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lunes, 31 de agosto de 2009

EL MEXICANO de Robert Rodríguez – 2003 – (“Once upon a time in Mexico”)


El agente de la CIA Sands lleva mucho tiempo buscando al famoso y temido Mariachi por todo México. Cuando por fin lo encuentra, le ofrece un contrato para que mate al mafioso Barillo, que quiere asesinar al presidente del país, lo cual provocaría un gran caos y terribles consecuencias. El Mariachi se une a él en su conspiración, aunque por motivos muy distintos… El Mariachi, una vez más, clama venganza.

La saga del Mariachi de Rodríguez termina (por ahora, y esperemos que aquí se quede) con “El Mexicano”, tercera entrega de sus aventuras ya desastrosa que reconcentra todo lo peor que su cine tiene. Una vez más encontramos, en el aspecto visual y narrativo, las influencias fieramente heterogéneas de su creador: “El Mexicano” es un western/filme negro de acción con toques de comedia negra y con un estilo que bebe de los dibujos animados, de los comics, de los videojuegos, de la serie B y de los mencionados western, cine negro y cine de acción. Hasta aquí bien: el cine de este director tiene una personalidad innegable. Sin embargo, aquí se queda. Como siempre, Robert Rodríguez vuelve a centrar todos sus “esfuerzos” en divertir al espectador sin ningún tipo de pretensiones. Lo que ocurre es que esta vez la falta de pretensiones es tan absoluta que hace de la obra una purísima excusa barata para colocar una interminable sucesión de escenas de acción a cada cual más absurda y espectacular. El cine de mero entretenimiento ha dado maravillas a la filmografía mundial, pero este cine que se ha quedado en la memoria colectiva (muchas películas de creadores como Fleischer, De Mille, Thorpe, Spielberg, Donner, McTiernan, Lucas…) tenía una base argumental mínima a la que las aventuras y la acción estaban subordinadas, y no al revés. En las irregulares “El Mariachi” y “Desperado” las tramas eran simplonas y lineales, pero en “El Mexicano” ya es directamente ridícula, mal planteada y desarrollada y gratuita en casi todos los aspectos. La cinta no es más que un espectáculo pirotécnico lleno de escenas de acción ingeniosas (eso tampoco se lo niego). Y punto y final. La historia trata de nuevo sobre la venganza del Mariachi (que ve como asesinan a cada nueva novia que se echa), aunque Rodríguez la enmarca en una delirante revolución popular contra un esperpéntico presidente corrupto. Los diálogos son de risa, no tienen sentido y resultan inconexos, los personajes actúan muchas veces de manera inexplicable, hay lagunas y cabos sueltos en el guión y los actores son realmente penosos: desde Banderas y Hayek hasta los mismos Depp (que al contrario que muchos no creo que haga un buen papel solamente porque de vida a un freak), Dafoe y Rourke (de Enrique Iglesias mejor ni hablo). Eso sí, tendremos lo de siempre pero multiplicado por mil: explosiones sin descanso, tiros por todas partes, mucha sangre, malos muertos por doquier, destrozos y seres humanos saltándose a la torera las más elementales leyes de la física y hasta disparando ciegos y acertando. ¡Si hasta en los flashbacks en los que El Mariachi recuerda a su amada muerta tenemos escenas de acción! ¿Que todo es un homenaje paródico freak? Puede ser. Pero sin argumento no hay nada de nada. Eso es “El Mexicano”. Nada.

DESPERADO de Robert Rodríguez – 1995 – (“Desperado”)


El Mariachi ha llegado a la ciudad en busca de Bucho, el mafioso que domina el lugar, para vengarse de él por el asesinato de su novia y por la mutilación de su mano. Allí, va a comenzar a acabar con todos sus hombres y a arrasarlo todo. Sin embargo, Bucho tiene más armas aparte de sus secuaces… El Mariachi se siente atraído por Carolina, la dueña de un café librería, y Bucho piensa utilizarla para atraparlo.

