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sábado, 12 de junio de 2010

LA GRAN AVENTURA DE PEE-WEE de Tim Burton – 1985 – (“Pee-Wee’s big adventure”)


Al pobre Pee-Wee le han robado su amada y flamante bicicleta. Desesperado, acude a la única persona que puede ayudarle a encontrarla: la adivina. Pero Pee-Wee tiene tan mala suerte que ésta se equivoca… Y lo envía a recorrer un camino lleno de peligros en el que va a enfrentarse a criminales, fantasmas y hasta dinosaurios. Por supuesto, Pee-Wee va a sembrar el caos allí a donde llegue…

“La gran aventura de Pee-Wee”, el debut para la gran pantalla de Tim Burton, es una de sus películas más olvidadas y lo es con razón, ya que deja bastante que desear en todos los aspectos a pesar de que tenga a su favor el hecho de que, aún siendo un puro trabajo de encargo de un creador en busca de pista de despegue, cuenta con una cierta personalidad visual en la que se encuentra el embrión de lo que iba a ser en el futuro el cine del director gótico de Hollywood. La ópera prima de este famoso realizador no era más que un vehículo para el lucimiento de Pee-Wee Herman, el mítico personaje cómico de la televisión de los años ochenta al que encarnaba Paul Reubens, un hombrecillo supuestamente entrañable, alocado, infantil, ingenuo y bondadoso que nunca deja de meterse en líos y que alcanzó tanta popularidad en la referida década que llegó a poseer su propio show y a protagonizar aventuras suyas destinadas a las salas como ésta. Él mismo fue quien seleccionó a Burton para dirigir la primera de ellas (habría otra: “Big Top Pee-Wee”), tras haber visto sus excelentes cortometrajes “Vincent” y “Frankenweenie”. La película, que funcionó bastante bien en las taquillas y que abrió las puertas a su director para que pudiera embarcarse en otros proyectos como “Beetlejuice”, no deja de ser la clásica obra familiar orientada casi exclusivamente a los niños y a los seguidores del personaje. La historia que narra carece de cualquier interés: a Pee-Wee le roban su bicicleta, por lo que ha de recuperarla y viajar por una infinidad de lugares en los que ha de enfrentarse a toda clase de seres extraños, seres en los que se encuentra la impronta de un Tim Burton primerizo pero ya interesante. La cinta ha envejecido muchísimo: su humor hoy no tiene ninguna efectividad y se ha quedado completamente obsoleto (ni siquiera para los salvajes niños de nuestros días, muy distintos a aquellos pobres ingenuos que éramos los niños que nos criamos en los ochenta) y Pee-Wee, que no para un segundo de hacer horrorosas muecas y sonidos extraños, resulta en todo momento aborrecible y hasta patético por irritante. Las gracietas del filme básicamente consisten en constantes persecuciones, golpes y caídas, y poco más. Hoy, veinticinco años después de su estreno, muy pocos se acuerdan de esta cinta de consumo rápido. ¿Qué se puede aprovechar de “La gran aventura de Pee-Wee”? Sus personajes, esbozos de lo “burtoniano”: el propio Pee-Wee, un freak excéntrico y extravagante, aunque feliz y nada oscuro, y todos los que le rodean en su periplo: seres sacados de un circo o de un carnaval onírico entre los que hay fantasmas y dinosaurios (espléndidamente animados en stop-motion). También se puede encontrar el “toque Burton” en algunos escenarios como la casa del protagonista, llena de extraños inventos, o como el barranco oscuro en el que se llega a caer. Pero nada más. Como curiosidad se puede ver, pero sólo para los muy fans de su creador.

jueves, 6 de mayo de 2010

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS de Tim Burton – 2010 – (“Alice in Wonderland”)


Alicia tiene veinte años pero no ha dejado de ser la chica soñadora y aventurera que siempre ha sido. Sin embargo, en estos momentos se siente hastiada del futuro que su familia le ha preparado: casarase con un joven rico pero aburrido y sin imaginación. Por suerte, la vida de Alicia está a punto de cambiar... El País de las Maravillas de sus sueños necesita ayuda, y sólo ella puede salvarlo de las garras de su enemiga mortal: La Reina Roja. En sus manos está el destino de todo un mundo al que está a punto de volver.

