad perpetua es ahora un paraíso fosforescente de neón empapado de colorido. Se ve claramente la intención de su director ya desde el primer momento: reconstruir, aunque por supuesto actualizándola, la imagen de la mítica serie que he mencionado arriba. Gotham es como los productores de “Batman” querían que hubiera sido desde un principio: un paraíso psicodélico con reminiscencias estéticas de toda clase colocadas sin ton ni son: del cine negro de los años cuarenta y cincuenta, del musical clásico, del propio tenebrismo burtoniano, de la televisión de los sesenta, del colosalismo, del pop, del glam, del kitsch, del camp… Todo remezclado de cualquier manera y sin mucha personalidad otorgando al filme una atmósfera de ópera moderna algo infantil aunque curiosa, todo sea dicho. Puede esta atmósfera gustar más o menos. A mi, personalmente, no me parece tan imaginativa ni tan adecuada al personaje como la de Burton. No es, sin embargo, esta atmósfera el principal problema de “Batman Forever”. Aún con una personalidad distinta a sus dos antecesoras, podría haber sido una buena película. Pero no lo fue. Con unos personajes como los que tenía era del todo imposible. El retorno al concepto del superhéroe infantil, moralista y ñoño fue tan total y absoluto que lastró la cinta ya desde el propio guión. El Batman de Schumacher dejó de estar atormentado, dejó de ser oscuro y triste y dejó de inspirar, por momentos, miedo. El Batman de Schumacher volvió al pasado para ser de nuevo ese justiciero sin remordimientos y sin dilemas, siempre valiente y siempre íntegro que había sido tanto tiempo. Todo por los suelos. Batman (ahora Val Kilmer tras el abandono de Michael Keaton) vuelve a ser un superhéroe plano y políticamente correcto al uso, al igual que su compañero Robin (un normalito Chris O’Donnell), que por primera vez en las salas le acompaña en sus aventuras y que aporta más bien poco o más bien nada a la película. Sus enemigos también vuelven a ser lo que fueron: ya no están atormentados por pasados oscuros, ya no son seres marginados deseosos de venganza con un fondo de honda tristeza. Dos Caras y Enigma son dos peleles estrambóticos y malvados porque sí, porque les ha tocado ser malvados. No están desarrollados de manera convincente en ningún aspecto. Además, ni Tommy Lee Jones ni Jim Carrey (excelentes actores casi siempre) saben hacer otra cosa que imitar al Joker o al Pingüino poniendo caras dislocadas y sobreactuando de manera extravagante. Para colmo, la nueva “Chica Batman”, Nicole Kidman, es otra Kim Basinger: realiza un papel anodino y sin ninguna pasión. Todos los actores y actrices que participan en “Batman Forever” han demostrado en más de una ocasión ser geniales intérpretes. Sin embargo, aquí no hay por donde cogerlos: o no expresan nada o expresan demasiado (en el mal sentido). Supongo que los pobres, con los personajes a los que tenían que dar vida, no tenían otra cosa que hacer. Pero no acaba en estos personajes todo lo malo del filme: hay que añadir las flojas escenas de acción con infumables toques videocliperos, el lineal y aburridísimo guión, los horrorosos diálogos, la inapropiada música discotequera o de U2 (no es un mal grupo, pero su aportación no viene a cuento) y el horrible humor que destila durante todo el metraje (era esta película un nuevo vehículo de lucimiento para un Carrey recién salido de “La Máscara”). Gozó “Batman Forever” de un gran éxito y sus artífices se forraron con el merchandising. Fue incluso mejor recibida que “Batman Vuelve” gracias a su envoltorio más atrayente para el público quinceañero, poco exigente y/o amante de la pirotecnia barata. Por ello, se comenzó a preparar con rapidez una nueva continuación de las aventuras de Batman. Joel Schumacher volvió a realizarla y rizó el rizo del patetismo. “Batman & Robin” fue posiblemente la cosa más deleznable que se estrenó en las salas en toda la década (no exagero). Mañana más.

sábado, 8 de agosto de 2009

BATMAN VUELVE de Tim Burton – 1992 – (“Batman Returns”)


Es Navidad en Gotham, y, para celebrarla, un nuevo villano ha hecho acto de presencia en sus calles: el Pingüino, un hombrecillo deformado y lleno de odio que planea dominar la ciudad convirtiéndose en su alcalde. Batman se enfrenta a él. Sin embargo, el Pingüino no está solo: le apoya el pérfido e influyente empresario Max Shreck. Además, otro ser extraño ha aparecido en la noche: Catwoman, la mujer gato… ¿Es una amiga o una enemiga? ¿Por qué Batman se siente atraído por ella? Una vez más, Gotham se encuentra al borde del caos.

