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domingo, 25 de abril de 2010

TODO LO QUE USTED SIEMPRE QUISO SABER SOBRE EL SEXO de Woody Allen – 1972 – (“Everything You Always Wanted to Know About Sex")


Siete historias de sexo y de locura.

El bufón de la corte quiere seducir a la reina: para ello, va a usar una pócima que le ha dado un hechicero. Un doctor se ha enamorado perdidamente de la oveja de uno de sus clientes. Una pareja descubre la pasión de las relaciones sexuales en los lugares públicos. Un hombre oculta su pasión a toda su familia: vestirse con ropa de mujer. Un hombre algo frustrado acude a un programa de televisión para realizar delante del público su perversión preferida. Un seno gigante está causando estragos ahogando en leche a todo el que sale a su paso. Unos amigos espermatozoides están a punto de comenzar su aventura hacia el óvulo…

Uno de los asuntos que siempre ha estado y está presente en las películas de Woody Allen es el sexo, al que ha mirado, desde el palco del humor, con fina ironía e implacable agudeza y a la vez con mucha seriedad. En su tercera película, la comentada de tan largo título, presenta una colección de pequeños sketches independientes unidos por este mismo asunto: el sexo, asunto tratado todavía con el humor de trazo grueso y de toques absurdos y surrealistas que caracteriza a su primerísima etapa, la que abarca desde su debut en “Lily, la Tigresa” y “Toma el dinero y corre” hasta “La última noche de Boris Gruschenko”. “Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar”, película que vino en una época de plena liberación sexual en los USA y en gran parte de Europa (los setenta), está basada, parcialmente, en un famosísimo best seller del doctor David Reuben en el que se daban respuestas a un amplio conjunto de incógnitas sobre todo tipo de temas sexuales por medio de preguntas. Allen toma siete de estas preguntas directamente del citado libro y “las responde” por medio de un sketch dedicado a cada una de ellas. La irregularidad está servida: algunos son geniales, y otros son bastante flojitos (aunque el conjunto merece la pena y es divertidísimo). Unos están protagonizados por el propio Allen (que demuestra que hasta un espermatozoide puede ser neurótico) y todos cuentan en sus filas con geniales actores y actrices que realizan grandes papeles cómicos (desde el más acostumbrado a estos papeles Gene Wilder hasta otros como Lynn Redgrave o Burt Reynolds). Los siete scketches son los siguientes: una parodia de aires shakesperianos en la que un bufón seduce a la reina del castillo gracias a los afrodisíacos (muy divertida); la historia de un doctor que se enamora de la oveja de uno de sus clientes (genial sketch y genial Gene Wilder como el doctor); el periplo de una pareja que descubre el morbo del sexo en los lugares públicos (buena parodia de las películas pasionales italianas de la época); la historia de un hombre que se mete en problemas al probarse en secreto ropa de mujer, lo que le encanta (muy divertida y delirante); la de otro hombre que escenifica su fantasía sexual en un programa sobre perversiones (rodado en blanco y negro y haciendo referencia a los judíos practicantes, con los que Allen tanto se ha metido –siendo él judío- y, en mi opinión, uno de los mejores y más políticamente incorrectos de toda la colección –lo del hueso es impagable-); el ataque de un seno gigante que ahoga en leche a las personas (divertida parodia de las películas de monstruos de serie B) y las desventuras de unos espermatozoides en su camino al óvulo (para mi el mejor de todos, aunque suene a topicazo). “Todo lo que usted siempre quiso saber…” no es la mejor película de Woody Allen, pero sí es tan divertida como las demás. En ella encontramos de todo: humor absurdo y surrealista, gags visuales, diálogos inteligentes e incorrección política inmisericorde. Eso sí, lo encontramos todo muy descompensado: grandes momentos junto a otros ciertamente olvidables.

domingo, 21 de marzo de 2010

LA CUARTA FASE de Olatunde Osunsanmi – 2009 – (“The Fourth Kind ”)


La psicóloga Abbey Tyler, de una pequeña ciudad de Alaska, está registrando en todos sus pacientes unos mismos y extraños síntomas: todos aseguran despertarse a altas horas de la madrugada y ver, antes de acostarse, una lechuza blanca en sus ventanas, tras lo que experimentan extraños sueños que les dejan, al día siguiente, destrozados física y moralmente. Sin embargo, no pueden identificar estos sueños. Abbey decide investigar qué es lo que ocurre... Y descubre algo terrible y oscuro que llega presente en la ciudad desde hace muchos años.

Olatunde Osunsanmi ha dirigido hasta ahora las películas "Pesadilla en la caverna" y "La cuarta fase".

Utilizando la ya manida técnica del "documental de ficción que simula un documental real" (por llamarla de alguna manera) que tan buenos y tan malos efectos ha tenido en todos los géneros y especialmente en el del terror, llega a las salas "La cuarta fase", la cual me ha parecido un soberano bodrio, al contrario de lo que me pareció la también aparecida recientemente en los cines "Paranormal Activity" (comentada en este blog). Y me ha parecido un soberano bodrio especialmente porque, al contrario que filmes como, por poner varios ejemplos, "Holocausto Caníbal", "El Proyecto de la Bruja de Blair", "Monstruoso", "REC" o la misma "Paranormal Activity", "La cuarta fase" es estéticamente cargante a más no poder, tanto que termina desde su primer momento con toda la sensación de "documental real" que intenta transmitir. Los golpes de efecto son irreales y están además injustificados (lo que en filmes como "Monstruoso" o "REC" no lo están debido a la aparición física en la trama de "monstruos" de algún tipo que en esta cinta no tiene lugar), las entrevistas supuestamente "verdaderas" parecen sacadas de un programa de televisión cutre de hechos paranormales, el maquillaje es ridículo y produce vergüenza ajena (por favor, ¿quién se va a creer al personaje de la supuestamente psicóloga real, que parece Morticia Adams?) y hasta los títulos de crédito aplastan todo intento de sensación de realidad con tanto barroquismo gratuíto. A esto hay que sumarle que la historia que "La cuarta fase" narra es muy predecible (y además no llega a ninguna parte) y que el sentido de la sugerencia del director, imprescindible para hacer buen cine de terror, está atrofiadísimo (apenas dos escenas de posesiones se salvan de la quema, y encima están empañadas de efectismo barato). Por otro lado, las actuaciones no dicen mucho (Milla Jovovich, que últimamente parece prodigarse casi exclusivamente en bodrios como la saga de "Resident Evil" o "Ultravioleta", no se cree su papel en ningún momento). "La cuarta fase" es el ejemplo perfecto de lo que no debe ser un buen filme de terror de aura documental.

sábado, 20 de febrero de 2010

PARANORMAL ACTIVITY de Oren Peli – 2007 – (“Paranormal Activity”)


Micah y Katie son una pareja que lleva una vida completamente normal y corriente en su chalet de San Diego. Katie, sin embargo, siente desde su temprana juventud que una suerte de ente paranormal está siempre a su lado. Por ello, y como simple experimento casi lúdico, Micah se hace con una cámara que instala en el dormitorio de ambos y con la que grabarán lo que ocurra mientras ellos duermen, si es que ocurre algo. Todo empieza como un juego. Sin embargo, pronto la cámara empezará a revelar cosas que ellos ni se pueden imaginar...

