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miércoles, 18 de agosto de 2010

PIRATAS DEL CARIBE: EN EL FIN DEL MUNDO de Gore Verbinski – 2007 – (“Pirates of the Caribbean: At world’s end”)


La Compañía de las Indias Orientales se ha aliado con el malvado Davy Jones, el demonio de los mares, con un objetivo: erradicar la piratería de todo el mundo. Sólo hay una esperanza: que los grandes jefes piratas se unan para acabar con ellos. Sin embargo, uno de estos jefes falta: el capitán Jack Sparrow, que está atrapado en el mundo perdido de Davy Jones. Will y Elizabeth han de encontrarlo antes de partir hacia la batalla final. El camino que les espera es muy peligroso, pero tienen nuevos aliados: el capitán Barbossa, que ha vuelto del mundo de los muertos, y el capitán Sao Feng, uno de los señores piratas de oriente.

Nadie sabía qué esperar, en el día de su estreno, de esta hasta ahora última parte de las aventuras de los Piratas del Caribe, entre otras cosas porque la anterior, un prólogo de ella, dejaba pocas pistas de lo que podía ser. ¿Un resurgimiento de la saga? ¿Otra película mediocre más o menos divertida? ¿Un nuevo bodrio para la cartelera comercial? Lo último de todo fue, por desgracia, lo que la mayoría del público se encontró. Y una vez más la culpa fue del guión. “Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto” tenía también este problema, especialmente por su condición de simple prólogo (de dos horas y media) de la que hoy nos ocupa compuesto por un cuerpo de acción incesante aderezado con unos cuantos apuntes argumentales. Sin embargo, y a pesar de este gran lastre que la hundía casi por completo, resultó ser una película por lo menos coherente. Lo que ya no es “Piratas del Caribe: En el fin del mundo”, un infumable batiburrillo inconexo y precipitado lleno de lagunas argumentales (algunas hasta de bulto). La historia narra la búsqueda del perdido Jack Sparrow por parte de sus amigos y de sus viejos enemigos y el posterior enfrentamiento de todos los piratas de todos los mares contra la flota de la Compañía de las Indias Orientales, que se ha aliado con el malvado Davy Jones. Como se puede observar, la trama es bien simple… Pero una vez más está pésimamente llevada. Si el pecado de la segunda parte de la trilogía era su poca trascendencia argumental, el de la tercera es precisamente el contrario, pero desde el peor de los sentidos: en la segunda se ha contado y resuelto tan poco que hay que soltar todo lo que queda por soltar en la tercera, y además de golpe. Así, la película, que vuelve a tener un metraje de dos horas y media, es, además de una imparable cascada de escenas de acción, también una imparable cascada de hechos, y ahora los que están metidos con calzador son precisamente éstos, que por su cantidad y por su frenético discurrir acaban ahogando al espectador. Pero, por si fuera poco, tiene este guión además una estructura farragosa y gratuitamente retorcida que no ayuda en absoluto a su comprensión. Llega un momento en el que nadie sabe qué está pasando exactamente y quien está en cada bando y por qué. Los personajes también se resienten: de la manera más absurda los guionistas sacan de la historia a caracteres clave de la anterior entrega: el Kraken y el Comodoro James Norrington. Es especialmente estúpida la manera de morir que tiene el primero, que demuestra la pésima planificación que han tenido las dos películas desde un principio. Por otra parte, el nuevo pirata interpretado por Chow Yun-Fat no aporta absolutamente nada a la trama salvo la forzada concesión del título de jefa de su flota a Elizabeth Swann, que, al igual que Will Turner, termina convirtiéndose en una pirata de la manera más tonta. Sin embargo, el desastre más grande viene con la historia de amor de Davy Jones y de Calipso, que se queda completamente colgada después de una vergonzante escena en la que la segunda se convierte en una gigante y explota desatando una tormenta (¿tanta leyenda y tanto cuento con Calipso para esta chorrada?). Jones, por cierto, pierde una notable importancia en la trama: supuestamente es el villano principal, pero su historia personal no avanza y se ve ensombrecido por el líder de la Compañía de las Indias Orientales. Sólo dos personajes conservan algo de frescura: Jack Sparrow, graciosillo, y el capitán Barbossa, acertadamente recuperado. Para terminar, decir que las escenas de acción han perdido inventiva, el humor es menos efectivo y más facilón y hay cabos sueltos por todas partes (el papel de Calipso, la muerte del Kraken, la explicación del “mundo de Davy Jones”, la batalla final en la que sólo lucha el barco de los protagonistas…). Un total desastre. Y otra saga que se cargan vilmente. ¿Por qué siempre tiene que pasar lo mismo?

miércoles, 7 de julio de 2010

FURIA DE TITANES de Louis Leterrier – 2010 – (“Clash of the Titans”)


Siendo un bebé, Perseo, fruto de la unión de Zeus y de la esposa humana del Rey Acrisio, es salvado por este mismo dios de morir ahogado en los mares después de que el mencionado Acrisio le arrojase a las aguas en un cofre junto a su madre. Tras una infancia feliz a salvo de todo mal y cuidado por una bondadosa familia de pescadores, Perseo es testigo de cómo el pérfido dios Hades acaba con su padre, su madre y sus hermanos y jura vengarse de los dioses. Él no lo sabe, pero está destinado a ser un gran héroe y a salvar al Reino de Argos y a su princesa de la amenaza del propio Hades y de su más terrible criatura, el gigantesco Kraken.

Louis Leterrier es un director de cine de acción irregular que hasta ahora no ha despuntado con ningún filme artísticamente hablando (aunque ha roto taquillas con obras como las dos primeras entregas de "Transporter"). Su filmografía se compone de "Transpoter", "Danny The Dog", "Transporter II", "El increíble Hulk" (tal vez su mejor película, lejos de la incomprendidísima versión de Ang Lee pero muy destacada en todos los aspectos) y "Furia de Titanes".

El remake de la que fue la última película con efectos especiales de Harry Harryhausen, tras haberse hecho esperar casi tres décadas (extraño, porque miren que ofrecía posibilidades de revisitación) ha llegado este año a las salas en lo que es una versión horrenda de su mencionada obra de inspiración. La "Furia de Titanes" de 1981, a pesar de contar con un argumento muy simple y con unos actores bastante mediocres (cuando no malos), tenía a su favor el encanto del "stop motion", que, aunque muchos tachen de "envejecido" (yo pienso que las cosas hay que valorarlas en su momento, porque es en su momento cuando significaron algo), nos permitió disfrutar de monstruos y seres fantásticos llenos de encanto. La película de Louis Leterrier tiene todos los defectos de la de Desmond Davis... Sin aquel encanto para colmo, porque la Medusa, el Pegaso o el Calibo de ésta son meros emplastes de efectos especiales al kilo que no son "palpables" y que no están hechos con cariño (sí queda resultón el cachondo homenaje al búho metálico Bubo, pero poco más). El aspirante a nueva estrella (del cine de acción por lo menos) Sam Worthington (muy destacado en "Terminator Salvation" o en "Avatar" y próximo a protagonizar una nueva versión de "Drácula" y la secuela de esta "Furia de Titanes" -sí, como lo oyen... miedo me da-) es aquí igual de anodino o incluso más que el Harry Hamlin de la primera versión (su inicial rebeldía contra los Dioses, lo que lo hacía más atractivo, termina además siendo vencida por un aburrido pacto con Zeus), mientras que la trama sigue siendo simplona aunque viene ahora aderezada con tontos secundarios cómicos y con escenas aún más improvisadas y hasta incoherentes. Y para colmo, los efectos especiales no son, como he mencionado, nada atractivos (únicamente salvo al Kraken, genial y temible en toda su agobiante y bien conseguida enormidad). Hasta el principal logro de la primera versión, el combate contra la Medusa, ha perdido gancho. "Furia de Titanes 2010" es anodina y no tiene sorpresas de ningún tipo. ¿Tan dificil es hacer una buena película de aventuras? ¿Tan dificil es ponerle un poquito de cariñito a las cosas?

lunes, 21 de junio de 2010

LEGIÓN de Scott Stewart – 2010 – (“Legion”)


Dios se ha cansado de la maldad de los seres humanos y ha perdido la fe en ellos. Por esto, ha decidido acabar con la humanidad para siempre enviando a sus ángeles a que limpien la Tierra. Uno de estos ángeles, sin embargo, no está de acuerdo con Dios y va a luchar por los humanos, cuya última esperanza de sobrevivir reside en un niño que ha de nacer... En un miserable bar de carretera de la Norteamérica profunda. Este ángel, junto a un grupo de hombres y mujeres, va a proteger a toda costa a la madre de este bebé para salvar a toda la raza del exterminio de sus compañeros.