Después del enorme éxito de su ópera prima, “El Mariachi”, Robert Rodríguez entró arrasando en la industria de peso. En un espacio de un año y poco más, presentó la segunda parte/remake de su debut, “Desperado”; la película de vampiros “Abierto hasta el amanecer” y uno de los cortometrajes de la colección “Four rooms”. Tuvo también una gran suerte: “El Mariachi” llegó a ser una película de culto (cosa que parece que ni él se esperaba) y supo hacerse amiguito del genial pero sobrevalorado y tontamente llamado “Rey de la Independencia” Quentin Tarantino (autor de otro de los cortos de “Four rooms”), lo que le permitió ingresar sin problemas en el grupo de jóvenes cineastas de cuna independiente innovadores, recicladores, canallas y desprejuiciados de los noventa. “Desperado” es, en todos los aspectos, un “El Mariachi” rodado con dinero. La película es un híbrido entre remake y segunda entrega de ésta, aunque creo que se la puede catalogar mejor como lo primero, ya que en la historia que en ella se narra hay aspectos que no coinciden con la de la anterior. El Mariachi ya no es Carlos Gallardo, sino Antonio Banderas, que iba a establecerse como el actor fetiche de Rodríguez; su amada es Salma Hayek y su enemigo Joaquim de Almeida. La historia viene a ser muy parecida: básicamente, el protagonista, un luchador y tirador ya experimentado, tiene que enfrentarse a unos malvados mafiosos en una pequeña ciudad del desierto mexicano. Mejoran los efectos especiales, y… Pues poco más. “Desperado” es una cinta de acción divertida y desprejuiciada en todos los aspectos que presenta un aspecto visual excesivo y que bebe de un gran número de variadas influencias. En ella se dan la mano el western, el cine negro, el cine de acción, la comedia negra, el comic, los dibujos animados… Por desgracia, le ocurre lo que a tantas películas de su creador: está tan volcada en divertir que se olvida de desarrollar una trama interesante. No llega al nivel paupérrimo de su despreciable continuación, “El Mexicano”, pero tampoco deja de ser una simple excusa para la acción frenética. Tiene apuntes interesantes: sus personajes freaks, la actuación de Steve Buscemi y Tarantino, la simpatía que el conjunto destila y también algunas escenas realmente imaginativas y efectivas. Hay más presupuesto para tiros, explosiones y sangre, elementos que aparecen notablemente multiplicados. La película es un festival pirotécnico sin pretensiones, listo para divertir sin más. Por desgracia, la falta de un argumento más trabajado le impide pasar de ser un divertimento mediocre, a pesar de la personalidad que destila, que no se la niego.

domingo, 30 de agosto de 2009

EL MARIACHI de Robert Rodríguez – 1992 – (“El Mariachi”)


Un joven mariachi llega, buscando trabajo, a una pequeña ciudad del desierto mexicano en la que las mafias están en pie de guerra. Allí es, por una mala casualidad, confundido con Azul, el oculto y letal rival de El Moco, uno de los capos líderes del lugar. Por suerte para él, también cae en sus manos un buen arsenal de armas de fuego de toda clase… El juego de la supervivencia ha empezado, y el joven mariachi se va a convertir en un héroe para la ciudad.