Rodada con apenas cinco actores y con 15.000 dólares en el chalet de su propio director en San Diego, "Paranormal Activity" es el debut del israelita afincado en los USA desde su juventud Oren Peli y fue rodada en el año 2007, aunque modificada constántemente hasta casi este 2009 que ha finalizado, año en el que se ha exhibido en muchas salas comerciales. Tras unas treinta proyecciones frente a audiencias de toda clase (desde amigos del director hasta amantes del cine de terror de festivales independientes pasando por amas de casa e incluso por el mismo Steven Spielberg) después de las cuales Peli solía cambiar algo en la trama, en la narración o en los detalles de la cinta, "Paranormal Activity" ha llegado a las mencionadas salas comerciales con un desenlace "oficial" que fue sugerido por el propio Spielberg pero contando con otros dos alternativos que se pueden encontrar por alguna parte de Internet y que supongo que terminarán publicados en alguna edición especial para DVD del filme. "Paranormal Activity" explota uno de nuestros miedos esenciales, el miedo a la indefensión total que todos padecemos al estar dormidos, para narrar la historia de una pareja que deja una cámara en su habitación todas las noches al acostarse (la propia cámara con la que el filme se graba) y que detectará una presencia diabólica. El formato elegido es una vez más el documental de ficción que popularizaron en el género del terror clásicos como "Holocausto Caníbal" o "El proyecto de la Bruja de Blair", que otorga una gran sensación de realismo recurriendo únicamente a un presupuesto pequeño. Hay que decir que, con la gran cantidad de productos fallidos que existen dentro de este "estilo", el debut de Oren Peli es notablemente digno y sabe explotar muy bien el miedo a lo desconocido por medio de la sugerencia y sin hacer uso de grandes alardes visuales. El sólo ángulo de la habitación que capta la cámara, con esa terrible puerta abierta que deja ver todo el pasillo y la escalera oscura, ya produce escalofríos e inquietud nada más empezar la película. La habilidad del director sabe poner al espectador en la piel de los protagonistas explotando los ruidos nocturnos y comediendo los estruendos efectistas. Escenas especialmente destacadas y que pueden poner los pelos de punta hay varias: la huída nerviosa del parapsicólogo nada más entrar a la casa, las pisadas en la harina del suelo, la subida al trastero o las interminables "caminatas" y "paradas" nocturnas de la protagonista femenina. Sí adolece el filme, como casi todos los de esta factura, de escenas alargadas que no aportan mucho al conjunto y que entorpecen el ritmo. Sin embargo, se pueden perdonar dentro del conjunto general, bastante bien facturado. Creo que "Paranormal Activity" es una notable sorpresa dentro del cine de terror de los últimos años.

sábado, 6 de febrero de 2010

EN CONSTRUCCIÓN de José Luis Guerin - 2001 - ("En construcción")


Retrato colectivo de toda clase de personajes que viven en el Barrio Chino de Barcelona, barrio que se encuentra sumergido en una espiral de cambios radicales a causa de un plan de reforma urbana. Entre los derribos y las nuevas construcciones, constantes, todos intentan salir adelante como pueden.

De fiera vocación independiente y para algunos casi marginal, José Luis Guerin es uno de los cineastas españoles más innovadores, originales y personales de la historia. Autor de seis películas en poco más de veinte años, cada una de sus obras es un canto independiente a las miles de posibilidades de experimentación que el arte cinematográfico y narrativo son capaces de brindarnos. En sus creaciones la ficción siempre se da la mano con la realidad más cotidiana, que a menudo suele ser la más increíble. Guerin reflexiona en todas sus obras sobre la representación y el mundo real, sobre lo verdadero y lo falso, por medio de un estilo personalísimo pausado, contemplativo y violentamente realista (lo cual no excluye un toque de lirismo) que bebe tanto del documental como del puro cine de ficción, a los que reinventa constantemente. Junto a estas reflexiones encontramos en sus cintas otros asuntos variadísimos y universales como el mundo infantil, los recuerdos, los sueños y las ensoñaciones, el tiempo y el espacio (real y cinematográfico), el metacine, homenajes a los grandes clásicos y directores, el amor, la recuperación de pasados perdidos, las luchas obreras, la marginalidad, la deshumanización, las vidas comunes de los seres más comunes, que a menudo son también las vidas más interesantes y las que mejor dan cuenta de nuestro mundo moderno. José Luis Guerin lanza su mirada a todos estos asuntos, aunque no se posiciona prácticamente nunca: no juzga, no critica; enseña, y el espectador ha de extraer de sus miradas sus propias conclusiones. Su filmografía se compone del retrato infantil "Los motivos de Berta", del documental sobre "El hombre tranquilo" y John Ford "Innisfree", del drama negro "Tren de sombras", del documental comentado "En construcción" y del drama romántico "En la ciudad de Sylvia".

"En construcción" es la obra más famosa de José Luis Guerin, documental que, una vez más, se da la mano íntimamente con la ficción. El protagonista absoluto del filme es el antiguo Barrio Chino de Barcelona, la ciudad del director, que es reformado de arriba abajo y que alberga a una población variadísima que cambia conforme el mismo barrio varia su estructura, su espíritu, entre constantes demoliciones y reconstrucciones. La cámara de Guerin, que también hace uso de algunas imágenes de archivo, sigue las vidas cotidianas de las personas que viven en este lugar, vidas que de una forma u otra se ven afectadas por el medio, en transformación. Un espectacular paisaje humano y urbano (intrínsecamente relacionados) se abre ante los espectadores: entrañables seres de toda clase y condición pasean ante la pantalla, seres cuyos pedazos de vida cotidiana sirven para lanzar consideraciones, impresiones, reflexiones (que a veces aportan ellos mismos o que el público ha de aportar, ya que Guerin únicamente muestra lo que encuentra a su paso) sobre cualquier tipo de asunto: la arquitectura, el mundo moderno en constante evolución, el pasado y el tiempo, la prostitución, las drogas, las luchas obreras, la precariedad económica, la rutina, el poco futuro de la juventud. Existe un drama tras estas vidas que queda bien patente a pesar de que, como he comentado, Guerin únicamente muestre lo que su cámara capta: el Barrio Chino expulsa a su población autóctona para abrir el paso a otra nueva y conquistadora, la de un mayor poder adquisitivo (genial el retrato de la pareja que busca su nuevo piso en contraposición con la que mata el tiempo y vive en la ruina casi total). "En construcción" es así, además de un documental innovador como pocos, un documental fieramente social, un canto a los desheredados de cualquier ciudad del mundo cargado de dramatismo y, también, de humor (el dramatismo y el humor que se dan la mano diariamente en cualquier vida de cualquiera de nosotros).

martes, 19 de enero de 2010

EL DESENCANTO de Jaime Chávarri - 1976 - ("El desencanto")


Leopoldo Panero, el famoso y discutido poeta leonés falangista representante de la poesía "arraigada" de la posguerra, murió en 1962 en Astorga, donde había nacido. Catorce años más tarde, las personas que más íntimamente estuvieron ligadas a él, Felicidad Blanch, su viuda, y sus tres hijos: Juan Luis, Michi y Leopoldo María, se desnudan ante la cámara en este documental.

En sus inicios, el madrileño Jaime Chávarri fue uno de los jóvenes directores más importantes del cine español actual. Comenzó su carrera dirigiendo obras de cierto carácter independiente y hasta underground y marginal en las que se miraba con un ojo agudo y crítico la sociedad, la historia y la intrahistoria española más reciente. Se puede comprobar en el drama juvenil y familiar "Los viajes escolares", en el genial documental comentado "El desencanto" y en el drama sobre la memoria de la Guerra Civil y la homosexualidad perseguida "A un dios desconocido". Poco a poco, sin embargo, conforme obtuvo la fama y el reconocimiento, su obra se fue ajustando a los cánones comerciales (en lo estético también, tornándose notablemente academicista y limpia) con muy buenos resultados iniciales y con unos finales (por lo menos hasta la fecha) bastante irregulares en líneas generales e incluso por momentos directamente mediocres y hasta horrendos en casos concretos. Sus siguientes filmes mantuvieron, en su sendero al estilo más comercial al que Chávarri se encaminaba, un buen nivel artístico a pesar de todo: los dramas "Bearn o la sala de las muñecas", "Las bicicletas son para el verano" y "El río de oro" eran todavía buenas piezas cinematográficas. Después ya llegaron la irregular y discutida "Las cosas del querer" y las especialmente malas (alguna verdaderamente despreciable) comedias "Tierno verano de lujurias y azoteas", "Las cosas del querer II" y "Gran Slalom", el atractivo musical de tangos "Y sus ojos se cerraron" y las simplemente correctas pero faltas de fuelle "Besos para todos", "El año del diluvio" y "Camarón, un mito". Una lástima la caída en la mediocridad absoluta de un director tremendamente prometedor en sus inicios. Una verdadera pena.

