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domingo, 24 de enero de 2010

EL PICO II de Eloy de la Iglesia - 1984 - ("El pico II")


A pesar de las influencias y de los chanchullos de su padre, Paco no puede escapar de su condena y acaba ingresando en la prisión madrileña de Carabanchel. Allí su vida termina de destrozarse en un ambiente de violencia y de corrupción constante: vuelve a caer presa de la adicción y su existencia se transforma en el peor de los infiernos. En la cárcel la droga corre como el agua.

No era nada necesaria una secuela de la obra maestra que es "El pico", pero Eloy de la Iglesia se embarcó en ella sin embargo y realizó una cinta dignísima y muy injustamente olvidada que demostraba una vez más que las segundas partes pueden por lo menos igualar a las primeras si el buen hacer predomina (y mencionamos por supuesto el eterno ejemplo de "El Padrino. Parte II" pero otros tan dispares como "Aliens. El regreso", "Terminator II. EL Juicio Final", "Superman II", "El Imperio Contraataca" o "El Caballero Oscuro"). Paco (de nuevo genial José Luis Manzano) sigue sin poder escapar de su adicción y de sus problemas con las drogas y a pesar de los "chanchullos" de su padre (que pasa del inolvidable José María Cervino de "El pico" a un bastante menos soberbio pero aceptable Fernando Guillén) termina ingresando en la prisión madrileña de Carabanchel. A los polémicos asuntos que ya trató Eloy de la Iglesia en la primera entrega (la droga, la adicción, la homosexualidad, la violencia, los abusos de la Guardia Civil...) se suman ahora, además, el de las malas condiciones de vida de los presos españoles de la década, el de los abusos de poder en las prisiones (tanto de los funcionarios como de los propios presos), el de la corrupción a todos los niveles de estos centros y de la sociedad en general y el del hecho de que los drogadictos que ingresan en dichos centros terminan reenganchándose porque el mismo ambiente lo fomenta, por lo que la reinserción es inefectiva y hasta directamente imposible en ciertos casos. El estilo se repite: el crudo y descuidado pero poderoso y fieramente realista, y nuevos protagonistas se suman a la "saga", entre los que destaca el famoso "quinqui" José Luis Fernández "El Pirri" (muerto en 1988 a los 23 años en un descampado como consecuencia del abuso de las drogas), que realiza una interpretación antológica. "El pico II" es, por lo menos, igual de grande que su predecesora, y todo un puñetazo al sistema carcelario español. Desde luego, se le podrían achacar muchas cosas a Eloy de la Iglesia (como su filmografía, muy irregular en conjunto), pero el tipo tenía una valentía que ya quisieran muchos directores y artistas españoles en general que van de mucho más "sobrados".

sábado, 23 de enero de 2010

EL PICO de Eloy de la Iglesia - 1983 - ("El pico")


Los jóvenes Paco y Urko, aunque son hijos respectivamente de un guardia civil y de un político independentista vasco, son grandes amigos que disfrutan de la vida al límite en su ciudad, Bilbao; disfrutan de las juergas de los fines de semana que han eclosionado en todo su esplendor con la llegada de la democracia, del sexo y también de las drogas. Sin embargo, Paco y Urko tienen un problema del que tal vez ni ellos mismos son del todo conscientes: cada día necesitan más estas drogas para pasárselo bien, para vivir. Cada vez están más enganchados... Y cada vez su adicción es más patente en todos los aspectos de sus vidas.