Después del enorme éxito logrado con “Batman”, Tim Burton comenzó a ser reconocido como uno de los directores visualmente más originales e impactantes de su momento. Su carrera gozó poco tiempo después de otro gran éxito, el de una de sus obras más personales: “Eduardo Manostijeras”. Tras él, ya plenamente instaurado en la industria y lo que es más importante, con el beneplácito de los que ponen el dinero, retomó el personaje del hombre murciélago para realizar una excelente segunda entrega de sus aventuras que, en mi opinión, supera en algunos aspectos a la primera. Gracias a los más que fructíferos resultados de “Batman” en la taquilla, los productores de ambas películas otorgaron a Tim Burton una libertad casi total a la hora de rodar “Batman Vuelve”. Así, el tono de esta cinta fue el mismo que el de su antecesora en casi todos los aspectos. El héroe, de nuevo interpretado por un solvente Michael Keaton, siguió siendo un héroe sombrío enfrentado a unos enemigos que, por momentos, parecían no ser más que sombras oscuras o trastornadas de él mismo. Esta vez serían dos: el Pingüino, interpretado por un genial Danny DeVito, y Catwoman, a la que daría vida una también maravillosa Michelle Pfeiffer. Gotham siguió siendo un lugar inhóspito y negro; esta vez estaba nevada como en un cuento tétrico de Navidad, y volvía a ser una ciudad gótica de toques modernos oscura hasta la asfixia, retratada con un maquiavélico ojo expresionista y cargada de influencias estéticas de todo tipo que iban, ahora, desde la fábula clásica norteamericana (de esta misma Gotham tomaría Burton muchos conceptos escenográficos para su posterior “Sleepy Hollow”) hasta la narración realista decimonónica pasando por ciertos toques de estética pop sombría, de cine mudo onírico o de puro teatro de marionetas. En todos los aspectos “Batman Vuelve” resultó ser una cinta mucho más redonda que “Batman”. Subsanó uno de los principales fallos de su antecesora: el personaje del protagonista. Batman ya sí que tenía el carisma y el desarrollo interior suficientes como para hacerle sombra a sus enemigos. La tríada de protagonistas de esta entrega era una nueva galería de freaks inadaptados, personajes habituales en la filmografía de su creador. Batman se encuentra más cansado, ligeramente más hastiado de su trabajo en la sombra e igual de taciturno, apagado y triste. La nueva relación amorosa que le asalta es creíble: Michelle Pfeiffer no es Kim Basinger, y su personaje es tal vez el que tiene más gancho de esta tríada. Catwoman, insinuante, sigilosa y salvaje, embutida en un traje de reluciente cuero, es aquello que al Hombre Murciélago le falta: otra criatura de la noche como él, solitaria y amargada, sedienta de odio, con otro pasado oscuro y otro presente turbulento y con un pie puesto en el buen camino y otro en el malo. La relación entre ambos, de amor y de odio, fluctuante, enriquece a “Batman Vuelve” presentado un conflicto romántico trágico que en “Batman” no existía. El tercer monstruo en discordia, el Pingüino, es capaz de igualar en mi opinión en carisma al propio Joker de Jack Nicholson. Burton se basó para recrearlo en los habituales “malvados” de las novelas de Charles Dickens: malvados esperpénticos, retorcidos, meticulosos y extravagantes y también algo infantiles y muy patéticos. Es, además de esto, físicamente calcado al Doctor Caligari de la obra clave del expresionismo alemán “El Gabinete del Doctor Caligari” (mientras que Eduardo Manostijeras era calcado a su sirviente asesino Cesare, de la misma película). Por supuesto, también esconde el Pingüino un pasado de tristeza que le impulsa a actuar como actúa: a luchar por su reconocimiento en una sociedad que le dio de lado y, además, por su venganza. El único personaje realmente malo en todos los aspectos del filme viene interpretado por un no menos genial Christopher Walken: Max Shreck (claro homenaje al “Nosferatu” de Murnau, filme que Burton adora y cuya influencia es más que palpable en su obra). “Batman Vuelve” es una genial película de acción cargada de imaginación y de buen hacer, otra de esas escasas obras comerciales que se pueden definir sin problemas como obras “de autor”. Tras ella, y al parecer observando que su Batman recibía más críticas que nunca por ser "demasiado oscuro para el público infantil y juvenil", Burton renunciaría a realizar la tercera entrega de la saga: “Batman Forever”, de la que se encargaría Joel Schumacher con horrendos resultados y en la que aparecía por vez primera Robin, que iba a aparecer en las dos primeras pero que fue desechado por no adecuarse al mencionado tono oscuro de ambas. De las dos entregas dirigidas por Burton, ¿con cual os quedáis?