Uno de los documentales más importantes de la cinematografía española de todos los tiempos (para muchos el que más) es sin ninguna duda "El desencanto", una de las primeras películas de Jaime Chávarri y también una de las mejores de su prometedora primera etapa creadora. En él se disecciona, utilizando parcialmente las vías del reportaje vivo de Vertov, de la cámara que lo capta todo, la historia íntima de la controvertida y hoy mítica familia del poeta falangista Leopoldo Panero, fallecido en 1962, casi quince años antes de que este documental fuese rodado y de que el mismo dictador Francisco Franco muriese. Es "El desencanto" un documental de ficción protagonizado por personajes reales que muestra todos los entresijos de una familia que poco a poco va destruyéndose, de los miembros de esa familia que se ven sitiados por sus nimias y no tan nimias miserias o que se encuentran incapaces de salir de su infancia o de su pasado, especialmente tras la mencionada muerte del marido y padre que los mantenía por lo menos precariamente unidos. En un crudo blanco y negro, todo queda expuesto ante la mirada del espectador, que relaciona sin problemas la situación de esta familia (de evidente clase alta pomposa tendente a la decadencia física y moral) con la de la misma España franquista (con su figura "paterna" y autoritaria muerta que deja décadas de oscuridad y frustración, con su dama rancia apartada del mundo, con sus hijos inútiles incapaces de adecuarse a los tiempos modernos...) e incluso con el propio pueblo español (especialmente con el más colaboracionista, beato y lerdo, el que era incapaz de reaccionar ante la propia muerte del dictador y ante el cambio brusco y turbulento que supuso la repentina llegada de la democracia). "El desencanto" lo dice todo en su solo título. Uno de los documentales definitivos de nuestra historia. Y lo repito: lástima de Chávarri.

martes, 12 de enero de 2010

CANCIONES PARA DESPUÉS DE UNA GUERRA de Basilio Martín Patino – 1971– (“Canciones para después de una guerra”)


Documental sobre la posguerra española y la dictadura de Francisco Franco montado a través de canciones populares de la época e imágenes de archivo.

Injustamente olvidado y hasta menospreciado, el salmantino Basilio Martín Patino es uno de nuestros cineastas modernos más innovadores, personales y comprometidos con la situación de su época, marginado de los círculos comerciales por afirmar sin tapujos que un director debe hacer las películas que le parezcan más oportunas en cada ocasión sin prestar atención al momento político reinante o a las exigencias del público. Su cine siempre fue díscolo con el sistema, crítico con la sociedad, provocador y absolutamente independiente. Por eso nunca tuvo éxito entre el gran público, aunque a él tampoco le importaba ni le importa. Militante anarcosindicalista, llevó la contraria al franquismo, pero también a los gobiernos de Felipe González y de José María Aznar. Maestro del montaje, en su cine, de formas herederas de la primera Nouvelle Vague o del Free Cinema (aunque él afirma que no tuvo influencias, que rodó como mejor le pareció), descuidado pero preciso, poderosamente ecléctico e interesado sobre todo por el contenido, que prima sobre la forma, se mezclan sus inquietudes políticas, sociales y filosóficas (Patino es profesor de filosofía en Salamanca) con una agudísima crítica a todo lo establecido. Su obra es ajena a cualquier movimiento o escuela, y poco prolífica pero llena de calidad. Debutó en 1965 con “Nueve cartas a Berta”, en la que un joven desilusionado vuelve a España tras sus vacaciones en Inglaterra, país de libertad, para reencontrarse con una tierra atrasada e inculta, sumida en la represión de la dictadura. Le siguió “Del amor y otras soledades”, sobre una pareja burguesa rica en plena decadencia, y el documental comentado, “Canciones para después de una guerra”, que inauguraría su serie de documentales políticos, sociales y revisionistas. “Queridísimos verdugos”, sobre la pena de muerte, y “Caudillo”, sobre la figura del dictador, serían los siguientes, que, censurados como el primero, no se estrenarían hasta la muerte de Franco. Después volvería al drama con “Los paraísos perdidos”, en la que se criticaba la llegada del régimen socialista, que aparecía como una ampliación de la dictadura camuflada en formas nuevas. Le seguiría un nuevo docu-ficción: “Madrid”, sobre la turbulenta capital española, y “Octavia”, drama filosófico/moral/social/político del todo inclasificable. Cineasta social con mayúsculas, consecuente con sus ideas, no como tanto charlatán maniqueo, simplista y falso que hay suelto por aquí (y que hasta intenta hoy en día censurar Internet para defender a los intermediarios del arte), Basilio Martín Patino es un nombre que hay que reivindicar constantemente.

En “Canciones para después de una guerra” el cineasta salmantino Basilio Martín Patino revoluciona el montaje en el temprano cine español moderno para presentar una obra maestra del documental que, a la vez que es una reflexión crítica y crudísima sobre casi medio siglo terrible de nuestra historia (la Guerra Civil y el posterior franquismo), es una reflexión sobre el propio cine, sobre su relación con la música y los sonidos, sobre el papel decisivo de cualquier montaje sobre cualquier obra y sobre la memoria colectiva y su relación con el arte popular. Echando mano de archivos (desde el NO-DO hasta recortes de prensa pasando por fragmentos de otras películas y anuncios publicitarios), Patino coloca imágenes llenas de crudeza junto a canciones populares españolas hoy ya clásicas y míticas cuya significación original cambia completamente en relación con las primeras para, velada pero a la vez descaradamente, ofrecer un desolador retrato de lo que fue (y aún era) la España de Franco: pobreza, miseria, hambre, represión en todos los aspectos, mediocridad, emigración a otros países de Europa, frustración, hipocresía, manipulación del Gobierno y de la Iglesia, persecución política y social. Fue este un documental, como los demás de su creador, montado en su sótano en los últimos años de la dictadura, de forma clandestina, con las mencionadas imágenes de archivo, con trozos de cinta comprados en el rastro. Por supuesto, fue fulminantemente censurado a su salida al mercado. Por suerte, no se perdió, y podemos hoy disfrutar de uno de nuestros documentales más revulsivos, más innovadores y originales y también más brutales.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

24 HOUR PARTY PEOPLE de Michael Winterbotton – 2002 – (“24 hour party people”)


Finales de los años setenta. Manchester. Tony Wilson, tras volver con sus amigos de un concierto de los Sex Pistols, decide emprender una arriesgada empresa: dedicarse a la música y fundar un sello discográfico en el que los artistas tengan una independencia casi total para crear. Nace Factory Records y la gran sala Hacienda, en las que van a componer, grabar y actuar, contra todo pronóstico, algunas de las más grandes bandas de la década que entra, la de los ochenta. Manchester, con Joy Division, New Order o Happy Mondays, se convierte en uno de los centros de peregrinación musical de Inglaterra, de Europa y de más allá. Interminables noches de fiesta se abren en la ciudad, que nunca duerme. Su edad de oro ha comenzado.

