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domingo, 8 de agosto de 2010

ORIGEN de Christopher Nolan – 2010 – (“Inception”)


Dom Cobb posiblemente sea el mejor maestro del mundo del arte de la extracción, el arte de apoderarse de los secretos del subconsciente de las personas mientras están soñando. Es codiciado en todo el planeta por sus servicios, pero también es un fugitivo internacional que no puede volver a los Estados Unidos, su país, al estar allí acusado de haber hecho algo horrible con su mujer que en realidad no hizo. Pero Dom tiene ahora la oportunidad de rehacer su vida en una misión especial que tiene que ver con una gigantesca e importante empresa y un terrible conflicto paterno filial. Dom, acompañado de su equipo, se lanza a este sueño...

Christopher Nolan siempre ha sido un cineasta con gran gusto por los dilemas y los juegos metafísicos, lo que se puede comprobar en obras como "Memento" o "El truco final". Tal vez su obra "definitiva" (hasta hoy por lo menos) en lo referente a estos dilemas sea la excelente y recién estrenada "Origen", que somete al espectador a un tenso descenso a los diversos niveles del subconsciente mezclando el thriller, la aventura fantástica y la acción pura y dura en un efectivo mix de géneros en el cual también hay lugar para una maravillosa historia de amor y otra de relaciones paterno-filiales. Nolan reflexiona sobre las relaciones entre la realidad y el sueño y sus naturalezas y sobre la posibilidad de la existencia de distintas realidades (en lo cual interviene poderosamente lo subjetivo -y lo obsesivo-) y de que dichas realidades terminen tanto solapándose como alejándose las unas de las otras de manera radical. Lo puramente metafísico se une además a otra reflexión sobre los sentimientos y las reacciones humanas y emocionales que la existencia "real" de la mencionada telaraña metafísica podría suscitar. "Origen" habla definitivamente, tras el envolvente juego que propone al espectador, de la necesidad de escapar que todos alguna vez hemos tenido hacia el mundo de los sueños y de cómo dicho mundo puede terminar suplantando al real. Y también de la posibilidad, dolorosa pero necesaria cuando se traspasa el límite, de volver o por lo menos de buscar "lo verdaderamente verdadero". Todo juego metafísimo está sometido por supuesto a ciertas trampas (aunque Nolan las esquiva con limpieza y dignidad casi todas) y a cierta polémica (no todos van a coincidir con la visión metafísica del que lo expone -a algunos les parecerá un timo-), pero "Origen" es, en este aspecto, coherente (pienso) y no trata de engañar al espectador. Por otra parte, sus espectaculares efectos especiales están justificados y no son abusivos en el artificio, mientras que el reparto del filme es destacadísimo, encabezado por un como siempre gran Leonardo DiCaprio al que acompañan geniales secundarios (todos). Una muy notable película es la nueva propuesta de Christopher Nolan después de su soberbia y alabadísima "El Caballero Oscuro".

miércoles, 12 de agosto de 2009

EL CABALLERO OSCURO de Christopher Nolan – 2008 – (“The Dark Knight”)


Batman por fin se ha consolidado como el gran defensor de Gotham junto al Comisario Gordon y junto al incorruptible Fiscal del Distrito Harvey Dent. Juntos, luchan de manera implacable contra el crimen organizado de la ciudad y contra la corrupción que late en todos sus rincones. Un nuevo enemigo va, sin embargo, a amenazar sus objetivos: el Joker, un hombre maquillado como un payaso que ha salido de la nada y que está dispuesto a sumir a Gotham en el caos puro… Y que, además, quiere convertirse en la cara oscura del propio Batman, que, una vez más, va a enfrentarse a un gran dilema que cambiará su vida para siempre.