Tim Burton, al igual que hizo Steven Spielberg hace ya casi veinte años con Peter Pan en su filme "Hook", reinventa parcialmente los mitos de la Alicia de Lewis Carroll narrando una historia de aventuras, amistad y superación en la que la protagonista vuelve al País de las Maravillas de sus sueños tras haber ya superado la adolescencia (tiene veinte años ya) para salvarlo y enfrentarse a sus viejos miedos y, por supuesto, a la malvada Reina de Corazones. La película es correcta en todo momento, aunque no es ni de lejos lo mejor de Tim Burton, que desde el bodriazo de "El Planeta de los Simios" camufla su última irregularidad con su personalísimo estilo visual, siempre innegable e impecable pero... no más que un personalísimo estilo visual. Así, se han sucedido desde entonces en la carrera de este autor obras muy correctas como "Big Fish" o "Sweeney Todd" y otras más flojas (desde mi punto de vista) como "Charlie y la Fábrica de Chocolate" o "La novia cadáver". "Alicia en el País de las Maravillas" no deja de ser correcta en todos los aspectos y, como conjunto, no es un mal filme: contiene las dosis juntas de aventura y acción y las combina con una trama bien delineada que se sigue básicamente con interés y que conjuga, como los buenos cuentos clásicos y como las propias historias de Lewis Carroll, la fantasía casi heroica con un acertado toque oscuro y cruel. El reparto es también destacado, desde los ya casi eternos (en la filmografía de Tim Burton) Johnny Depp y Helena Bonham Carter hasta la muy solvente Mia Wasikowska, Crispin Glover, Anne Hataway o Alan Rickman o Christopher Lee, que aportan sus voces. "Alicia en el País de las Maravillas" es una correcta reinvención de dos clásicos (también se incluye "Alicia a través del espejo") con mucha personalidad visual. A pesar de todo, se echa de menos al Tim Burton de "Eduardo Manostijeras", "Pesadilla antes de Navidad" o "Ed Wood".

sábado, 8 de agosto de 2009

BATMAN VUELVE de Tim Burton – 1992 – (“Batman Returns”)


Es Navidad en Gotham, y, para celebrarla, un nuevo villano ha hecho acto de presencia en sus calles: el Pingüino, un hombrecillo deformado y lleno de odio que planea dominar la ciudad convirtiéndose en su alcalde. Batman se enfrenta a él. Sin embargo, el Pingüino no está solo: le apoya el pérfido e influyente empresario Max Shreck. Además, otro ser extraño ha aparecido en la noche: Catwoman, la mujer gato… ¿Es una amiga o una enemiga? ¿Por qué Batman se siente atraído por ella? Una vez más, Gotham se encuentra al borde del caos.

