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martes, 25 de mayo de 2010

SPIDERMAN III de Sam Raimi – 2007 – (“Spiderman III”)


Spiderman ha llegado a ser un gran héroe en la ciudad y a Peter Parker las cosas le van mejor que nunca. Sin embargo, no le ocurre lo mismo a su novia Mary Jane… Parker además va a verse las caras con dos nuevos enemigos: el nuevo Duende Verde, que además es su mejor amigo, Harry, y el poderoso Hombre de Arena. Pero hay algo más: un extraño ser ha poseído su traje y lo ha vuelto de color negro. Spiderman va a tener que enfrentarse también a sí mismo y al terrible secreto que su nuevo uniforme esconde…

En la horripilante bazofia que es “Spiderman III”, la última entrega de las aventuras del Hombre Araña hasta este momento, vuelve a repetir Sam Raimi en la dirección y Tobey Maguire y Kirsten Dunst en los papeles principales y, tras el anuncio por parte del mencionado director y del reparto del filme, en su día, del entonces futuro desarrollo de una trama más seria centrada en la lucha interior del superhéroe, nadie pudo dejar de sorprenderse cuando la película de marras llegó a las salas hace ya tres años: ¿Dónde está esta seriedad? ¿Dónde está esta lucha interior? Si “Spiderman” y “Spiderman II” resultaban fallidas por infantiles, esta tercera parte ya no es sólo infantil, sino que además es ridícula y estúpida. La historia narra cómo Peter Parker se enfrenta su lado oscuro y a tres nuevos villanos: el nuevo Duende Verde (su amigo Harry), el Hombre de Arena y Venom, cuya aparición parece que no estaba inicialmente prevista pero que según rumores fue forzada por los productores de la cinta por si no llega nunca a rodarse una cuarta entrega (al parecer, la cuarta "entrega" va a ser un reinicio de la saga -sí, la saga no tiene ni diez años, pero ya va a reiniciarse... así es este Hollywood de hoy-). En dos horas y media insufribles se van sucediendo estos enfrentamientos que desembocan en un espectacular pero burdo clímax que se nota completamente improvisado. El ritmo de la trama está mal llevado, con poco equilibrio entre las escenas de acción y las que no lo son. Además, su motor está cimientado casi exclusivamente en constantes y tontísimas casualidades. Por si fuera poco, está encima llena de lagunas argumentales y hechos inverosímiles que la lastran aún más si cabe: no se explica absolutamente nada sobre Venom –se da por hecho que los espectadores ya conocen su historia y no se dice nada sobre ella, un error de bulto-, el Hombre de Arena hace cosas sin sentido y revive a los pocos días de haber supuestamente muerto, a Harry le da de lleno una de sus bombas y sólo le desfigura una parte de la cara, una fotografía burdamente trucada del Spiderman del traje negro se hace famosa sin que nadie se percate de su clarísima falsedad…. Y así otras tantas chorradas incoherentes. Sin embargo, lo peor de la película son sus personajes, los más planos y absurdos de toda la saga. Peter Parker está peor desarrollado que nunca, y su “parte oscura” es de auténtico chiste: para Raimi mostrar esta parte sombría del héroe consiste en despeinarlo, pintarle ojeras, volverlo un gamberrete y ponerlo a bailar por las calles, a provocar a tías macizas y a decir frases como “me gusta ser malo”. De auténtica y dolorosa vergüenza ajena. Pero llega el turno de los villanos y todo sigue hundiéndose: el Duende Verde ya no es un duende, sino un simple niñato armado con tecnología punta (ni tiene máscara ni tiene conflicto interior ni tiene posesión ni tiene doble personalidad), el Hombre de Arena está insertado en la historia con calzador y cambia de bando constántemente sin mucha coherencia (el antagonista más anodino de todos los de Raimi) y Venom es simplemente patético: sólo tiene protagonismo en la media hora final y el simbionte que lo trae a la Tierra aparece de casualidad precisamente junto a Spiderman ¡Pero que casualidad!. Por si fuera poco, aparece también, interpretada por Bryce Dallas Howard, Gwen Stacy, la primera novia de Parker que en los comics moría a manos del primer Duende Verde en un papel idiota que nada tiene que ver con el de su personaje original y que instaura el triángulo amoroso más pueril que he visto en mucho tiempo. Por supuesto, también tenemos una gran bandera americana colocada de manera gratuita, como ya la tuvimos en el primer “Spiderman”. Lo dicho: una porquería de cierre de trilogía. Por una parte, me alegra que Raimi deje la saga. Por otra, tengo miedo de su hasta este momento anunciado reinicio (aparte de verlo completamente innecesario en estos momentos).

