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sábado, 19 de diciembre de 2009

STAR WARS. EPISODIO III: LA VENGAZA DE LOS SITH de George Lucas – 2005 – “Star Wars. Episode III. Revenge of the Sith”)


Las Guerras Clon han dejado a la República terriblemente debilitada. El Conde Dooku prosigue su lucha separatista mientras que el Canciller Supremo Palpatine ha sido hecho prisionero por el temido General Grievous, mitad alienígena-mitad robot. Obi-Wan y Anakin acuden a su rescate mientras una brutal batalla se libra sobre Coruscant, la capital, ya permanentemente amenazada. Este último mantiene en total secreto una relación con Amidala y cada día se muestra más diestro como Jedi pero también más asustado por perderla. Palpatine va a aprovecharse de esta debilidad y se va revelar como lo que verdaderamente es… La mano que lo mueve todo en la sombra. Obi-Wan, por su parte, se va a enfrentar con su peor misión: pararle los pies a su amado discípulo… Tiempos oscuros están a punto de cernirse sobre toda la galaxia.

Con “La venganza de los Sith” concluye por fin el aborrecible despropósito de la nueva trilogía del universo de “Star Wars”. Termina en ella Anakin de pasarse al lado oscuro de La Fuerza, muere Amidala, el Imperio se hace con el poder y acaba con la República, los Jedis son exterminados en su gran mayoría, Yoda y Obi-Wan Kenobi se exilian en planetas inhóspitos y nacen Luke y Leia Skywalker. Tengo que reconocer que el panorama mejora un poco con respecto a las bazofias de “La amenaza fantasma” y de “El ataque de los clones”. El colofón de este nuevo tríptico por lo menos alcanza un cierto grado de dignidad. Sigue estando dirigido con notable torpeza, su vulgar estética sigue estando cimientada en la mera acumulación de elementos y siguen resultando sus vacíos efectos especiales los protagonistas absolutos de su trama, lineal y simplona. Sin embargo, el hecho de que por fin encontremos un enlace verdaderamente interesante con la vieja trilogía hace que todo se siga con mayor interés. Anakin de una puñetera vez comienza a mostrar “algo” de emotividad y de hondura, Obi-Wan y Yoda ya se asustan ante él, Amidala le teme por fin aunque le ame con locura y el futuro Emperador Palpatine comienza a influenciarle definitivamente para atraerle a su bando. La historia se sigue con una cierta amenidad y el esperado combate final entre maestro y discípulo por fin tiene lugar (con la excelente “Duel of fates” de John Williams de fondo, por supuesto), mientras que su desenlace, abierto a “una nueva esperanza” (nunca mejor dicho) consigue calar un mínimo en el espectador, aunque hay que decir que tampoco es nada difícil, ya que si uno disfrutó con las referidas primeras tres películas es fácil que, por lo menos, sienta curiosidad al comprobar cómo quedan éstas enlazadas con las tres segundas. “La venganza de los Sith” no es ya un filme definitivamente bochornoso, aunque sigue resultando anodino. Le salvan mucho (por no decir en su totalidad) las conexiones con “La Guerra de las Galaxias” de 1977: creo que si se le quitan estas conexiones la película no pasa de ser olvidable, a pesar de su ambientación más oscura (oscura pero sin personalidad ninguna), de algunas excelentes escenas (la transformación definitiva del destrozado Anakin en el mítico Darth Vader, con ecos a Frankenstein, es verdaderamente genial) y de aislados momentos de acción que se muestran solventes (como la batalla estelar inicial o la lucha de Yoda contra Palpatine). Queda en este “Episodio III” la profunda huella de los desbarajustes hechos en los dos anteriores, además de bastantes e indignantes chapuzas en el guión, donde por desgracia siguen proliferando los momentos de pura vergüenza: la idiota muerte del Conde Dooku nada más comenzar el filme (más idiota que la de Darth Maul), la aparición gratuita de Chewbacca (persiste la manía de meter con calzador personajes de la anterior trilogía), el despreciable recurso de pésimo guionista por el que se les borran los recuerdos a C3-PO y a R2-D2 (¿también se los borras a Darth Vader, a Obi-Wan y a Yoda, tito Lucas?) y la peor de todas: la conversión de Anakin al lado oscuro en dos segundos (de risa o de llanto, como quieran tomárselo). “La venganza de los Sith” se puede ver mejor que sus antecesoras, pero no pasa de ser una cinta que no ha caído en otro pozo sin fondo gracias a las esperadas conexiones con “La Guerra de las Galaxias”, “El Imperio contraataca” y “El Retorno del Jedi”. Tristes episodios I, II y III. Nunca deberían haberse rodado (por lo menos en estas horribles condiciones y por este director en bajísima forma –por no decir en total decadencia-).

