Mostrando entradas con la etiqueta Oliver Hirschbiegel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oliver Hirschbiegel. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de septiembre de 2009

INVASIÓN de Oliver Hirschbiegel y James McTeigue – 2007 - (“The invasion”)


La lanzadera espacial Patriot ha sido misteriosamente destruida y sus pedazos han caído por todos los Estados Unidos. Corren rumores de que con sus restos han encontrado una extraña sustancia desconocida, aunque nada se confirma. Poco después, la psiquiatra Carol Bennet, de Washington, nota cosas extrañas: algunos de sus pacientes le cuentan aterrorizados que sus parejas o sus amigos son otras personas y ella a su vez empieza a notar a la gente cada día más helada, como si no sintiesen ninguna emoción. Muy pronto descubre, junto a su amigo Ben, médico, que alguien o algo está suplantando los cuerpos de las personas y dejándoles sin sentimientos de ningún tipo. Junto a un grupo de supervivientes que todavía no se han visto afectados por el cambio, van a intentar luchar contra la amenaza invisible.

No viene ya a cuento un nuevo remake de “La invasión de los ladrones de cuerpos”, especialmente cuando el primero, de gran éxito en su momento, posee una calidad extraordinaria y cuando el segundo, un gran fracaso, es bastante flojito en todos los aspectos. Pero nada, Hollywood lo ha vuelto a hacer (está tan terriblemente faltito de ideas…), así que hace dos años tuvimos en las salas “Invasión”, protagonizada ahora por unos solventes Nicole Kidman y Daniel Craig y dirigida a dos manos por Oliver Hirschbiegel y James McTeigue. La película es prácticamente un trabajo del primer cineasta mencionado, el alemán autor de las excelentes “El experimento” y “El hundimiento”, aunque como su obra final no gustó demasiado, los hermanos Wachowski se encargaron de reescribirla y McTeigue (“V de Vendetta”) de dirigir otra vez las partes que no dejaron satisfechos a los productores (aunque finalmente sólo aparece acreditado en el producto Hirschbiegel). Este tipo de guarradas ya las han hecho demasiadas veces en el mundo del cine (sin ir más lejos se la hicieron al anterior remake, al de Abel Ferrara), y gracias a ellas películas que podían haber sido mejores se han quedado en películas simplemente distraídas o directamente en bodrios. “Invasión” es una cinta en todo momento aceptable, más que la anterior versión, pero también bastante simplona, sin sorpresas y muy fría, como los propios ladrones de cuerpos. La historia es la de siempre, y, como en “Secuestradores de cuerpos”, la protagonista principal es femenina. Únicamente ha variado el desenlace, en el que, gracias a los milagros de la medicina moderna, se desmantela por completo la invasión alienígena. Desconozco si este final era el que Hirschbiegel quiso para su obra original, pero el caso es que ha sido bastante criticado y es uno de los puntos que yo precisamente le veo acertados al filme: precisamente porque las dos partes anteriores terminaban con los extraterrestres dominando el mundo, aquí el cambio resulta hasta cierto grado novedoso. El sentido también es otro: “Invasión” se centra mucho más que sus antecesoras en la exaltación del ser humano en toda su pureza con todos sus méritos y sus defectos contra cualquier utopía que uniforme a las personas. Creo que no se puede extraer ya una lectura anticomunista o referida a la Guerra Fría de esta película, aunque la ambigüedad del filme de Don Siegel y de los demás sigue estando presente. Para algunos “Invasión” será una película fascista (viniendo del Hollywood de la Era de Bush Junior) y para otros todo lo contrario (viniendo de los supuestamente críticos con el mundo moderno Hirshbiegel y hermanos Wachowski), mientras que para algunos hasta se situará a medio camino. Hay, también, quien la ha calificado como un alegato en contra del pensamiento único del mundo globalizado. Escenas desconcertantes han creado incluso polémica, especialmente la que muestra por televisión a ciertos líderes políticos que no menciono estableciendo contactos amistosos (supuestamente suplantados por los invasores silenciosos). De la película poco más hay que decir: es una cinta aceptable que se mueve entre las buenas escenas (la persecución final es verdaderamente trepidante y algunos sustos como el del umbral de la casa están bien conseguidos) y entre patéticos efectismos (las plantas nocivas han sido eliminadas y la posesión se transmite por medio de escupitajos verdes –un horror-, mientras que la sutilidad al mostrar que alguien ha sido contaminado no existe y se muestra por medio de efectos especiales que representan a la sangre contaminándose dentro del cuerpo humano –otro horror-). “Invasión” puede ser vista con agrado, pero no esconde prácticamente ninguna sorpresa, su desarrollo es predecible y carece de emoción y por momentos incluso de pulso. Supongo que la culpa es del destrozo exigido por los productores, porque Hirschbiegel ha demostrado ser un excelente cineasta. Una lástima.