SPIDERMAN II de Sam Raimi – 2004 – (“Spiderman II”)


Peter Parker compagina como buenamente puede su vida como universitario y como Spiderman. Las cosas no le van bien con las personas a las que más quiere: se siente alejado de su amada Mary Jane y cada día que pasa se le hace más patente la desconfianza que siente por él su antes mejor amigo Harry, que le intuye el asesino de su padre, el hombre que se convirtió en el Duende Verde. Por si fuera poco, ha de enfrentarse a un nuevo y poderoso enemigo: el Doctor Octopus.

Dos años después del gran éxito de “Spiderman” llegó a los cines su secuela, una película que, sin ser una maravilla en mi opinión, mejoraba en algunos aspectos los fallos de su primera parte y que, como ésta, volvió a arrasar en las salas. Repite en “Spiderman II” casi todo el equipo de la anterior entrega, y no hay cambios ni en el reparto principal ni en la dirección. Raimi enmienda en parte la infantilidad que imprimió a “Spiderman” y la mediocridad total de su planísima trama y consigue una historia más seria y compleja, unas mejores y hasta cierto punto más imaginativas escenas de acción y, lo que es más importante, un villano con algo más de carisma y más parecido al original de los comics en todos los aspectos que el olvidable Duende Verde cutremente robotizado de la anterior: el mítico y espectacular Doctor Octopus, al que da vida con gran solvencia Alfred Molina. Por desgracia, siguen quedándosele cosas en el tintero que de nuevo impiden que la película alcance la cota de “seriedad” que su protagonista se merece, por lo que todo el conjunto vuelve a caer en el error de base de la primera “Spiderman”, el de la mencionada infantilidad que se respira en toda ella. Peter Parker, a pesar de los esfuerzos del director por mostrarle como un perdedor atormentado, sigue siendo el personaje infantil de aquella porque sigue sin tener el cinismo, el humor irónico y el cierto pesimismo que caracteriza al verdadero héroe/antihéroe de las viñetas. Por otra parte, los diálogos no han mejorado (siguen resultando pueriles y desaprovechados) y la trama se mueve entre momentos realmente acertados en los que se aprecia la mejoría antes comentada (los que desarrollan la creciente enemistad de Parker con su amigo Harry –el futuro nuevo Duende-, los que muestran el conflicto interior del Doctor Octopus –un poco mejor desarrollado que el del primer Duende-, la excelente escena del tren…) y otros verdaderamente ridículos, como algunos de su antecesora (la “lucha” de la tía de Parker contra Octopus -¿se supone que tiene que hacer gracia?-, el inicio del filme que muestra a Parker haciendo chorradas –hay maneras más sutiles de mostrar que las cosas no le van bien-…). “Spiderman II” resulta un filme entretenido en todo momento, aunque sigue, en mi opinión, siendo fallido, ya que Raimi, una vez más, no se lo tomó en serio. El horror de “Spiderman III”: mañana.

lunes, 24 de mayo de 2010

SPIDERMAN de Sam Raimi – 2002 – (“Spiderman”)


Peter Parker, un joven tímido y débil pero inteligente y sobresaliente en los estudios, ve cómo su vida cambia radicalmente cuando una araña modificada genéticamente le pica y le otorga la fuerza, la agilidad, la velocidad y los poderes de una de ellas. Peter se transforma en Spiderman, personalidad secreta tras la que defiende a los débiles del mal. Sin embargo, terribles hechos cambian su vida en otros aspectos: su tío Ben es asesinado y una amenaza como ninguna otra aparece en la ciudad de Nueva York… El Duende Verde, su primer gran enemigo.