viernes, 7 de agosto de 2009

BATMAN de Tim Burton – 1989 – (“Batman”)


Gotham es una de las ciudades con el índice de criminalidad más alto de todo el planeta: es un campo de batalla donde reinan la corrupción y la violencia y donde los débiles son aplastados sin piedad por los poderosos. Muy pocos se atreven en ella a luchar por la justicia. Uno de estos pocos es el Comisario Gordon, y otro de ellos es su gran aliado Batman, el misterioso Hombre Murciélago que, tras las sombras, siembra el terror entre los malvados y cuya verdadera identidad nadie conoce. Batman está ahora, sin embargo, a punto de enfrentarse a uno de los peores enemigos de su vida: el Joker, un hombre maquillado como un payaso que ha desatado el caos en la ciudad y que le busca para vengarse de algo que él no recuerda… Gotham puede estar a punto de sumirse en la miseria más absoluta.

Después del tremendo éxito del que gozó en líneas generales la saga de “Superman”, era de esperar que no tardara demasiado, tras el fin de esta después de cuatro entregas (hasta la reciente “Superman Returns” de Bryan Singer) en comenzar la del otro gran superhéroe de DC Comics: “Batman” (por diversas razones, a los de Marvel no les llegaría la hora –por lo menos con dignidad- hasta la entrada del siglo XXI). El proyecto, después de que lo rechazaran Joe Dante e Ivan Reitman, fue a parar a las manos de Tim Burton, un joven cineasta por el que entonces nadie daba un duro y que todavía sólo había dirigido dos irregulares comedias familiares: “La gran aventura de Pee Wee” y “Bitelchus”. El resultado fue del todo inesperado. Tim Burton se desligó completamente del concepto de superhéroe que latía en la mente de los productores del filme: un concepto que entroncaba directamente con el del Batman de la mítica serie de televisión de los años sesenta (la de Adam West y Burt Ward, la de los célebres “Boum”, “Crash”, Bang”) y con el de la misma saga de su compañero Superman. Tim Burton no dejó de luchar un minuto contra los que produjeron su filme. Al final, después de muchos quebraderos de cabeza, lo logró: en su “Batman” no habría colorido, no habría trajes llamativos, no habría un héroe perfecto y no habría una cara bonita para él. Su superhéroe fue como iban a ser los personajes de su posterior cine: oscuro, casi monstruoso por momentos y siempre atormentado por un pasado triste y por un presente turbulento. Su Batman se enfrentaría a su enemigo, pero también se enfrentaría a sí mismo, llegando a plantearse si lo que estaba haciendo lo hacía por justicia o por pura venganza. Su Batman iba a ser más creíble y humano que todos los Superman y todos los Batman que había habido hasta la fecha, e incluso más creíble y humano que muchos de los superhéroes que hoy tenemos en las grandes pantallas o recién salidos de ellas. El escenario le iba a acompañar: Gotham fue por primera vez verdaderamente gótica en las pantallas. Tim Burton realizó en ella uno de sus mejores trabajos de ambientación. Su ciudad fue un inolvidable caos ordenado de influencias que se convirtió en un protagonista más de la cinta: oscura, sombría, siempre bajo un cielo de plomo o negro, llena de humos (la sombra de “Blade Runner” o del “Satyricon” de Fellini, entre otras, fue alargada), de claroscuros, colosalista, de puntiagudos edificios góticos junto a mugrientas fábricas, de reminiscencias de principios de siglo o de los años cuarenta y cincuenta junto a una tecnología punta glamourosa y de homenajes ambientales y formales al cine negro