A Robert Rodríguez su a veces absoluta falta de pretensiones le encumbra por momentos y le hunde en gran parte de su irregular filmografía. Sus películas tienen una clarísima y casi única intención: divertir. Y es lo que consigue, pero no sale de ahí. Su estética es fieramente ecléctica y destila una firme personalidad. Robert Rodríguez es, como su amigo Quentin Tarantino, un amante del collage visual y, también, narrativo y argumental. En sus películas cabe cualquier influencia en cualquiera de sus componentes: el comic, los videojuegos, los dibujos animados, el cine de serie B y de más allá, el western, el cine épico, el cine negro, el cine fantástico, la comedia adolescente, la comedia negra, la ambientación kitsch, los elementos retro, la ciencia ficción… Todo se une en sus cintas en una caótica amalgama canalla y completamente desprejuiciada. Su cine es un cine de acción frenético, a menudo muy violento y a veces gratuitamente sangriento, cargado de humor facilón y negro y de golpes de efecto espectaculares y, en muchas ocasiones, también gratuitos. No hay que negárselo: personalidad tiene, y también imaginación en según qué momentos, y sabe llevar muy bien las escenas de acción. En sus obras, como he comentado, no hay pretensiones salvo las más estrictamente lúdicas. Por desgracia, esta misma falta de pretensiones es la que, en mi opinión, le impide despegar como un autor. Sus historias llegan a ser, de tan excesivamente lúdicas, anodinas. Muchas de sus películas parecen simples excusas para colocar escenas de acción sin descanso. Sus personajes son planos hasta decir basta: tienen un interesante toque freak, pero no lo desarrollan más allá de sus apariencias o de sus actuaciones superficiales. Muchas veces, en sus cintas los acontecimientos se precipitan sin explicaciones convincentes o directamente sin explicaciones de ningún tipo. Todo ocurre porque sí, y esto tiene su gracia, pero cuando hay un mínimo apunte argumental, un mínimo hilvanamiento y de interés en la trama. Robert Rodríguez tiene un estilo, pero no tiene nada más. No es capaz de acompañar ese estilo con un fondo de ningún tipo, ni siquiera con un fondo básico de cine de aventuras digno. Su filmografía, salvo contados casos, está compuesta de películas mediocres y de puras bazofias. Su actor fetiche es Antonio Banderas. Bastante prolífico (normal, con esos guiones), debutó con “El Mariachi”, una película rodada con cuatro duros realmente divertida que le abrió las puertas de la industria de peso. Le siguieron, ya dentro del mercado hollywoodiense, su horrenda continuación/remake, “Desperado”; la divertida colección de cortometrajes rodada con otros tres directores (Tarantino entre ellos) “Four rooms”; la divertida película de vampiros “Abierto hasta el amanecer”, la irregular película de terror “The Faculty”, las comedias para niños “Sky Kids” y “Spy Kids II: La isla de los sueños perdidos”, la continuación de “Desperado”, la despreciable “El Mexicano”; la continuación de la saga de los Spy Kids “Spy Kids 3D: Game Over”, la película de aventuras para niños “Las aventuras de Sharkboy y Lavagirl en 3D”, la más que aceptable adaptación de comic negro “Sin City” (una de sus mejores películas) y la divertidísima "Planet Terror" (otra de sus mejores películas), primera parte del dúo fílmico "Grindhouse" que llevó a cabo en compañía del mencionado Tarantino. Actualmente está a punto de sacar a las salas la friolera de cuatro películas: "Machete", "Red Sonja", "Shorts: la piedra mágica" y "Sin City II".

Robert Rodríguez debutó con “El Mariachi”, la que tal vez sea su mejor película junto a “Abierto hasta el amanecer”, “Sin City” (cuya trama ni siquiera es obra suya) y "Planet Terror". Era por entonces un joven con muchas ganas de hacer cine, y lo logró recaudando 7.000 dólares de familiares, amigos, donaciones propias de sangre y de semen, según parece, experimentos con drogas a los que se sometió para la sanidad pública. La película, un western de acción, está rodada en 16 milímetros y resulta, además de tremendamente simpática, realmente divertida. La historia es bien simple (tiene una historia por lo menos, no una excusa como sus secuelas, “Desperado” y “El Mexicano”): el clásico hombre mediocre llega a un pueblo dominado por un malvado mafioso al que se enfrenta y al que gana gracias a una jugarreta del destino que pone en sus manos una gran cantidad de armas. Punto. El resto son personajes planísimos con un toque freak, oleadas de disparos, malos muriendo como moscas, una historia de amor tópica, un malvado esperpéntico y muchas escenas de acción y espectacularidad (muy bien recreadas para el poco dinero con el que se contaba). La ambientación exótica y sucia, muy influenciada por la de los westerns de Sergio Leone, está muy conseguida, y la cutrez que se respira en todo momento ayuda a sumergir al espectador en los bajos fondos de un México conscientemente estereotipado. Los actores son pésimos, encabezados por el anodino Carlos Gallardo, amigo de Rodríguez que colaboró activamente en el proyecto y que posteriormente sería productor de muchas de sus futuras obras tras ser sustituído en su papel precario por Antonio Banderas. Con “El Mariachi” se pasa un buen rato. Por supuesto, no es esa obra maestra que dicen que es. ¿Qué es independiente? Sí. ¿Qué está rodada con cuatro pesetas y un enorme esfuerzo? También. ¿Qué es original? Hasta cierto punto. Pero nada más: una película muy entretenida y, por sus circunstancias de producción, de culto.