"Legion", que yo sepa, es la segunda película de Scott Stewart tras la adaptación del cómic "Priest". Y es una película horrible, por desgracia, aunque sus inicios tengan apuntes interesantes dentro del "género" de "personas diferentes encerradas enfrentadas a un terror exterior" (hala, qué conjunto de palabros). Estas historias que en otras décadas como la de los ochenta se prodigaron muchísimo (me vienen a la mente "Temblores", las dos primeras entregas de "Alien", "Gremlins" y su copia "Critters"...) están homenajeadas con cariño en esta película que carece absolutamente de pretensiones y que es conscientemente un refrito de estas obras con entrañables aires de serie B (esta vez con ángeles vengadores de la ira de Dios como los monstruos de turno). Sin embargo, esta falta de pretensiones es tal que la historia, más allá de sus cimientos más básicos, es inexistente y está llena de lagunas argumentales (por favor... ¿Alguien me explica quién es el bebé? ¿Un nuevo mesías, un nuevo Jesucriso? ¿Qué es?) y cambia de golpe el terror de sus inicios por la acción más pacata (las peleas de los ángeles a puñetazos o a tiro limpio de ametralladora son sencillamente horrendas de tan zafias y brutas). Los personajes están, además, mal desarrollados (muy mal). Uno de los principales alicientes de estas historias es reunir a personas de toda clase y condición y con maneras de pensar distintas (y traumas, por supuesto) y ponerlos a colaborar por la supervivencia. Estos personajes en "Legion" son mera carne de cañón para los ángeles y no pasan de ahí. Por otra parte, dichos ángeles, exceptuando a la vieja y al vendedor de helados (gran momento del filme, y estremecedor y pulp, todo hay que decirlo), son simples zombies y nada más. "Legión" es, tras unos apuntes interesantes en su desprejuiciado homenaje al terror, un filme fallido en todos los aspectos que se desliza demasiado rápido en la zafiedad y en la tontería. Triste.

jueves, 10 de junio de 2010

HOSTEL II de Eli Roth – 2007 – (“Hostel. Part II”)


Whitney, Beth y Lorna, estudiantes norteamericanas en Roma, viajan durante unas vacaciones a Eslovaquia en busca de fiestas, ligues y emociones fuertes. Allí se alojan en una residencia para jóvenes en la que la juerga es constante. No lo saben, pero algo terrible va a ocurrirles…

“Hostel II”, rodada por Eli Roth en menos de un año tras el gran éxito de su anterior película, contiene todos los defectos de ésta y todavía más. La historia vuelve a ser la misma, aunque en esta ocasión las desdichadas protagonistas son tres chicas que, de juerga en juerga, van a parar a la vergonzosa Eslovaquia de posguerra que el director se ha inventado, en donde como es de esperar son torturadas hasta la muerte con procedimientos todavía más brutales y morbosos que los de la anterior entrega. Se pueden imaginar lo que toca: una primera mitad de película intrascendente de casi completo relleno (salvo por dos o tres apuntes argumentales entre los que se encuentra el manido asesinato del protagonista de la anterior cinta durante los cinco primeros minutos) cargada de tontas andanzas de jovencitas guapas y tíos cachas y una segunda mitad de sangre y vísceras desbocadas de la que únicamente se salvan tres escenas (el homenaje a la temible Condesa Bathory, el asesinato del niño –sorprende, todo sea dicho- y el desenlace con los testículos cortados). De nuevo, Roth quiere retratar el lado más oscuro de la decadencia humana y de nuevo falla porque su película no sale de lo puramente efectista y superficial. En “Hostel II” encontramos una violencia brutal y descarnada tremendamente sádica que por momentos duele a la vista (no hay que negarlo tampoco) y que se ha visto mucho más “refinada” que la de la primera parte debido al mayor presupuesto disponible (salvo una escena en concreto –la del ojo arrancado- “Hostel” no aportaba nada nuevo para el mundo del gore). Sin embargo, esta violencia tan cruda y barroca no dice nada porque está únicamente destinada a contentar a un público morboso que sólo quiere que le sorprendan sin cesar con torturas cada vez más rebuscadas (el mismo que disfruta con las tristes secuelas de “Saw”). En este sentido, como comedia gore “Hostel II” funciona mejor que su antecesora (aunque de manera irregular por la poca imaginación que el conjunto destila) mientras que como drama o retrato crítico de lo peor de nuestra raza es totalmente estéril. Los personajes estan vacíos, desde los mafiosos que dirigen el cotarro hasta las víctimas pasando por los torturadores, planos y tópicos hasta decir basta. Por otra parte, las relaciones que se dan entre ellos son ya hasta incoherentes y están forzadísimas. Para terminar, decir que el desenlace (pretenciosísimo y realmente muy vulgar) es la chorrada más enorme que he podido ver en mucho tiempo. “Hostel” era un espectáculo pirotécnico de sangre con pretensiones de drama social y de producto autoral gore que se quedaba en una masacre juvenil del montón. Su primera secuela es lo mismo pero infinitamente peor: un estrambótico circo de carne vacío que para colmo intenta dar gato por liebre con una supuesta amoralidad y una hondura psicológica que no tiene. Una pura y total estafa únicamente disfrutable si se ve desde un punto de vista cómico (y vista así apenas divierte y se encuentra a años luz de grandes entretenimientos gore como la trilogía de "Posesión Infernal" o "Braindead").

HOSTEL de Eli Roth – 2006 – (“Hostel”)


Paxton y Josh son dos universitarios norteamericanos que, junto a Oli, un joven islandés, recorren Europa en sus vacaciones buscando grandes juergas. Una noche en Ámsterdam les recomiendan viajar a Eslovaquia, en donde, según dicen, hay grandes fiestas y mujeres guapísimas. Los tres se embarcan hacia el este cargados de ansias de aventuras. La peor pesadilla de sus vidas está a punto de comenzar…

Apadrinado por Quentin Tarantino, Eli Roth se ha convertido en una de las jóvenes promesas del gore moderno gracias al papel decisivo que ha tenido su saga “Hostel” en el lanzamiento comercial de este “género” junto a otras como la de “Saw”. En un formato narrativo simple y muy directo que se desenvuelve en ambientaciones sucias y oscuras ha presentado sus hasta ahora tres películas, todas pertenecientes al género del terror y todas cargadas de elementos gore desmesurados y a veces incluso barrocos. Debutó con “Cabin Fever”, a la que siguieron “Hostel” y “Hostel II” y el cortometraje “Thanksgiving”, incluído en “Grindhouse”. Existe una polémica abierta sobre su cine y su personalidad. Según muchos él mismo se ha creado una falsa imagen de enfermo mental de diseño con el único objetivo de hacerse publicidad (imagen que Tarantino ha fomentado), mientras que sus películas son vistas como maravillas por unos y como farsas por otros.

Yo pienso que en realidad la polémica va más allá de este personaje desde mi punto de vista inofensivo (como sus creaciones): la violencia en el cine ha dejado de ser un elemento transgresor, por lo que ha quedado, como el sexo, asimilada por la industria, que la ha transformado en un simple valor añadido para sus productos. De ahí que el gore ya no forme parte exclusiva de “pequeños círculos”. He expuesto mi opinión sobre este hecho hablando de la saga de "Saw" al completo (de las entregas que hay hasta ahora) y ahora lo completo y lo intento revalidar hablando de las dos hasta ahora existentes de “Hostel”.

Para muchos una obra clave del cine moderno y para otros una tremenda bazofia y una mentira, “Hostel” ha sido indudablemente junto a la divertida “Saw” y sus horrendas secuelas la película que ha logrado acabar definitivamente con los elementos transgresores que la violencia en el cine guardaba. El gore (que no siempre fue transgresor pero que sí representa la cara más desaforada –tanto para dramas como para comedias- de la mencionada violencia física y a menudo incluso psicológica) ya es un patrimonio universal: el gran embudo se lo ha tragado definitivamente. “Hostel” narra las terribles desventuras de tres jóvenes que son secuestrados en Eslovaquia para ser torturados hasta la muerte por ricos que pagan para ello. Está inspirada supuestamente en unos hechos ocurridos en Tailandia hace no demasiado tiempo, aunque muchos desmienten esto y aseguran que Tarantino y Roth se lo inventaron todo para hacer un cierto guiño a “Holocausto Caníbal” y jugar con las posibilidades para aterrorizar que otorga la etiqueta de “Basado en hechos reales”. “Hostel” es una película destinada a divertir a un público muy morboso que, tan sólo hace unos años, la habría despreciado por su crueldad y su brutalidad sangrienta totalmente explícita. Que en ciertos lugares de los Estados Unidos una película como “Brokeback Mountain” (por poner un ejemplo) haya provocado más escándalos que la cinta que comentamos no es casual: la violencia de “Hostel” es inofensiva aunque Eli Roth intente hacernos ver todo lo contrario. La acción transcurre en un país que aparece retratado de una manera vergonzosa, una Eslovaquia llena de mafias, prostitutas muertas de hambre y niños criminales salvajes que parece vivir en una eterna posguerra. Eso “en los USA no pasa”. Por otra parte, la película no deja de ser un típico y tópico filme de terror juvenil: los personajes van muriendo uno a uno hasta que el último de ellos se salva y se venga de los villanos de turno. Lo único novedoso es que no hay un asesino en serie ni un fanstama ni un monstruo horrible, sino varias personas que supuestamente personifican a la más honda decadencia humana. Porque “Hostel”, eso sí, es pretenciosa: Eli Roth quiere hacer un retrato del lado más oscuro de las personas mientras trata además de ofrecer gore de calidad para sus fans. No logra ninguna de las dos cosas; “Hostel” únicamente posee dos o tres apuntes estremecedores: los individiuos sudorosos e inseguros que efectúan las matanzas están bien retratados (por lo menos en lo que a físico y actuaciones se refiere), mientras que el momento del encuentro del protagonista con el hombre mediocre y fanfarrón que se prepara para la carcinería puede provocar un cierto escalofrío. El resto es verdadera morralla (con todas las palabras): más de la primera mitad del metraje (soporífera y sin ritmo ninguno) está relleno de juergas y escenas de sexo zafias que no sugieren nada, mientras que la parte final no sirve como el retrato que el director quiere efectuar de la mencionada decadencia humana porque se pierde en los efectismos más vulgares olvidando ofrecer un mínimo discurso o algo más aparte de la acción y las mencionadas torturas. El caso es que como filme gore “Hostel” tampoco aporta nada que no se haya visto: salvo la escena del ojo arrancado (que verdaderamente resulta impactante, todo hay que decirlo) no hay nada que merezca la admiración de los fans del género. “Hostel” es un engaño en mi opinión, una película flojísima en todos los aspectos que ha creado una leyenda muy efectiva a su alrededor y que de eso vive, del cuento. Hay películas mil veces más crudas y más profundas y críticas con la sociedad que ésta, el problema es que no son comerciales. Si quieren ver cosas verdaderamente duras y hondas vean “Saló o los 120 días de Sodoma” o “La gran comilona”, o “La naranja mecánica” o “If…”, pero no se traguen el anzuelo de Eli Roth. Lo mismo les digo si buscan buen gore: vean “Braindead”, vean “Holocausto Caníbal”, vean la trilogía de “Posesión Infernal”. Se reirán y tendrán vísceras de verdad.

domingo, 6 de junio de 2010

SAW VI de Kevin Greutert - 2009 – (“Saw VI”)


La sombra del fallecido Jigsaw es alargada y las víctimas de sus macabros juegos no dejan de aparecer. El agente Hoffman, su supuesto sucesor, investiga un "nuevo" caso relacionado con su maestro bajo la amenaza de que sus compañeros le descubran y, en algún lugar desconocido, William Easton, un agente de seguros despiadado responsable de muchas vidas destrozadas, ha de enfrentarse a su pesar a una serie de juegos macabros para purgar sus pecados. Sin embargo, las cosas no son lo que parecen ser y el mismo Hoffman tal vez no sea lo que él cree ser... La viuda de Jigsaw, Jill, tiene mucho que decir al respecto de lo que ocurre.