Michael Winterbottom es uno de los directores ingleses independientes más importantes de las últimas décadas, uno de los directores más prolíficos de estas tierras y además uno de los más eclécticos de toda Europa. Su filmografía, tendiente a un cierto realismo social poético, no puede ser fácilmente encuadrada en un solo estilo, ya que ha tocado todos los géneros habidos y por haber y ha aplicado en ellos las estéticas más variadas: la mencionada del drama social, videoclip, documental, clasicismo, docu-ficción, free-cinema, metáfora visual… Sí podemos apreciar, a pesar de ésto, ciertas constantes básicas de su cine: la lucha titánica del hombre contra su situación social o humana, la exaltación de la amistad o del amor como medio para salir adelante ante la adversidad, la poesía minimalista que se resalta en los dramas humanos cotidianos, la preocupación por la hipocresía, la brutalidad y la deshumanización del mundo moderno y unos mensajes humanistas a veces pesimistas y a veces sorprendentemente optimistas. Es Michael Winterbottom muy apreciado en Inglaterra por haber rodado prácticamente todas sus películas en ella, en su patria natal, y no haber hecho concesiones de ningún tipo a la industria de Hollywood en todos sus años de carrera (y cuando ha rodado en los USA, ha sido de forma independiente). Autor, como comenté, de todo tipo de filmes, debutó con la violenta road-movie de amor entre lesbianas “Besos de mariposa”, a la que siguió el drama de enfermedad “Go Now”, el retrato romántico de época “Jude”, el drama bélico de periodistas “Bienvenidos a Sarajevo”, el retrato coral social de relaciones personales “I want you”, el drama urbano de mujeres “Wonderland”, la comedia romántica “Contigo o sin ti”, el western “El perdón”, el docu-ficción sobre la movida de Manchester “24 hour party people”, el documental social “En este mundo”, la película de ciencia ficción “Código 46”, la romántica bazofia “9 songs” (su peor película, algo que no es digno ni de llamarse “cine”), la comedia literaria “Tristram Shandy”, las reivindicativas docu-ficciones “Camino a Guantánamo” y “Un corazón invencible”, el nuevo drama “Génova” y el nuevo documental “The Shock Doctrine”.

“24 hour party people” es el primer gran docu-ficción de Michael Winterbottom, el filme con el que sentó las bases de lo que iba a ser el estilo de una gran parte de su posterior y variadísima obra. “In This World”, “9 songs”, “Tristram Shandy: a cock and a bull story”, “Camino a Guantánamo” o “Un corazón invencible” seguirían esta misma línea, que el cineasta ya había experimentado en 1997 en la excelente “Welcome to Sarajevo”. Con un estilo muy realista (rodado en formato digital) claramente influido por el documental en el que se usan tanto la cámara en mano, las imágenes reales de archivo y de conciertos y las representaciones de ficción con actores y actrices, Winterbottom conforma un genial fresco de lo que fue el Manchester de la década de los ochenta y de los primeros años de la de los noventa: el punto de referencia musical no solo de toda Inglaterra por encima de rivales como Londres, Liverpool o Edimburgo, sino de una grandísima parte de Europa y hasta de todo el mundo. La historia que se narra en el filme es la de la figura que propició todo esto y que descubrió, promocionó y lanzó a muchas de las más gloriosas bandas de la época: la figura de Tony Wilson, que a finales de los setenta decidió dedicarse en cuerpo y alma a la música y que creó en su ciudad la discográfica independiente Factory Records, caracterizada por dejar a los artistas un enormísimo margen de actuación (tanto para el momento como para hoy en día) con el objetivo de que se desarrollasen plenamente dentro de la misma empresa y de su local bandera: Hacienda, uno de los más famosos de toda la historia. Steve Coogan realiza un genial papel como Wilson, al igual que los secundarios, entre los que se encuentran grandes como Shirley Henderson, Paddy Considine o Sean Harris representando a otras personalidades clave del Manchester del momento (destaca el último como el depresivo y epiléptico Ian Curtis en una actuación verdaderamente estremecedora). Además de un amenísimo, divertidísimo, nostálgico y tremendamente instructivo (la cantidad de información y anécdotas reunidas en la cinta es enorme) paseo por una época clave de la música anglosajona y mundial con revisiones de las carreras de grupos míticos como Joy Division, New Order, Happy Mondays (a cuyo exitosísimo tema “24 hour party people” hace referencia el título) y con miradas hacia otros como The Sex Pistols, The Clash o The Buzzcocks (casi todos conforman por cierto la excelente banda sonora de la obra), el filme de Winterbottom es un magistral retrato del eterno tira y afloja entre la independencia del arte y las exigencias comerciales de ciertas industrias, de los sueños realizados y perdidos de independencia artística, de las eternas luchas de egos o visiones del mundo musical, de las drogas, del comienzo de las fiestas rave, de la lucha por la integridad o del combate por salir adelante en un medio social inhóspito por el camino de la creación. Tiene además la cinta un enorme mérito: sabe trascender el propio asunto de la música para cautivar a quien no sea un apasionado de ella con asuntos universales tratados con bastante lucidez. Maravillosa obra maestra.

MAÑANA ME VOY A UNA CASA RURAL A TERMINAR ESTE 2009, ASÍ QUE YA NO NOS VEREMOS HASTA POR LO MENOS EL LUNES DE LA SEMANA QUE VIENE.

NO SE ME OCURRE MEJOR PELÍCULA PARA DESPEDIR EL AÑO :D

TENGAN TODOS 24 HORAS DE FIESTA Y FELIZ AÑOS NUEVO. HASTA LA VUELTA.

domingo, 29 de noviembre de 2009

UNA VERDAD INCÓMODA de Davis Guggenheim – 2006 – (“An inconvenient truth”)


Documental sobre el cambio climático, sus causas, sus posibles consecuencias y las maneras de detenerlo.

No sé absolutamente nada de Davis Guggenheim, por lo que voy a limitarme a nombrar sus obras: los documentales “The First Year”, “The Teach”, “Norton Simon: a man and his heart” y “JFK and the imprisoned child” y las películas de ficción “Rumores que matan” y “Gracie”. Criado en el mundo de la televisión, ha dirigido también capítulos de las series “Numbers”, “The Shield: Al margen de la Ley”, “Alias”, “24”, “Policías de Nueva York”, “Urgencias”, “Melrose Place”, “Cinco en familia” y “Deadwood”, de la que fue productor y director.

No voy a extenderme introduciendo a la polémica figura de Al Gore por falta de un conocimiento amplio sobre su persona y su carrera. Únicamente voy a comentar el hecho de que es uno de los políticos más hábiles y también controvertidos de los Estados Unidos porque siempre ha estado a la cabeza de la lucha ecologista en este país, lucha a la que cada día dedica más esfuerzos desde que perdió las elecciones en el año 2000. “Una verdad incómoda” ha sido uno de sus proyectos más ambiciosos en este campo, un magistral documental sobre una exposición multimedia de carácter divulgativo y educativo en la que él mismo diserta y reflexiona sobre el cambio climático, sus causas y sus posibles consecuencias mientras narra algunas de las experiencias vitales que le llevaron a convertirse en un abanderado del combate contra este fenómeno (la muerte de su hermana mayor por culpa del cáncer de pulmón y la larga convalecencia de su hijo en el hospital). Por medio de imágenes y vídeos actuales y de archivo, de efectivas recreaciones, de gráficas y de simpáticas animaciones, Al Gore hace un recorrido rápido pero muy completo por nuestro mundo actual analizándolo política y económicamente y relacionando las conclusiones de estos análisis con los desastres medioambientales que asolan o que se cree que asolarán nuestro planeta. Se presentan los hechos, se estudian a todos los niveles (políticos, económicos, sociales, medioambientales…) y se proponen soluciones; todo narrado con un sorprendente ritmo y con una sencillez pasmosa que, alejándose de tecnicismos innecesarios, trata el mencionado problema desde una óptica simple y adaptada para cualquier público y sin emitir juicios morales maniqueos. La sensación que los espectadores suelen experimentar durante la primera mitad del filme es la del puro desasosiego, que conforme el metraje avanza puede transformarse en puro terror o incluso pánico. Es lo que Al Gore se propone. No puede evitarse el estremecimiento ante la contemplación de las fotografías que demuestran que los glaciares y las grandes masas de hielo se derriten, ante los mapas que predicen cómo podría quedar la Tierra en pocos siglos, ante las cifras que nos enseñan lo mucho que los niveles de calor o de pobreza han aumentado en las últimas décadas, ante las especulaciones sobre las muchísimas especies de animales y de plantas que podrían desaparecer por culpa de los abusos del hombre… Sin embargo, no sólo es este terror lo que quiere provocar el máximo artífice de esta genial película (de hecho, se le ha acusado de alarmista y hasta de demagogo y manipulador, especialmente los ecologistas que creen que el cambio del clima anunciado es una mentira inventada para desviar la atencion de asuntos como la Guerra de Irak). El terror es una consecuencia lógica producida por lo que se nos enseña en el documental. Nos estamos jugando nuestro futuro, y Al Gore quiere que lo sepamos. Sin embargo, no es su objetivo aterrorizarnos, sino instarnos a actuar, a tomar partido, a empezar a cambiar el mundo en el que nuestros hijos y nietos habrán de vivir. Al Gore en ningún momento se muestra alarmista, y de hecho, en más de una ocasión utiliza el humor y la ironía para introducirnos a nuevos hechos y datos. Al Gore sólo busca una cosa: concienciar, pero sin falsos optimismos ni pesimismos. “Una verdad incómoda” es un documental serio que tiene el claro objetivo de llamar a la actuación contra el cambio climático y también de criticar a los escépticos sobre el asunto, que a su vez acusaron a su creador de aprovechar cintas como ésta para hacerse propaganda política él mismo. Su fantástico desenlace queda muy lejos de esta propaganda que le achacan: un ofrecimiento de planes de acción desde un punto de vista optimista pero riguroso. Se puede cambiar el futuro, y, como bien se deja claro, la humanidad ha podido superar otras barreras peores que ésta. La clave es la voluntad. Una película incómoda, pero terriblemente necesaria.