Después del enorme éxito logrado con “Batman”, Tim Burton comenzó a ser reconocido como uno de los directores visualmente más originales e impactantes de su momento. Su carrera gozó poco tiempo después de otro gran éxito, el de una de sus obras más personales: “Eduardo Manostijeras”. Tras él, ya plenamente instaurado en la industria y lo que es más importante, con el beneplácito de los que ponen el dinero, retomó el personaje del hombre murciélago para realizar una excelente segunda entrega de sus aventuras que, en mi opinión, supera en algunos aspectos a la primera. Gracias a los más que fructíferos resultados de “Batman” en la taquilla, los productores de ambas películas otorgaron a Tim Burton una libertad casi total a la hora de rodar “Batman Vuelve”. Así, el tono de esta cinta fue el mismo que el de su antecesora en casi todos los aspectos. El héroe, de nuevo interpretado por un solvente Michael Keaton, siguió siendo un héroe sombrío enfrentado a unos enemigos que, por momentos, parecían no ser más que sombras oscuras o trastornadas de él mismo. Esta vez serían dos: el Pingüino, interpretado por un genial Danny DeVito, y Catwoman, a la que daría vida una también maravillosa Michelle Pfeiffer. Gotham siguió siendo un lugar inhóspito y negro; esta vez estaba nevada como en un cuento tétrico de Navidad, y volvía a ser una ciudad gótica de toques modernos oscura hasta la asfixia, retratada con un maquiavélico ojo expresionista y cargada de influencias estéticas de todo tipo que iban, ahora, desde la fábula clásica norteamericana (de esta misma Gotham tomaría Burton muchos conceptos escenográficos para su posterior “Sleepy Hollow”) hasta la narración realista decimonónica pasando por ciertos toques de estética pop sombría, de cine mudo onírico o de puro teatro de marionetas. En todos los aspectos “Batman Vuelve” resultó ser una cinta mucho más redonda que “Batman”. Subsanó uno de los principales fallos de su antecesora: el personaje del protagonista. Batman ya sí que tenía el carisma y el desarrollo interior suficientes como para hacerle sombra a sus enemigos. La tríada de protagonistas de esta entrega era una nueva galería de freaks inadaptados, personajes habituales en la filmografía de su creador. Batman se encuentra más cansado, ligeramente más hastiado de su trabajo en la sombra e igual de taciturno, apagado y triste. La nueva relación amorosa que le asalta es creíble: Michelle Pfeiffer no es Kim Basinger, y su personaje es tal vez el que tiene más gancho de esta tríada. Catwoman, insinuante, sigilosa y salvaje, embutida en un traje de reluciente cuero, es aquello que al Hombre Murciélago le falta: otra criatura de la noche como él, solitaria y amargada, sedienta de odio, con otro pasado oscuro y otro presente turbulento y con un pie puesto en el buen camino y otro en el malo. La relación entre ambos, de amor y de odio, fluctuante, enriquece a “Batman Vuelve” presentado un conflicto romántico trágico que en “Batman” no existía. El tercer monstruo en discordia, el Pingüino, es capaz de igualar en mi opinión en carisma al propio Joker de Jack Nicholson. Burton se basó para recrearlo en los habituales “malvados” de las novelas de Charles Dickens: malvados esperpénticos, retorcidos, meticulosos y extravagantes y también algo infantiles y muy patéticos. Es, además de esto, físicamente calcado al Doctor Caligari de la obra clave del expresionismo alemán “El Gabinete del Doctor Caligari” (mientras que Eduardo Manostijeras era calcado a su sirviente asesino Cesare, de la misma película). Por supuesto, también esconde el Pingüino un pasado de tristeza que le impulsa a actuar como actúa: a luchar por su reconocimiento en una sociedad que le dio de lado y, además, por su venganza. El único personaje realmente malo en todos los aspectos del filme viene interpretado por un no menos genial Christopher Walken: Max Shreck (claro homenaje al “Nosferatu” de Murnau, filme que Burton adora y cuya influencia es más que palpable en su obra). “Batman Vuelve” es una genial película de acción cargada de imaginación y de buen hacer, otra de esas escasas obras comerciales que se pueden definir sin problemas como obras “de autor”. Tras ella, y al parecer observando que su Batman recibía más críticas que nunca por ser "demasiado oscuro para el público infantil y juvenil", Burton renunciaría a realizar la tercera entrega de la saga: “Batman Forever”, de la que se encargaría Joel Schumacher con horrendos resultados y en la que aparecía por vez primera Robin, que iba a aparecer en las dos primeras pero que fue desechado por no adecuarse al mencionado tono oscuro de ambas. De las dos entregas dirigidas por Burton, ¿con cual os quedáis?

viernes, 7 de agosto de 2009

BATMAN de Tim Burton – 1989 – (“Batman”)


Gotham es una de las ciudades con el índice de criminalidad más alto de todo el planeta: es un campo de batalla donde reinan la corrupción y la violencia y donde los débiles son aplastados sin piedad por los poderosos. Muy pocos se atreven en ella a luchar por la justicia. Uno de estos pocos es el Comisario Gordon, y otro de ellos es su gran aliado Batman, el misterioso Hombre Murciélago que, tras las sombras, siembra el terror entre los malvados y cuya verdadera identidad nadie conoce. Batman está ahora, sin embargo, a punto de enfrentarse a uno de los peores enemigos de su vida: el Joker, un hombre maquillado como un payaso que ha desatado el caos en la ciudad y que le busca para vengarse de algo que él no recuerda… Gotham puede estar a punto de sumirse en la miseria más absoluta.