A estas alturas de la película no sé ya qué comentar sobre una cinta como "Saw VI", en la que absolutamente tooooooooooooooooodos los tópicos de esta saga ya interminable y pesadísima que algunos tienen como "un culmen del suspense moderno y de la estética videoclipera" (se lo juro, me lo han llegado a afirmar y se han quedado tan panchos) se vuelven a repetir una vez más. El agente Hoffman (tal vez el secundario más importante de la saga junto con Amanda) es el sucesor de Jigsaw pero finalmente no lo es porque "digamos que no ha superado su propia prueba" (oh, vaya, nadie se lo esperaba, que sorpresa) y un despiadado agente de seguros tiene que pasar una serie de sádicos juegos en los que muere mucha gente y al final de los cuales... ¡Sí, lo adivinan, él termina muriendo también y siendo castigado por sus pecados en el último minuto, otra sorpresa que nuuuuuuuuunca se ha visto en la saga! En fin, señoras y señores, llevo una semana escribiendo sobre esta franquicia que ya se me antoja infumable y estoy poco inspirado. Pero es que, además, créanme: no hay nada más en "Saw VI". Nada. Es otro puente tontorrón y 100% predecible hacia la siguiente entrega, en la que al parecer la viuda de Jigsaw va a tomar el relevo (que pesadez de relevos, ya son cansinos, y encima, todos están ya asumidos desde el primer momento por el espectador). ¿Terminará algún día esta saga ya tan aburrida?

PD: No sé en qué pensaba la Ministra Sindescargas (sí, la del Ministerio de Industria Cultural -que no de cultura-) al censurar en España esta entrega de la saga que es una de las menos violentas de todas (excepto la prueba de apertura, no hay demasiada sangre en el filme, y eso es raro pero también en este caso es cierto). También hay que decir que este hecho, por supuesto, a los internautas nos dió exáctamente igual, porque vimos la película en la red -sí, la que ella intenta censurar también pero sin éxito- y ya está. No sé si la actualización le hace más falta a la saga de "Saw" o a la Industria Cultural (Española y mundial).

SAW V de David Hackl – 2008 – (“Saw V”)


De una vez por todas, la estructura de asesinatos del por fin fallecido Jigsaw ha sido desarmada. Sin embargo, el agente Hoffman va a continuar en la sombra con su legado de muertes, algo que el agente Stram sospecha, por lo cual empieza a investigarle. Pronto, tal y como esperaba, la pesadilla retorna: vuelven los crímenes y cinco desconocidos aparecen encerrados en un lugar oculto... A la espera de enfrentarse a nuevas pruebas mortales.

“Saw”, ese filme independiente que fue un hasta cierto punto sorprendente, impactante y divertidísimo thriller, se ha terminado conviertiendo al haber sido inesperadamente asimilado por la gran industria en otra de esas sagas interminables y alargadas hasta el éxtasis de manera completamente absurda que ya en su segunda entrega resultaba trillada y que en la tercera y en la cuarta resultaba directamente cansina. “Saw V”, que supone el debut de David Hackl como director (fue el diseñador de producción de las cuatro anteriores) tras el abandono de Darren Lynn Bousmann (que sustituyó a James Wan, el director del primer “Saw”, para dirigir “Saw II, III y IV”), es otra innecesaria y chapucera vuelta de tuerca a todo lo ya visto que únicamente tiene un objetivo: saciar el morbo de un público para el que el gore ya está completamente superado (lo comenté con mi crítica de “Saw III”) y que únicamente quiere vueltas de tuercas constantes supuestamente sorprendentes dentro de un estilo de trama que se saben de memoria. Y es que todos sabemos que en “Saw V” va a terminar perdiendo el protagonista en el último momento y que la mayoría de los secundarios van a morir de una u otra manera irremisiblemente, mientras que el desenlace dejará una estela abierta para la futura sexta entrega de la saga. El que el Jigsaw original haya por fin muerto no consigue reorientar una trama quemadísima ahora al mando del aparecido en “Saw IV” detective Mark Hoffman (Costas Mandylor) que, como era de esperar, se enfrenta a otra prueba dentro de las pruebas que él propone para sus víctimas. El protagonista de turno (pura carne de cañón), el agente Strahm (Scott Paterson), también aparecido en “Saw IV”, no tiene por otra parte ningún carisma (sobre todo porque su papel consiste en ser eso: pura carne de cañón), mientras que la trama, vulgarmente enrevesada (aunque por lo menos medianamente coherente, lo que ya no eran las de “Saw III” y “Saw IV” –en esto sí gana un poco “Saw V”-), únicamente consiste en tapar huecos que a nadie le interesan de las anteriores entregas. El estilo videoclipero más zafio sigue predominando, aunque por suerte el gore delirante se ha visto notablemente reducido (increíble pero cierto) en la previsible historia que se narra (se ve a leguas que los cinco prisioneros tenían que colaborar juntos... es que no se puede ser más infantil a la hora de construir un argumento). Por último, sigue resultando irritante la maldita pretenciosidad que el guión tiene, guión en el que Jigsaw habla de nuevo de moralidad de una manera asquerosamente beata y con razonamientos filosóficos y sociológicos de patio de recreo que, para colmo, intentan pasar por el culmen de lo visionario. “Saw V” vuelve a ser lo que fueron “Saw III” y “Saw IV” (la segunda entrega a pesar de ser flojísima por lo menos entretenía): una soberana porquería que, como no, anticipa que todavía habrá una secuela más.

SAW IV de Darren Lynn Bousman – 2007 – (“Saw IV”)


Jigsaw y Amanda, su aprendiz, están por fin muertos. Han aparecido algunos de los cadáveres de sus últimas víctimas y los agentes del FBI Strahn y Pérez, junto al detective Hoffman, intentan encontrar el resto y cerrar el caso. Sin embargo, el juego todavía no ha terminado: el Comandante Rigg, de los SWAT, se ve de repente sumergido en nuevas y mortales pruebas de Jigsaw… Si las supera, podrá lograr el objetivo que tanto ha ansiado: salvar a sus compañeros desaparecidos.

Supongo que James Wan, el director de la "Saw" original (un thriller nada revolucionario pero más que aceptable y sorprendente, todo hay que decirlo), no se imaginaba la repercusión que ésta iba a tener: Jigsaw se ha convertido en uno de los iconos del terror moderno más reciente y ha pasado a ocupar un lugar junto a los eternos Cara de Cuero, Jason, Freddy Krueger, el Muñeco Diabólico, Hannibal Lecter y las niñas de “El exorcista” o “The Ring”. Con esto, vamos a tener “Saw” para rato (ya lo estamos teniendo de hecho). Por supuesto, y por desgracia (era previsible) la saga no sigue en buena forma más allá de su primera entrega. “Saw IV”, como ya lo era "Saw III", dirigida de nuevo por el ya habitual Darren Lynn Bousman, es, más que nunca, una simple excusa para contentar al público más sediento de sangre y de gore delirante (con el objetivo que sea: pasarlo mal o pasarlo bien o echar unas risas). Y fin. Ni la enrevesada trama ni el hecho de que se narre el porqué de la locura de Jigsaw (que sigue siendo un psicópata de moral judeocristiana tremendamente beato) ayudan a aportar algo más a la obra, entre otras cosas porque el argumento ya no hay por donde cogerlo. Jigsaw ha muerto pero sigue dando por saco y ha dejado pruebas preparadas que son ejecutadas, al parecer, por otra mano en la sombra. Ya suena todo a cachondeo, y la cosa no anda descaminada: la total y absurda inmortalidad y omnipresencia del personaje central produce a estas alturas pura rabia, y la historia de su locura es tremendamente pueril y simplona y no crea ni mantiene el más mínimo interés por trillada y predecible. La trama, por otra parte, está dislocada en un infumable juego de flashbacks en el que el tiempo se descoca constantemente buscando en la confusión gratuita más descarada la originalidad y la hondura narrativa de la que carece totalmente. Para colmo, “Saw IV” está llena de fallos y de lagunas en el guión (algunas de bulto), los personajes (pésimamente aprovechados todos) de planos que son dan risa (y las horrendas actuaciones también) y los diálogos lo que producen es la vergüenza ajena. En el campo estético tampoco mejora: vuelve a ser un despreciable videoclip de casi dos horas; su estética tenebrosa y sucia artificial y sus constantes y cansinos filtros, flashes, ruidos y deslumbramientos cansan a la vista y en vez de otorgar ritmo y agilidad sumergen a los espectadores en el sopor más insostenible. El resto ya se lo pueden imaginar: autopsias muy detalladas, miembros volando por los aires, cabelleras arrancadas, martillazos en los ojos, cuchillos cortando caras, electrocuciones, ahorcamientos, cabezas aplastadas… El cuento ya no se lo traga nadie: “Saw IV” es una basura de película, una bazofia con todas las letras, como lo eran sus dos anteriores partes, un conjunto de aberraciones gore con un argumento totalmente idiota preparado concienzudamente para gustar a todas esas personas que en su vida han salido de los videoclips y que siguen creyendo que la violencia en el cine sigue siendo transgresora. Y lo mejor es que la cosa sigue.

