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domingo, 21 de marzo de 2010

ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO de Sidney Lumet – 2008 – (“Before the Devil knows you’re dead”)


Andy y Hank son dos hermanos de Nueva York muy distintos. El primero ha triunfado en el mundo inmobiliario y es rico, aunque su matrimonio marcha mal y es adicto a las drogas de diseño. El segundo es un perdedor que vive aplastado por su ex mujer, que, sin trabajar, vive de su dinero con la excusa de criar a la hija pequeña de ambos. Juntos, Andy y Hank planean un atraco perfecto, el atraco secreto a la joyería de sus propios padres, que les permitirá vivir desahogadamente durante años mientras además su familia cobra el dinero del seguro. Sin embargo, algo sale mal y la madre de ambos resulta herida de muerte… El drama se precipita irremisiblemente.

Es verdaderamente increíble que un director con más de ochenta años sea capaz de mantener la buena forma artística hasta del punto de poder dirigir hoy en día una obra maestra del calibre de “Antes que el Diablo sepa que has muerto”. Sidney Lumet volvió a las salas en 2008 con uno de los más grandes dramas negros de ese año y de su década. Una vez más, disecciona con agudeza, ingenio, ironía y lucidez las relaciones humanas dentro de la opresiva sociedad moderna por medio de un thriller en el que dos hermanos muy distintos destruyen, sin quererlo, a su propia familia poseídos por la ambición, que enmascara toda necesidad. Un soberbio Philip Seymour Hoffman da vida al mayor de ellos, triunfador y rico y también adicto a las drogas de diseño, y un igualmente genial Ethan Hawke hace lo propio con el menor, un perdedor monetariamente extenuado por una ex mujer parásita que sin trabajar vive de su dinero y por una hija pequeña caprichosa y desconsiderada. Les acompañan un sobrecogedor Albert Finney, que interpreta al padre de ambos, un pequeño empresario de joyería que desprecia a uno de sus descendientes mientras que idolatra al otro, y una también adecuadísima Marisa Tomei, que es la esposa florero insatisfecha del primer hermano que se acuesta con el segundo a sus espaldas. Un crimen va a destrozar las existencias de todos, un crimen planeado por los dos hijos de la familia que va a acabar con la vida de la madre, prácticamente el único ser inocente del filme. El juego de venganzas, traiciones y luchas parricidas se precipita y atrae a la violencia: nuevos asesinatos se ejecutan para tapar los anteriores; el de un aprovechado chulo que quería chantajear a los hermanos y el de un camello de lujo. La vuelta atrás ya es imposible, la familia ha sido hundida por la ambición y por el dinero. Lumet se mueve con una agilidad sin par y con una sobriedad cotidiana fría terrorífica por las vidas de todos los personajes avanzando sin cesar en el tiempo y construyendo un rompecabezas maravillosamente ideado para tener al espectador atado a la silla desde el primer momento hasta el descorazonador desenlace de la trama, verdaderamente terrible. “Antes que el Diablo sepa que has muerto” demuestra que este octogenario cineasta todavía tiene mucho, muchísimo que decir. Uno de los thrillers norteamericanos del 2008 sin ninguna duda (si no el thriller norteamericano de ese año).

martes, 29 de septiembre de 2009

DOCE HOMBRES SIN PIEDAD de Sidney Lumet – 1957 – (“Twelve angry men”)


Tras escuchar en un juicio todas las pruebas y testimonios del caso, los doce miembros del jurado popular, de toda clase y condición, se retiran a una sala de reuniones para decidir si el joven acusado es culpable o inocente. De ellos depende que sea o no condenado a muerte por, supuestamente, haber asesinado a su padre. En un principio, todos están de acuerdo en la culpabilidad… Menos uno. Éste va a intentar convencer a sus compañeros de que el chico debe ser declarado inocente. Las disputas no tardan en llegar y las vidas de los doce hombres salen a relucir, así como las justificaciones de sus comportamientos. Pronto la sala se vuelve ingobernable.