Después del tremendo éxito del que gozó en líneas generales la saga de “Superman”, era de esperar que no tardara demasiado, tras el fin de esta después de cuatro entregas (hasta la reciente “Superman Returns” de Bryan Singer) en comenzar la del otro gran superhéroe de DC Comics: “Batman” (por diversas razones, a los de Marvel no les llegaría la hora –por lo menos con dignidad- hasta la entrada del siglo XXI). El proyecto, después de que lo rechazaran Joe Dante e Ivan Reitman, fue a parar a las manos de Tim Burton, un joven cineasta por el que entonces nadie daba un duro y que todavía sólo había dirigido dos irregulares comedias familiares: “La gran aventura de Pee Wee” y “Bitelchus”. El resultado fue del todo inesperado. Tim Burton se desligó completamente del concepto de superhéroe que latía en la mente de los productores del filme: un concepto que entroncaba directamente con el del Batman de la mítica serie de televisión de los años sesenta (la de Adam West y Burt Ward, la de los célebres “Boum”, “Crash”, Bang”) y con el de la misma saga de su compañero Superman. Tim Burton no dejó de luchar un minuto contra los que produjeron su filme. Al final, después de muchos quebraderos de cabeza, lo logró: en su “Batman” no habría colorido, no habría trajes llamativos, no habría un héroe perfecto y no habría una cara bonita para él. Su superhéroe fue como iban a ser los personajes de su posterior cine: oscuro, casi monstruoso por momentos y siempre atormentado por un pasado triste y por un presente turbulento. Su Batman se enfrentaría a su enemigo, pero también se enfrentaría a sí mismo, llegando a plantearse si lo que estaba haciendo lo hacía por justicia o por pura venganza. Su Batman iba a ser más creíble y humano que todos los Superman y todos los Batman que había habido hasta la fecha, e incluso más creíble y humano que muchos de los superhéroes que hoy tenemos en las grandes pantallas o recién salidos de ellas. El escenario le iba a acompañar: Gotham fue por primera vez verdaderamente gótica en las pantallas. Tim Burton realizó en ella uno de sus mejores trabajos de ambientación. Su ciudad fue un inolvidable caos ordenado de influencias que se convirtió en un protagonista más de la cinta: oscura, sombría, siempre bajo un cielo de plomo o negro, llena de humos (la sombra de “Blade Runner” o del “Satyricon” de Fellini, entre otras, fue alargada), de claroscuros, colosalista, de puntiagudos edificios góticos junto a mugrientas fábricas, de reminiscencias de principios de siglo o de los años cuarenta y cincuenta junto a una tecnología punta glamourosa y de homenajes ambientales y formales al cine negro clásico y, especialmente, al expresionismo alemán, que parece devorarlo todo dislocando las construcciones, a veces de dimensiones imposibles. Sus pobladores no desentonaron: esperpénticos y aterradores a más no poder, sacados directamente de cuentos de hadas oscuros o de un teatro de marionetas. ¿Qué decir, por otra parte, del villano del filme? Jack Nicholson bordó al personaje del Joker en el que es uno de sus mejores papeles, un