SAW III de Darren Lynn Bousman – 2006 – (“Saw III”)


Jigsaw logró escapar de la policía, pero se encuentra muy enfermo y sabe que está a punto de morir. Por ello, su pupila Amanda secuestra a la doctora Denlon y la conecta a una máquina que la matará si no es capaz de mantenerlo vivo hasta que concluya la prueba que su nueva víctima ha de superar. Esta víctima se llama Jeff. Jigsaw le ha prometido que si gana su juego, podrá encontrarse cara a cara con el hombre que mató a su hijo…

Después de la porquería de “Saw II”, Darren Lynn Bousman repite como director y rueda, en apenas un año, la tercera entrega de esta saga ya millonaria, en la que logra rizar el rizo de lo grotesco y de lo violento y también de lo simple y de lo zafio. El “argumento” de “Saw III” importa muy poco: Jigsaw está vivo (o mejor dicho muriéndose) mientras tiene secuestrada a una doctora que si no le mantiene con vida pierde la suya propia y mientras su víctima nueva lucha por superar una nueva serie de sádicas pruebas para redimirse de su vida desaprovechada. La trama se limita a observar cómo ésta víctima va superando estas pruebas (en las que van muriendo otras personas de muy variadas formas) y cómo Amanda, la compañera de fechorías del antagonista/protagonista Jigsaw que conocimos en la anterior parte, se va volviendo cada vez más desquiciada (por supuesto, con vistas a un gran baño de sangre y vísceras). Nada más. “Saw III” es una película excusa (aún más que “Saw II”) donde uno/a ya se lo sabe todo desde el primer momento; una película excusa para mostrar un verdadero desparrame de violencia gratuita y estrambótica con la que el público pueda horrorizarse y/o reírse un rato entre palomita y palomita. Los diálogos son ya de pura risa (aunque los de las anteriores no estaban tampoco muy lúcidos), los personajes planos y pueriles hasta límites insospechados y los actores y las actrices malos con avaricia. La insulsa trama está para colmo llena de lagunas que, además, quedan bien a la vista en todo momento. El desenlace, buscando la sorpresa a toda costa (y fracasando estrepitosamente en esta búsqueda) es la improvisación más cutre, infantil y chapucera que he visto en mucho tiempo. Es “Saw III” además, en lo estético, un infumable videoclip de dos horas que atrapa irremisiblemente al espectador en el más irresistible sopor (aunque en la pantalla estén destripando vivo a alguien que chille como un cerdo). Sus antecesoras ya lo eran, pero creo que no llegaban a la desbordante cantidad de imágenes por segundo a la que esta llega (la estética de la acumulación fácil de esos directores que únicamente ven vídeos musicales). A “Saw III” no hay por donde cogerla. Eso sí, ha llegado muy lejos en un aspecto: ha logrado alcanzar un punto de violencia que pocas películas estrenadas de forma masiva en las salas y para cualquier tipo de público han logrado alcanzar, incluyendo ya hasta elementos puramente escatológicos. La película contiene algunas de las escenas más crudas y brutales de torturas y burradas que se han podido ver en circuitos comerciales. Dos hay que destacar: una operación de cerebro montada en base a primeros planos en la que podemos ver el craneo del paciente abierto en todo su esplendor (y que dura si mal no recuerdo cinco minutos o hasta más) y una demostración del funcionamiento de una máquina que desguaza cadáveres putrefactos de cerdos para lanzarlos, ya completamente líquidos, contra una persona. Quedan por ahí un potro donde a su “inquilino” se le doblan las articulaciones en ángulos imposibles y una máquina que arranca de un golpe las costillas. Y algo más me dejo. Hace años, películas mejores o peores como “Holocausto caníbal” o “Braindead” impresionaban al público y revolvían las tripas, mientras que otras como “Perros de paja”, “La naranja mecánica” o “Saló o los 120 días de Sodoma” revolvían hasta las conciencias. Por desgracia, y como hemos observado miles de veces, la maquinaria de producción capitalista lo recicla todo, hasta lo a priori más escandaloso y polémico, para transformarlo en algo rentable y ya banal y superficial (lo hemos visto con el movimiento hippie, con el punk, con el grunge, con figuras como la del Ché, con canciones que ensalzan la libertad y la rebeldía…). Todo plenamente integrado. La cosa está en no creérselo, en no creerse nada de esto y en no creerse que películas como las de la saga “Saw” son innovadoras o polémicas (aunque la primera resulte un aceptable y angustioso divertimento). La violencia por la violencia ha pasado a interesar a Hollywood para hacer de ella un producto comercial 100% rentable y, como otros tantos, nulo en lo que a cualidades críticas se refiere (la de “Saw” es una violencia despojada de cualquier ataque serio hacia cualquier cosa establecida –de hecho la moral de Jigsaw es bastante beata y de aires judeocristianos-). Creo que “Saw III”, más incluso que sus otras secuelas, alcanza la cima de este tipo de producción: violencia descerebrada al servicio de una película conservadora como pocas que sólo sirve para hacernos a las personas aún más inconscientes y conformistas de lo que somos.

SAW II de Darren Lynn Bousman – 2005 – (“Saw II”)


El agente Eric Matthews lleva mucho tiempo persiguiendo al misterioso Jigsaw. Él y su equipo cada día están más cerca de su pista definitiva… Por fin, un día le atrapan en su propio escondite… Y Eric descubre algo horrible: por un ordenador ve que su hijo está encerrado junto a otras siete personas en una casa ilocalizable llena de trampas que deben superar si quieren salir con vida de ella. Eric sólo tiene ahora una opción: participar en el sádico juego de Jigsaw…

“Saw”, con todos sus defectos, era un thriller más que aceptable y ciertamente sorprendente, a pesar de estar, en mi opinión, bastante sobrevalorado en líneas generales. Sus ya cinco (y más que vienen) continuaciones, sin embargo, son el ejemplo perfecto de la clase de producciones hollywoodienses que ayer comentaba: las que pertenecen a la esta nueva hornada de obras fílmicas que han hecho del antes minoritario y escandaloso cine gore un producto plenamente aceptado y ya incluso demandado en las salas comerciales. Todas han nacido motivadas por el inesperado éxito de su antecesora y todas se han limitado a tomar la idea básica de ésta para, eliminando prácticamente todo el suspense y la intriga que tenía, ofrecer al público un inmisericorde festival de sangre y vísceras (sin pies ni cabeza ya a partir de la infumable tercera entrega) con el que hacerle pasar un rato de violencia descerebrada sin dejarle pensar demasiado. Hay muchos que buscan pasarlo mal con este festival, y otros que lo que quieren es, directamente, echar unas risas ante la hecatombe. Todas las secuelas de esta devaluadísima saga (en lo artístico, porque cada nueva entrega sigue siendo un inexplicable éxito y sigue siendo esperadísima por los miles de inexplicables fans que "Saw" se ha ganado en todo el mundo) están conscientemente preparadas para contentar sin problemas a estos dos tipos de espectador/a, lo que ya es una prueba de su falta de calidad, de su infame condición de producto palomitero destinado a un breve momento de gloria y a un posterior y eterno olvido en el cajón de las malas secuelas. Ninguna tiene mucho que ofrecer más allá de esto. En “Saw II” ya sabemos la identidad del asesino desde el primer momento por haberlo averiguado en la primera entrega. Ahora le encontramos rodeado por la policía y controlándola a su vez por medio de la utilización del hijo del jefe de estas fuerzas de la Ley como moneda de cambio. Este chico está encerrado en un decrépito caserón junto a otras siete personas que deben superar, cada una de ellas, una prueba mortal. Para sorprender al espectador ya sólo encontramos, conocido Jigsaw, dos elementos: el diseño de estas pruebas y un desenlace que intenta resultar original, un desenlace con una vuelta de tuerca que intenta ser impactante. El caso es que ambas propuestas de sorpresa se quedan a medias tintas. Ninguna de las pruebas es imaginativa: son simples y desaprovechados vehículos destinados a provocar el sadismo como se provoca un vómito, sadismo que se muestra todavía más crudo y sucio que el de “Saw” (alcanzando ya el puro gore) pero que no por ello logra sorprender en absoluto ni tornarse un elemento de interés. El desenlace también es fallido: puede resultar en un principio sorprendente, pero en realidad no lo es en absoluto. Lo único que hace es dar una vuelta de tuerca que se veía venir desde la mitad del filme y que ya la hemos visto miles de veces (los que han visto la película saben de qué hablo) y colocarla en un lugar que desata sentimientos respecto a la primera entrega y que une ambas tramas. Nada más. Por otra parte, los personajes, desaprovechados, son planísimos y se mueven según los más elementales tópicos. “Saw II” ofrece un resultado horrible en todos los aspectos, resultado que se ve aún enturbiado por una trama que acaba degenerando en una interminable sucesión de persecuciones por pasillos oscuros y que además está narrada utilizando un montaje videoclipero insufrible por su agotadora y zafia acumulación de imágenes. ¿Algo peor? “Saw III” y todo lo que queda por delante. Mañana.

martes, 25 de mayo de 2010

SPIDERMAN III de Sam Raimi – 2007 – (“Spiderman III”)


Spiderman ha llegado a ser un gran héroe en la ciudad y a Peter Parker las cosas le van mejor que nunca. Sin embargo, no le ocurre lo mismo a su novia Mary Jane… Parker además va a verse las caras con dos nuevos enemigos: el nuevo Duende Verde, que además es su mejor amigo, Harry, y el poderoso Hombre de Arena. Pero hay algo más: un extraño ser ha poseído su traje y lo ha vuelto de color negro. Spiderman va a tener que enfrentarse también a sí mismo y al terrible secreto que su nuevo uniforme esconde…

