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sábado, 31 de octubre de 2009

DRÁCULA de John Badham – 1979 – (“Dracula”)


Un barco sufre un terrible naufragio en las costas inglesas junto al apartado manicomio que regenta el Doctor Seward. El único superviviente es el Conde Drácula, venido desde la lejana Transilvania, superviviente que se instala en el lugar en un viejo castillo abandonado que adquiere con su gran fortuna. El Conde, un hombre misterioso y sensual, pronto entabla relaciones con los Seward y sus amigos. Pronto también Lucy, la hija del Doctor, se siente locamente atraída por su persona... Y pronto empiezan a ocurrir extraños hechos en la zona.

Una de las versiones del mito del Conde Drácula más injustísimamente olvidada ha sido, sin ninguna duda, la de John Badham, ese cineasta con unos inicios prometedores que terminó cayendo en la mediocridad y en la impersonalidad más absoluta con el paso de los años. Este “Drácula” es todavía una de sus primeras creaciones, una de las más ambiciosas de su carrera y la que afrontó justo al terminar su exitosísima y genial “Fiebre del Sábado Noche” basándose en la obra de teatro de Hamilton Deane (basada a su vez en la novela homónima de Bram Stoker) que había arrasado en Broadway con Frank Langella como el referido Drácula. Badham hace gala de la pericia visual que mostró en sus inicios para construir un filme de fortísima aura clásica en todos los aspectos y cargado de homenajes a planos de otras versiones de su mito que se ve ensalzado, sobre todo, por una ambientación soberbia y sobrecogedora animada por una enorme banda sonora de John Williams. Los poquísimos escenarios que el filme muestra resultan aterradores gracias a una atmósfera enrarecida excelentemente explotada y desplegada y a un aliento onírico que lo envuelve todo: destacan especialmente entre estos escenarios el del manicomio, con una sala central tremendamente opresiva, y el del castillo del Conde, en unos tonos azulados y a la vez sensuales geniales. La trama, aunque en su día fue despreciada por muchos por aparecer notablemente trastocada (se elimina el prólogo de la historia en Transilvania, Lucy es la protagonista de la obra y Mina es su amiga –la primera infectada-, mientras que el doctor Seward es su padre y el personaje de Quincey es inexplicablemente eliminado), es otro punto muy fuerte del conjunto: el protagonismo femenino es esencial para la historia (se trata de una mujer fuerte y decidida que no se somete a las normas sociales machistas de su tiempo, aunque sucumbe finalmente a los encantos de Drácula) y las escenas de acción que posee son comedidas, impactantes, muy violentas, animadas por unos efectos especiales muy destacados y también de consciente aura clásica y, además, resultan ser escenas de acción realistas (los protagonistas, incluído el doctor Van Helsing, no son infalibles, al igual que tampoco lo es el Conde: todos reciben daños por parte de los demás). El reparto que les da vida además está en estado de gracia, especialmente un genial Frank Langella como Drácula venido diréctamente de su papel teatral (un Drácula distinguido y muy sexual olvidadísimo el de Langella), una Kate Nelligan muy destacada como Lucy, un también muy destacado Laurence Olivier como Van Helsing y un excéntrico y divertido Donald Pleasence como el doctor Seward. Es una lástima que el “Drácula” de John Badham, que no funcionó demasiado bien las taquillas en su día, permanezca tan olvidado y sea únicamente recordado por unos pocos fieles reivindicadores.

sábado, 12 de septiembre de 2009

FIEBRE DEL SÁBADO NOCHE de John Badham – 1977 – (“Saturday Night Fever”)


El joven Tony Manero es uno de los reyes de las noches de juerga de Brooklyn: es guapo, es atrevido, baila como nadie y también pelea como nadie. Su existencia semanal es frustrante: su padre está en el paro y él, que vive como la oveja negra de la familia a la sombra de un hermano mayor sacerdote, trabaja en una aburrida tienda de pinturas del barrio. Sin embargo, cuando llega el fin de semana, Tony Manero es alguien con mayúsculas, es el genio y el gran ligón de la pista de baile. A pesar de esto, todo va a empezar a cambiar para él y para sus amigos: se van a dar de bruces contra la dura realidad de su ambiente marginal y no van a saber cómo cambiarlo.