Christopher Nolan, que ya entregó en 2005 la mejor película de superhéroes realizada hasta esa fecha (la soberbia “Batman Begins”, primera parte de la que hoy comentamos), rizó el rizo de la maestría y nos regaló el pasado 2008 otra obra maestra que por lo menos iguala a su antecesora. La historia continúa en donde aquella se quedó: Batman sigue consolidándose como defensor de Gotham junto al Comisario Gordon, aunque ahora tiene un nuevo enemigo, el clásico Joker (que del gran Jack Nicholson pasa a un sobrecogedor Heath Ledger) y un nuevo aliado, el incorruptible abogado Harvey Dent, que (y no sigan leyendo si no han visto la película –aunque creo que cualquiera que haya tenido contacto con cómics, series o anteriores filmes de Batman sabe esto-) terminará transformándose en el segundo villano de la cinta: Dos Caras (interpretado en sus dos facetas por un también genial Aaron Eckhart). El estilo vuelve a ser el mismo desplegado en “Batman Begins”: vuelve la Gotham realista y el Batman vulnerable (que llega a ser apaleado por vulgares esbirros de sus enemigos principales) de aquella, el Batman superhéroe producto de su entrenamiento como ninja y de los inventos que usa y, por supuesto, el Batman atormentado, freak y casi monstruoso por momentos que ya explotó en su día el gran Tim Burton. Vuelve, además, una trama seria, complejísima y cargada de hondura que hace justicia al género de los superhéroes como pocas películas lo han hecho (y lo siguen sin hacer). Si “Batman Begins” era un filme sobre el miedo y sobre la lucha entre dos concepciones radicalmente opuestas de justicia (la de Batman y la de su maestro y posterior enemigo Ra’s al Ghul), “El Caballero Oscuro” se centra en la lucha del orden contra el caos puro y profundiza en un asunto con el que cualquiera de nosotros puede identificarse: el del compromiso con cualquier causa justa, compromiso que puede implicar la incomprensión, la burla, la persecución, la marginación e incluso la muerte, pero que no puede ser eludido ni por Batman, ni por el Comisario Gordon ni por Harvey Dent, la triple alianza contra los mafiosos de Gotham. Nolan y sus guionistas, David S. Goyer y su hermano Jonathan Nolan, trabajan excepcionalmente este aspecto de la trama colocando al Joker como un agente del caos que, además de convertirse (por su propia voluntad) en el complemento oscuro de Batman, le recuerda constantemente con palabras y con hechos que su compromiso le costará su vida y la de sus seres queridos y que, debido a su concepción del mundo, tendrá que resignarse irremisiblemente al sacrificio. El ejemplo perfecto, ideado por el propio Joker, un psicópata lucidísimo y portador de un humor negro delirante (genial y a la vez estremecedora la escena de la desaparición del lápiz, su carta de presentación), es el de Harvey Dent, el ser más íntegro, valiente y entregado de la película, el ser que, tristemente, termina transformándose en el ángel caído de Gotham y, paradójicamente, en su esperanza final tras el sacrificio del propio Batman, que se convierte en un villano más para llevar la salvación a su ciudad después de que su teoría del caos al mismo Joker le haya propiciado un revés (tras las grandes sorpresas de los dos barcos). Repite en “El Caballero Oscuro” prácticamente todo el reparto de “Batman Begins” exceptuando a Liam Neeson por razones obvias, a Rutger Hauer y a Tom Wilkinson (que tampoco pintaban ya mucho) y también a Katie Holmes, que es sustituida por Maggie Ghyllenhaal, mientras que se pueden disfrutar de pequeños cameos de secundarios de aquella (como el de Cillian Murphy como el Espantapájaros, muy divertido y supongo que encaminado a preparar su aparición en la tercera película de esta trilogía –lo será al parecer-). El viejo reparto sigue excelente (destacando a un genial Gary Oldman que repite como Comisario Gordon y a un divertidísimo Michael Caine que hace lo propio como el mayordomo Alfred) y entre las caras nuevas brilla con luz propia la del recientemente fallecido Heath Ledger, que entrega un Joker verdaderamente terrorífico y capaz de poner los pelos de punta bastante alejado del mítico que Jack Nicholson entregó en el primer “Batman” de Tim Burton (aquel era más estrambótico y dandy, este es bastante más sucio y descuidado). También Aaron Eckhart entrega una interpretación excelente como Harvey Dent/Dos Caras, bordando al que es el personaje más trágico de la película junto al de Rachel (correctísima Maggie Ghyllenhaal). “El Caballero Oscuro” es una obra maestra que se configura, junto a “Batman Begins”, como la mejor película de superhéroes creada hasta la fecha. No se la pierdan.