En la horripilante bazofia que es “Spiderman III”, la última entrega de las aventuras del Hombre Araña hasta este momento, vuelve a repetir Sam Raimi en la dirección y Tobey Maguire y Kirsten Dunst en los papeles principales y, tras el anuncio por parte del mencionado director y del reparto del filme, en su día, del entonces futuro desarrollo de una trama más seria centrada en la lucha interior del superhéroe, nadie pudo dejar de sorprenderse cuando la película de marras llegó a las salas hace ya tres años: ¿Dónde está esta seriedad? ¿Dónde está esta lucha interior? Si “Spiderman” y “Spiderman II” resultaban fallidas por infantiles, esta tercera parte ya no es sólo infantil, sino que además es ridícula y estúpida. La historia narra cómo Peter Parker se enfrenta su lado oscuro y a tres nuevos villanos: el nuevo Duende Verde (su amigo Harry), el Hombre de Arena y Venom, cuya aparición parece que no estaba inicialmente prevista pero que según rumores fue forzada por los productores de la cinta por si no llega nunca a rodarse una cuarta entrega (al parecer, la cuarta "entrega" va a ser un reinicio de la saga -sí, la saga no tiene ni diez años, pero ya va a reiniciarse... así es este Hollywood de hoy-). En dos horas y media insufribles se van sucediendo estos enfrentamientos que desembocan en un espectacular pero burdo clímax que se nota completamente improvisado. El ritmo de la trama está mal llevado, con poco equilibrio entre las escenas de acción y las que no lo son. Además, su motor está cimientado casi exclusivamente en constantes y tontísimas casualidades. Por si fuera poco, está encima llena de lagunas argumentales y hechos inverosímiles que la lastran aún más si cabe: no se explica absolutamente nada sobre Venom –se da por hecho que los espectadores ya conocen su historia y no se dice nada sobre ella, un error de bulto-, el Hombre de Arena hace cosas sin sentido y revive a los pocos días de haber supuestamente muerto, a Harry le da de lleno una de sus bombas y sólo le desfigura una parte de la cara, una fotografía burdamente trucada del Spiderman del traje negro se hace famosa sin que nadie se percate de su clarísima falsedad…. Y así otras tantas chorradas incoherentes. Sin embargo, lo peor de la película son sus personajes, los más planos y absurdos de toda la saga. Peter Parker está peor desarrollado que nunca, y su “parte oscura” es de auténtico chiste: para Raimi mostrar esta parte sombría del héroe consiste en despeinarlo, pintarle ojeras, volverlo un gamberrete y ponerlo a bailar por las calles, a provocar a tías macizas y a decir frases como “me gusta ser malo”. De auténtica y dolorosa vergüenza ajena. Pero llega el turno de los villanos y todo sigue hundiéndose: el Duende Verde ya no es un duende, sino un simple niñato armado con tecnología punta (ni tiene máscara ni tiene conflicto interior ni tiene posesión ni tiene doble personalidad), el Hombre de Arena está insertado en la historia con calzador y cambia de bando constántemente sin mucha coherencia (el antagonista más anodino de todos los de Raimi) y Venom es simplemente patético: sólo tiene protagonismo en la media hora final y el simbionte que lo trae a la Tierra aparece de casualidad precisamente junto a Spiderman ¡Pero que casualidad!. Por si fuera poco, aparece también, interpretada por Bryce Dallas Howard, Gwen Stacy, la primera novia de Parker que en los comics moría a manos del primer Duende Verde en un papel idiota que nada tiene que ver con el de su personaje original y que instaura el triángulo amoroso más pueril que he visto en mucho tiempo. Por supuesto, también tenemos una gran bandera americana colocada de manera gratuita, como ya la tuvimos en el primer “Spiderman”. Lo dicho: una porquería de cierre de trilogía. Por una parte, me alegra que Raimi deje la saga. Por otra, tengo miedo de su hasta este momento anunciado reinicio (aparte de verlo completamente innecesario en estos momentos).

domingo, 2 de mayo de 2010

MAD MAX III. MÁS ALLÁ DE LA CÚPULA DEL TRUENO de George Miller – 1985 – (“Mad Max III. Beyond Thunderdome”)


Mad Max llega, en busca del vehículo que le han robado, a Negociudad, un lugar en el que se pretende levantar la civilización humana reviviendo el comercio reglado pero que está corrupto hasta los cimientos. Allí, dos gobernadores luchan por el control: la bella Aunty Entity, que posee la parte alta de la ciudad, y el poderoso Maestro Golpeador, que posee los recursos energéticos. Mad Max es contratado por la primera para derrotar al segundo. Sin embargo, hay algo más oculto en las intenciones de su atractiva anfitriona…

La tercera y hasta ahora última entrega de las aventuras de Mad Max fue, al amparo del gran éxito de “Mad Max II. El guerrero de la carretera”, una nueva superproducción rodada ahora con capital tanto de Australia como de los USA. Por desgracia, y como suele ocurrir tantas veces, una mayor cantidad de dinero sólo sirvió para que la saga acabase con el nivel por los suelos. Una sola cosa merece la pena de “Mad Max III. Más allá de la Cúpula del Trueno”: sus escenarios y su atmósfera. Y es que no hay que negar que (gracias al mencionado mayor presupuesto) el ambiente post-apocalíptico de resonancias punk de la segunda entrega se mantiene e incluso aparece notablemente mejorado en todos sus aspectos. Hay que destacar, en especial, la ciudad que se construyó para el filme y la Cúpula del Trueno que en ella se encuentra, ambas realmente opresivas, y los vehículos y vestidos que sus moradores llevan. Los efectos especiales también presentan más calidad, lo cual es obvio por el superior desembolso económico efectuado en la cinta. Sin embargo, ahí se queda todo. George Miller naufraga completamente al llevar a las salas una película anodina que ha perdido ya casi por completo toda la violencia de la que hacían gala sus dos anteriores entregas (ni siquiera la lucha en la mencionada Cúpula del Trueno logra estremecer) y que aparece en todo momento claramente orientada al público familiar. En “Mad Max III” Mel Gibson, ya en lo más alto de la fama, vuelve a dar vida al protagonista, pero en un registro mucho menos duro, más ingenuo y menos desencantado. La trama presenta más alicientes que las de sus antecesoras, pero está tan mal planteada y desarrollada, tan pésimamente hilvanada y tan llena de lagunas que no sólo no logra implicar al espectador en ningún momento, sino que le sumerge en el sopor a la media hora de metraje. Por otra parte, los personajes son los más planos de la saga (no es que los otros fueran un dechado de hondura, pero cumplían su misión de comparsa del principal sin resultar tan increíblemente vacíos), los diálogos son absurdos y ridículos y a veces directamente están fuera de lugar y las escenas de humor, bastante más numerosas que en la segunda parte, resultan irritantes (mientras que otras que pretenden ser dramáticas desatan la risa –la más tristemente recordada: el combate contra el Maestro Golpeador-). La trama se divide en dos partes: una de aventuras bastante olvidables por su poca inventiva y otra en la que presenciamos la clásica persecución con coches, motos, camiones y aparatos voladores que no puede faltar en la saga y que está muy lejos de la garra y del pulso que tenían las de “Mad Max” y “Mad Max II”. Por último, hay que señalar que Tina Turner , que también se encargó del tema principal del filme “We don’t need another hero”, está verdaderamente horripilante como la villana de turno. “Mad Max III” resultó ser, en líneas generales, la película más odiada por los amantes de la saga, que terminó con ella... Hasta ahora, que parece que volverá de nuevo de la mano de George Miller. ¿Qué encontraremos?

domingo, 18 de abril de 2010

RAMBO III de Peter McDonald – 1988 – (“Rambo III”)


El Coronel Trautman ha sido hecho prisionero por los rusos en Afganistán, a donde había acudido para suministrar armas a los rebeldes muyahidines. John Rambo, que ahora vive retirado en Tailandia, se infiltra en este país para rescatarle y unirse a los luchadores por la libertad.

El inglés Peter McDonald es un mediocre e impersonal director de cine familiar sin ninguna obra destacada. Su filmografía, con muchas bazofias y algunas secuelas de sagas devaluadas, se compone de la película de acción “Rambo III”, de la comedia “Más pelas”, de la fantástica de aventuras “La Historia Interminable III”, de la nueva película de acción “Soldado de fortuna” y de la nueva comedia “Las aventuras de Super Dave”.

“Rambo III”, considerada la película más violenta de su año, es uno de los más grandes bodrios del cine de acción de la historia, bodrio que está por encima incluso de su ya horripilante anterior entrega. La trama es básicamente la misma, aunque cambia su localización: Rambo y su inseparable Coronel Trautman abandonan las selvas vietnamitas y viajan ahora a la desértica Afganistán para combatir a favor de los oprimidos contra... Adivinen. Claro está: los rusos. Es tremendamente irónico enfrentarse hoy en día a una película con la trama de “Rambo III”: el afgano es un pueblo oprimido, denigrado y marginado pero bondadoso, valiente y luchador que jamás se rinde ante sus enemigos y que da un culto exacerbado al honor, sentimiento que comparten con los mencionados Rambo y Trautman, norteamericanos que se unen a ellos para ayudarles a conseguir su libertad. La Historia da muchas pero que muchas vueltas, y cintas como ésta, de alguna manera, quedan como testimonio (provoquen o no la risa o la indignación en nuestros días) de toda una época y de su visión a través de los ojos del peor Hollywood. Se imaginan lo que contiene “Rambo III”: mucha demagogia (y además barata y simplona), mucho maniqueísmo (como su antecesora), otro mensaje patriotero trasnochado y una exaltación del ejército y de la maravillosa y altruista vida militar y de los Estados Unidos como protectores de la paz y de la justicia mundiales. El resto es acción frenética, bastante aburrida por cierto, cargada de espectacularidad y de brutalidad. Si “Rambo. Acorralado II”, a pesar de ser un notable bodrio argumentalmente hablando, podía por lo menos entretener (si uno era capaz de dejar de lado sus horrendos mensajes), “Rambo III” no logra ni eso: como he comentado, sus escenas de acción son aburridas y en general vulgares y faltas de imaginación y atractivo. Pirotécnica desaforada y poco más es lo que puede ofrecer. “Rambo III” está dedicada al pueblo de Afganistán (es cierto) y es la entrega de las aventuras del mítico personaje de Sylvester Stallone que menos ha recaudado en los USA. Veinte años después llegó a las salas su continuación: “John Rambo”, dirigida por el mismo Stallone.

RAMBO. ACORRALADO II de George Pan Cosmatos – 1985 – (“Rambo. First Blood II”)


John Rambo recibe de su amigo el Coronel Trautman la oferta de trabajar en una misión que podrá librarle de su pena de prisión: volver a Vietnam para investigar sobre el terreno y comprobar si todavía quedan en el país prisioneros de guerra. Únicamente tendrá que hacer una cosa: fotos de los lugares en los que se infiltre. Rambo acepta y en la selva conoce a Co Bao, una chica guerrera a la que se une. Algo sale mal sin embargo y ambos se encuentran atrapados y rodeados por vietnamitas y rusos. Sólo les queda una salida: luchar.