viernes, 18 de diciembre de 2009

STAR WARS. EPISODIO II: EL ATAQUE DE LOS CLONES de George Lucas – 2002 – (“Star Wars. Episode II. Attack of the Clones”)


Tras la desgraciada muerte de su maestro, Obi-Wan Kenobi ha afrontado la tutela del joven Anakin, que mejora cada día en su entrenamiento como Jedi pero que también se muestra cada vez más impulsivo y rebelde. Corren malos tiempos para la República: un grupo de poderosos planetas está promoviendo el separatismo y se está llegando a utilizar la violencia. Un nombre está empezando a ser temido en la galaxia: el del Conde Dooku. La bella Amidala ahora es senadora, y, a causa de su férrea integridad, está amenazada de muerte. Anakin y Obi-Wan van guardarle las espaldas. Sin embargo, el primero va a tener que enfrentarse a dos duras pruebas: se está enamorando de la mujer a la que protege y su madre, que se quedó en el planeta Tatooine, está en peligro…

Dos años después de la fantasmada de “La amenaza fantasma” continuaba el destrozo de la saga de las galaxias por parte de su propio creador con “El ataque de los clones”, otro bodrio que echó por los suelos las esperanzas que muchos teníamos de que George Lucas se redimiese artísticamente. Volvemos en ella a encontrarnos con su dirección torpona, con su estética basada en la acumulación de elementos, con sus escenas de acción sin imaginación y con un barroquismo zafio en el campo de los efectos especiales que ya resulta verdaderamente abrumador. Sin embargo, podría el filme haberse salvado a pesar de todo si en esta ocasión hubiese contado con un mejor guión (como les ha pasado a tantos otros). No ha sido así: Lucas ha vuelto a repetir (mejor: a calcar) en su nueva creación todos los defectos de la anterior. Los personajes vuelven a ser terriblemente anodinos, y una vez más ni el carisma de grandísimos de la interpretación como Natalie Portman, Ewan McGregor o Samuel L. Jackson consiguen aportarles algo de humanidad. Tampoco Christopher Lee, actor mítico donde los haya y experto en dar vida a antagonistas, le imprime la más mínima emoción al villano de la entrega, el Conde Dooku, que se sitúa en poca personalidad por debajo incluso del desaprovechadísimo Darth Maul. Respecto a Hayden Christensen, pienso que físicamente sí que da una imagen aceptable del joven Anakin (que por cierto es junto a Obi-Wan el único personaje de la anterior entrega que ha envejecido): un acertado cruce entre chico inexperto, rebelde, soñador y agresivo. Esto, sin embargo, no lo exime de una actuación igual de fría que la de sus compañeros de reparto, actuación que únicamente despunta en el momento de su venganza tras el fatal reencuentro con su madre en Tatooine. Estoy de todas maneras seguro de que la culpa no es de los actores, sino del infumable libreto con el que han tenido que cargar. La trama de “El ataque de los clones” se centra en el progresivo despertar de Anakin a la madurez: muestra su enamoramiento de Amidala, su primera atracción hacia el lado oscuro tras la muerte de su madre y sus primeras diferencias con su maestro, que protagoniza en solitario una buena parte de la historia que posee formato de thriller. Todo se desarrolla entre escenas de acción abundantes (y bastante vulgares todas), entre diálogos sin relieve y entre vergonzosos momentos en los que Lucas vuelve a tirar tierra sobre su mítica obra. Tengo que decir que la relación romántica que se establece entre Anakin y Amidala no me parece mal llevada a pesar de alguna que otra pastelada exacerbada que la envuelve, al igual que tampoco me parece tan terrible el hecho de que Yoda empuñe un sable de luz para enfrentarse a Dooku (aunque el combate provoque la carcajada debido a que el Jedi se vea reducido a una simple bola verde botando de un lado a otro –ejemplo de la poca sutilidad del Lucas de los últimos tiempos para trabajar con efectos especiales-). Lo peor de “El ataque de los clones” está, sin ninguna duda, en su mediocre villano (repito: estoy seguro de que la culpa no es de Lee) y en sus tontos planes, en sus olvidables momentos de aventura, en su poco y descafeinado humor (C3-PO y R2-D2 no son lo que fueron), en que de nuevo aparezcan personajes de la anterior trilogía metidos con calzador (lo de Bobba Fett y su padre me parece otra tremebunda chapuza) y en el delirante momento del coliseo, la peor parte de la película sin ninguna duda por lo predecible y tópico de su propuesta (parte que además es una de las que más metraje ocupa). Sólo le faltaba a la cinta que Jar Jar Binks hubiese vuelto a aparecer haciendo gracietas (aparece, pero muy brevemente por suerte). Para mi “El ataque de los clones” está al mismo nivel que “La amenaza fantasma”: ninguna me parece mejor o peor; ambas me resultan igual de indigestas y decepcionantes.