Actor de cine, teatro y radio del Actor’s Studio, el norteamericano Sidney Lumet es uno de los autores más destacados y prolíficos de la generación de la televisión. Con una filmografía muy amplia, Lumet posee un estilo sobrio y directo de raíz clásica habitualmente fusionada con las corrientes comerciales del momento en el que cada uno de sus filmes es rodado. Es en el aspecto del guión un genial retratista social que a menudo enfrenta a sus personajes, perdidos, a veces marginales y siempre con grandes conflictos interiores, a sistemas opresores o inhumanos, a la manipulación de los gobiernos o de los medios de comunicación, al racismo, al machismo, a la falta de oportunidades o a un mundo violento. Sus historias habitualmente son presentadas en formato de drama, aunque muchas de ellas también son thrillers o filmes negros (casi siempre con un toque social y crítico y rodados con gran nervio y pulso). También ha dirigido en muchas ocasiones dignos encargos comerciales (ejecutados muchas veces con una mano maestra artesana). En los últimos años su carrera se ha tornado, por momentos y por desgracia, irregular, aunque siempre ha sabido levantarla y habitualmente sabe esquivar con una mediana asiduidad la mediocridad acomodaticia en la que han caído otros directores con tantos años a las espaldas (Lumet es un octogenario con una gran forma artística). Debutó de manera fulminante con la comentada obra maestra “Doce hombres sin piedad”, tras la que siguieron (dejo en el tintero algunas obras menores o para televisión) los dramas “Piel de serpiente” y “Una mirada desde el puente”, el biopic de Eugene O’Neill “Larga jornada hacia la noche”, el thriller “Punto límite”, el nuevo drama “El prestamista”, el filme bélico “La colina”, el drama “El grupo”, el thriller “Llamada para un muerto”, la comedia “Bye Bye Braverman”, la adaptación de Chejov “La gaviota”, el thriller “Supergolpe en Manhattan”, los dramas “Perversión en las aulas” y “La ofensa”, los soberbios thrillers “Serpico”, “Asesinato en el Orient Express” y “Tarde de perros” (los tres maravillosos), la magistral crítica social al mundo de los medios de comunicación “Network”, el drama “Equus”, el musical fantástico “El Mago” (adaptación de “El Mago de Oz”), la floja comedia “Dime lo que quieres”, los thrillers “El príncipe de la ciudad” y “La trampa de la muerte”, el drama judicial “Veredicto final”, el drama “Daniel”, la comedia “Buscando a Greta”, el thriller político “Power”, el irregular thriller “A la mañana siguiente”, el drama con elementos de thriller “Un lugar en ninguna parte”, el thriller cómico “Negocios de familia”, el nuevo thriller “Distrito 34”, el drama romántico “Una extraña entre nosotros”, el flojísimo thriller “El abogado del Diablo”, el drama “La noche cae sobre Manhattan”, la comedia social “En estado crítico”, el horrendo remake “Gloria”, el drama judicial “Declaradme culpable” y el magistral thriller “Antes de que el Diablo sepa que has muerto”.

Basada en una obra teatral de Reginald Rose, “Doce hombres sin piedad” es un maravilloso drama que enfrenta a los dichos doce hombres, de toda clase y condición, para determinar, tras el juicio al que han asistido, si un joven acusado de asesinar a su padre es culpable o inocente: en sus manos está que el chico sea o no condenado a muerte. En un principio, todos están de acuerdo con dicha pena menos uno, al que da vida un pletórico Henry Fonda que tratará de convencer al resto de sus argumentos y que lo irá consiguiendo mientras que, a la vez, el conflicto se desata. Rodada en un estilo de aura teatral y prácticamente ambientada en su totalidad en una única sala de reuniones, “Doce hombres sin piedad” es un soberbio estudio de la naturaleza humana sometida al poder de decisión sobre las vidas y la moral de otros semejantes. Los doce hombres representan a numerosos estratos sociales, morales, políticos y filosóficos: los hay autoritarios, inflexibles, responsables, honestos, trabajadores, racistas, clasistas, solidarios, respetuosos e irrespetuosos, analíticos, calculadores, intolerantes, traumatizados por pasados tristes, brillantes, indecisos, violentos, ricos, pobres y de clase media o con complejos de superioridad y de inferioridad. Entre todos construyen una realidad que por solitario no podrían jamás construir y toman una decisión sometida a la presión de su medio ambiente; no sólo al medio social, sino también al natural, a cosas tan aparentemente nimias en un caso de vida o muerte como el calor o la incomodidad de la sala en la que se encuentran. Esta mencionada realidad no es otra que la norteamericana de su momento, mostrada desde toda clase de puntos de vista, realidad que estalla dejando ver la manera en la que ha marcado las vidas de los doce hombres que la describen. "Doce hombres sin piedad" es un soberbio drama judicial y un maravilloso retrato social crítico y tremendamente incisivo de la sociedad norteamericana de su momento. Imprescindible.