El italiano George Pan Cosmatos es un irregular director de obras de variados géneros sin una personalidad asentada. Su carrera se mueve entre títulos solventes y horripilantes bazofias y entre grandes éxitos comerciales y tremendos fracasos. Muchas de sus primeras creaciones resultaron ser interesantes propuestas. Su filmografía fue perdiendo calidad con el paso de los años (aunque de vez en cuando, como ocurrió con la buena “Tombstone”, ha levantado ligeramente el vuelo). Se compone del filme bélico “Muerte en Roma”, del buen thriller “El Puente de Cassandra”, del nuevo bélico de acción “Evasión en Atenea”, el filme de terror “De orígen desconocido”, de los horrendos filmes de acción “Rambo. Acorralado II” y “Cobra”, del nuevo filme de terror “Leviathan”, del western “Tombstone” y del nuevo thriller “Conspiración en la sombra”.

Con “Rambo. Acorralado II” la esencia del soldado desheredado, hastiado y atormentado de “Acorralado” se pierde durante más de veinte años (hasta la llegada de “John Rambo”) para dejar paso a un bochornoso personaje ultrapatriótico y trasnochado que ha vuelto al campo de batalla y que lucha contra vietnamitas y rusos malísimos. Stallone vuelve a darle vida, aunque ahora retorna como he dicho a Vietnam, en donde ha de rescatar a un grupo de prisioneros, enfrentarse a los mencionados vietnamitas y rusos y, además, parar los pies a los militares norteamericanos corruptos que le han enviado a luchar de nuevo. El argumento del filme es éste, y su desarrollo es una mera excusa para desatar una interminable cascada de violentas escenas de acción y, de camino, hacer una exaltación del patriotismo y del orgullo militar de Rambo y de su amigo el Coronel Trautman, dos guerreros íntegros que no se venden a nadie y que nunca se rinden. La película está claramente destinada a “redimir” de alguna forma el desastre estadounidense en Vietnam. Queda bien claro que esa guerra fue un error y un fracaso, pero ni se deja de diabolizar a los mencionados vietnamitas y rusos (los villanos de esta entrega son tan tópicos y estereotipados que dan risa) ni se deja de glorificar al ejército, que realiza un papel de total salvador de la paz, cosa que no venía nada mal en la Guerra Fría. Por otro lado, queda bien visible el hecho de que los norteamericanos lo hicieron muy mal en este país oriental pero igualmente se deja claro que los rusos lo hacen mil veces peor. “Rambo. Acorralado II” únicamente puede ser disfrutable de una manera: centrándose en el entretenimiento que ofrecen sus escenas de acción, frenéticas, espectaculares por todo lo alto y ya totalmente inverosímiles muchísimas de ellas. Claro que, por lo menos desde mi punto de vista, aunque el cine de acción sea un género en el que prime precisamente la acción (valga la redundancia), creo que la sola calidad de esta acción no es suficiente para levantar a toda una película con una terrible y por momentos hasta cómica (de manera involuntaria) trama. Fue una lástima que se perdiese al John Rambo outsider de “Acorralado”, pero todavía fue más triste el hecho de que el John Rambo de esta película y de la posterior y aún más horrenda “Rambo III” se instalase en la memoria colectiva de tal manera que el original fuese casi olvidado. “Rambo. Acorralado II” fue otro de los más grandes éxitos comerciales de su década y, en su año, se llevó cuatro Razzies (Peor película, Peor actor protagonista, Peor guión –para el propio Stallone y para un James Cameron no muy lúcido en esos momentos- y Peor canción –“Peace in our life”-).

domingo, 28 de marzo de 2010

LA MOMIA. LA TUMBA DEL EMPERADOR DRAGÓN de Rob Cohen – 2008 – (“The Mummy. Tomb of The Dragon Emperor”)


Alex O’Connell se ha convertido, como sus padres, en un gran descubridor de secretos de la antigüedad. Su último gran hallazgo ha sido la momia del Emperador Dragón, un guerrero despiadado que intentó en el pasado sumir a toda China en el terror. Cuando Rick y Evelyn acuden al país para transportar una piedra preciosa milenaria, algo terrible ocurre: el Emperador Dragón vuelve a la vida para resucitar a su ejército de soldados de terracota y cumplir su viejo sueño. La familia O’Connell va a tener que pararle los pies a una nueva momia… Con unos nuevos aliados: Lin y Zi Yuan, dos misteriosas mujeres que vigilan al Emperador desde hace siglos para que no alcance sus malévolos objetivos.

El estadounidense Rob Cohen es un mediocre director sin personalidad que, en algunas ocasiones, ha entregado solventes productos artesanales y, en otras, grandes mediocridades o directas bazofias. Su filmografía, variada, se compone del biopic de Bruce Lee “Dragon. The Bruce Lee Story”, de la película de aventuras “Dragonheart”, de la película de catástrofes “Daylight”, del thriller “The Skulls”, de las películas de acción “The Fast and The Furious”, “XXX” y “Stealth: La Amenaza Invisible” y de la nueva película de aventuras “La Momia. La Tumba del Emperador Dragón”.

Seis años después de “El Regreso de La Momia” y cinco de “El Rey Escorpión”, llegó a las salas con el objetivo de aprovechar el tirón aventurero de “Indiana Jones y El Reino de la Calavera de Cristal” la tercera entrega de la saga de “La Momia”, subtitulada “La Tumba del Emperador Dragón”. Cambió el director (Stephen Sommers fue relevado por Rob Cohen), cambiaron las localizaciones (de Egipto se pasó a China) y cambió una parte del reparto (Maria Bello sustituyó a Rachel Weisz como Evelyn y Oded Fehr ya no apareció porque tampoco pintaba demasiado en la nueva historia). Y, como era de esperar, esta tercera entrega de las aventuras de los O’Connell fue no sólo la peor entrega de la hasta ahora trilogía de “La Momia”, sino, además, una de las peores películas del año 2008. Si “El Regreso de La Momia” era ya una cinta bastante estúpida y hasta vergonzante, “La Momia. La Tumba del Emperador Dragón” es un despropósito en toda regla. La familia O’Connell ha de viajar a China para enfrentarse a una nueva momia a la que da vida Jet Li, la momia de un emperador que quiso dominar el mundo y que quiere resucitar a su ejército de soldados de terracota. La acción está servida, pero acción vulgar y hasta ridícula. Rob Cohen rueda sin imaginación y sin inventiva una trama que no sólo es insulsa y predecible, sino que además está plagada de idioteces y de hechos forzados (desde ataques de yetis guardaespaldas a inmortalidades que se pierden y se ganan al tun tun pasando por las transformaciones absurdas e inútiles del Emperador Dragón –el demonio terrestre indefinido de la batalla final se lleva la palma-). Los personajes, para colmo, han perdido todo el carisma que tenían: Rick y Evelyn se amoldan a todos los tópicos de la familia feliz pero sin aportarles gracia ninguna (la gracia de la que Brendan Fraser hacía gala en “La Momia” se ha perdido por completo y Maria Bello está bastante sosa en líneas generales), Jet Li es totalmente inexpresivo y como villano no aporta sensación de maldad ninguna (y además, siendo todopoderoso, deja que le venzan de mala manera), John Hannah es directamente insufrible como secundario cómico, Luke Ford es insulso como hijo de los O’Connell y lo mismo se puede decir de Michelle Yeoh y de Isabella Leong como “guardianas de las momias” (un trasunto de la función que hacía Oded Fehr en las anteriores entregas). Por si fuera poco, la película goza de unos diálogos verdaderamente penosos y de un humor despreciable basado en hacer “chistes” sobre momias constantemente (un ejemplo extraído de la boquita del personaje de Jonathan: “Odio a las momias: nunca juegan limpio”. Sin comentarios). “La Momia. La Tumba del Emperador Dragón” es un insulto al cine de aventuras y a sus fans, insulto que ya termina el trabajo que comenzó “El Regreso de La Momia”: cargarse vilmente una saga moderna que empezó de manera inmejorable (otra que va a la saca de “Matrix” y de “Piratas del Caribe”). Lo peor es que muy posiblemente tengamos una cuarta entrega con momia incaica incluida: se deja un desenlace abierto que lo da a entender.

EL REGRESO DE LA MOMIA de Stephen Sommers - 2001 – (“The Mummy Returns”)


Diez años después de que Rick y Evelyn acabasen con la maldición de Imhotep, ambos llevan una vida tranquila en Londres con su hijo pequeño, Alex. Ellos no lo saben, pero están a punto de volver a enfrentarse a su viejo enemigo... Ank-Su-Namun, su ancestral amada, tiene planes para, una vez más, devolverle la vida. Pero no sólo Imhotep entra en sus planes de resurrección: también quiere revivir al legendario Rey Escorpión, un guerrero maldito que vendió su alma al dios Anubis y que tiene un poder inimaginable. La familia O’Connell al completo va a tener que volver a unirse a Ardeth Bay para pararle los pies a las momias, que han regresado.