¿Os pareció mejor “El ataque de los clones” que “La amenaza fantasma”?

jueves, 17 de diciembre de 2009

STAR WARS. EPISODIO I: LA AMENAZA FANTASMA de George Lucas – 1999 – (“Star Wars. Episode I. The phantom menace”)


El hermoso planeta Naboo ha sido bloqueado por la Federación de Comercio. Qui-Gon Jinn, un gran maestro Jedi, es enviado junto a su joven aprendiz Obi-Wan Kenobi para mediar en el conflicto. Ambos son repentinamente atacados por la misma Federación y, sospechando que algo oscuro se esconde tras esta actitud, se ven obligados a huir hacia Coruscant, la capital de la República, junto a la bella Amidala, reina de la superficie de Naboo. Sin embargo, en su camino han de detenerse forzosamente en el inhóspito planeta desértico Tatooine… Allí, Qui-Gon va a conocer a un misterioso niño que tiene un gran poder oculto… Y va a intentar convertirlo en Jedi.

En 1994 George Lucas anunció que iba a dirigir, otra vez personalmente, una nueva trilogía ambientada en el universo de “Star Wars” que narraría todo lo acontecido justo antes de su primera “La Guerra de las Galaxias”. Fue uno de los más famosos y sorprendentes anuncios de la década de los noventa. Cuatro años después llegaba a los cines “La amenaza fantasma”, la primera cinta de esta trilogía, que repitió el éxito comercial, la histeria colectiva y el maremoto de merchandising de las entonces anteriores tres entregas. Sin embargo, artísticamente pienso (consciente de que más de uno/a puede pedir mi cabeza en una bandeja) que George Lucas destrozó no sólo este filme, sino los otros dos que le siguieron y por consiguiente su propio mundo y su propio mito, configurando un fiasco de tríptico que decepcionó a una grandísima parte del público y que aún hoy sigue suscitando iracundas reflexiones (a fans acérrimos incluidos). La tristeza general fue bien palpable el día del estreno de éste “Episodio I” que comento hoy: muchos de los que entonces asistimos al evento, verdaderamente legendario, abandonamos la sala desolados, incapaces de asimilar que acabábamos de tragarnos un inmenso bodrio. Guardamos, aún así, algunas esperanzas: quedaban otros dos filmes con los que Lucas podía redimirse. Cuando llegaron, nuestras más terribles sospechas se confirmaron: eran otras dos despreciables bazofias. Nunca he alcanzado a comprender cómo un magnate del cine y del merchandising del calibre de éste director mítico a pesar de su corta filmografía pudo cargarse vilmente su propia creación. Él mismo confesó que le vino muy largo dirigir “La Guerra de las Galaxias” en 1976 a pesar de su excelente acabado final… Y yo me pregunto: ¿Por qué, sencillamente, no optó por la opción de dejar los nuevos rodajes en manos de otros cineastas como hizo con “El Imperio contraataca” y con “El retorno del Jedi”? El dinero le sobraba y le sobra, y era del todo impensable que su nueva trilogía terminase siendo un fracaso. Contactos tampoco le faltaban: es amigo (y además íntimo) de grandísimos del celuloide como Steven Spielberg, Francis Ford Coppola o Martin Scorsese. Sea como fuere, el caso es que terminó dirigiéndolas todas él solito… Y salió lo que salió. Veinte años sin ponerse detrás de una cámara no pueden dar buenos resultados: su dirección es torpísima, su sentido del ritmo está deteriorado, sus escenas