jueves, 19 de noviembre de 2009

EL AMATEUR de Krysztof Kieslowski – 1979 – (“Amator”)


El obrero Filip Mosz compra una cámara Super 8 para grabar los primeros pasos de su bebé y otros momentos familiares. Cuando se enteran en su empresa, sus superiores le piden un favor: que se dedique a grabar para ellos sus grandes momentos, banquetes, eventos, cierres de acuerdos, presentaciones… Filip accede y empieza a trabajar en algo que le llena. Sin embargo, pronto tiene problemas: Filip quiere capturar la realidad en toda su verdad con su cámara. Y esto su empresa no piensa permitirlo.

A pesar de su corta filmografía, Krysztof Kieslowski es uno de los directores polacos más reconocidos e importantes de las últimas décadas. Tras estudiar en la escuela de Lodz, inicia su andadura en el séptimo arte trabajando para la televisión, en la que permanece muchos años y en la que rueda una gran parte de sus obras: cortometrajes, documentales, programas dramáticos y los largometrajes “Pasaje subterráneo” y “Personel”. Tras ellos, debuta para la gran pantalla con la genial “La cicatriz”. El cine de Kieslowski es muy pausado y contemplativo, intimista y muchas veces minimalista. Suele narrar conflictos cotidianos de personajes completamente normales con los que cualquier espectador se puede identificar sin problemas y cuyos padeceres son mostrados a través de primeros planos de sus rostros y sus gestos. Kieslowski da la libertad total a su cámara, que es una expositora, no una jueza. Kieslowski plantea preguntas sin parar, pero no las responde: las deja en el aire para que el espectador de su propia opinión sobre lo que ha visto. Ha tratado así el amor, la amistad, la muerte, la lucha de hombres en solitario contra una sociedad opresiva, la traición, el tiempo, el metacine, los ideales perdidos y recuperados, la redención, la búsqueda de algo no determinado… Un elemento de crucial importancia en sus tramas es el azar, que por sí solo da nombre a una de sus películas y que articula casi todas sus tramas determinando las vidas de sus seres. Sus primeras producciones presentan un acabado visual sobrio y sencillo que se constrasta con el preciosismo de las últimas, que ha sido criticado por muchos y acusado de manierista. En sus primeras películas Kieslowski buscaba agitar moralmente a una Polonia convulsa y oprimida, a la que criticaba con ojo agudísimo. En sus útlimas películas el contenido social se fue perdiendo para centrarse más en las puras relaciones personales. Pertenecen a la primera etapa “La cicatriz”, “El amateur”, “El azar”, “Sin final” y su célebre “Decálogo”, una colección de diez cortos y largos sobre los Diez Mandamientos, aunque con una supuesta interpretación laica. Después de esta colección, Kieslowski se instaló en Francia, en donde comenzó su segunda etapa, más criticada y compuesta por “La doble vida de Verónica” y por la “Trilogía Tres Colores”, dedicada a la libertad, la igualdad y la fraternidad: “Azul”, “Blanco” y “Rojo”. Tras presentar “Rojo”, Kieslowski abandonó el cine para llevar una vida retirada dedicada a la lectura y a la reflexión. La muerte le sorprendió inesperadamente a los 55 años en 1996.

“El amateur” es una de las obras más lúcidas de Krysztof Kieslowski, una reflexión sobre el cine desde el cine y sobre su poder para la lucha social y un vapuleo brutal a la sociedad polaca de su momento. En ella, en el estilo sobrio de la primera etapa del autor (en mi opinión la mejor) conocemos la historia de un obrero cualquiera, un trabajador que, tras comprar una cámara para uso doméstico, es requerido por su empresa para rodar documentales sobre sus eventos especiales. La vida le empieza a ir mejor que a otros trabajadores: es el niño bonito de los jefes. Sin embargo, todo cambia de golpe cuando este obrero comienza a buscar algo prohibido: retratar la realidad tal y como es, en toda su crudeza y sin concesiones de ningún tipo. Ello incluye la explotación laboral, la tristeza de sus compañeros ante sus dramas cotidianos, la monotonía insufrible del día a día, los problemas de los minusválidos trabajadores, los accidentes laborales… La dirección, que se puede identificar con cualquier gobierno o empresa real, le manda inmediatamente dejar de grabar esta parte oscura de la compañía. Le censura. El trabajador se resiste, y la empresa aplasta su resistencia por la fuerza. En el genial desenlace que no revelo, al trabajador sólo se le ocurre hacer una última cosa con su cámara… “El amateur”, plagada de reflexiones sencillas y precisas sobre el arte, el cine, la falsedad y la lucha obrera, es uno de los más grandes y geniales alegatos a favor del compromiso social de los artistas de la historia del cine, además de todo un ejercicio de metacine comprometido y una critica brutal al uso de los medios de comunicación con objetivos manipuladores. No resultó en absoluto una película cómoda en la Polonia de finales de los setenta. Tal vez sea la mejor cinta de todas las de Kieslowski. Una película con retazos de documental que no ha perdido un ápice de actualidad.

domingo, 15 de noviembre de 2009

TOMA EL DINERO Y CORRE de Woody Allen – 1969 – (“Take the money and run”)


A través de entrevistas con los que le conocieron, se nos muestra la ajetreada vida de Virgil Starkwell, uno de los ladrones más inútiles e incompetentes de toda la historia de los Estados Unidos. Virgil pasó una infancia desgraciada: siempre aplastado por chicos más fuertes que él, descubrió que no tenía futuro con su sueño: dedicarse a la música. Por eso, la cambió por la delincuencia, aunque tampoco tuvo nunca demasiado éxito en esa carrera. Casado con una mujer guapa, dulce e inocente a la que engañaba constantemente prometiéndole una vida mejor, siempre intentó ser un gran ladrón y ejecutar “su gran golpe”, aunque siempre acabó en la cárcel, en donde se pasó media vida.