Tras el enorme éxito de “La Momia”, no tardó mucho en llegar a las salas su esperada secuela, “El Regreso de La Momia”, en la que todo el equipo principal de la primera parte repetía (tanto director como elenco actoral) para entregar, por desgracia, una terrible bazofia que poco tenía que ver con aquel desprejuiciado y divertidísimo homenaje a la obra homónima de Karl Freund, al cine de aventuras y fantástico clásico y de serie B y a la entonces trilogía de Indiana Jones. “El Regreso de La Momia” vuelve a ser una película de aventuras sin pretensiones en la que los personajes de la primera entrega junto a algunas nuevas adquisiciones se enfrentan una vez más al otra vez resucitado Imhotep y a un nuevo enemigo, El Rey Escorpión (interpretado por el luchador profesional The Rock, que a partir de aquí se lanzaría hacia una fructífera carrera como intérprete en Hollywood). El problema y el lastre de esta secuela radica, principalmente, en la arriba mencionada falta de pretensiones. Y es que, inexplicablemente, se dedica Stephen Sommers, anclándose en ella, a hacer de la trama de su nuevo filme un aberrante e inconexo batiburrillo en el que todo vale para incluir una escena de acción más y un giro argumental “más sorprendente”, giro argumental que casi siempre resulta ser absurdo. Una cosa es rodar una película cachonda, delirante, paródica y totalmente desprejuiciada (como lo eran “La Momia”, “Indiana Jones y el Templo Maldito” o “Piratas del Caribe: La Maldición de la Perla Negra”), y otra rodar un popurrí sin sentido ninguno de hechos y situaciones en el que de Londres se pasa al desierto y del desierto a una selva poblada por momias enanas y en el que nadie se aclara con las resurrecciones y las muertes y las maldiciones cada vez más rebuscadas que van surgiendo al tuntún. Para colmo, en este popurrí los personajes están mal desarrollados. El Rey Escorpión aporta muy poco a la trama salvo un combate final mediocre, la familia O’Connell e Imhotep y su amada han perdido mucho carisma y, siendo los protagonistas, tampoco aportan mucho salvo una idiota historia de amor y de odio ancestral de la que en “La Momia” no se dijo nada de nada. Porque resulta que los O’Connell y los egipcios de marras están unidos por un pasado milenario común que Sommers se saca de la manga y que es, sin ninguna duda, el elemento más chorra, tonto y gratuito de la película (de vergüenza ajena los flashbacks de las luchas a muerte entre concubinas en el Antiguo Egipto). Por si fuese poco, el hijo pequeño de Rick y Evelyn no sólo no funciona como secundario cómico, sino que resulta verdaderamente despreciable, ridículo e irritante, al igual que el personaje de John Hannah, ya totalmente desquiciado. Tampoco se salva demasiado el de Oded Fehr, que se empantana en intentar, sin éxito, poner un orden en el argumento tontorrón de esta cosa. Hay que sumar que la trama de “El Regreso de La Momia”, además de ser enrevesada, no tiene ritmo ninguno, ya que apenas existe descanso entre las escenas de misterio (casi inexistentes) y las de acción, que son tan inagotables y que han perdido tanta inventiva que llegan a ser soporíferas. Los efectos especiales, para colmo, han empeorado (El Rey Escorpión parece sacado de un mal videojuego). Es una verdadera lástima que el propio Stephen Sommers sea incapaz de repetir película (algo que no era tan difícil). “El Regreso de La Momia” sí que repitió sin embargo recaudación en taquilla, lo que propició una cinta sobre su nuevo villano llamada “El Rey Escorpión” dirigida por Chuck Russell, la cual me abstengo de comentar dado su grado de patetismo (suelo comentar las sagas completas a pesar de lo terribles que puedan ser, pero esta película no aporta nada a las dos primeras entregas de “La Momia” y para colmo es un enorme despropósito). Mañana: “La Momia. La Tumba del Emperador Dragón”, la cual es todavía peor que “El Regreso de La Momia”.

domingo, 21 de marzo de 2010

LA CUARTA FASE de Olatunde Osunsanmi – 2009 – (“The Fourth Kind ”)


La psicóloga Abbey Tyler, de una pequeña ciudad de Alaska, está registrando en todos sus pacientes unos mismos y extraños síntomas: todos aseguran despertarse a altas horas de la madrugada y ver, antes de acostarse, una lechuza blanca en sus ventanas, tras lo que experimentan extraños sueños que les dejan, al día siguiente, destrozados física y moralmente. Sin embargo, no pueden identificar estos sueños. Abbey decide investigar qué es lo que ocurre... Y descubre algo terrible y oscuro que llega presente en la ciudad desde hace muchos años.

Olatunde Osunsanmi ha dirigido hasta ahora las películas "Pesadilla en la caverna" y "La cuarta fase".

Utilizando la ya manida técnica del "documental de ficción que simula un documental real" (por llamarla de alguna manera) que tan buenos y tan malos efectos ha tenido en todos los géneros y especialmente en el del terror, llega a las salas "La cuarta fase", la cual me ha parecido un soberano bodrio, al contrario de lo que me pareció la también aparecida recientemente en los cines "Paranormal Activity" (comentada en este blog). Y me ha parecido un soberano bodrio especialmente porque, al contrario que filmes como, por poner varios ejemplos, "Holocausto Caníbal", "El Proyecto de la Bruja de Blair", "Monstruoso", "REC" o la misma "Paranormal Activity", "La cuarta fase" es estéticamente cargante a más no poder, tanto que termina desde su primer momento con toda la sensación de "documental real" que intenta transmitir. Los golpes de efecto son irreales y están además injustificados (lo que en filmes como "Monstruoso" o "REC" no lo están debido a la aparición física en la trama de "monstruos" de algún tipo que en esta cinta no tiene lugar), las entrevistas supuestamente "verdaderas" parecen sacadas de un programa de televisión cutre de hechos paranormales, el maquillaje es ridículo y produce vergüenza ajena (por favor, ¿quién se va a creer al personaje de la supuestamente psicóloga real, que parece Morticia Adams?) y hasta los títulos de crédito aplastan todo intento de sensación de realidad con tanto barroquismo gratuíto. A esto hay que sumarle que la historia que "La cuarta fase" narra es muy predecible (y además no llega a ninguna parte) y que el sentido de la sugerencia del director, imprescindible para hacer buen cine de terror, está atrofiadísimo (apenas dos escenas de posesiones se salvan de la quema, y encima están empañadas de efectismo barato). Por otro lado, las actuaciones no dicen mucho (Milla Jovovich, que últimamente parece prodigarse casi exclusivamente en bodrios como la saga de "Resident Evil" o "Ultravioleta", no se cree su papel en ningún momento). "La cuarta fase" es el ejemplo perfecto de lo que no debe ser un buen filme de terror de aura documental.

lunes, 8 de marzo de 2010

CONAN, EL DESTRUCTOR de Richard Fleischer – 1984 – (“Conan, The Destroyer”)


La poderosa reina Taramis, después de mucho buscar por el mundo, logra encontrar al legendario bárbaro Conan, al que propone un pacto. El cimmerio ha de robar para ella un misterioso cuerno que se encuentra escondido en la fortaleza maldita de Toth Amon. Taramis, a cambio, le devolverá la vida a su amada Valeria, asesinada por Thulsa Doom. Conan parte al oscuro castillo acompañado de un grupo de grandes guerreros y de su compañero de andanzas Akiro, narrador de sus gestas. Pronto se percatan todos de que algo no funciona en el trato que han hecho con Taramis… Detrás del robo del cuerno hay un plan oscuro; dicho cuerno tiene el poder de resucitar al malvado dios Dagoth, que según las leyendas puede destruir el mundo entero.

Aunque ahora es un gran clásico del cine de aventuras, “Conan, el Bárbaro” no gozó de todo el éxito del que en su momento se esperaba que gozara, aunque tampoco fuera un fracaso. Aun así, Arnold Schwarzenegger tenía un contrato para rodar la prevista secuela y volvió a interpretar al bárbaro de Robert E. Howard. John Milius fue sustituído tras la cámara, y por nada más y nada menos que por el gran Richard Fleischer. Este hecho alimentó unas expectativas que desgraciadamente no se cumplieron. Richard Fleischer, del que ya comenté la inolvidable “Los vikingos”, fue uno de los grandes directores todoterreno de la historia del cine, autor de obras imprescindibles como la mencionada “Los vikingos”, “20.000 leguas de viaje submarino”, “El príncipe y el mendigo”, “Barrabás”, “El extrangulador de Boston”, “El extrangulador de Rillington Place”, “Tora, Tora, Tora”, “Un viaje alucinante”… Fue uno de los mejores directores de cine de aventuras de todos los tiempos, aunque muchos se negaran a aceptarlo. Eso sí, “Conan, el Destructor” le pilló en horas bajas y en plena decadencia artística y hasta comercial, poco antes de abandonar, consecuentemente, su gloriosa carrera cinematográfica viendo que ya había hecho todo lo que tenía que hacer. La hasta ahora única secuela de las aventuras cinematográficas del famoso bárbaro de Robert E. Howard es una de las películas fantásticas de acción más desastrosas, ridículas y nefastas de los años ochenta, además de una de las que peor han envejecido (y miren que hay para elegir…). No fue, de todas formas, toda la culpa de Fleischer. El guión del filme tal vez fuera el máximo culpable: ni Milius ni Stone estuvieron implicados en él, sino Stanley Mann, que hizo un trabajo despreciable. Basándose en retazos de las aventuras del héroe en los relatos y las viñetas, como se hizo en la primera parte, delineó una trama lineal, simplona y anodina hasta decir basta, predecible desde el primer momento, llena de diálogos de vergüenza y poblada de personajes mal desarrollados o directamente sin desarrollar. Conan es gracias a esto mucho menos “profundo” y mucho menos carismático: Schwarzenegger no lo hace mal ni bien; dejémoslo en que “lo hace”, porque el personaje que interpreta da para muy poquito. El toque de antihéroe que tenía en “Conan, el Bárbaro” se ha perdido, así como los momentos en los que hacía gala de su humor bárbaro y brutal. Lucha por resucitar a su amada Valeria, fallecida en la primera parte, pero parece realmente que no le importa que siga muerta. Es indignante, pero no pasa de ser un bruto sin cerebro, un personaje plano como pocos, tan plano como cualquiera de los del grupo de aventureros que se le une: pueden resultar atractivos, pero no aportan casi nada a la trama. Además, el genial Subotai, el gran amigo inseparable del héroe, no aparece sin razón alguna en esta entrega, mientras que Akiro, el místico narrador de las gestas de Conan interpretado por Mako (ya lo hizo también en la primera parte) es ahora el típico secundario cómico irritante y sin gracia ninguna que dan ganas de matar a las primeras de cambio. Las escenas de acción tampoco ayudan: están construídas y rodadas de manera mediocre y aburren. Los efectos especiales cumplen con su cometido, aunque por momentos resultan realmente cutres, y el ambiente, con muchos elementos de la serie B, como el anterior, no está mal retratado pero tampoco destaca: mantiene el áura fantástica decadente con elementos eróticos propia de la saga, aunque la infantiliza bastante con respecto a la de la anterior cinta con decorados más suntuosos y menos oscuros. Básicamente “Conan, el Destructor” es un desastre de película, un terrible despropósito que, viniendo de un director como Fleischer, duele de verdad. De pena. No dio pie a una tercera entrega de la saga, aunque los rumores han surgido ahora y ponen a Milius de nuevo como su director (Fleischer murió hace muy poco). Pero no hay que fiarse de esto.

domingo, 7 de febrero de 2010

ROCKY IV de Sylvester Stallone – 1985 – (“Rocky IV”)


Un nuevo boxeador venido desde la Unión Soviética ha hecho acto de presencia. Se llama Iván Drago, y es una máquina de luchar perfecta y brutal. Apollo Creed, el amigo y viejo rival de Rocky Balboa, lo desafía en un gran combate en el que pretende demostrar al mundo y a sí mismo que todavía es uno de los mejores. Pero la tragedia se desata inesperadamente: Iván Drago le da una paliza tan inmisericorde que acaba matándolo. Rocky, en su memoria, decide enfrentarse a él… En su propia tierra, Rusia.