de acción ya no son imaginativas y su estética se basa exclusivamente en la acumulación vulgar de elementos. Lucas se sentó delante de un carísimo ordenador y se limitó a dar órdenes caprichosas y a veces puramente aleatorias a un equipo de informáticos de primera y a un gran reparto. Y punto. Por si fuera poco, el guión que escribió era de infarto. La trama no tiene bastante con ser anodina y olvidable, sino que además ha que cargar con unos diálogos pueriles, con unas situaciones ridículas y con unos personajes superficiales hasta decir basta y pésimamente desarrollados. Ni el carisma de intérpretes como Liam Neeson, Ewan McGregor, Natalie Portman o Samuel L. Jackson saca adelante a unos caracteres helados que no inspiran prácticamente nada o que incluso dan risa. El Anakin niño no tiene apenas fuerza como representación de lo que va a ser más tarde, y en la batalla final en el espacio el decir tanta chorrada no le favorece. Únicamente ofrece algo medianamente emocionante durante la espectacular carrera de vainas en Tatooine, sin ninguna duda lo mejor de todo el filme. Quedan ya otros bochornosos personajes como Jar Jar Binks, el secundario cómico más patético y despreciable de la historia del cine moderno (no sólo no tiene gracia, sino que además produce asco y vergüenza ajena –tanto que en las otras dos películas su papel fue reducido prácticamente a la nada ante las peticiones de los propios fans, lo cual ya lo dice todo-) y Darth Maul, un villano con un diseño soberbio y aterrador pero desaprovechado hasta límites indignantes, sin apenas diálogo y con una muerte verdaderamente estúpida y precipitada. No puedo tampoco dejar de mencionar la maldita idea que tuvo Lucas de incluir personajes míticos de las anteriores entregas metidos con calzador únicamente para contentar a ciertos fans y para establecer relaciones forzadas con ellas que para colmo ni siquiera están bien planificadas. ¿Qué diablos pintan C3-PO y R2-D2 en “La amenaza fantasma”? Y no me vengan con lo de que posteriormente “les borraron la memoria”, porque ese truco es una infame burla dirigida al espectador propia del más pésimo y chapucero de los escritores (y además ni Darth Vader ni Obi-Wan los reconocen en el futuro). Para terminar (de una vez) queda ahí el cuento chino de los midiclorianos, que le quita a “La Fuerza” todo su mito y toda su aura de un plumazo y gratuitamente. “La amenaza fantasma” no fue más que eso: una película fantasma, una fantasmada de un empresario fantasmón y endiosado. Pero no se vayan, que la cosa no terminó aquí…

lunes, 14 de diciembre de 2009

LA GUERRA DE LAS GALAXIAS de George Lucas – 1977 – (“Star Wars”)


El terrible Imperio domina la galaxia con mano de hierro y únicamente una valiente fuerza rebelde se atreve a plantarle cara. Cuando la Princesa Leia, una de las líderes de la Rebelión, es raptada por Darth Vader, el siniestro servidor del misterioso Emperador, dos robots son enviados al inhóspito planeta desértico Tatooine con un mensaje para alguien llamado Obi-Wan Kenobi. Ambos androides terminan de casualidad en las manos del joven Luke Skywalker, un granjero que sueña con una vida de constantes viajes… Y que parte junto a ellos a buscar al hombre del que hablan. Él no lo sabe, pero su gran aventura está a punto de empezar…