“Toma el dinero y corre” fue la primera película que dirigió enteramente Woody Allen. Con anterioridad, había participado en filmes sólo como actor y guionista (“¿Qué tal, Pussycat?”), sólo como actor (“Casino Royale”) o sólo como director y dialoguista en “Lily, la Tigresa”, originalmente una película japonesa de espías a la que él mismo cambió los diálogos para componer una absurda comedia. “Toma el dinero y corre” ya apunta muchas de las constantes que seguiría el cine del genial cómico, que por entonces ya estaba triunfando con sus números y sus monólogos en muchos de los locales humorísticos más importantes de su ciudad de toda la vida, Nueva York. Utilizando el formato documental que emplearía posteriormente en otros grandes filmes como “Zelig”, narra Allen en este muy buen debut, a través de entrevistas de los que le conocieron o supusieron algo para su vida, la carrera “criminal” de Virgil Starkwell, un ladronzuelo de poca monta completamente inútil para el negocio al que se dedica: los atracos. Sobra decir que Virgil está interpretado por el propio Allen, como posteriormente haría con tantos otros de sus personajes. Virgil es, por vez primera, ese hombrecillo feucho y poca cosa, inseguro, mediocre, con problemas para expresarse, algo tartamudo a veces, tan tierno como patético y siempre envuelto en empresas que le sobrepasan (aquí en el mundo del robo, más tarde, en otras cintas de su creador, en grandes empresas amorosas, culturales o filosóficas). Virgil es, por vez primera, el gran alter ego de Allen. “Toma el dinero y corre” está montada en base a constantes sketches que se basan tanto en los diálogos inteligentes como en los clásicos golpes de efecto cómicos heredados de grandes como Charles Chaplin o Buster Keaton. Hay algunas diferencias en cuanto a lo que sería el posterior cine de Woody Allen: la acción no está centrada en su casi eterna y amada Nueva York, y el humor que la cimienta no está tan basado en los mencionados diálogos inteligentes. Los hay, por supuesto, y muy buenos, pero no son todavía esos interminables diálogos tan ágiles recitados a la velocidad de la luz y cargados de desternillantes e ingeniosas referencias culturales de todo tipo tratadas con el característico humor sin par de Allen. En “Toma el dinero y corre” el director de “Annie Hall” y “Manhattan” todavía estaba aprendiendo, todavía se estaba formando. Aún así, es su ópera prima una película impagable y, sobre todo, divertidísima. Una de esas películas que, como las de los hermanos Marx, alegran toda una tarde de tristeza.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

BORAT de Larry Charles – 2006 – (“Borat: Cultural learnings of America for make benefit Glorius Nation of Kazakshtan”)


Borat, uno de los periodistas más famosos de Kazakshtan, es enviado por el gobierno de su país a los Estados Unidos para grabar un documental pedagógico sobre su sociedad y su cultura. El caos y la destrucción están a punto de irrumpir en los USA. Muy pronto, todos los norteamericanos van a conocer a este intrépido reportero…

El inglés Sacha Baron Cohen es uno de los actores y cómicos modernos que más sensación ha causado en estos últimos años, cultivador de un personalísimo humor fieramente irreverente, políticamente incorrectísimo en todos los aspectos y en el que se mezclan con una pasmosa efectividad lo inteligente y lo irónico y lo zafio, lo descerebrado y lo escatológico para burlarse de cualquier asunto, especialmente de los sociales y políticos. Ha actuado para el teatro, para la televisión (en la que ha tenido su propio show y su propia serie) y para la gran pantalla, utilizando en las dos últimas a menudo un formato documental y dando vida a tres delirantes personajes creados por él mismo: el rapero Ali G, el reportero Borat y el adicto a la moda gay Bruno. Es muy pronto para valorar su carrera conjunta (pienso), pero su breve obra (en mi opinión de desigual calidad, todo sea dicho) ya ha suscitado reacciones de todo tipo: algunos/as le adoran y le encumbran como a uno de los grandes humoristas del nuevo siglo, mientras que otros/as afirman que es un farsante y que exclusivamente se basa en lo puramente efectista para hacer reír. Su filmografía como actor se compone de “The Jolly’s boys last stand”, “Ali G anda suelto”, la comentada “Borat”, “Pasado de vueltas” y “Bruno”.

Larry Charles sólo ha dirigido tres películas hasta la fecha, dos de ellas protagonizadas por Sacha Baron Cohen: “Anónimos”, “Borat” y “Bruno”.

“Borat” es una película cuanto menos escandalosa en un tiempo en el que cada vez es más difícil resultarlo. Se trata de un falso documental con retazos de ficción en el que Borat, el personaje creado e interpretado por Baron Cohen, es enviado desde su país natal, Kazakhstan, a los Estados Unidos para rodar otro documental sobre la sociedad y la cultura norteamericanas. Dicho documental, como se imaginan, termina resultando un auténtico desmadre. Borat recorre la Norteamérica de nuestros días de una punta a otra grabando lo que encuentra a su paso, realizando entrevistas a sus habitantes y mezclándose con ellos, empapándose de su forma de vida, aunque interpretándola a su muy particular manera. Este recorrido le sirve para lanzar una serie de críticas frontales a este país que no dejan títere con cabeza. Nadie se salva de los dardos de Borat: los partidarios de las armas de fuego, las feministas, los homosexuales, los patriotas exacerbados, los todavía existentes viejos resentidos de la Guerra de Secesión, los puristas del country, las clases altas, los raperos, los judíos, los cristianos. Borat irrumpe en sus vidas por unos breves momentos para captar sus esencias con su cámara y no sólo se contenta con esto, sino que cuando he comentado que “irrumpe en sus vidas” lo hace literalmente y según la forma de pensar y las costumbres de su querida tierra, un Kazakhstan de familias aberrantes, de prostitución, de violadores sueltos, de gitanos con poderes mágicos y de costumbres horrendas en el que, entre otras cosas, se celebran San Fermines en los que se huye de gigantescos cabezudos judíos. Borat, feliz y jovial, machista y antisemita hasta la médula, pone patas arriba todos los lugares a los que acude y de esta manera ridiculiza a la sociedad norteamericana con burlas verdaderamente sádicas, verdaderamente brutales. Nadie se queda indiferente cuando el intrépido reportero intenta sacarse el carné de conducir, cuando canta su famosa canción patriótica en la escena del rodeo, cuando se pelea desnudo con su obeso compañero de rodaje y ambos se persiguen por un hotel, cuando le entrega sus excrementos a una mujer, cuando se burla de las feministas diciéndoles que tienen un cerebro más pequeño que el de los hombres, cuando huye de la casa de unos judíos que le han acogido o cuando intenta casarse por la fuerza (comprándola con una dote) con la misma Pamela Anderson. “Borat” ha tenido numerosos problemas a causa de esto: está prohibida en algunos estados de los USA, en Rusia y en varias de las antiguas repúblicas de la Unión Soviética, mientras que en Kazakhstan fue un verdadero escándalo. Por supuesto, la polémica también está servida en el aspecto de la calidad del filme, ya que para algunos es una obra maestra del humor crítico de nuestros días y para otros no es más que una broma mala que abusa del efectismo zafio para sorprender. ¿Qué pensáis?

martes, 13 de octubre de 2009

EL PROYECTO DE LA BRUJA DE BLAIR de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez – 1999 – (“The Blair Witch Project”)


El 21 de octubre de 1994, tres estudiantes, Heather, Joshua y Michael, se internaron en las profundidades de los bosques de Maryland con la intención de rodar un documental sobre la misteriosa Bruja de Blair, un supuesto ser malévolo protagonista de muchas de las leyendas locales. Nunca más se volvió a saber de ellos. En 1999, sin embargo, se encontró la cinta que habían grabado…