Tres años después de “Rocky III” llega a las salas “Rocky IV”, la entrega más publicitada y taquillera de toda la saga y, sin ninguna duda, también la peor con diferencia. “Rocky IV” es una de las películas patrioteras más ridículas y despreciables de toda la historia del cine. Su estructura interna es extremadamente simple y lineal: Rocky y Apollo están pensando en retirarse porque su tiempo como grandes boxeadores está a punto de terminar. Sin embargo, Apollo se resiste a ello y se enfrenta a Iván Drago, un brutal y despiadado combatiente ruso que le asesina a golpes, personaje al que da vida Dolph Lundgren, mediocre y “mítico” actorcillo de los ochenta que iba a hacerse brevemente famoso con películas como la que comento, “Masters del Universo” o “Soldado Universal”. Tras la traumática muerte de su amigo y rival, Rocky decide desafiar a Drago por su memoria y por sí mismo. Y por supuesto, tras un durísimo entrenamiento en las heladas profundidades de Rusia, le gana. Con este argumento, la película podría haber sido como “Rocky III”, una cinta que no sale de mediocre pero que tampoco deja de divertir (de hecho, “Rocky IV” es básicamente distraída y amena). Pero no, va más allá, mucho más allá (para peor, claro). La cuarta entrega de las aventuras de Rocky viene en la línea de todas esas películas patrioteras que arrasaron en las salas en aquellas fechas en las que la Guerra Fría estaba a punto de terminar. Se nota muchísimo la influencia en Stallone, que vuelve a dirigir esta entrega, de películas que él también protagonizó como “Rambo II” y de otras que iba a protagonizar como la que le seguiría, “Rambo III”. Sinceramente, si yo fuera ruso, me habría sentido terriblemente insultado tras ver una película como “Rocky IV”. Iván Drago, el luchador venido de la Unión Soviética, es un puro tópico que roza el surrealismo: es helado y distante como un robot, y es tan plano como personaje que lo único para lo que vive es para luchar. Es, además, tan despiadado, sanguinario e inhumano, que asesina a golpes a sus competidores y hasta les anuncia que piensa matarlos. Su mujer es una especie de Marlene Dietrich soviética; otro topicazo de mujer nórdica fría y calculadora. El resto de los rusos que aparecen en el filme son hombres y mujeres tristes, militares hieráticos o altos cargos calculadores. Por momentos inclsuo se les llega a tachar de asesinos (en palabras de Paulie, el cuñado de Rocky, durante la rueda de prensa). Esta imagen contrasta con la de unos USA alegres y festivos donde todo es posible. El demagógico discurso final de Rocky, a lo Chaplin en “El gran dictador”, es de pura risa o de puro llanto, al igual que el hecho de que los espectadores rusos le animen frente a Drago en el combate, lo que deja a los norteamericanos en el pleno papel de salvadores de los oprimidos. Sólo destaco dos cosas de “Rocky IV”, la terrible muerte de Apollo, muy bien llevada (a pesar del estúpido espectáculo circense que monta antes de luchar) y el combate de Rocky contra Iván Drago, el más espectacular, brutal y violento de toda la saga.

lunes, 11 de enero de 2010

RAZA de José Luis Sáenz de Heredia – 1941 - (“Raza”)


En España ha estallado la Guerra Civil y las vidas de tres hermanos de una honorable familia gallega, los Churruca, están a punto de separarse: José es militar, Jaime es sacerdote y Pedro es diputado republicano. José y Pedro, ante la contienda, toman partido por un bando distinto y entre ellos estalla la hostilidad y el odio. Mientras, las calles y los campos se llenan de muerte y de destrucción.

José Luis Sáenz de Heredia fue el cineasta español más famoso del régimen franquista. Luchó durante la Guerra Civil en el bando del futuro dictador Francisco Franco, donde llegó a ascender hasta teniente. Al terminar la contienda, fue colocado al frente de la producción del Departamento Nacional de Cinematografía. En este seno, rodó noticiarios de propaganda, cortometrajes y documentales religiosos y obras de evasión amables que, en ocasiones, ensalzaban los valores de la España franquista. Fue elegido en 1959 director del Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas. Su estilo es clásico, academicista en muchas ocasiones y de una narrativa fluida y muy efectiva. Bebe en muchas de sus obras del cine norteamericano clásico, tanto en el mencionado estilo como en los temas que desarrolla, basados en géneros de esta cultura que adapta a la idiosincrasia española. Rodó comedias, musicales, cintas negras, bélicas, religiosas e históricas, dramas, películas de zarzuelas y documentales. A pesar de estar a la disposición del caudillo, Sáenz de Heredia intentó en más de una ocasión desmarcarse de la tendencia que le exigían y rodar obras dignas y personales alejadas de la política. Para ello recurrió, en muchos casos, a las adaptaciones literarias. Lo mejor de su carrera está en estas cintas: “El escándalo”, “Mariona Rebull”, “Las aguas bajan turbias” y “Don Juan”, además de la obra negra “Los ojos dejan huellas” y las comedias “Faustina”, “Historias de la radio” e “Historias de la televisión”. Por desgracia, no abundaron en su filmografía las obras de esta “tendencia independiente”, y Sáenz de Heredia acabó prácticamente dedicado al campo de las obras puramente comerciales, colaboracionistas o no. En sus últimos tiempos su carrera se tornó realmente nefasta (dirigiendo comedias como las de Concha Velasco y Manolo Escobar o las de Paco Martínez Soria) y, en 1974, abandonó las cámaras. Su filmografía se completa con “Patricio miró a una estrella”, “La hija de Juan Simón”, “¿Quién me quiere a mi?”, “Via Crucis del Señor por tierras de España”, la comentada “Raza”, “La mies es mucha”, “Bambú”, “La verbena de la Paloma”, “Fray Torero”, “Pero… ¡en qué país vivimos!”, “Relaciones casi públicas”, “Juicio de faldas”, “Me debes un muerto”, “¡Se armó el Belén!”, “Don Erre que Erre”, “Cuando los niños vienen de Marsella”, “Proceso a Jesús” y “Solo ante el streaking”. Una buena colección de “perlas”. A pesar de todo, algunas de sus primeras obras alejadas de la propaganda (especialmente sus adaptaciones) merecen la pena. Al llegar la democracia, José Luis Sáenz de Heredia fue uno de los artistas más denostados y abandonados. Sin embargo, es un director imprescindible para estudiar una etapa de nuestro cine.

A “Raza” hay que mirarla como se mira a la racista “El nacimiento de una nación” de Griffith o a las propagandísticas “El Acorazado Potemkin” de Eisenstein o “El triunfo de la voluntad” de Riefenstahl. La obra nació de una novela homónima que el propio Francisco Franco escribió con el seudónimo de Jaime de Andrade. La película fue una superproducción española (una de las películas más caras de nuestro cine –en relación a su momento-) que bebía claramente, en su estilo clásico, rimbombante, majestuoso y brillante, de las superproducciones de Hollywood. José Luis Sáenz de Heredia fue elegido para dirigirla y, tras ella, se alzó como el cineasta más respetado y rentable del régimen. Los protagonistas fueron grandes estrellas del cine de la época: Alfredo Mayo, Ana Mariscal, José Nieto… La historia, un manifiesto de la ideología franquista y una apología del levantamiento de 1936 que contiene muchas vivencias del propio Franco, es de puro infarto: dos hermanos de una familia gallega de alta alcurnia se enfrentan en la Guerra Civil y, tras muchos combates, uno de ellos, el del bando de los rojos malos, se arrepiente de los pecados que ha cometido y se sacrifica para darle la victoria al bando de los patriotas buenos. El maniqueísmo del que hace gala la cinta es insultante. En ella, los “rojos”, sucios y salvajes o fríos e inhumanos, cometen todo tipo de atrocidades (la escena del fusilamiento de los curas y el saqueo del convento es mítica) mientras que los “patriotas” son honorables caballeros que, bondadosos y a la vez severos, rectos y a la vez juerguistas, mueren por su país y por los oprimidos. Los militares y los eclesiásticos (los dos hermanos “buenos” de la familia protagonista) se enfrentan a los republicanos (el hermano “malo”) para salvar al país de las consecuencias de una mala política que justicia el alzamiento. En la película se ensalza además la muerte en la batalla como un servicio a la patria y una ofrenda a Dios. “Raza”, publicitada de forma agresiva por todo el país, fue uno de los más grandes éxitos de su tiempo. Conectó con una grandísima parte del público del momento, que la llegó a calificar de emotiva y creíble. Creó además escuela: en las siguientes décadas llegarían muchísimas y exitosas historias sobre rojos malos y patriotas buenos. En la democracia las tornas cambiarían: sería el turno de los republicanos buenos y de los fachas malos. Dos versiones de la misma historia infantiles, simplistas y estúpidas. Eso sí, ambas indispensables para entender mejor el cine español.