Hablar de “La Guerra de las Galaxias” y de todo lo que conllevó y aún conlleva su estreno nos daría para varios blogs, por lo que voy a ser breve y conciso en el comentario de hoy. El joven George Lucas, que había dirigido hasta entonces el filme de ciencia ficción “THX 1138” (un gran fracaso) y la comedia nostálgica juvenil generacional “American Graffiti” (un gran éxito), se lanzó a rodar su proyecto más querido con muy poca confianza por parte de los productores e incluso de la crítica, que le auguraba un nuevo y estrepitoso fracaso para su nueva incursión en el cine de ciencia ficción (que en aquella época estaba injustamente menospreciado a pesar de contar ya con grandísimas obras maestras –desde “El planeta prohibido”, “La invasión de los ladrones de cuerpos” o “La mosca” hasta “2001. Una odisea del espacio”, por poner unos cuanto ejemplitos). Lucas cobró una miseria por escribir y dirigir la película, pero, a cambio de esto, en el estudio le dieron (convencidos totalmente de que su obra no llegaría lejos) el control total sobre la comercialización de todos los productos derivados de ella. Once millones de dólares terminó costando “La Guerra de las Galaxias”… Y recaudó nada más y nada menos que 460. Fue, además, la primera película de la historia que dio más beneficios fuera que dentro de las salas. George Lucas terminó de alcanzar la fama con ella y se convirtió en uno de los más grandes reyes del merchandising de todos los tiempos y también de los efectos especiales tras la creación de la Industrial Light and Magic (por desgracia, ya no ha pasado de eso). “Star Wars” ha creado todo un mundo, una mitología incomparable, una religión que adora a “La Fuerza” (es cierto), novelas, series de televisión, cómics, parodias, videojuegos, juguetes, figuras de coleccionismo, ropa, alimentos… Es verdaderamente interminable el material existente de esta saga fantástica que se hizo famosa en el mundo entero y que tal vez sea la más adorada junto a “Star Trek” y “El Señor de los Anillos”. La película que hoy nos ocupa, la primera de una genial trilogía (posteriormente llegaría otra horripilante y detestable) mezclaba con una habilidad y un encanto sin par la fantasía épica más clásica (desde el mencionado “El Señor de los Anillos” hasta los poemas de Homero o los anónimos nórdicos como “Beowulf”), el peplum, el western, las películas de piratas y los filmes de samurais (“La fortaleza escondida” de Akira Kurosawa fue una clarísima inspiración para Lucas) y lo envolvía todo en un fondo futurista cargado de un romanticismo tremendamente evocador y además animado por unos efectos especiales más que solventes, por unos magníficos escenarios y por una imaginativa galería de personajes humanos, cibernéticos y alienígenas de toda clase y condición. Su reparto, acertadísimo, contaba con unos tremendamente carismáticos actores casi desconocidos (exceptuando a Alec Guinness y a Peter Cushing) que dieron vida a unos protagonistas que ya son parte indisoluble de la cultura norteamericana moderna. Por desgracia, únicamente Harrison Ford tuvo una carrera perdurable (ni Mark Hamill ni Carrie Fisher lograron despuntar más allá a pesar de las esperanzas que se tenían puestas en ambos). “La Guerra de las Galaxias” sigue siendo hoy una pequeña joyita del cine de ciencia ficción, al igual que sus dos continuaciones: “El Imperio contraataca” y “El retorno del Jedi”.

viernes, 18 de septiembre de 2009

AMERICAN GRAFFITI de George Lucas – 1973 - ("American graffiti")


Es la última noche del verano de 1962. Los jóvenes de Modesto, en California, salen a divertirse antes de que las vacaciones se den por terminadas. Es un momento crucial para cuatro amigos de la ciudad: dos que se marchan a la universidad y otros dos que se quedan en sus nuevos y primeros trabajos. Los cuatro se ven muy inseguros ante sus inciertos futuros. Sin embargo, eso no es razón para no pasarlo bien. Y la juerga promete ser grande…