Si ha habido algún director español moderno fieramente social en casi todos sus aspectos ese ha sido el vasco (aunque criado en Madrid) Eloy de la Iglesia, creador de una obra naturalista directa y sin concesiones de ningún tipo, de estética independiente, cargada de fuerza y de violencia física y psíquica y con un poderoso aire español castizo. Inconformista, a contracorriente, fue uno de los maestros del llamado "cine quinqui", que retrataba los ambientes más marginales de la España de la democracia (especialmente de la inmediata democracia) por medio de filmes protagonizados por un delincuente famoso (habitualmente juvenil) que a menudo continuaba su carrera como actor (aunque muchos no abandonaron a pesar de esto sus problemas sociales, especialmente sus problemas con las drogas). Comunista en sus inicios y militante del Partido Comunista de España (posteriormente se desencantó de este movimiento y lo abandonó), Eloy de la Iglesia, antisistema y homosexual declarado, tuvo, como muchos de sus personajes y actores, problemas con su adicción a la heroína durante muchos años. Su cine ha retratado con un ojo crítico agudísimo la marginalidad, la pobreza, la diferencia de clases, la violencia urbana y sus causas y consecuencias, el cierto fracaso de la democracia que no aseguró un nivel de vida digno para todos, la homosexualidad perseguida, la intolerancia, la corrupción política y policial, la desintegración de la familia tradicinal, la frustración sexual y los abusos de poder. También realizó incursiones puntuales en el cine de terror. Su obra, sin embargo, hay que decir que es muchas veces irregular, alternando maravillas como la comentada "El pico" con películas verdaderamente mediocres y hasta diréctamente malas (tal vez dado lo prolífico que fue en líneas generales). Sus obras más famosas, de muy desigual calidad, fueron "Algo amargo en la boca", "Cuadrilátero", "La semana del asesino", "Una gota de sangre para morir amando", "Juegos de amor prohibido", "La otra alcoba", "La criatura", "Navajeros", "Colegas", las dos entregas de "El pico", "El sacerdote", "El diputado", "Miedo a salir de noche", "La estanquera de Vallecas" y "Los novios búlgaros". Eloy de la Iglesia murió de cáncer en el año 2006.

Tal vez la película sobre las drogas, sus causas y consecuencias española por excelencia sea la obra maestra "El pico" y, en menor medida, su segunda parte. Ambientada en su momento, la primera mitad de los años ochenta en España (y concretamente en Bilbao), la obra capital de Eloy de la Iglesia disecciona la vida de los jóvenes del momento con un ojo agudísimo y sobrecogedor analizando cómo la drogadicción puede perderles para siempre y hasta matarles. En un mundo urbano en el que se da la mano la fiesta desenfrenada de los fines de semana y la eclosión artística más transgresora e independiente (estamos en la España de la Movida Madrileña, que se extendió a todo el país) con la pervivencia de tradiciones e hipocresías de una dictadura acabada pero que se resiste a morir, dos jóvenes (uno de ellos José Luis Manzano, "quinqui" y novio del director fallecido joven en 1992 por abusar de las drogas) viven sus vidas al límite entre juerga y juerga, sexo (pagando o no por él) y drogas. Nacidos en una generación que salió del franquismo pero que tuvo que enfrentarse a la deshumanización capitalista de la que la demogracia no les protegío y a la pervivencia de las mencionadas tradiciones de la dictadura, lo único que les interesa es el hedonismo puro, que poco a poco se va decantando exclusivamente por la droga, por la que harán todo (aunque no sacrificarán su amistad, por lo menos no consciéntemente). Alrededor de este asunto pivotan, además, otros tremendamente polémicos visitados con un ojo igualmente crítico y contestatario: la falta de oportunidades para los jóvenes, la prostitución, la homosexualidad, el autoritarismo, la instransigencia, la violencia y hasta el conflicto vasco (irónico como pocos es el hecho de que los padres de ambos jóvenes sean un Guardia Civil y un político independentista vasco -ambos radicales en sus propuestas vitales y políticas-). "El pico", película escándalo como pocas en la España de los primeros ochenta, fue una de las pocas cintas que trató con todas sus consecuencias y sin tapujos el problema de la droga y los jóvenes en un país en el que dicho problema, con la democracia recién llegada a una sociedad pacata y desinformada, iba a causar verdaderos estragos (niveles de adicción tremendos y muchas vidas destrozadas o terminadas bruscamente con sobredosis, hepatitis C y SIDA).