¿Revolucionaria o fallida? ¿Sencilla o pretenciosa? ¿Obra maestra o bodrio? ¿Sobrevalorada o infravalorada? Pocas películas suscitan tantas opiniones enfrentadas (especialmente entre los amantes del cine de terror) como “El proyecto de la Bruja de Blair”. Dirigida por dos debutantes (de los que por cierto no he vuelto a saber nada), Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, fue una obra que, rodada con cuatro duros, arrasó en las taquillas y se convirtió en la película independiente más exitosa de su tiempo y en un clásico de culto de manera fulminante. Hay dos elementos que hicieron esto posible: el concepto de película que planteaba (que fallido o no era terriblemente atractivo en su momento) y la entonces novedosa publicidad que se le dio, que guardaba grandes similitudes con la de filmes igualmente polemicos como “Holocausto Canibal”. El concepto era el siguiente: rodada con sólo dos cámaras, el filme era un falso documental sobre tres jóvenes que se perdían en un bosque y se esfumaban misteriosamente. La publicidad complementaba a este concepto: se vendió la obra como la cinta original que estos tres jóvenes grabaron antes de desaparecer, supuestamente, por culpa de la maligna Bruja de Blair, sobre cuya leyenda querían grabar el documental que es la película en sí. “El proyecto de la Bruja de Blair” se hizo famosa a través de Internet, y sus responsables crearon toda una leyenda en torno a ella, contando la mencionada historia de que la cinta que es la película se había encontrado en el bosque años después de la desaparición de sus tres autores y protagonistas. La campaña estuvo meses corriendo por la red y el boca a boca llevó a miles de espectadores a las salas sedientos de nuevas experiencias. Después, llegaron las alabanzas y los ataques implacables. “El proyecto de la Bruja de Blair” en mi opinión no llega a ser una película fallida, pero tampoco la obra magistral que muchos aseguran que es. El concepto es originalísimo y funciona en algunos momentos. En un formato documental, nos invita el filme a internarnos en el infierno de las últimas horas de sus protagonistas. Lo único que vamos a ver fue lo que su cámara registró. Y registró muy poco, pero suficiente. La obra explota el terror creado por medio de la sugerencia, por aquello que no se ve pero se intuye. La película consigue momentos realmente aterradores y angustiantes, como la escena de la tienda de campaña, la de los ídolos de madera o la de la casa en ruinas del sorprendente desenlace. Por desgracia, tiene otros puntos realmente tediosos y vacíos, momentos en los que no se cuenta absolutamente nada y en los que se alarga innecesariamente la agonía de los tres jóvenes perdidos induciendo al puro sopor. También creo que el terror, a pesar de ser muy sugerente, no está exprimido todo lo que debería estarlo: hay pocas escenas de este tipo y están muy alejadas, separadas por todos los puntos muertos tediosos antes mencionados, que son muy abundantes. “El proyecto de la Bruja de Blair” es, creo, una película del todo irregular, aunque ha aportado bastantes novedades al cine de terror, por lo menos a la hora de la experimentación técnica y narrativa y en el campo de la fusión de géneros (sus influencias se han visto en películas posteriores de todo tipo como “Open Water”, “A la deriva”, “REC” o “Monstruoso”). Como era de esperar, la película generó muchísimo merchandising y una horrenda secuela que muy poco tenía que ver con ella: “El libro de las sombras”. ¿Qué opináis sobre esta película? La polémica creo que está servida.

martes, 30 de junio de 2009

LAS HURDES. TIERRA SIN PAN de Luis Buñuel - 1933 - ("Las Hurdes. Tierra sin pan")


Documental sobre la región montañosa y apartada de Las Hurdes, al norte de la provincia de Cáceres, una de las zonas más miserables y olvidadas de la España de la primera mitad del siglo XX.

Estando Luis Buñuel en Zaragoza en compañía de sus dos amigos Sánchez Ventura y Ramón Acín, les comentó que había trazado un plan para rodar un documental social y crítico sobre la entonces miserable tierra extremeña de Las Hurdes, pero que por desgracia no tenía dinero suficiente para sacar adelante el proyecto. Ramón Acín le aseguró entonces que si le tocaba la lotería le pagaría su película. Y el caso es que le tocó... Así que "Las Hurdes. Tierra sin pan", que tanto influiría en autores como el francés Jean Vigo (especialmente se ven sus huellas en su también documental "A propósito de Niza") fue financiada con unas veinte mil pesetas del premio del amigo de Buñuel. Documental didáctico-social de extremada crudeza y naturalismo, aunque con algunos simbolismos (no podían faltar en Buñuel), "Las Hurdes" fue una de las obras más escandalosas de la España de su tiempo por mostrar sin tapujos el grado de abandono en el que se encontraba aquel apartado lugar olvidado por el Gobierno de la Segunda República que le da nombre. Todo quedó fidedignamente documentado en la cámara de Luis Buñuel, que en el montaje alternó las imágenes extraídas de pobreza absoluta con otras que muestran la riqueza y la opulencia que exhibían muchas iglesias del momento: la miseria que en él reinaba, el hambre que no dejaba escapar a nadie, las enfermedades y las deformidades de sus habitantes, la suciedad comiéndoselo todo, las necesidades más básicas insatisfechas, las costumbres y las tradiciones salvajes y el analfabetismo indignante. Inolvidables por su dureza son escenas como las de los niños afectados por el mal del bocio o la de los mismos niños mojando el pan duro en las charcas de aguas estancadas (porque los profesores les obligaban a comer a la salida de la escuela para que sus propios padres no les robaran su escaso alimento), la brutal tortura de animales en las fiestas populares, las dentaduras destrozadas de los ancianos, los colegios ruinosos y sin material ninguno. Prohibida su exhibición hasta años después, el documental de Buñuel denunciaba el olvido completo de toda una zona de España en un momento político y social difícil, en el que ya se veía asomar la Guerra Civil: se expropiaron tierras de la nobleza para redistribuirlas entre los campesinos, se desvinculó a los religiosos de la enseñanza, los nacionalismos catalán, vasco y gallego estaban en auge y nuevas medidas surgieron para intentar revitalizar las tierras más pobres del país (como lo era la propia Extremadura). Por otra parte, se le criticó al propio Buñuel el hecho de querer hacer un documental social pero a su vez maltratar y asesinar a animales para llevarlo a cabo (concretamente, una cabra y un burro fueron asesinados por exigencias "técnicas", para poder rodar dos de los planos más famosos del documental).

jueves, 11 de junio de 2009

NANOOK EL ESQUIMAL de Robert J. Flaherty – 1922 - ("Nanook of the North")


Documental sobre la vida diaria del valiente esquimal Nanook y su familia en las heladas e inhóspitas tierras de Port Huron, cerca de la Bahía de Hudson, en Canadá.

Uno de los pioneros y grandes maestros del cine documental de todos los tiempos es el norteamericano Robert Joseph Flaherty, aventurero y explorador del gran norte canadiense y cartógrafo antes que cineasta. Poeta lírico de la imagen, siempre fue un amante de la naturaleza en su grado más puro y virgen, y siempre estuvo obsesionado con captar la realidad tal y como era en todo su esplendor, sin añadir absolutamente nada al documento obtenido a través de la cámara. Intentó, a través de sus películas, mostrar la dignidad y la riqueza cultural y humana de los pueblos marginados, olvidados, menospreciados o directamente despreciados por ser considerados primitivos y salvajes entre los grupos la sociedad “civilizada”. Un asunto se repite en casi todas sus obras: la lucha titánica del hombre contra la naturaleza indómita, lucha que le forma como propio hombre. Arriesgado aventurero y viajero incansable, Flaherty convivía con las razas a las que grababa como uno más en sus ambientes. Se le acusó, por “dejar hacer”, de no tomar partido en sus historias y de rechazar lo social, aunque lo cierto es que su obra tiene un talante humanista lleno de sinceridad difícilmente imitable. Sus documentales desprenden una mirada sencilla y bondadosa, compresiva como pocas, tolerante, dignísima, aspirante a la eternidad y al ensalzamiento de las mejores cualidades del ser humano, que siempre surgen en los momentos de peligros y de penurias para salvarle. De filmografía escasa y espaciada, rodó un documental llamado “Esquimo” que se quemó durante el montaje, tras el cual debutó con “Nanook el esquimal”, que le lanzó a la gloria. Sus siguientes obras fueron “Moana”, sobre Polinesia, “Sombras blancas en los Mares del Sur”, documental que terminaría W.S. Van Dyke, “Tabú”, co-dirigido junto al gran alemán Murnau, “Hombres de Arán”, sobre Irlanda, “Sabú”, su incursión comercial inglesa que fue un fracaso, “The land”, sobre la erosión del suelo y “Louisiana Story”, sobre el hombre y su relación con la máquina. Después de la mencionada “The land”, durísima muestra de la miserable vida agrícola norteamericana que fue prohibida por el gobierno en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, la carrera de Flaherty cayó notablemente. Las instituciones perdieron gran parte de la confianza que tenían en él y ya no pudo terminar su cortometraje sobre el Guernica de Picasso y su obra “El Titán: Historia de Michelangelo”. La muerte, además, le sorprendió en 1951, demasiado pronto. Ahí queda su maravillosa obra.