Después de bastantes series para televisión de animación y de actores reales de muy diverso acabado y de alguna que otra desafortunada película que es mejor olvidar, “Spiderman”, uno de los superhéroes más importantes y famosos de la casa Marvel y uno de los grandes iconos del mundo del comic de todos los tiempos fue llevado a la gran pantalla, por primera vez con una cierta dignidad, por Sam Raimi. El gran éxito de esta adaptación ha propiciado hasta ahora dos secuelas (una mediocre pero entretenida y otra del todo despreciable) que han dejado la saga en una trilogía que, al parecer, va a terminar en un "reinicio" de dicha saga (reiniciar sagas que a veces no tienen ni una década: la nueva moda de los próximos años del Hollywood falto de ideas y de ganas de arriesgarse de siempre). La adjudicación de las hasta ahora tres adaptaciones de las aventuras del Hombre Araña a Raimi ha propiciado una cierta polémica que todavía continúa entre los fans y entre el público en general: muchos las detestan, otros tantos las adoran y otros cuantos las ven sólo aceptables. En mi opinión, las tres son cintas fallidas, aunque las dos primeras pueden resultar distraídas. Es bastante decepcionante que un director como Sam Raimi, de filmografía irregular pero muy curtido en el cine fantástico, en adaptaciones de historias de las viñetas y gran amante de Spiderman, haya optado en sus nuevas creaciones por rodar lo que otros tantos directores sin personalidad han rodado (los de bazofias como “Daredevil”, "Elektra", “Los 4 Fantásticos” y su secuela, la segunda “The Punisher”, “El Motorista Fantasma”, "X-Men III"…): tres películas para niños que no rescatan en ningún momento el concepto “serio” de superhéroe que sí que lograron llevar a las salas creadores como Richard Donner con los dos primeros "Superman", Tim Burton en los dos primeros “Batman”, Christopher Nolan con las soberbias "Batman Begins" y "El Caballero Oscuro", Ang Lee en la injustamente infravaloradísima “Hulk” o Bryan Singer con la también injustamente infravalorada "Superman Returns". “Spiderman” y sus dos secuelas son películas de acción con protagonistas planos, antagonistas planos y tramas planas que vuelven, una vez más, a presentar al clásico superhéroe que no pasa de ser un simple cartón con traje de colores que lucha contra el mal. Hay que decir que las elecciones en el reparto son acertadas: todos los personajes, entre los que destacan Tobey Maguire como Peter Parker, Kirsten Dunst como Mary Jane y Willem Dafoe como el Duende Verde (el villano de turno de la entrega que comentamos hoy), son físicamente bastante parecidos a los de los comics. Pero todo queda ahí. “Spiderman” no comienza nada mal: sabe mantener el interés e incluso resulta emocionante en todo su primer segmento, segmento que culmina con la terrible muerte del tío de Parker. Hasta aquí Raimi sabe llevarlo todo con pulso, soltura y bastante fidelidad al original. Sin embargo, a partir de la mencionada muerte todo se desinfla irremisiblemente. ¿El principal fallo? Los personajes: Spiderman es un héroe cínico, descreído por momentos y a veces un directo antihéroe que no para de hacer chistes y de burlarse con ironía de todo lo que le rodea a pesar de vivir atormentado por un pasado triste y un presente incierto. No es así en estas películas: Spiderman es un “niño bueno” sin ningún carisma que tras la muerte de su tío se queda estancado y no evoluciona en toda la saga. Su primer enemigo tampoco ayuda: Willem Dafoe es un soberbio actor, pero con el disfraz "ultratecnológico" (en realidad bastante cutre) que le han colgado no puede desarrollar un villano que habría dado muchísimo juego si hubiera sido como el original en el que se basa, un duende auténtico, y no un simple hombre con una armadura. Ni el protagonista ni el antagonista tienen poder para llevar la trama a buen puerto, pero además, ni un solo secundario aporta algo digno de elogio (ni siquiera Mary Jane) y las escenas de acción son simplonas y sin imaginación. “Spiderman” podría haber sido una excelente película, y no lo ha sido porque ni el mismo Raimi se la ha sabido tomar en serio. Por cierto que, teniendo al Duende Verde como villano, se podría haber llevado a la pantalla la saga de la muerte de Gwen Stacy, la primera novia de Spiderman (no, no fue Mary Jane), que falleció por culpa del referido Duende en uno de los momentos más duros, desencantados y dramáticos de los comics. Extrañamente, al personaje de Gwen no nos lo encontraremos hasta la tercera y horripilante entrega y con una concepción que nada tiene que ver con la original. Mal, Raimi, mal, y muy decepcionante por tu parte. Y lo peor es que no mejora con las demás cintas de la hasta ahora trilogía.