Después del rotundo y estrepitoso fracaso de “THX 1138”, que incluso llegó a hundir a la American Zoetrope, George Lucas quiso rodar, según recomendación de sus amigos (entre los que estaban Coppola, Spielberg, Scorsese o De Palma) una historia menos fría que esta, más cercana a la realidad y menos oscura. Se le ocurrió, a partir de recuerdos de su niñez y adolescencia, contar la aventura cotidiana de un grupo de jóvenes cualquiera de una pequeña ciudad norteamericana cualquiera. De aquí surgió su única película no enmarcada en el género de la ciencia ficción: “American Graffiti”, una de las películas míticas de la primera mitad de los setenta en los USA y una de las mejores películas comerciales sobre la juventud de este país. Su argumento era sencillo: cuatro amigos que han terminado el instituto, la noche antes de empezar sus nuevas vidas (unos con sus trabajos, otros con sus estudios superiores) salen a la calle con otros tantos jóvenes a disfrutar de la última gran fiesta del verano, que correrá por toda la ciudad. Estructurada como una colección de memorias de la generación que había sido joven en los años cincuenta y sesenta, dividida en casi imperceptibles capítulos o “pedazos” de noche independientes, la segunda película de Lucas es un cajón de pequeñas estampas cotidianas de la vida de provincias de la época que retrataba. Con una fotografía y un ambiente coloristas y festivos y una banda sonora de grandes éxitos evocadores (desde Buddy Holly a The Platters pasando por Bill Halley & His Comets), “American Graffiti” dejaba escapar un aire nostálgico lleno de encanto que aún no se ha perdido hoy. En un tomo siempre amable, desenfadado, sentimental, sin violencia, firmemente optimista e incluso algo ingenuo para nuestros días, disertaba superficialmente pero con un cariño sin par sobre el futuro de sus protagonistas y su pérdida de la inocencia, protagonistas que eran arquetipos básicos de jóvenes del momento: el mediocre inseguro, el ligón sin aparentes sentimientos, el repetidor acomplejado por su bajo nivel en los estudios, el freak, el cachas chulito, el matón y sus matones… Llena de acción y con una irresistible aura romántica, fue un taquillazo que encandiló a la generación que la pudo ver en los cines: a los jóvenes por su temática, a los adultos por permitirles recordar viejos tiempos. A George Lucas le permitió además ganar un dinero que le iba a venir muy bien para rodar su gran obra, la que le lanzó a las estrellas: “La guerra de las galaxias”. “American Graffiti”, película algo sobrevalorada pero mítica y divertidísima, tal vez fue un lejano comienzo de la leyenda. También fue el comienzo de una gran carrera para sus protagonistas, entre los que estaban unos jovencísimos Richard Dreyfuss, Ron Howard (el director), Paul Le Mat, Harrison Ford…

domingo, 30 de agosto de 2009

THX 1138 de George Lucas – 1970 - ("THX 1138")


En el siglo XXV la humanidad sobrevive recluida en colonias bajo tierra, temerosa de los peligros desconocidos que acechan en el exterior del planeta, deshabitado y abandonado. Allí la gente vive por fin completamente asegurada: los ordenadores lo vigilan todo y velan por el bien común, la disciplina de la policía es férrea e insobornable, los hombres y las mujeres son nombrados por códigos para que por fin sean todos iguales y el sexo está prohibido, así como las emociones amorosas, que sólo sirven para hacer sufrir inútilmente al ser humano. En este ambiente opresivo, tres “códigos”, THX 1138, LUH 3417 y SEN 5241 deciden rebelarse contra el sistema e intentar escapar hacia el desconocido mundo exterior.