Joker histriónico sin caer en el ridículo, un Joker perverso y oscuro pero que es todo un festival de humor negro, un humor que a Burton siempre le ha encantado y que aquí aplica sin cesar. El envoltorio se completó con la inolvidable banda sonora de Danny Elfman y con unos geniales efectos especiales. Tim Burton demostró por primera vez en el cine que la historia de un superhéroe iba algo más allá del clásico enfrentamiento entre el bien y el mal y de la historieta de entretenimiento con moralina y humor para jóvenes. Tim Burton se alejó del concepto original que tenían los primeros comics del personaje creado por Bob Kane (que, sin embargo, siempre pensó en Batman como en el ser sombrío que no llegó a ser hasta tanto tiempo después) para acercarse al de la oscura renovación que le imprimieron grandes autores del cómic mundial como Frank Miller (“Sin City”, "Ronin" “300”...) en sus obras “El regreso del Señor de la Noche” y "Batman: Año Uno" (dos de los comics más importantes de la década de los ochenta) o Alan Moore ("Watchmen", "V de Vendetta", "From Hell", "La Liga de los Caballeros Extraordinarios"...) en "La broma asesina" (un cómic que configuró definitivamente al Joker de Nicholson) . El filme llegó a ser un gran éxito de taquilla, aunque la crítica lo destrozó sin piedad. Ciertamente, puede estar “Batman” un poco sobrevalorada. Es una notable película de acción que desarrolla a sus personajes y les dota de una cierta hondura. Tiene un fallo que a nadie deja indiferente: a pesar de ser su protagonista un héroe contradictorio en todo momento, solitario e inadaptado (Bruce Wayne no es más que otro freak marginal de esos que a Burton tanto le gustan) llega un momento en el que se ve completamente devorado por el imparable carisma de su enemigo el Joker. Tal vez sea por Michael Keaton (a nadie le gustó que interpretara al Hombre Murciélago, aunque creo que el papel que hace es aceptable), tal vez sea por lo desmesurado y lo genial que es Jack Nicholson. El guión de “Batman”, por otra parte, tampoco es nada del otro mundo: lineal y predecible, a pesar de ser muy efectivo. Otra cosa que muchos fans de Batman nunca perdonaron fue el hecho de que Tim Burton se sacara de la manga la tontería de que el Joker mató a los padres de Bruce Wayne (de ahí las confusiones de muchos/as no familiarizados con los comics tras la imprescindible “Batman Begins” de Christopher Nolan). Sin embargo, y a pesar de estos fallos, “Batman” es, creo, la primera película de la historia que trata a un superhéroe con la dignidad plenamente adulta que se merece (y lo digo sin desmerecer de las geniales pero más infantiles "Superman" y "Superman II"). Es una película comercial plenamente de autor. Fue, además, la obra que confirmó a Tim Burton como una joven promesa de su momento. Poco después, él mismo dirigiría su continuación, tras la que pasaría las dos siguientes entregas a Joel Schumacher, que destrozaría la saga sin miramientos. Por suerte, Christopher Nolan le devolvería el esplendor al personaje con “Batman Begins” y con "El Caballero Oscuro".