domingo, 21 de febrero de 2010

EL EJÉRCITO DE LAS TINIEBLAS de Sam Raimi – 1992 – (“Army of Darkness”)


Por culpa de la maldición del Necronomicón, Ash es enviado a través del tiempo a la convulsa Inglaterra del siglo XIII, en donde las fuerzas del Mal reinan sembrando el terror en una comunidad humana que además está dividida por guerras entre clanes de caballeros. Ash, si quiere regresar a su época, ha de encontrar el Necronomicón y convencer a los caballeros ingleses para que se unan todos en la lucha contra el Mal.

Con “El Ejército de las Tinieblas”, tercera entrega de la saga de “Evil Dead” y secuela de la segunda entrega, “Evil Dead II”, en realidad un remake de la primera, Sam Raimi cierra su mítica trilogía presentando esta vez un filme de aventuras en una Edad Media fantástica que, como “Evil Dead II”, es una comedia gore absurda con toques de cine de terror (aunque muy pocos ya). Rodada con mucho más presupuesto que las dos anteriores, Raimi se permite en ella unos efectos especiales de mayor calidad, unos monstruos más variados (geniales los esqueletos que homenajean a la legendaria “Jasón y los Argonautas”), muchos más escenarios (las anteriores se desarrollaban sólo en una casa) y mejor definidos, más personajes secundarios y de mayor entidad, más extras y, también, más litros de sangre y más montones de vísceras (aunque es cierto que, a pesar de esto, el filme reduce su contenido gore ligeramente, tal vez por ser más comercial que sus dos antecesores). La trama, como en “Evil Dead” I y II, es bien simple: el pobre Ash, perdido en una época que no es la suya con miembros amputados y su ya inseparable sierra eléctrica, tiene que volver al siglo XX, y para ello ha de encontrar el Necronomicón y acabar con El Ejército de las Tinieblas, que él mismo libera sin querer. También como en las anteriores esta trama (que incluso tiene varias lagunas) es una simple excusa para desatar el festival gore más delirante, desenfrenado y exagerado, aunque cierto es que el protagonista, genial como siempre el rey de la mueca Bruce Campbell, está algo más desarrollado, e incluso tiene tiempo para enamorarse y para poner paz entre los clanes de caballeros enfrentados. Sin embargo y a pesar de ello en “El Ejército de las Tinieblas” sigue primando una sola cosa: la pura diversión, basada en el humor negro absurdo más sádico y macabro y también, en esta entrega, en el humor paródico de los tópicos del género fantástico e incluso de las dos anteriores, que no tiene otro objetivo que provocar la carcajada en todo momento. Fin de una trilogía (hasta la fecha) que hay que ver de la manera más desprejuiciada posible: no importan las tramas facilonas, no importa que a veces ni siquiera coincidan entre ellas de una entrega a otra, no importan los personajes simplones, no importan los diálogos de chiste, no importa la violencia y la acción gratuitas. Sólo hay que dejarse llevar y pasar grandes ratos, cosa que se logra sin problemas.

