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miércoles, 5 de agosto de 2009

SUPERMAN III de Richard Lester – 1983 - (“Superman III")


El joven Gus Gorman no lo sabe, pero es uno de los más grandes genios de la informática de todo el mundo. Sin empleo y sin futuro, es contratado por Ross Webster, un multimillonario sin escrúpulos que quiere aprovecharse de él para que, con sus ordenadores, se haga con el dominio de los mercados de todos los países y construya una máquina de destrucción con la que pueda dominar la Tierra. Alguien interfiere en su camino: Superman. Sin embargo, nuestro héroe tiene además otro nuevo enemigo: su propia sombra maligna, que se ha desdoblado de su cuerpo para sembrar la destrucción y el caos.

Después del tremendo éxito que “Superman II” repitió en la taquilla, la Warner quiso jugar sobre seguro y encargó el rodaje de la tercera parte de la saga a Richard Lester, que ya se había encargado de “completar” lo que Richard Donner dejó al marcharse del rodaje de la segunda, expulsado por sus mismos productores, que querían un Superman menos serio que el que él estaba recreando y que buscaban otorgar a las aventuras del superhéroe un tono cómico que pensaban que daría aún mejores resultados económicos. Fue lo que hicieron, ya con plena libertad y sin contratiempos de ningún tipo, en “Superman III”, la que es hasta ahora la peor película del hombre de acero jamás filmada (peor para mi gusto incluso que la cuarta entrega, que también es verdaderamente despreciable). Christopher Reeve, que empieza a encasillarse peligrosamente, repite papel protagonista, mientras que Gene Hackman se niega a dar vida de nuevo a Lex Luthor (aunque volvería a hacerlo en la mencionada “Superman IV”), por lo que el carismático villano es sustituído por un millonario muy listo y excéntrico (Robert Vaughn) con, la verdad, muy poca gracia (es realmente una copia/parodia del propio Lex Luthor, físicamente muy parecido y con gestos y procederes criminales casi idénticos). Se introduce además, por primera y última vez en la saga, un secundario cómico, el informático Gus Gorman, al que da vida el recientemente fallecido de ataque cardíaco Richard Pryor, que por entonces era uno de los cómicos más populares de los USA y que, aquí, la verdad, es tan incapaz de sacar una mínima sonrisa que hasta resulta patético e irritante con sus gesticulaciones exageradas y sus golpes y caídas absurdas. Su personaje no se lo cree ni él mismo. El de Superman, por otra parte, sigue adentrándose en su pasado, reencontrándose con Lana Lang, su amor de juventud en Smallville, pero esta relación no ayuda nada a levantar la historia, que se mueve entre escenas de acción mediocres (la mayoría) y vulgares idioteces de un guión insultante que pretende ser, ante todo, cómico, como comenté antes, pero que no hace reír ni una sóla vez en todo el metraje (y en los años que ya corren todavía menos, por eso la película además ha envejecido tan mal). Lester hace bien su trabajo: dirige con solvencia y hace lo que puede con una trama tan mal creada y desarrollada. Sólo hay algo que se salva: la lucha de Superman contra su sombra maligna, realmente emocionante y bien narrada, él único punto luminoso de todo el filme (que iba a llamarse en un principio “Superman VS Superman”). El resto es para tirarlo directamente a la basura. El peor Superman de todos con diferencia, y miren que, como he dicho, la cuarta parte también es mala con avaricia.

martes, 4 de agosto de 2009

SUPERMAN II de Richard Donner y Richard Lester – 1980 – ("Superman II")


Antes de la destrucción del planeta Krypton, el padre de Superman encerró a sus tres terroristas más sanguinarios, el general Zod y sus compinches Ursa y Non, en la Zona Fantasma, una prisión de energía del espacio. Cuando el propio Superman destruye sin querer esta prisión arrojándole una bomba atómica que iba a explotar en la Tierra, los tres quedan de nuevo libres para sembrar el terror en la galaxia. Sin embargo, como Krypton ya no existe, deciden atacar el planeta adoptivo del hijo del hombre que les encerró, que es el único que puede pararles los pies. Por si fuera poco, Lex Luthor también ha escapado de la cárcel, y, por supuesto, planea conspirar para sacar tajada de ambos bandos, tanto de Superman como de Zod y sus secuaces… El hombre de acero se enfrenta a uno de los mayores retos de su vida.

