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domingo, 29 de noviembre de 2009

LA NIEBLA de Frank Darabont – 2008 – (“The mist”)


Tras una brutal e inesperada tormenta nocturna, una misteriosa y espesísima niebla invade un pequeño pueblo de Maine. Quien se adentra en ella muere de forma violenta e inexplicable y en el supermercado del lugar un grupo de personas de toda clase y condición queda atrapado sin saber nada del exterior. Abogados, dibujantes, electricistas, militares, profesores, comerciantes, moteros… Todos habrán de unir sus fuerzas para escapar o, simplemente, para resistir hasta que alguien los rescate. Sin embargo, muy pronto comienza a existir un problema más aparte de la niebla terrible: la convivencia entre los supervivientes, cada vez más insostenible.

Frank Darabont se va a convertir (si es que no lo es ya) en el mejor adaptador cinematográfico que ha tenido nunca Stephen King. Ha llevado a la pantalla dos de sus mejores dramas carcelarios con una maestría sin par (“Cadena Perpetua” y “La milla verde”) y ahora, de la mano de “La niebla”, incursiona con otra novela suya por primera vez en el género del terror aportando una de sus obras maestras modernas (ya era hora de que llegase a nuestras manos algo medianamente digno de este género, que, tan acosado por producciones verdaderamente penosas, lleva más de una década devaluadísimo). El filme que nos ocupa reúne muchos de los elementos habituales y de las constantes de ambos creadores: la trama de terror sobrenatural sirve para exponer otro terror más descorazonador, el terror más terrorífico de todos… El terror del ser humano hacia el propio ser humano. Un grupo de personajes normales y corrientes y de toda clase y condición se quedan encerrados en el supermercado de un pequeño pueblo de Maine cuando una niebla misteriosa lo cubre todo de arriba abajo. Quien se adentra en esta niebla muere inexplicablemente y de manera violenta. Los supervivientes, sin saber siquiera si existen otros como ellos en los alrededores, tienen que unir sus fuerzas para salir adelante, para resistir hasta que los rescaten (si es que los rescatan) o para escapar del lugar. Darabont y King desarrollan una agilísima e interesante desde el primer momento trama que hace uso de unos excelentes y comedidos efectos especiales barrocos de aires pulp (que recuerdan poderosamente a los universos de H. P. Lovecraft) y que sirve, como he mencionado, para exponer el drama del ser humano sometido a la convivencia forzosa en un espacio hostil. Llega por supuesto un momento en el que la niebla y sus mortales secretos dejan de ser tan peligrosos como los propios hombres y mujeres. Asuntos como el clasismo, el miedo, los prejuicios, la intolerancia, la hipocresía y sobre todo el fanatismo religioso y moral hacen acto de presencia para destruir a los supervivientes, que se encuentran luchando entre ellos y que llegan a hacer uso de la violencia para continuar sobreviviendo. “La niebla”, protagonizada por un muy destacado Thomas Jane, es una espléndida disección del interior del ser humano cargada de escenas para el recuerdo (el primer ataque de la niebla, el sacrificio, la huída, la aparición del monstruo gigante…) y con un desenlace fatalista verdaderamente desolador que pocos podrán olvidar (y que sin embargo a pesar de todo muchos seguidores de la obra de Stephen King detestan). Maravilloso retorno de Frank Darabont y sorprendente cambio de estilo en su cortísima pero genial filmografía.

domingo, 25 de octubre de 2009

CADENA PERPETUA de Frank Darabont – 1994 – (“The Shawshank Redemption”)


El banquero Andrew Dufresne es condenado a cadena perpétua tras haber sido culpado del asesinato de su mujer, asesinato que él asegura que no ha cometido. Internado en la prisión de Shawshank, pronto se hace amigo de todos los reclusos e incluso de los empleados y del alcaide gracias a su inteligencia y empatía. Sin embargo, la gran amistad de su vida la encuentra en Red, el rey de los trapicheos del lugar. Andrew lucha año tras año por conseguir autorrealizarse aún estando entre rejas y por probar su inocencia, oportunidad que se le va a terminar presentando… Cuando menos lo espere.

Frank Darabont, estadounidense de orígen húngaro que nació en un campo de refugiados de Francia (sus padres abandonaron Hungría antes de la Revolución de 1956) se ha convertido por méritos propios en uno de los grandes directores modernos de dramas carcelarios y judiciales y en uno de los mejores adaptadores de obras del irregular escritor Stephen King. Su estilo es de raiz clásica y rico en detalles y en ambientaciones (habitualmente sus películas se desarrollan en las primeras décadas o en las intermedias del siglo XX). Sus personajes, habitualmente perdedores, a menudo luchan contra una sociedad opresiva buscando la verdad, la justicia o la redención para ellos o para los que les rodean. En sus películas Darabont ha denunciado los sistemas jurídicos y/o penales injustos, la corrupción carcelaria, la cadena perpetua o la pena de muerte, contra las que se posiciona radicalmente. Tremendamente espaciada, su filmografía se compone del drama carcelario “Cadena perpetua”, del drama carcelario fantástico “La milla verde” (ambas basadas en obras de Stephen King), del drama “The Majestic” y de la magistral película de terror “La niebla”, también inspirada en una novela de King.

“Cadena Perpetua”, basada en el relato de Stephen King “Rita Hayworth y la redención de Shawshank”, supuso el soberbio debut para la gran pantalla de Frank Darabont, debut que ya marcaba las constantes de su cine posterior: unos personajes (maravillosos Tim Robbins y Morgan Freeman) buscan la libertad en un ambiente opresivo (la cárcel en la que van a pasar la mayor parte de sus vidas), libertad que viene intrínsecamente unida a la búsqueda de la verdad en el caso del primero (que asegura no haber matado a su esposa, hecho por el que ha sido condenado) y de la redención en el caso del segundo (que nunca negó haber cometido el asesinato que en su juventud le destrozó la vida). Juntos han de luchar contra los muros que los retienen y contra lo que arde dentro de ellos: la corrupción en la que el alcaide y muchos de sus guardias tienen sumida a la penitenciaría, un antro de violencia y de injusticia. Darabont se posiciona en contra de la cadena perpétua (más tarde en “La milla verde” haría lo propio con la pena de muerte) y apuesta por la redención y por la reintegración de todos los que han cometido errores fatales en su vida (algo que la mayoría no consiguen al salir en libertad demasiado viejos como para adaptarse al mundo moderno), mientras que denuncia la hipocresía de los que dirigen las mismas prisiones con una demagogia anclada en la manipulación por medio de la religión. “Cadena perpetua”, narrada con una sobriedad lírica de rasgos épicos tan emotiva como brutal, se configura como uno de los más grandes dramas carcelarios de los años noventa.