TERRORÍFICAMENTE MUERTOS de Sam Raimi – 1987 – (“Evil Dead II”)


El joven Ash y su novia Linda se marchan a pasar el fin de semana a una vieja cabaña perdida en los oscuros bosques de las montañas de Tennessee. En la casa encuentran una cinta en la que hay grabados unos extraños pasajes de un antiguo y peligroso libro: El Necronomicon, el Libro de los Muertos. A Linda le empieza entonces a ocurrir algo: se empieza a transformar en un monstruo horrible… Y ataca a Ash.

Cinco años después del gran éxito de “Posesión Infernal” y tras haber rodado ya dos nuevas películas, Sam Raimi se atrevió a continuar la saga mítica que le lanzó a la fama con un remake de la propia “Posesión Infernal” cuyo nombre original en inglés es “Evil Dead II”, pero que aquí se tradujo como “Terroríficamente muertos”. A pesar de esta denominación, “Evil Dead II” no es una secuela de “Evil Dead”; es un, como comenté antes, remake, rodado con más medios (aunque no muchos más) y con una historia que es prácticamente idéntica a la anterior salvo por unos pocos matices distintos sin mucha importancia. Ahora, Ash (genial como siempre Bruce Campbell, que repite papel protagonista) viaja a la casa maldita sólo con su novia, y ha de luchar contra ella, convertida en un zombie hambriento de carne humana. El filme, como el anterior, es todo un desprejuiciado desmadre de luchas, sangre, tripas, miembros cercenados y esplendorosas heridas cuya trama, de nuevo simple y lineal hasta decir basta, no es más que una excusa para todo este desmadre, que es más hiperbólico si cabe debido a los mejores efectos especiales. Además, y por si fuera poco, Raimi elimina en “Terroríficamente muertos” el relativo terror que se respiraba en “Posesión Infernal” y centra toda la acción frenética en la pura comedia absurda gore, con lo cual el espectáculo es todavía más delirante, con zombies que bailan ballet en el bosque o que practican las artes marciales, árboles malditos, monstruos más feos, muecas más horribles (de los monstruos y del propio Bruce Campbell), armas más brutales y sádicas y un desenlace completamente inesperado y surrealista que, la verdad, no viene mucho a cuento con la historia pero que deparará más de una risotada, además de servir de enlace con la tercera entrega de la saga, “El Ejército de las Tinieblas”. En el cine de Raimi todo vale para abrir el camino a la diversión. Esta trilogía es un ejemplo.

POSESIÓN INFERNAL de Sam Raimi – 1982 - (“Evil Dead”)


Cinco jóvenes amigos se marchan a pasar el fin de semana a una vieja cabaña perdida en los oscuros bosques de las montañas de Tennessee. Allí, en el sótano de la casa, encuentran por casualidad un magnetófono, un cuchillo ritual y un libro que parece antiquísimo. Mientras investigan sobre ellos, la noche cae poco a poco. Algo de otro mundo está a punto de atacarles…

