
Inglaterra. 1935. La rica familia Tallis pasa un apacible verano en su mansión, en donde surge el amor entre la joven Cecilia Tallis y el criado Robbie, por el que también se siente atraída Briony, la hermana pequeña de Cecilia. Una terrible tragedia se cierne sobre la pareja: él es acusado por la adolescente de un crimen que no ha cometido. Años después, durante la Segunda Guerra Mundial, Cecilia lucha por reanudar el romance con Robbie, que ahora es soldado, y Briony, ya adulta y plenamente consciente de lo que hizo, lucha contra su culpa e intenta redimirse. No va a ser nada fácil.
Joe Wright se confirma como una de las grandes promesas del nuevo cine inglés con “Expiación”, en la que vuelve una vez más a adaptar una novela, en esta ocasión del polémico Ian McEwan, y en la que vuelve a contar con Keira Knightley, protagonista de su anterior y genial filme, “Orgullo y prejuicio”. La acción nos sitúa de nuevo en el pasado, aunque en esta ocasión lo hace en los años treinta y posteriormente en los cuarenta, en los que se desarrolla el comienzo de una historia de amor frustrada por la mentira de Briony, una niña: su hermana mayor, Cecilia, comienza un idilio con el criado de la familia Robbie y ella les descubre en la oscuridad de la biblioteca. Envidiosa (está también enamorada) y confundida en su pre-adolescencia, culpa al joven de un crimen que no ha cometido. Pocos años más tarde, Robbie lucha en la Segunda Guerra Mundial y el romance parece reanudarse mientras ella, ya crecida, vive atormentada y arrepentida de lo que hizo e intenta luchar para expiar su terrible conducta. “Expiación” está dividido en, podemos decir, tres “actos” bien diferenciados. En el primero se presenta a todos los protagonistas por medio de un conjunto de escenas cotidianas casi bucólicas en las que prima un humor ligero y sencillo muy efectivo y un erotismo tremendamente sugerente alejado de efectismos de cualquier tipo (genial la delicada y a la vez ardiente escena de la fuente) en el que hay también lugar para realizar un irónico retrato del clasismo, la hipocresía y el esnobismo de la alta sociedad de la época. Este acto, ordenado con una narrativa que avanza y retrocede sin cesar para subrayar los hechos importantes y enfrentar puntos de vista distintos sobre ellos, acaba roto con la tragedia que determina los otros dos. En el segundo ya presenciamos las vidas separadas de Cecilia y Robbie (excelentes por cierto Knightley y James McAvoy) durante la guerra y el conflicto interior de la Briony adulta (excelente también Romola Garay), que está llevado de una manera verdaderamente desgarradora por Wright (inolvidable el momento de la boda y el desolador encuentro del trío), que por cierto entrega en este segmento uno de los mejores y más largos y difíciles planos secuencia de los últimos años en la escena de la llegada a la playa demostrando su maestría tras la cámara. Del tercer acto no voy a hablar: únicamente voy a alabar la interpretación de Vanessa Redgrave y el sorprendente e inesperado giro de guión que se regala a a los espectadores y que les sumerge en un inesperado juego de metacine que cierra magistralmente y con originalidad la historia. “Expiación” es una maravillosa obra sobre la culpa y sobre la redención (sus asuntos centrales a pesar del retrato de los horrores de la guerra que también contiene) animado además por una fotografía esplendorosa y bellísima y por un estilo de raiz clásica aunque abierto a innovaciones.
Joe Wright se confirma como una de las grandes promesas del nuevo cine inglés con “Expiación”, en la que vuelve una vez más a adaptar una novela, en esta ocasión del polémico Ian McEwan, y en la que vuelve a contar con Keira Knightley, protagonista de su anterior y genial filme, “Orgullo y prejuicio”. La acción nos sitúa de nuevo en el pasado, aunque en esta ocasión lo hace en los años treinta y posteriormente en los cuarenta, en los que se desarrolla el comienzo de una historia de amor frustrada por la mentira de Briony, una niña: su hermana mayor, Cecilia, comienza un idilio con el criado de la familia Robbie y ella les descubre en la oscuridad de la biblioteca. Envidiosa (está también enamorada) y confundida en su pre-adolescencia, culpa al joven de un crimen que no ha cometido. Pocos años más tarde, Robbie lucha en la Segunda Guerra Mundial y el romance parece reanudarse mientras ella, ya crecida, vive atormentada y arrepentida de lo que hizo e intenta luchar para expiar su terrible conducta. “Expiación” está dividido en, podemos decir, tres “actos” bien diferenciados. En el primero se presenta a todos los protagonistas por medio de un conjunto de escenas cotidianas casi bucólicas en las que prima un humor ligero y sencillo muy efectivo y un erotismo tremendamente sugerente alejado de efectismos de cualquier tipo (genial la delicada y a la vez ardiente escena de la fuente) en el que hay también lugar para realizar un irónico retrato del clasismo, la hipocresía y el esnobismo de la alta sociedad de la época. Este acto, ordenado con una narrativa que avanza y retrocede sin cesar para subrayar los hechos importantes y enfrentar puntos de vista distintos sobre ellos, acaba roto con la tragedia que determina los otros dos. En el segundo ya presenciamos las vidas separadas de Cecilia y Robbie (excelentes por cierto Knightley y James McAvoy) durante la guerra y el conflicto interior de la Briony adulta (excelente también Romola Garay), que está llevado de una manera verdaderamente desgarradora por Wright (inolvidable el momento de la boda y el desolador encuentro del trío), que por cierto entrega en este segmento uno de los mejores y más largos y difíciles planos secuencia de los últimos años en la escena de la llegada a la playa demostrando su maestría tras la cámara. Del tercer acto no voy a hablar: únicamente voy a alabar la interpretación de Vanessa Redgrave y el sorprendente e inesperado giro de guión que se regala a a los espectadores y que les sumerge en un inesperado juego de metacine que cierra magistralmente y con originalidad la historia. “Expiación” es una maravillosa obra sobre la culpa y sobre la redención (sus asuntos centrales a pesar del retrato de los horrores de la guerra que también contiene) animado además por una fotografía esplendorosa y bellísima y por un estilo de raiz clásica aunque abierto a innovaciones.