lunes, 10 de agosto de 2009

BATMAN BEGINS de Christopher Nolan – 2005 – (“Batman Begins”)


Sumergido en una profunda depresión tras contemplar impotente el asesinato de sus padres y tras comprobar cómo Gotham, su cuidad, es pasto de la corrupción y de la criminalidad, el millonario Bruce Wayne emprende un viaje alrededor de todo el mundo para encontrarse a sí mismo y para hallar una manera de enfrentarse al mal. Años después, está de regreso en la ciudad gótica… Como un hombre nuevo preparado para defenderla de las mafias y de los políticos y empresarios sin escrúpulos que la dominan. Sin embargo, va a tener que enfrentarse a un enemigo de su pasado que quiere aplicar en Gotham su propio concepto de justicia... El hombre que le entrenó y que le convirtió en el experto en lucha que es: el todopoderoso Ra’s al Ghul.

Ocho años transcurrieron desde que (menos mal) Joel Schumacher abandonara la saga de Batman después de haberla destrozado sin miramientos en las dos entregas que de ella que dirigió. Nadie volvió a tocar al personaje hasta entonces debido al merecido fracaso de “Batman & Robin” y a que los productores pensaron que una quinta parte en la misma línea que las anteriores ya no iba a tener ningún tirón comercial porque el hombre murciélago, por aquel entonces, estaba demasiado explotado (cuatro películas suyas en menos de una década). No fue hasta el año 2005, en plena efervescencia de la última fiebre de cine de superhéroes (que todavía dura y que todavía va a durar bastante más), cuando una nueva y fascinante entrega llegó a las salas de la mano de la consolidada promesa Christopher Nolan, que había alcanzado la fama de manera fulminante con la genial “Memento”. Antes, hubo un intento de adaptar el comic de Frank Miller “Batman: Año Uno” por parte de Darren Arofnosky, aunque por diversas razones el proyecto se acabó quedando en el camino. Nolan, digamos, lo retomó y lo logró acabar, y, por suerte, Nolan no era Joel Schumacher. Él sabía, como sabía Tim Burton, que los superhéroes son personajes que a menudo, y en contra de una prejuiciosa creencia generalizada, van más allá del concepto que habitualmente se tiene de ellos: el concepto del héroe infantil y maniqueo que Schumacher recuperó, concepto que él descartó de nuevo en “Batman Begins” para volver al estilo con el que Burton había creado escuela en las salas (fue el primer director en tratar estas figuras con toda la dignidad y seriedad que se merecían). Batman, ahora un soberbio Christian Bale que por momentos llega a dar verdadero miedo, volvería a ser el hombre-monstruo atormentado que fue, el super”héroe” humano que autores como Frank Miller, Alan Moore, Jeph Loeb o Grant Morrison supieron reivindicar. “Batman Begins” es una historia basada en algunas de las que estos creadores contaron y con la que cambiaron para siempre al personaje y todo su complejo mundo. Nolan se apartó de la saga que conforman las anteriores películas para reiniciarla en una génesis del universo del hombre murciélago y de sus amigos y enemigos. Es “Batman Begins”, a mi juicio, la mejor película creada hasta la fecha no sólo de su personaje, sino de todo el cine de superhéroes, junto a su secuela, "El Caballero Oscuro". Es la de Nolan toda una disección de los más ambiguos sentimientos que laten en el ser humano. En ella es Batman por vez primera el verdadero y absoluto protagonista de la narración, sin ningún villano a su lado que le eclipse (aunque los villanos de esta entrega tengan un carisma excepcional). Nolan ya ha tratado el miedo en otras obras suyas: “Memento” e “Insomnio” consiguen hacer reflexionar sobre este sentimiento, y “Batman Begins” no es una excepción. Batman tiene miedo a los murciélagos, un miedo atroz, un terror irracional provocado por un susto