En “Nanook el esquimal”, uno de los documentales decisivos de la historia, con su característica mirada tierna y a la vez dura, Flaherty muestra la poética realidad en la que vive la menospreciada raza esquimal a través de la vida de la familia de Nanook, con la que él mismo convivió durante el rodaje (que duró más de un año). Registró el genial autor, en su estilo limpiamente expositivo, que no tomaba nunca partido, todo sobre ellos: su vida diaria, su forma de cazar, su comercio, la construcción de iglús, su pesca, su navegación, su lucha contra el clima y contra los peligros de la tundra, su forma de amar, sus viajes de nómadas, su contacto con las otras razas, y conmovió a generaciones enteras, ayudando a tender un puente de compresión entre civilizaciones distantes en todos los aspectos, que era algo que él siempre buscó en sus proyectos. Maravilloso documental, fue por desgracia “Nanook el esquimal” un fracaso de taquilla en los USA, mientras que en Europa (sobre todo en Francia) fue mucho más exitosa. En un tiempo en el que término “documental” apenas existía como tal, la ópera prima de Flaherty se erigió como el primero de ellos oficialmente hablando. Y por supuesto, lo cambió todo. Por eso sigue apasionando como el primer día.

miércoles, 10 de junio de 2009

EL TRIUNFO DE LA VOLUNTAD de Leni Riefenstahl – 1935 – (“Triumph des Willens”)


Documental propagandístico sobre el congreso del Partido Nazi en Nuremberg en 1934.

Sin la controvertida actriz y cineasta alemana Leni Riefenstahl el documental no sería lo que es hoy en día. Gran precursora de técnicas ya clásicas y con un inigualable sentido de la estética, fue una artista revolucionaria como pocas que a lo largo de su vida dedicada con fervor a la grabación nunca dejó de innovar. Aún propagandísticos muchos de ellos, como los de tantos otros, sus documentales destilan una belleza sin par y un rigor social/costumbrista meticuloso y lleno de respeto y fascinación por las culturas que retrata (ya sea la nazi o la de una tribu africana). Leni Riefenstahl se inició en el cine como actriz y destacó dirigiendo la grandiosa y comentada “El triunfo de la voluntad”, encargada por el propio Adolf Hitler, al que la directora ofreció su colaboración. Fue una de las películas emblemáticas del Tercer Reich y una de las obras maestras definitivas del documental mundial. Le siguió otra igualmente maravillosa: “Olympia”, sobre los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936. Gran simpatizante de Hitler, fue ensalzada por éste en toda Alemania y su popularidad y reconocimiento llegó a lo más alto. Por supuesto, tras la caída del dictador ella también se hundió. Admitió haber confiando en él y en sus promesas de levantar Alemania, aunque también afirmó no haber estado nunca de acuerdo con sus ideas racistas y machistas y no saber nada de los holocaustos que perpetró. También negó haber sido su amante, de lo que la acusaron. Tras ser puesta en libertad, se marchó a Francia, en donde permaneció un tiempo en el manicomio y después fue juzgada de nuevo. Fue declarada inocente, simpatizante del partido pero no perteneciente a él. Respecto a sus obras, declaró que eran encargos comerciales como otros cualesquiera, y denunció que, antes de la caía del Reich, habían sido hipócritamente alabadas en todo el mundo. ¿Qué hubo y hay de verdad en todo esto? Nunca lo sabremos. El caso es que Leni Riefenstahl es una de las más grandes directoras de la historia del cine. En Alemania dirigió los documentales de propaganda “Sieg des Glaubens”, “El triunfo de la fe”, “El triunfo de la voluntad” y “Olympia”, además de coordinar los noticiarios “Reichsparteitag” y dejar inacabada la ópera “Tiefland”. Al caer el Tercer Reich y dejar Francia, pasó una temporada en los Estados Unidos, en donde al parecer tuvo un breve romance con Walt Disney, simpatizante de los nazis que la acogió. Pasó el resto de su vida viajando y dedicada a la fotografía, arte al que también aportó grandes obras, y a los documentales. Intentó constantemente sacar su carrera adelante, pero le cerraron casi todas las puertas a causa de su pasado y esto la acabó transformando en una artista underground ahora revalorizada. Con sesenta años, se marchó a vivir a Sudán con la tribu Nuba, en la que se integró a la perfección aprendiendo su lengua y sus costumbres y de la que grabó sus ritos, sus luchas, sus fiestas. Después, a los setenta años, recorrió los fondos marinos tomando espléndidas fotografías y grabando vídeos. Murió a los 101 años todavía despreciada por muchos.

Aladabo primero por unanimidad en todo el mundo y despreciado después, “El triunfo de la voluntad” es para muchos el mejor documental propagandístico de la historia. Con un título que hace referencia a Nietzche y con banda sonora de Wagner, retrata los hechos acontecidos en el congreso del Partido Nazi en Nuremberg en el año anterior a su publicación, 1934. Es uno de los documentos audiovisuales más importantes de este siglo y el primero en el que aparece Adolf Hitler captado tan de cerca. Está compuesto para resaltar el culto a su personalidad, que simboliza al partido y a Alemania. Para ello, está estructurado alternando las imágenes de grandes masas en movimiento, emocionadas o enfervorizadas, con las del líder y sus hombres cercanos lanzando sus discursos. Hay, además, otra corriente de imágenes alternadas: las de estas mencionadas grandes masas y las de la intimidad más delicada de estas propias masas o de sus líderes. Adolf Hitler simboliza al mesías que ha sacado a Alemania de la miseria y de la humillación sufrida tras la Primera Guerra Mundial y que va a hacer de ella un imperio destinado a perdurar miles de años. El filme, con todo lo horrible que oculta, maquilla y camufla y con todo lo que manipula, puede ser calificado como épico y, ciertamente, logra su propósito si no es examinado con detenimiento y ojo crítico: exaltar y conmover. No en vano, fue toda una revolución antes de que se conocieran todas las caras oscuras de los nazis. Leni Riefenstahl usa la cámara lenta, los teleobjetivos, las cámaras múltiples, realiza unas esplendorosas tomas aéreas de toda la ciudad y lo monta todo con gran imaginación, pulso y agilidad. “El triunfo de la voluntad” fue multipremiada en Francia, en Suecia y hasta en los USA, y elogiada por cineastas e intelectuales (el propio Charles Chaplin entre ellos) mientras que se le auguró a su autora, que fue comparada con Eisenstein o con Capra, un futuro fulgurante. Más tarde, esta cinta y ella misma fueron despreciadas y vilipendiadas sin piedad. Reacción lógica tras lo ocurrido en Europa en la Segunda Guerra Mundial, por supuesto. Sin embargo, no por ello deja de ser una obra maestra; hay que dejar de lado el mensaje político que contiene. Técnicamente, el cine no sería nada sin ella. Lo mismo ocurre con otros filmes maniqueos, de ideologías despreciables o propagandísticos como “El nacimiento de una nación” o “El Acorazado Potemkin”… Como con “El triunfo de la voluntad”, no hay que dejar de verlos.