viernes, 31 de julio de 2009

EDUARDO MANOSTIJERAS de Tim Burton – 1990 - ("Edward Scissorhands")


La señora Peg Boggs, que vende cosméticos de puerta en puerta, encuentra un día por casualidad, en la mansión abandonada que se erige a las afueras de su pueblo, a Eduardo, un joven extrañísimo, misterioso, muy tímido y de enorme corazón que tiene tijeras en vez de manos. Apenada, lo lleva a vivir a su casa, en donde el chico tiene sus primeros contactos con la sociedad y en donde se enamora de su hermosa hija Kim, que le corresponde. Este amor, sin embargo, es un amor prohibido: los vecinos del pueblo, intransigentes y temerosos, no le van a perdonar a Eduardo el ser diferente a ellos.

Casi siempre comercial e integrado a la perfección en la industria, Tim Burton ha sido un director que ha sabido bregar con público y productores para, digamos, hacer en todo momento lo que le diera la gana y encima ganar dinero con ello. Es uno de los cineastas más personales del Hollywood actual. Maestro de lo visual, Tim Burton ha creado un universo fantástico propio que bebe de toda clase de mitos y de referencias oscuras y freaks: los relatos de Edgar Allan Poe y la literatura y la estética gótica, el expresionismo alemán, los grandes clásicos del terror de la Universal y de la Hammer, los grandes clásicos de la serie B, los cómics, las viejas leyendas norteamericanas, la poesía romántica, el vodevil… Todo ello lo fusiona habitualmente con un estilo visual particularísimo, retorcido y gótico a menudo, sombrío o colorista según la obra, evocador y onírico como pocos, cargado de humor negro y de seres extravagantes y siempre espectacular y riquísimo en su plasticidad. Sus personajes suelen ser freaks aislados de la sociedad, diferentes del resto, angustiados por su soledad o por el desprecio que los otros les profesan a pesar de que incluso ellos intenten protegerlos o ayudarles (hasta sus personales Batman tienen esta idiosincracia). Expulsado en un principio de Walt Disney Pictures (a la que después volvería parcialmente) por considerar sus jefes que sus cuentos no eran para niños, debutó Tim Burton con dos irregulares comedias fantásticas: “La gran aventura de Pee Wee” y “Beetle Juice”, en las que ya eran patentes su estilo oscuro y retorcido y sus historias ambientadas en mundos de locura (especialmente en la segunda de ellas, que fue todo un éxito en las salas). La fama definitiva le llegaría a Tim Burton con “Batman”, polémica adaptación del comic homónimo que presentaba a un superhéroe freak atrapado en una Gotham exagerada, opresiva y negra como pocas. Después seguiría su estela con la comentada “Eduardo Manostijeras”, cuento de hadas gótico, y con la segunda entrega del hombre murciélago, “Batman vuelve”, en la misma línea estética que la anterior. Tim Burton llegaría a su esplendor total con dos películas muy distintas: el cuento negro “Pesadilla antes de Navidad”, que escribió y produjo y que rodó el animador Henry Selick en stop-motion, y la tragicomedia “Ed Wood”, su obra maestra y su película más particular (y menos conocida), un biopic en blanco y negro sobre la vida de Edward Wood Jr., el considerado peor director de la historia del cine. Con ella, Burton demostró a industria y público que era algo más que un director rarito que creaba ambientes raritos. Después seguiría rodando pero su carrera se tornaría más irregular: parodiaría las películas patrióticas norteamericanas sobre invasiones alienígenas en la fallida “Mars atacks!”, rodaría una genial cinta de aventuras góticas en “Sleepy Hollow”, tendría un brutal patinazo en todos los sentidos con su horrendo remake de “El planeta de los simios”, se redimiría con el bello cuento de hagas “Big Fish”, adaptaría el clásico cuento de Roald Dalh en la irregular “Charlie y la fábrica de chocolate”, volvería a la animación con el también irregular cuento de “La novia cadáver” y adaptaría de manera muy convincente el musical "Sweeney Todd". Actualmente prepara su versión del clásico "Alicia en el País de las Maravillas".

“Eduardo Manostijeras” es una de las mejores muestras del estilo creativo de Tim Burton y tal vez su mejor película junto a la magistral "Ed Wood". La obra, estructurada como los clásicos cuentos de hadas, es una metáfora muy clara de la marginación del diferente en la sociedad actual. Visualmente ya establece esta diferencia desde un primer momento: el joven Eduardo (soberbio e inolvidable Johnny Depp), un freak "burtoniano" absoluto de vestimenta negra y retorcida, una figura gótica con manos de tijera y barrocamente despeinada, sale de su oscura mansión en ruinas y se encuentra en un pueblo lleno de colorido, de jardines bien cuidados, de casas color pastel… Y de vecinos intransigentes y temerosos. Por supuesto, se enamora de una joven que le corresponde (excelente Winona Ryder) y, por supuesto, la vecindad no va a tolerar este amor de ninguna de las maneras. Romántica, lírica, evocadora y emotiva como pocas, "Eduardo Manostijeras" está llena de referencias y de homenajes a cuentos clásicos sobre la exclusión y la valoración del diferente y sus amores imposibles como “Frankenstein”, "El fantasma de la ópera" o “La Bella y la Bestia", a filmes clásicos como "El gabinete del Doctor Caligari" (Eduardo es un homenaje estético absoluto a Cesare, el esclavo hipnotizado del referido doctor), al expresionismo alemán (el castillo hiperbólico frente al pueblo es un truco de consciente irrealidad), al cine mudo (la palidez de Eduardo remite al maquillaje de esta época) y al terror mítico de la Universal y de la Hammer (el gran Vincent Price es incluso el padre del protagonista en el que es su último trabajo frente a las cámaras) y, también, de habilísimas metáforas, entre las que destaca la propia de las tijeras: Eduardo quiere tocar a los que le quieren, pero no puede porque no tiene manos y, si lo intenta, les hace daño. Genial y conmovedora obra maestra es "Eduardo Manostijeras".