“Superman” y “Superman II” fueron rodadas casi a la vez por Richard Donner, o por lo menos muchas de las escenas de la segunda se rodaron junto a la primera. Donner fue el encargado de ambas hasta que, por causas aún no del todo aclaradas, la Warner le despidió y le sustituyó por Richard Lester. Al parecer, los productores no estaban contentos con el tono de excesiva seriedad que Donner le estaba otorgando a la saga. Querían introducir más toques de comedia y que los villanos fueran aún más esperpénticos que el Lex Luthor de la primera entrega. Al marcharse Donner, una buena parte del equipo artístico de la anterior película le siguió indignado por solidaridad. Lester hubo de volver a rodar escenas que ya estaban rodadas y, mezclándolas con otras que no se pudieron volver a rodar, compuso esta excelente y a menudo infravalorada segunda entrega de las aventuras del hombre de acero. Queda un poco en el aire la autoría real de “Superman II”: se pueden encontrar en ella huellas de sus dos directores. Muchos la han atribuído por completo a Donner y han despreciado a Lester. Otros al contrario. Yo creo que, para bien o para mal, el trabajo fue conjunto. El filme, de hecho, creo que es igual de bueno que el anterior, aunque ya ha perdido, como era lógico, la capacidad de sorprender. Christopher Reeve vuelve a encarnar a Superman, y Gene Hackman a Lex Luthor. Entran en la historia, además, tres nuevos villanos con un gran carisma (encabezados por el gran Terence Stamp) que añaden a la trama unas justas dosis de violencia que la primera entrega no tenía, aunque también, a su vez, añaden otras pequeñas dosis de humor infantiloide bastante fuera de lugar. Estos villanos aparecen justo al inicio de “Superman”, siendo expulsados de Krypton por el padre del héroe (Marlon Brando). En este detalle se descubre que Donner planeó ambas películas casi como una sola, sin fisuras temporales de ningún tipo. Las escenas de acción vuelven a ser geniales, así como los efectos especiales, y la trama guarda el justo equilibrio entre la aventura, la lucha, el romance, y el humor. El personaje del protagonista también aparece más desarrollado: en un momento determinado, habrá de elegir, entre la espada y la pared, entre sus superpoderes o el amor de Lois Lane. Muchos prefieren “Superman II” a “Superman”. Otros, injustamente, la han denigrado hasta la saciedad. Yo creo que ambas son excelentes. “Superman II” es una más que genial secuela para una de las películas más míticas de la historia. Eso sí, fue la última de las cuatro primeras entregas que mereció la pena. “Superman III” y “Superman IV” tiraron la saga por los suelos. Creo que hace muy poco ha salido a la venta un DVD con el montaje auténtico de Richard Donner de esta “Superman II”.

miércoles, 22 de julio de 2009

ROBIN & MARIAN de Richard Lester – 1976 – (“Robin & Marian”)


Han pasado veinte años desde que Robin Hood y sus amigos derrotaron al malvado Rey Juan. Ahora, el trono ha vuelto a sus manos: su hermano Ricardo, que ha resultado ser un hombre irresponsable, inconsecuente y tirano, ha muerto después de décadas luchando en las cruzadas, unas guerras que sólo han servido para enfrentar a dos pueblos de forma estúpida. Robin Hood y su amigo Little John han vuelto a Inglaterra desde oriente tras esta muerte. Allí, se han reencontrado con una tierra miserable y abandonada donde reina la opresión. También han vuelto con sus viejos amigos… y enemigos. Y Robin con Marian, que ahora vive en un convento. Tal vez sea el momento de aclarar las cosas entre ellos y de volver a lanzar flechas por la justicia.