lunes, 24 de agosto de 2009

EL HUNDIMIENTO de Oliver Hirschbiegel – 2004 – (“Der untergang”)


Abril de 1945. Finales de la Segunda Guerra Mundial. Berlín está asediada por el ejército ruso y Adolf Hitler, con sus seres más cercanos, vive en un bunquer desde el que controla lo poco que le queda del Tercer Reich. Los días pasan con pesadumbre mientras todo el mundo que los nazis han creado se derrumba a pasos agigantados. Hitler empieza a flaquear: actúa de manera extraña, es presa de ataques de histeria y de depresión, habla solo y desconfía de todos y a veces hasta da órdenes absurdas. En este ambiente, sus allegados se ven arrastrados por él. Unos le van a abandonar: otros van a seguir a su lado hasta la muerte si es preciso.

El alemán Oliver Hirschbiegel se inició en el séptimo arte en el mundo de la televisión, para el que dirigió capítulos de la serie “Comisario Rex”. Aún es pronto para valorar su carrera, por ahora cimentada en historias en las que personas o grupos de personas son observadas por ojos críticos (otros personajes o los propios espectadores) mientras se enfrentan a situaciones extremas que aparecen rodadas en un estilo muy realista con rasgos de documental. Se observa en su excelente debut “El experimento”, sobre una suerte de Gran Hermano que se descontrola por completo; en su segunda obra “Mi última película”, sobre una mujer que instala una cámara de vigilancia en su hogar que le lleva a límites insospechados y en “El hundimiento”, donde vemos cómo pasaron Hitler y sus allegados sus últimos días. Tras ella llegó "Invasión", el innecesario tercer remake de "La invasión de los ladrones de cuerpos", un encargo comercial que al parecer no se salió bien por el control de los productores. Este año ha llegado a las salas su último filme, el drama "Five minutes of heaven".