infantil que le dejó marcado junto al trauma de ver a sus padres ser asesinados. Batman aprende a enfrentarse a su miedo, a bañarse en él (inolvidable la escena del baño de murciélagos en la caverna) y, posteriormente, a controlarlo para luchar contra sí mismo y contra el mal. Los murciélagos darán miedo, a partir de ahí, a los villanos que atemoricen a Gotham. Por otra parte, la película plantea el complejo, contradictorio y polémico dilema entre dos conceptos de justicia bien distintos: la de Batman, horrorizado por su pasado y que por momentos no llega a distinguir entre justicia y venganza pero que, finalmente, se aleja del camino de la Ley del Talión y del propio interés para servir, simplemente, al ser humano (y darle posibilidades de redención) , y la de su maestro y posterior enemigo Ra’s al Ghul, traumatizado por otro pasado oscuro y que cree que la maldad ha de ser limpiada con fuego (genial Liam Neeson como uno de los villanos más importantes de la saga después del eterno Joker). La trama de “Batman Begins” se centra en ambos personajes con especial detenimiento, aunque, casi, podríamos calificarla de trama coral. Una inmensa galería de personajes se abre ante el espectador además de estos dos, y todos tienen un protagonismo decisivo, desde la amiga de infancia de Wayne y futura abogada luchadora hasta el desquiciado Espantapájaros pasando por el mayordomo Alfred o por el Comisario Gordon. Todos están desarrollados como si de personajes principales se tratase, y todos tienen su momento de gloria y su escena decisiva (el trabajo de guión de Nolan y David S. Goyer es realmente grandioso). Están, además, interpretados por un elenco soberbio de principio a fin: Michael Caine, Katie Holmes, Morgan Freeman, Gary Oldman, Cillian Murphy, Rutger Hauer y Tom Wilkinson, nada más y nada menos. La representación de Gotham vuelve al tenebrismo de Burton, pero otorgándole una mirada completamente realista. La ciudad sirve de símbolo de la decadencia de ella misma y del camino de la oscuridad que domina a su protector: en sus inicios aparece como una megalópolis luminosa, moderna, cuidada y limpia, y posteriormente se va oscureciendo hasta quedar apartada entre nieblas, noches eternas y suciedad, símbolo de la corrupción que la corroe sin pausa. Es, a su vez, el tratamiento de la historia igualmente realista: Batman es un ser humano que se somete a un duro entrenamiento y que adquiere su condición de superhéroe gracias a éste y a un equipo especial que adquiere con su inmensa fortuna. No hay trucos ni fantasías (dentro de la propia fantasía que supone el trasfondo del héroe), todo está explicado y fundamentado en una “realidad” posible. El filme mantiene, además, un ritmo excelente que nunca decae y que consigue que dos horas y media de metraje se pasen en un vuelo. Además, sus escenas de acción están meticulosamente dosificadas y tratadas con la espectacularidad justa y necesaria que requieren. “Batman Begins” es la película de superhéroes definitiva junto a su mencionada secuela, "El Caballero Oscuro". Un ejemplo que muchos directores deberían seguir para dejar de hacer tantas mediocridades.

domingo, 26 de julio de 2009

MEMENTO de Christopher Nolan – 2000 – (“Memento”)


Leonard Selby sólo recuerda una cosa: la violación y el brutal asesinato de su mujer a manos de un desconocido. Tiene la cabeza dañada a causa de un golpe, y no es capaz de retener en la memoria más allá de sus últimos cinco minutos de vida, por lo que apunta todo lo importante que le ocurre en su propio cuerpo o registrándolo con su cámara de fotos instantánea. Leonard intenta de esta manera resolver el caso del asesinato de su esposa para vengarse. Pero la realidad y la mentira se confunden peligrosamente en sus recuerdos… Cada vez más.