Richard Lester es norteamericano, pero para muchos (para otros se mantuvo siempre al margen) formó parte del movimiento del Free Cinema inglés en sus inicios junto a Lindsay Anderson, Tony Richardson, Karel Reisz y John Schlesinger cuando se trasladó a Inglaterra, en donde comenzó a dirigir filmes. Si llegó a pertenecer a este grupo de autores, perteneció desde luego a su vertiente más comercial. Rodó películas muy personales pero alejadas de la crítica y de la lucha social de muchos de sus compañeros, lo que siempre le han criticado con dureza. Su estilo, a pesar de todo, ha sido irónico y sarcástico a veces, y cargado de toques de humor en ocasiones políticamente incorrectos. Sin apenas pretensiones salvo las de divertir, creó una serie de obras donde un conjunto de muy variados géneros se combinaba con la comedia más delirante. Su humor era una amalgama de humor inglés y humor norteamericano clásicos, aunque con toques anárquicos de screwball comedies, de surrealismo puro, de absurdo, de vodevil, de parodia y de humor negro. A pesar de todo, rodó también excelentes dramas. Despuntó Richard Lester en plena fiebre Beatle dirigiendo dos películas musical-documentales protagonizadas por el célebre cuarteto de Liverpool: “Qué noche la de aquel día” y “Help!”, en las que ya incluyó, a pesar de ser encargos, su particular sentido del humor. Después llegó una de sus comedias de culto: “El knack… y cómo conseguirlo”, retrato de la locura de los días del “Swinging London”. Le siguieron la comedia musical ambientada en la Antigua Roma “Golfus de Roma”, la sátira bélica “Cómo gané la guerra” (una de sus obras críticas y más comprometidas) y la tragicomedia romántica “Petulia”. Después se pasó al cine de aventuras con tono de comedia burlesca: “Los tres mosqueteros”, “Los cuatro mosqueteros” y “Los primeros golpes de Butch Cassidy y Sundance Kid”, al cine de catástrofes con “El enigma se llama Juggernaut”, al cine de suspense con “Cuba”, a la historia romántica crepuscular con “Robin & Marian” (para muchos su mejor obra), a la comedia negra con “El Ritz” y al cine de superhéroes con “Superman II” y “Superman III”.

Coincido plenamente con los que aseguran que “Robin & Marian” es la mejor película de Richard Lester, a pesar de que tal vez no sea la más personal. Ágil mezcla de parodia de aventuras (parodia porque encontramos a unos héroes envejecidos parodia de sí mismos) y de drama romántico crepuscular con toques de humor “lesteriano” (algo absurdo, inglés y americano a la vez, burlesco y un poco negro), la obra relata el reencuentro de Robin Hood con su amada Marian cuando ambos son ya dos personas entradas en años. Mucho tiempo después de la derrota del Rey Juan, Robin y su eterno amigo Little John han vuelto de las fracasadas Cruzadas y Marian vive recluida en un convento para olvidar sus desamores con el rey de los ladrones de Sherwood. Inglaterra, dejada de lado por un rey Ricardo que ha resultado ser decepcionante e irresponsable, vive una nueva época de abandono, de miseria y de represión. Las cosas, en realidad, no han cambiado nada a pesar de los logros del pasado, y la historia parece estar condenada a seguir en el mismo cauce. En este ambiente de sociedad en descomposición, Robin y Marian han de luchar, una vez más, contra sus enemigos, que tampoco han cambiado ni parecen querer cambiar: la guerra, la opresión, los abusos de poder y la injusticia. Además, han de sacar a flote su amor, ¿perdido? “Robin & Marian” encaja perfectamente con la tendencia general de una gran parte del cine que se rodaba, especialmente en los USA, durante su década, los setenta y sus alrededores, la década de la decepción: los westerns crepusculares de Peckinpah, Penn y hasta Leone (aunque sin la carga de brutalidad y violencia sin concesiones que éstos tienen), las obras urbanas e históricas crepusculares del estilo de “Taxi Driver” o “El Padrino” e incluso obras anteriores y de otras culturas como “Harakiri” del gran japonés Masaki Kobayashi. “Robin & Marian”, cinta desmitificadora y triste de esplendorosos escenarios y bellísima banda sonora, es una película sobre la caída de mitos heroicos en la que sus protagonistas se aferran a la gloria de épocas pasadas para intentar sobrevivir en un presente que ya les ha condenado a la extinción. Sin embargo, siempre queda lugar para el último acto de valentía, para la última flecha contra los enemigos de la justicia, para el último acto de amor. Robin y sus viejos amigos, acompañados de un pueblo inglés que se les une recordando su vieja y ensalzada hasta límites insospechados leyenda, no dudan en hacer frente al sheriff de Nottingham, que ha estado esperando al líder del hombre de los bosques toda su vida (como Marian). En el reparto, soberbio de principio a fin y lleno de grandes rostros de la época, destacan Sean Connery y Autrey Hepburn como dos inspiradísimos Robin y Marian, y un genial Robert Shaw como el sheriff en un personaje que, a pesar de ser uno de los “malvados” de la historia, aparece tratado con una dignidad sin par (inolvidable su combate final contra Robin, en el que ambos se demuestran un respeto impensable, el respeto y el casi cariño de los enemigos eternos). El desenlace de la película se queda marcado en la retina para siempre, uno de los sacrificios por amor más injustamente olvidados de la historia del cine. Maravillosa e imprescindible historia de amor.