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domingo, 28 de marzo de 2010

LA MOMIA. LA TUMBA DEL EMPERADOR DRAGÓN de Rob Cohen – 2008 – (“The Mummy. Tomb of The Dragon Emperor”)


Alex O’Connell se ha convertido, como sus padres, en un gran descubridor de secretos de la antigüedad. Su último gran hallazgo ha sido la momia del Emperador Dragón, un guerrero despiadado que intentó en el pasado sumir a toda China en el terror. Cuando Rick y Evelyn acuden al país para transportar una piedra preciosa milenaria, algo terrible ocurre: el Emperador Dragón vuelve a la vida para resucitar a su ejército de soldados de terracota y cumplir su viejo sueño. La familia O’Connell va a tener que pararle los pies a una nueva momia… Con unos nuevos aliados: Lin y Zi Yuan, dos misteriosas mujeres que vigilan al Emperador desde hace siglos para que no alcance sus malévolos objetivos.

El estadounidense Rob Cohen es un mediocre director sin personalidad que, en algunas ocasiones, ha entregado solventes productos artesanales y, en otras, grandes mediocridades o directas bazofias. Su filmografía, variada, se compone del biopic de Bruce Lee “Dragon. The Bruce Lee Story”, de la película de aventuras “Dragonheart”, de la película de catástrofes “Daylight”, del thriller “The Skulls”, de las películas de acción “The Fast and The Furious”, “XXX” y “Stealth: La Amenaza Invisible” y de la nueva película de aventuras “La Momia. La Tumba del Emperador Dragón”.

Seis años después de “El Regreso de La Momia” y cinco de “El Rey Escorpión”, llegó a las salas con el objetivo de aprovechar el tirón aventurero de “Indiana Jones y El Reino de la Calavera de Cristal” la tercera entrega de la saga de “La Momia”, subtitulada “La Tumba del Emperador Dragón”. Cambió el director (Stephen Sommers fue relevado por Rob Cohen), cambiaron las localizaciones (de Egipto se pasó a China) y cambió una parte del reparto (Maria Bello sustituyó a Rachel Weisz como Evelyn y Oded Fehr ya no apareció porque tampoco pintaba demasiado en la nueva historia). Y, como era de esperar, esta tercera entrega de las aventuras de los O’Connell fue no sólo la peor entrega de la hasta ahora trilogía de “La Momia”, sino, además, una de las peores películas del año 2008. Si “El Regreso de La Momia” era ya una cinta bastante estúpida y hasta vergonzante, “La Momia. La Tumba del Emperador Dragón” es un despropósito en toda regla. La familia O’Connell ha de viajar a China para enfrentarse a una nueva momia a la que da vida Jet Li, la momia de un emperador que quiso dominar el mundo y que quiere resucitar a su ejército de soldados de terracota. La acción está servida, pero acción vulgar y hasta ridícula. Rob Cohen rueda sin imaginación y sin inventiva una trama que no sólo es insulsa y predecible, sino que además está plagada de idioteces y de hechos forzados (desde ataques de yetis guardaespaldas a inmortalidades que se pierden y se ganan al tun tun pasando por las transformaciones absurdas e inútiles del Emperador Dragón –el demonio terrestre indefinido de la batalla final se lleva la palma-). Los personajes, para colmo, han perdido todo el carisma que tenían: Rick y Evelyn se amoldan a todos los tópicos de la familia feliz pero sin aportarles gracia ninguna (la gracia de la que Brendan Fraser hacía gala en “La Momia” se ha perdido por completo y Maria Bello está bastante sosa en líneas generales), Jet Li es totalmente inexpresivo y como villano no aporta sensación de maldad ninguna (y además, siendo todopoderoso, deja que le venzan de mala manera), John Hannah es directamente insufrible como secundario cómico, Luke Ford es insulso como hijo de los O’Connell y lo mismo se puede decir de Michelle Yeoh y de Isabella Leong como “guardianas de las momias” (un trasunto de la función que hacía Oded Fehr en las anteriores entregas). Por si fuera poco, la película goza de unos diálogos verdaderamente penosos y de un humor despreciable basado en hacer “chistes” sobre momias constantemente (un ejemplo extraído de la boquita del personaje de Jonathan: “Odio a las momias: nunca juegan limpio”. Sin comentarios). “La Momia. La Tumba del Emperador Dragón” es un insulto al cine de aventuras y a sus fans, insulto que ya termina el trabajo que comenzó “El Regreso de La Momia”: cargarse vilmente una saga moderna que empezó de manera inmejorable (otra que va a la saca de “Matrix” y de “Piratas del Caribe”). Lo peor es que muy posiblemente tengamos una cuarta entrega con momia incaica incluida: se deja un desenlace abierto que lo da a entender.