Sam Raimi es uno de los directores de cine fantástico norteamericanos más importantes de las dos últimas décadas, creador de una obra casi siempre comercial pero llena de personalidad artística caracterizada por un estilo brutalmente desmesurado en todas sus formas, espectacular por todo lo alto y basado en la acción frenética, que a menudo es el motor de sus tramas (aunque no por ello deja de lado el cuidado de una buena historia). Heredero de la visualidad y la plástica del comic, que ha traspasado a la gran pantalla como pocos autores han logrado, Sam Raimi ha rodado todo tipo de películas y, a pesar de estar más anclado en esta mencionada herencia del mundo de las viñetas, ha tocado también otros estilos visuales, e incluso ha realizado incursiones fuera de su habitual cine de fantasía. A menudo sus creaciones exageradas (sobre todo en sus primeras etapas) han sido injustamente incomprendidas y tachadas de efectistas sin sentido. Sam Raimi juega con este efectismo, lo parodia o lo auto-parodia con intenciones humorísticas o ambientales, de ahí que muchas de sus películas parezcan puros comics en movimiento o dibujos animados. Eso sí, hay que decir que una de las críticas que más le han lanzado a Raimi es cierta: su obra es y ha sido siempre irregular, y ha alternado geniales películas con otras muy mediocres y con otras realmente malas, e incluso, en mi opinión (y en la de muchos más) no ha sabido salir bien parado de las discutidas adaptaciones del super héroe de Marvel “Spiderman”, películas que dividen sin cesar a público y a crítica. Sam Raimi revolucionó el cine de terror y la comedia de terror con su trilogía “Posesión Infernal”, “Terroríficamente muertos” y “El Ejército de las Tinieblas”. Su obra se compone además de la comedia negra “Ola de crímenes, ola de risas”, de la adaptación del comic de acción “Darkman”, del western incomprendido aunque ciertamente irregular “Rápida y mortal”, de la genial película negra “Un plan sencillo”, del muy flojo drama romántico deportivo “Entre el amor y el juego”, del filme de fantasmas “Premonición”, de las tres entregas modernas hasta la fecha de las aventuras del hombre araña, “Spiderman”, “Spiderman II” y “Spiderman III” y de la comedia de terror "Arrástrame al infierno".

Rodada con cuatro duros pero con muchas ganas de hacer algo bueno y divertido, supuso “Posesión Infernal” todo un soplo de aire fresco al cine de terror un poco estancado del momento. Película de culto instantánea, la ópera prima de Sam Raimi se convirtió inesperadamente en todo un éxito de público y de crítica que a él le permitió continuar con desahogo su carrera cinematográfica. La historia es bien sencilla, pero tremendamente efectiva: un grupo de amigos, tras desatar una maldición, ha de luchar contra ella y contra los monstruos que genera. El escenario: una casucha en medio de un bosque. El resultado: una hora y veinte minutos de diversión a raudales, muchas risas y algún que otro susto. El filme, rodado con unos medios escasísimos (con una cámara subida sobre un carrito en las persecuciones), es una mezcla de historia de terror con pura comedia. La violencia, que se puede catalogar sin problemas como “gore”, aparece tratada sin ningún tipo de prejuicio: las heridas aparecen abiertas en todo su esplendor, la sangre lo inunda todo (incluso más de la que cabe en un cuerpo), las vísceras ruedan por todas partes y los miembros vuelan a discreción. El objetivo es provocar la más loca hilaridad, y para ello hace gala Raimi de su estilo desaforado en todos los aspectos: el efectismo es siempre gratuíto, y las sobreactuaciones, e incluso la simplona historia y sus diálogos, muchos sin pies ni cabeza, no son más que una excusa para que los espectadores disfruten de todo un festival de muertes, tripas, persecuciones, luchas con armas blancas de todo tipo, monstruos horrendos, risas y gritos. “Posesión Infernal” es toda una caritura de un filme de terror clásico, y una de las películas más divertidas de toda la década de los ochenta, hecho al que ayuda su protagonista, el genio de las muecas Bruce Campbell, uno de los intérpretes más carismáticos de la década y ahora, por desgracia, un poco olvidado. En los años que siguieron, Raimi rodó “Terroríficamente muertos”, un remake de esta obra, y la segunda parte de este remake: “El Ejército de las Tinieblas”, ambas aún más divertidas y delirantes si cabe.