clásico y, especialmente, al expresionismo alemán, que parece devorarlo todo dislocando las construcciones, a veces de dimensiones imposibles. Sus pobladores no desentonaron: esperpénticos y aterradores a más no poder, sacados directamente de cuentos de hadas oscuros o de un teatro de marionetas. ¿Qué decir, por otra parte, del villano del filme? Jack Nicholson bordó al personaje del Joker en el que es uno de sus mejores papeles, un Joker histriónico sin caer en el ridículo, un Joker perverso y oscuro pero que es todo un festival de humor negro, un humor que a Burton siempre le ha encantado y que aquí aplica sin cesar. El envoltorio se completó con la inolvidable banda sonora de Danny Elfman y con unos geniales efectos especiales. Tim Burton demostró por primera vez en el cine que la historia de un superhéroe iba algo más allá del clásico enfrentamiento entre el bien y el mal y de la historieta de entretenimiento con moralina y humor para jóvenes. Tim Burton se alejó del concepto original que tenían los primeros comics del personaje creado por Bob Kane (que, sin embargo, siempre pensó en Batman como en el ser sombrío que no llegó a ser hasta tanto tiempo después) para acercarse al de la oscura renovación que le imprimieron grandes autores del cómic mundial como Frank Miller (“Sin City”, "Ronin" “300”...) en sus obras “El regreso del Señor de la Noche” y "Batman: Año Uno" (dos de los comics más importantes de la década de los ochenta) o Alan Moore ("Watchmen", "V de Vendetta", "From Hell", "La Liga de los Caballeros Extraordinarios"...) en "La broma asesina" (un cómic que configuró definitivamente al Joker de Nicholson) . El filme llegó a ser un gran éxito de taquilla, aunque la crítica lo destrozó sin piedad. Ciertamente, puede estar “Batman” un poco sobrevalorada. Es una notable película de acción que desarrolla a sus personajes y les dota de una cierta hondura. Tiene un fallo que a nadie deja indiferente: a pesar de ser su protagonista un héroe contradictorio en todo momento, solitario e inadaptado (Bruce Wayne no es más que otro freak marginal de esos que a Burton tanto le gustan) llega un momento en el que se ve completamente devorado por el imparable carisma de su enemigo el Joker. Tal vez sea por Michael Keaton (a nadie le gustó que interpretara al Hombre Murciélago, aunque creo que el papel que hace es aceptable), tal vez sea por lo desmesurado y lo genial que es Jack Nicholson. El guión de “Batman”, por otra parte, tampoco es nada del otro mundo: lineal y predecible, a pesar de ser muy efectivo. Otra cosa que muchos fans de Batman nunca perdonaron fue el hecho de que Tim Burton se sacara de la manga la tontería de que el Joker mató a los padres de Bruce Wayne (de ahí las confusiones de muchos/as no familiarizados con los comics tras la imprescindible “Batman Begins” de Christopher Nolan). Sin embargo, y a pesar de estos fallos, “Batman” es, creo, la primera película de la historia que trata a un superhéroe con la dignidad plenamente adulta que se merece (y lo digo sin desmerecer de las geniales pero más infantiles "Superman" y "Superman II"). Es una película comercial plenamente de autor. Fue, además, la obra que confirmó a Tim Burton como una joven promesa de su momento. Poco después, él mismo dirigiría su continuación, tras la que pasaría las dos siguientes entregas a Joel Schumacher, que destrozaría la saga sin miramientos. Por suerte, Christopher Nolan le devolvería el esplendor al personaje con “Batman Begins” y con "El Caballero Oscuro".