EL REGRESO DE LA MOMIA de Stephen Sommers - 2001 – (“The Mummy Returns”)


Diez años después de que Rick y Evelyn acabasen con la maldición de Imhotep, ambos llevan una vida tranquila en Londres con su hijo pequeño, Alex. Ellos no lo saben, pero están a punto de volver a enfrentarse a su viejo enemigo... Ank-Su-Namun, su ancestral amada, tiene planes para, una vez más, devolverle la vida. Pero no sólo Imhotep entra en sus planes de resurrección: también quiere revivir al legendario Rey Escorpión, un guerrero maldito que vendió su alma al dios Anubis y que tiene un poder inimaginable. La familia O’Connell al completo va a tener que volver a unirse a Ardeth Bay para pararle los pies a las momias, que han regresado.

Tras el enorme éxito de “La Momia”, no tardó mucho en llegar a las salas su esperada secuela, “El Regreso de La Momia”, en la que todo el equipo principal de la primera parte repetía (tanto director como elenco actoral) para entregar, por desgracia, una terrible bazofia que poco tenía que ver con aquel desprejuiciado y divertidísimo homenaje a la obra homónima de Karl Freund, al cine de aventuras y fantástico clásico y de serie B y a la entonces trilogía de Indiana Jones. “El Regreso de La Momia” vuelve a ser una película de aventuras sin pretensiones en la que los personajes de la primera entrega junto a algunas nuevas adquisiciones se enfrentan una vez más al otra vez resucitado Imhotep y a un nuevo enemigo, El Rey Escorpión (interpretado por el luchador profesional The Rock, que a partir de aquí se lanzaría hacia una fructífera carrera como intérprete en Hollywood). El problema y el lastre de esta secuela radica, principalmente, en la arriba mencionada falta de pretensiones. Y es que, inexplicablemente, se dedica Stephen Sommers, anclándose en ella, a hacer de la trama de su nuevo filme un aberrante e inconexo batiburrillo en el que todo vale para incluir una escena de acción más y un giro argumental “más sorprendente”, giro argumental que casi siempre resulta ser absurdo. Una cosa es rodar una película cachonda, delirante, paródica y totalmente desprejuiciada (como lo eran “La Momia”, “Indiana Jones y el Templo Maldito” o “Piratas del Caribe: La Maldición de la Perla Negra”), y otra rodar un popurrí sin sentido ninguno de hechos y situaciones en el que de Londres se pasa al desierto y del desierto a una selva poblada por momias enanas y en el que nadie se aclara con las resurrecciones y las muertes y las maldiciones cada vez más rebuscadas que van surgiendo al tuntún. Para colmo, en este popurrí los personajes están mal desarrollados. El Rey Escorpión aporta muy poco a la trama salvo un combate final mediocre, la familia O’Connell e Imhotep y su amada han perdido mucho carisma y, siendo los protagonistas, tampoco aportan mucho salvo una idiota historia de amor y de odio ancestral de la que en “La Momia” no se dijo nada de nada. Porque resulta que los O’Connell y los egipcios de marras están unidos por un pasado milenario común que Sommers se saca de la manga y que es, sin ninguna duda, el elemento más chorra, tonto y gratuito de la película (de vergüenza ajena los flashbacks de las luchas a muerte entre concubinas en el Antiguo Egipto). Por si fuese poco, el hijo pequeño de Rick y Evelyn no sólo no funciona como secundario cómico, sino que resulta verdaderamente despreciable, ridículo e irritante, al igual que el personaje de John Hannah, ya totalmente desquiciado. Tampoco se salva demasiado el de Oded Fehr, que se empantana en intentar, sin éxito, poner un orden en el argumento tontorrón de esta cosa. Hay que sumar que la trama de “El Regreso de La Momia”, además de ser enrevesada, no tiene ritmo ninguno, ya que apenas existe descanso entre las escenas de misterio (casi inexistentes) y las de acción, que son tan inagotables y que han perdido tanta inventiva que llegan a ser soporíferas. Los efectos especiales, para colmo, han empeorado (El Rey Escorpión parece sacado de un mal videojuego). Es una verdadera lástima que el propio Stephen Sommers sea incapaz de repetir película (algo que no era tan difícil). “El Regreso de La Momia” sí que repitió sin embargo recaudación en taquilla, lo que propició una cinta sobre su nuevo villano llamada “El Rey Escorpión” dirigida por Chuck Russell, la cual me abstengo de comentar dado su grado de patetismo (suelo comentar las sagas completas a pesar de lo terribles que puedan ser, pero esta película no aporta nada a las dos primeras entregas de “La Momia” y para colmo es un enorme despropósito). Mañana: “La Momia. La Tumba del Emperador Dragón”, la cual es todavía peor que “El Regreso de La Momia”.