Productor, director, guionista, montador y gran empresario creador de compañías punteras como Lucasfilm o Industrial Light and Magic, George Lucas revolucionó el cine de aventuras y de ciencia ficción para siempre tras dirigir “La guerra de las galaxias”, que sin esperarlo (era una película de bajo presupuesto a la que no se le veían muchas salidas) dio pie a dos trilogías de filmes y a todo un mundo de inacabable merchandising que hasta instauró una religión basada en el poder de “La Fuerza”. De gran poder imaginativo para las escenas de acción y sobre todo para la creación de personajes y ambientes fantásticos, debutó el director galáctico con la comentada “THX 1138”, que fue todo un fracaso económico (que no artístico), tras la que rodó con más suerte la destacada y nostálgica comedia seria adolescente “American Graffiti”, que fue un merecido éxito de público y crítica y que caló hondo entre la generación adulta que había sido joven en los años cincuenta. Tras estos dos buenos filmes llegó la revolución con la comentada “La guerra de las galaxias”, todo un fenómeno sociocultural que le hizo multimillonario para siempre. Tras ella llegaron sus excelentes secuelas, “El Imperio contraataca” de Irvin Kershner y “El retorno del jedi” de Richard Marquand. Lucas encargó estas dos cintas a otros directores porque al parecer él mismo descubrió que no era un buen director y que se agobiaba en los rodajes. Aun así, las supervisó de cerca y las produjo, y no se puede negar que las obras son claramente de su autoría. Tras más de dos décadas sin dirigir y dedicado a guiones y a labores de producción y de gestión de merchandising, George Lucas se volvió a poner tras las cámaras para rodar una nueva trilogía ambientada en su universo galáctico y situada en un tiempo anterior a la original: “La amenaza fantasma”, “El ataque de los clones” y “La venganza de los Sith”. Por desgracia, su calidad está a años luz de la anterior. Son tres horrendas y absurdas películas que preferiría olvidar, tres películas que no tendrían ni que haber salido a la luz. George Lucas, a pesar de la personalidad y de la calidad de la que hizo gala con sus cinco primeros filmes, es un director en clarísima decadencia con una nueva filmografía además de espaciada mediocre e incluso terrible. Una pena que el creador de uno de los mundos más importantes del séptimo arte haya destrozado este mismo mundo con su torpeza absoluta.

Basada en el cortometraje del propio autor “THX 1138 4EB: El laberinto electrónico”, “THX 1138” fue la primera y olvidada película que dirigió el magnate del cine George Lucas, cuyo título fue parcialmente utilizado tiempo después para designar al sistema de sonido de alta fidelidad THX que todos conocemos. Basada claramente en obras distópicas del tipo de “1984” de George Orwell, “Un mundo feliz” de Aldous Huxley o “Fahrenheint 451” de Ray Bradbury y más claramente en otras del mismo "género" como "Nosotros" de Yevgeni Zamiatin y "¡Vivir!" de Ayn Rand, “THX 1138” es un más que aceptable debut en el que, a pesar de un guión ya muy visto y con ciertos tópicos predecibles dentro de este tipo de historia futurista, contamos con todo el buen hacer artesanal tras la cámara de un director que se cansó de rodar demasiado pronto. El elegante ambiente (blanco, aséptico, frío, onírico, siempre distante y a veces incluso lírico) en el que sus personajes se mueven está logrado a la perfección y consigue transmitir al espectador plenamente la sensación de angustia y de pesadilla buscada (además, lo hace con cuatro duros y con unos escenarios limitadísimos, lo que dice mucho a favor de la capacidad para economizar medios y espacios del primer Lucas, el que no tenía los millones que ahora tiene para destrozar visualmente un producto con la estética del exceso sin sentido), a la que colabora la conscientemente soporífera y machacona banda sonora de Lalo Schifrin. Como protagonista además tenemos a un jovencísimo Robert Duvall en uno de sus primeros papeles (excelente por cierto) y también a Maggie McOmie y al gran Donald Pleasence, que también entregan unos muy buenos papeles. No es “THX 1138” un filme especialmente destacado, y tampoco inolvidable. El tiempo se ha dejado notar en sus imágenes y tiene fallos de ritmo y de montaje, una trama completamente lineal y predecible y una notable falta de sutilidad a la hora de sugerir situaciones. Aun así, no deja de ser el de George Lucas un aceptable debut de ciencia ficción distópica. Fue este filme un estrepitoso fracaso comercial que casi hundió a la compañía American Zoetrope que Lucas y Francis Ford Coppola habían fundado. Años después, tras el rompedor estreno de “La guerra de las galaxias”, fue repuesta y entonces valorada como se merecía y aun más.