Hay que tener un cierto grado de madurez personal para atreverse a realizar una obra como “El hundimiento”, a pesar de que hayan pasado ya tantísimos años desde los terribles hechos que en ella se retratan. Oliver Hirschbiegel, en la que es su tercera película para la gran pantalla, narra los últimos días de Adolf Hitler y de sus allegados en el bunquer de Berlín donde se suicidaron unos y donde fueron apresados por los rusos otros. Muchas han sido las obras cinematográficas que han tratado el asunto del nazismo, y muchas van a ser todavía. Menos ya han sido las que han tratado directamente la figura de su gran y más conocido líder. Una de las más destacadas, y en mi opinión la que más de los últimos años, creo que es esta genial cinta que suscitó más de un escándalo en Alemania y fuera de ella en su día. Basada en el libro “El hundimiento: Hitler y el final del III Reich” de Joachim Fest y en las memorias de Traudl Junge, la secretaria del propio dictador, superviviente de la masacre, la cinta se enfrenta, cara a cara y evitando simplismos y maniqueísmos, a una de las figuras más controvertidas y todavía más enigmáticas del siglo pasado. Pocos referentes cinematográficos hay de ella: “El último acto”, del gran Pabst, y “Moloch”, del no menos grande Sokurov, aparte de los imprescindibles documentales de Leni Riefenstahl, la producción para televisión “Hitler” de Christian Duguay y algunas aproximaciones cómicas clásicas (críticas) como “El gran dictador” de Chaplin o “Ser o no ser” de Lubitsch (si alguien conoce más, que me lo diga, por favor). Rodada dentro una réplica del bunquer donde ocurrió todo y en unos breves exteriores, dentro de las líneas de un estilo nervioso de aires de documental y utilizando también imágenes de archivo, “El hundimiento” retrata el día a día del referido asedio al bunquer del dictador en Berlín, día a día que va sometiendo a unos inicialmente orgullosos nazis a un calvario de degradación y de decepciones que les sumerge en una implacable espiral de locura de la que no pueden escapar. Su mundo, como bien dice el título del filme, se derrumba, se hunde hasta los cimientos. El Imperio que habían construido se cae a pedazos, y con él, su líder, del que ellos mismos empiezan a desconfiar, unos con tristeza, otros con temor. Adolf Hitler, interpretado por un soberbio Bruno Ganz (impresionante a todos los niveles) es mostrado como un ser humano en todo su esplendor. No hay en el filme de Hirschbiegel maniqueísmos ni retratos pueriles de “malvados porque sí”. El Führer es un loco, un enfermo, un asesino frío y despiadado, un niño malcriado, un intransigente, una mano de hierro implacable, un ser que desprecia la vida humana y que se vale de ella para lograr su sueño. Sin embargo, también es un hombre educado y servicial, una genial mente pensante y organizadora, un amante de su pueblo por encima de todo y en algunos momentos incluso un héroe que se sacrifica por aquello en lo que cree. En “El hundimiento” no hay juicios morales ni ideológicos de ningún tipo. “El hundimiento” es una obra totalmente neutral, un retrato humano completo, con toda la complejidad que esto implica. ¿Qué es lo que ha movido a tantos dictadores a lo largo de la historia? ¿Altruismo? ¿Poder? ¿Gloria? ¿Patriotismo? ¿Despecho? ¿Odio? Todos estos sentimientos se mezclan en la figura de Hitler, que por momentos desata el desprecio del espectador y por momentos logra ganarse su conmiseración. Mientras él se sumerge en un mundo oscuro, sus subordinados le acompañan o le abandonan. La cinta muestra con un patetismo inaudito cómo el fanatismo se puede tragar a masas enteras, cómo se puede levantar a un pueblo humillado para después volverlo a derrumbar por la soberbia de unos pocos, cómo la manipulación de un gobierno puede convertir a los individuos en peleles y cómo algunos de ellos, ante el choque con una realidad a la que no se pueden enfrentar, optan por desaparecer para siempre de las más diversas maneras. A causa del retrato antes mencionado del dictador, “El hundimiento” suscitó numerosas críticas en Alemania, donde la sombra de esta época aún no ha desaparecido, y también fuera de ella. Muchos seres humanos tienden a pensar que los demás no son felices sino viviendo como ellos viven, como ellos piensan que se ha de vivir. Creo que el filme retrata o intenta retratar este hecho: Hitler tiene un sueño, el de llevar al pueblo alemán a la gloria, sueño por el que lo piensa dar todo y al que piensa acceder por el camino que ve claramente correcto. Hitler “sabe” que su sueño ha de ser el del resto de los alemanes sin excepción y que su camino, el de la guerra, el del exterminio, es el único posible para alcanzarlo, y por ello, todos han de cumplir sus designios. Sinceramente, no creo que todos los dictadores hayan sido o sean hombres malos (y espero que no se malinterprete lo que estoy diciendo). De hecho, no creo que todo el que entra en el sucio juego de la política lo haga por alcanzar el poder (otra cosa es que el poder le cambie). ¿Cómo es de gruesa la línea que separa, por ejemplo, el ansia de justicia de la intransigencia más absoluta o de la pura soberbia? Recordemos el estado en el que se encontraba Alemania antes del Tercer Reich y recordemos, mirando hacia el otro bando, los todavía oscuros y siempre muy discutidos juicios de Nuremberg. ¿Cómo se sentían los que levantaban la nación alemana de sus cenizas? ¿Cómo se sentían los que juzgaban a los que habían destrozado Europa? Por otro lado: ¿El fin siempre justifica los medios? Recordemos tanto el holocausto de pueblos considerados inferiores y, en otra instancia, el lanzamiento de las dos bombas atómicas que dieron por finalizada la guerra (o por ejemplo la actual masacre del pueblo palestino a manos de algunas facciones del ahora poderoso pueblo judío, que busca una tierra en la que asentarse a la que cree que tiene derecho –tierra que, por ejemplo, los kurdos no pueden permitirse por no ser poderosos en los USA-). Creo que “El hundimiento” es una película madura, seria, arriesgada y valiente. Ya no estamos para jugar a buenos y a malos. El ser humano es demasiado complejo e intrincado pasar ser, simplemente, bueno o malo a secas.