LA MOMIA de Stephen Sommers – 1999 – (“The Mummy”)


El Cairo. 1923. La joven egiptóloga Evelyn Carnahan y su hermano Jonathan se unen al valiente y canalla legionario Rick O’Connell para buscar las ruinas de la legendaria Hamunaptra, la ciudad de los muertos del Antiguo Egipto, supuesta cuna de grandes tesoros. En su camino se encuentran con un grupo de arqueólogos que buscan lo mismo que ellos y también con un misterioso hombre que parece vigilarles desde las sombras. Algo más ocurre: una terrible maldición ancestral se cierne sobre todos cuando encuentran un extraño libro… La Maldición de Imhotep. Aunque Rick y los hermanos Carnahan colaboran a su pesar, van a tener que hacerlo estrechamente para sobrevivir…

El norteamericano Stephen Sommers es un director mediocre y sin una personalidad definida que, centrado especialmente en el género de la aventura, ha dado alguna película muy notable (“La Momia” sobre todo) y muchas bastante flojas o incluso terribles. Su filmografía se compone de la cinta de jóvenes generacional “Catch Me If You Can”, de las aceptables adaptaciones literarias “Las aventuras de Huckleberry Finn” y “El libro de la selva”, de la terrible película de terror y acción “Deep Rising”, de la excelente película de aventuras “La Momia”, de su horrenda primera secuela “El Retorno de la Momia”, de la aún más horrenda vuelta al cine de aventuras “Van Helsing” y de la todavía más horripilante vuelva al de acción “GI JOE”.

“La Momia” fue una película que, al igual que la primera entrega de “Piratas del Caribe” (sus dos despreciables secuelas mejor olvidarlas), fue capaz de resucitar, por lo menos momentáneamente, el concepto de cine de aventuras familiar que la trilogía (la entonces trilogía) de Indiana Jones supo establecer en la década de los ochenta. Basada muy libre y desprejuiciadamente en el clásico homónimo de Karl Freund de 1932, “La Momia”, apartada de toda pretensión posible, conjugaba a la perfección el cine de aventuras de aura clásica, la comedia familiar y paródica y el filme fantástico de aires pulp en lo que es un homenaje intencionadísimo a su mencionada “hermana” de Karl Freund, a las también nombradas peripecias de Indiana Jones, a cierto cine de terror sobrenatural, a la serie B y al también mencionado cine de aventuras clásico e incluso al de capa y espada. Stephen Sommers entrega su mejor película calibrando con efectividad la acción pura y dura (que es mucha) con el desarrollo de una trama de misterio simple pero efectiva e interesante desde el primer hasta el último momento en la que todos los tópicos de su género están servidos (y bien explotados para no resultar vergonzantes): batallas, trampas, maldiciones, magia, enigmas, monstruos de toda clase y persecuciones y luchas de todo tipo. Los personajes de la cinta, además, gozan de un genial carisma. Los entonces menos conocidos Brendan Fraser y Rachel Weisz interpretan a una pareja perfecta (el aventurero canalla y algo payaso y la chica mojigata pero finalmente de armas tomar –la sombra de “En busca del Arca Perdida” es alargada-), Arnold Vosloo es un villano genial (malvado y atormentado), Oded Fehr es un secundario con relieve y necesario para el desarrollo de la historia y John Hannah es un secundario cómico que aporta una dosis de humor que, por lo menos en esta primera película de la saga, no resulta cansina ni vergonzosa. Hay que sumar también un ambiente romántico muy conseguido, unos efectos especiales geniales y unas escenas de acción verdaderamente imaginativas y dinámicas. “La Momia”, muy injustamene denigrada por muchos, se configuró como la mejor película hollywoodiense de aventuras de finales del siglo XX. Por desgracia, sus dos secuelas (hasta la fecha) fueron terribles.