Por méritos propios es Christopher Nolan uno de los directores y guionistas ingleses modernos más reconocidos y originales, poseedor de una aún corta filmografía pero que ya aparece llena de una personalidad y de una calidad sin par. Sabe Nolan conjugar a la perfección y sin fisuras la comercialidad con un contenido hondo y con un estilo artístico claramente de autor. Sus personajes, atormentados y con una cara oculta monstruosa muchos de ellos, a menudo están perdidos, perdidos en un mundo compuesto por varias realidades en el que nada es nunca lo que parece ser o perdidos, también, en un mundo opresor donde han de elegir el camino que creen justo o adecuado con todas sus consecuencias. Sus tres primeras películas han sido thrillers (un género que parece adorar y en el que se mueve muy bien), en los que ha explorado nuevos caminos narrativos o ha perfeccionado otros pocas veces utilizados. Debutó en Inglaterra con la experimental e independiente “Following”, rodada con un bajísimo presupuesto, tras la cual colaboró, ya en los USA, con su hermano y habitual compañero de trabajo Jonathan (escritor y guionista también genial) en “Memento”, obra también experimental y narrativamente muy innovadora que le lanzó definitivamente a la fama. Después rodó “Insomnio”, su tercer y también excelente thriller, en una línea más clásica. Tras él, cambió completamente de registro con la soberbia “Batman Begins”, la quinta entrega y también reinicio de la saga del hombre murciélago y, en mi opinión, la mejor nunca rodada hasta la fecha y la mejor película de superhéroes de los últimos diez años junto a su secuela, también proyectada por Nolan. Volvió a cambiar de registro con el excelente thriller de magos "El truco final" y retornó al hombre murciélago con la magistral y mencionada "El caballero oscuro". Actualmente prepara el filme de ciencia ficción "Inception".

De no ser por su revolucionaria estructura narrativa, “Memento” no dejaría de ser una película negra del montón, incluso hasta directamente mediocre. Basándose en el relato corto “Memento Mori” de su hermano Jonathan Nolan, Christopher realiza uno de los mejores thrillers de los últimos años, una historia de venganza en la que su protagonista, un magnífico Guy Pearce, es incapaz de recordar más allá de sus últimos cinco minutos de vida excepto el asesinato de su esposa, por lo que ha de apuntar todo lo que le ocurre minuciosamente o registralo con su cámara de fotos. El relato, perfectamente articulado y narrado con un extraordinario pulso, comienza por su desenlace, y marcha hacia atrás a base de constantes flashbacks, que alternan con algunas escenas en hermoso blanco y negro que no son más que las únicas escenas que sí avanzan en orden, hacia delante, y que se entrecruzan con las que marchan hacia atrás. El espectador no para un minuto, atrapado desde el primero en la oscura trama de “Memento”, en la que llega un momento en el que, en vez de esclarecerse todo (llegando a los inicios, que darán las claves del desenlace), todo vuelve a emborronarse. ¿Es el protagonista un loco? El espectador lo llegará a pensar. ¿Y si realmente es verdad lo que recuerda? Siempre quedará esa incógnita, que no se resolverá hasta el impactante y completamente inesperado verdadero desenlace (el verdadero punto de partida de la historia). El espectador llega a fundirse con el protagonista de “Memento”, una de las películas más absorbentes y una de las propuestas más frescas, innovadoras y bien acabadas del último cine negro norteamericano, una obra maestra sobre la verdad y la mentira, sobre la falsedad y sobre la manipulación.