
Tras una brutal e inesperada tormenta nocturna, una misteriosa y espesísima niebla invade un pequeño pueblo de Maine. Quien se adentra en ella muere de forma violenta e inexplicable y en el supermercado del lugar un grupo de personas de toda clase y condición queda atrapado sin saber nada del exterior. Abogados, dibujantes, electricistas, militares, profesores, comerciantes, moteros… Todos habrán de unir sus fuerzas para escapar o, simplemente, para resistir hasta que alguien los rescate. Sin embargo, muy pronto comienza a existir un problema más aparte de la niebla terrible: la convivencia entre los supervivientes, cada vez más insostenible.
Frank Darabont se va a convertir (si es que no lo es ya) en el mejor adaptador cinematográfico que ha tenido nunca Stephen King. Ha llevado a la pantalla dos de sus mejores dramas carcelarios con una maestría sin par (“Cadena Perpetua” y “La milla verde”) y ahora, de la mano de “La niebla”, incursiona con otra novela suya por primera vez en el género del terror aportando una de sus obras maestras modernas (ya era hora de que llegase a nuestras manos algo medianamente digno de este género, que, tan acosado por producciones verdaderamente penosas, lleva más de una década devaluadísimo). El filme que nos ocupa reúne muchos de los elementos habituales y de las constantes de ambos creadores: la trama de terror sobrenatural sirve para exponer otro terror más descorazonador, el terror más terrorífico de todos… El terror del ser humano hacia el propio ser humano. Un grupo de personajes normales y corrientes y de toda clase y condición se quedan encerrados en el supermercado de un pequeño pueblo de Maine cuando una niebla misteriosa lo cubre todo de arriba abajo. Quien se adentra en esta niebla muere inexplicablemente y de manera violenta. Los supervivientes, sin saber siquiera si existen otros como ellos en los alrededores, tienen que unir sus fuerzas para salir adelante, para resistir hasta que los rescaten (si es que los rescatan) o para escapar del lugar. Darabont y King desarrollan una agilísima e interesante desde el primer momento trama que hace uso de unos excelentes y comedidos efectos especiales barrocos de aires pulp (que recuerdan poderosamente a los universos de H. P. Lovecraft) y que sirve, como he mencionado, para exponer el drama del ser humano sometido a la convivencia forzosa en un espacio hostil. Llega por supuesto un momento en el que la niebla y sus mortales secretos dejan de ser tan peligrosos como los propios hombres y mujeres. Asuntos como el clasismo, el miedo, los prejuicios, la intolerancia, la hipocresía y sobre todo el fanatismo religioso y moral hacen acto de presencia para destruir a los supervivientes, que se encuentran luchando entre ellos y que llegan a hacer uso de la violencia para continuar sobreviviendo. “La niebla”, protagonizada por un muy destacado Thomas Jane, es una espléndida disección del interior del ser humano cargada de escenas para el recuerdo (el primer ataque de la niebla, el sacrificio, la huída, la aparición del monstruo gigante…) y con un desenlace fatalista verdaderamente desolador que pocos podrán olvidar (y que sin embargo a pesar de todo muchos seguidores de la obra de Stephen King detestan). Maravilloso retorno de Frank Darabont y sorprendente cambio de estilo en su cortísima pero genial filmografía.