sábado, 29 de agosto de 2009

LA MOMIA de Karl Freund – 1932 – (“The Mummy”)


1921. Un grupo de arqueólogos y científicos del Museo Británico encuentra en Egipto la momia de un desconocido que, al parecer, fue embalsamado y enterrado vivo. Esa momia desaparece al poco tiempo y uno de los integrantes del equipo se vuelve loco de atar para siempre. Once años después, algunos de los miembros de aquella expedición conocen a un misterioso hombre llamado Ardath Bey que también es experto en egiptología. Muy pronto, sus vidas cambian: empiezan a sucederse asesinatos y extraños hechos sobrenaturales y sospechan que él puede estar detrás de todo… Y que la momia que desapareció también.

Karl W. Freund es uno de los más grandes fotógrafos de la historia del séptimo arte, auténtica pieza clave del expersionismo alemán y del cine de terror de todos los tiempos y creador de bellísimas, líricas, oníricas, decadentes y delirantes atmósferas que cambiaron para siempre a éste arte. Fue, además, uno de los más firmes impulsores de la utilización de la movilidad de la cámara. Nacido en Alemania en 1890, emigró a Hollywood, en donde terminó asentando su carrera. Fue director de fotografía de Fritz Lang (en “Metrópolis”), de Friedrich W. Murnau (en “El último” o en “Tartufo”), de Walter Ruttmann (en “Berlín, sinfonía de una gran ciudad”), de Paul Wegener (en “El golem”), de Tod Browning (en “Drácula”), de George Cukor (en “Margarita Gautier”) o de John Huston (en “Cayo Largo”). Ganó un oscar con “La buena tierra” de Sidney Frankin y también el llamado “Oscar técnico” y, ya en la televisión, fue el primero en usar el sistema Multicam. Como director únicamente conozco dos películas suyas: la soberbia “La momia” y el remake “Las manos de Orlac” (posiblemente, hayan sido las únicas que dirigió). En ambas aplicó sus decisivas técnicas fotográficas para crear unos geniales ambientes. Murió en 1969 ya plenamente instalado en los USA.

“La momia” es una de las más grandes obras maestras del cine de terror de todos los tiempos y una de las películas míticas y clave de los ciclos de este género de la Universal. Carl Laemmle produce, Karl Freund dirige y Boris Karloff protagoniza el filme, en el que da vida a un faraón que, embalsamado vivo y maldecido por su padre y por su pueblo, vuelve a la vida en nuestros días para recuperar a su viejo amor… Una joven reencarnada que debe de morir para estar junto a él toda la eternidad. Por supuesto, un grupo de héroes se lanza a pararle los pies al malévolo y atormentado resucitado. “La momia”, de apenas una fascinante hora de duración cargada de ritmo, es una maravillosa historia de amor imposible y de maldiciones ancestrales que hace gala de uno de los ambientes más sugerentes de su tiempo, heredero directo de las formas del expresionismo alemán que Freund había impulsado decisivamente en su tierra natal. El onirismo se da la mano con la sensualidad para crear una atmósfera de sombras y nieblas tan superficialmente sosegada y mesmerizante como interiormente terrorífica y violenta. El Antiguo Egipto de las leyendas invade la edad contemporánea y la transforma rompiendo sus reglas y obligando a los hombres de ciencia a creer en lo fantástico, eso que desprecian (uno de los asuntos centrales del filme junto a la fatalidad, la muerte, el tiempo y el amor). Boris Karloff hechiza literalmente al público con su soberbia interpretación, que ha quedado inmortalizada junto a su otra grande, la del monstruo “Frankenstein”. “La momia”, el debut de Karl Freund tras las cámaras, es un debut imprescindible, una película de terror revolucionaria en su momento y todavía hoy.