El estadounidense de origen inglés John Badham fue durante la década de los setenta y la de los ochenta uno de los más destacados y taquilleros directores de cine familiar afincados en Hollywood. Aunque no poseía una personalidad marcada como autor, era un excelente artesano abierto a todo tipo de géneros y un impecable director de actores y de actrices. Sin embargo, y por desgracia, sus obras en los años noventa comenzaron a perder calidad a pasos agigantados. Actualmente dirige casi exclusivamente productos televisivos de irregular calidad. Muchos de sus primeros filmes fueron dramas sociales centrados en personajes que buscaban la superación de un entorno marginal o de una situación terrible. Su prolífica filmografía se compone de la comedia deportiva “Los Bingo Long, equipo de estrellas”, del magistral drama comentado “Fiebre del Sábado Noche” (el que le lanzó a la fama y al reconocimiento), de su excelente y bastante ignorada (de manera injusta) versión del “Drácula” de Bram Stoker, del excelente drama de superación “Mi vida es mía”, de la película de acción “El Trueno Azul”, del thriller juvenil “Juegos de guerra”, del drama deportivo “American Flyers”, de la comedia de ciencia ficción “Cortocircuito” (un gran éxito de los años ochenta que originó una secuela), de la comedia policíaca “Procedimiento ilegal”, de las comedias de acción “Dos pájaros a tiro”, “Colegas a la fuerza” y “En el punto de mira”, de las horribles películas de acción “La asesina” y “Salto al peligro” (con estos dos bodrios empieza a caer la calidad de Badham) y de los convencionales thrillers “A la hora señalada” e “Incógnito”. Ya para televisión (a la que se dedica plenamente desde 1997) ha dirigido el irregular western “Sin piedad” y los mediocres thrillers “El cuarto poder”, “Protección fraternal” y “Venganza de amor”. Es una lástima el caso de John Badham, un excelente artesano que ha ido perdiendo calidad progresivamente hasta verse relegado a creaciones de segunda fila. ¿Nos sorprenderá algún día retornando a las salas con una cinta comercial como las que rodó en su mejor época?

Película generacional mítica, “Fiebre del Sábado Noche” es, además de esto y de uno de los grandes “musicales” modernos (que tampoco lo es con exactitud) una espléndida, realista y dolorosa disección del mundo de los perdedores de los barrios de clase media-baja de los Estados Unidos y de cualquier ciudad del mundo. Como miles de jóvenes y no tan jóvenes (aunque respecto a la juventud yo pienso que sólo es viejo quien quiere ser viejo) de aquellos tiempos y de hoy en día, Tony Manero vive para divertirse, para explotar su ocio, que es además la única vía de escape que le queda en una existencia de alienación laboral y familiar. Acomplejado por un “hermano mayor perfecto” que además es un reputado sacerdote y hastiado de un entorno opresivo (su padre está en paro y él malvive con un trabajo aburrido en una tienda de pinturas del barrio), gasta todo su dinero y su tiempo en bailar, en epatar en las discotecas, en ligar con chicas y en pelear contra bandas callejeras rivales. Pronto, su entorno cambia radicalmente: su hermano abandona los hábitos porque descubre que no tenía vocación (lo que en su familia es recibido prácticamente como una defunción), uno de sus amigos empieza a tener serios problemas emocionales y él mismo se enamora de una chica de clase alta esnob, mojigata y remilgada. Tony Manero, el Rey del Baile y de las broncas conocido en todo Brooklyn entra en crisis e intenta cambiar: por supuesto, se da de bruces contra la más cruda realidad. Miles de jóvenes de todo el mundo se sintieron plenamente identificados con él y con su ambiente y “Fiebre del Sábado Noche” (que arrasó en taquilla al igual que el tema “Stayin’ Alive” de los Bee Gees arrasó en las radios, discotecas y tiendas de música) se convirtió por méritos propios en una película generacional como fue “Rebelde sin causa”, “El graduado” o la posterior “Grease”. John Travolta (que borda a su personaje además de bailar de una manera soberbia) alcanzó el estrellato con el que es posiblemente el mejor filme de John Badham, un fascinante drama social que todavía sigue identificando a personas en todas partes. Tuvo una del todo innecesaria segunda entrega dirigida por Sylvester Stallone llamada “Stayin’ Alive” que no voy a comentar debido a su ridiculez extrema.