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viernes, 9 de octubre de 2009

EXPIACIÓN de Joe Wright – 2007 – (“Atonement”)


Inglaterra. 1935. La rica familia Tallis pasa un apacible verano en su mansión, en donde surge el amor entre la joven Cecilia Tallis y el criado Robbie, por el que también se siente atraída Briony, la hermana pequeña de Cecilia. Una terrible tragedia se cierne sobre la pareja: él es acusado por la adolescente de un crimen que no ha cometido. Años después, durante la Segunda Guerra Mundial, Cecilia lucha por reanudar el romance con Robbie, que ahora es soldado, y Briony, ya adulta y plenamente consciente de lo que hizo, lucha contra su culpa e intenta redimirse. No va a ser nada fácil.

Joe Wright se confirma como una de las grandes promesas del nuevo cine inglés con “Expiación”, en la que vuelve una vez más a adaptar una novela, en esta ocasión del polémico Ian McEwan, y en la que vuelve a contar con Keira Knightley, protagonista de su anterior y genial filme, “Orgullo y prejuicio”. La acción nos sitúa de nuevo en el pasado, aunque en esta ocasión lo hace en los años treinta y posteriormente en los cuarenta, en los que se desarrolla el comienzo de una historia de amor frustrada por la mentira de Briony, una niña: su hermana mayor, Cecilia, comienza un idilio con el criado de la familia Robbie y ella les descubre en la oscuridad de la biblioteca. Envidiosa (está también enamorada) y confundida en su pre-adolescencia, culpa al joven de un crimen que no ha cometido. Pocos años más tarde, Robbie lucha en la Segunda Guerra Mundial y el romance parece reanudarse mientras ella, ya crecida, vive atormentada y arrepentida de lo que hizo e intenta luchar para expiar su terrible conducta. “Expiación” está dividido en, podemos decir, tres “actos” bien diferenciados. En el primero se presenta a todos los protagonistas por medio de un conjunto de escenas cotidianas casi bucólicas en las que prima un humor ligero y sencillo muy efectivo y un erotismo tremendamente sugerente alejado de efectismos de cualquier tipo (genial la delicada y a la vez ardiente escena de la fuente) en el que hay también lugar para realizar un irónico retrato del clasismo, la hipocresía y el esnobismo de la alta sociedad de la época. Este acto, ordenado con una narrativa que avanza y retrocede sin cesar para subrayar los hechos importantes y enfrentar puntos de vista distintos sobre ellos, acaba roto con la tragedia que determina los otros dos. En el segundo ya presenciamos las vidas separadas de Cecilia y Robbie (excelentes por cierto Knightley y James McAvoy) durante la guerra y el conflicto interior de la Briony adulta (excelente también Romola Garay), que está llevado de una manera verdaderamente desgarradora por Wright (inolvidable el momento de la boda y el desolador encuentro del trío), que por cierto entrega en este segmento uno de los mejores y más largos y difíciles planos secuencia de los últimos años en la escena de la llegada a la playa demostrando su maestría tras la cámara. Del tercer acto no voy a hablar: únicamente voy a alabar la interpretación de Vanessa Redgrave y el sorprendente e inesperado giro de guión que se regala a a los espectadores y que les sumerge en un inesperado juego de metacine que cierra magistralmente y con originalidad la historia. “Expiación” es una maravillosa obra sobre la culpa y sobre la redención (sus asuntos centrales a pesar del retrato de los horrores de la guerra que también contiene) animado además por una fotografía esplendorosa y bellísima y por un estilo de raiz clásica aunque abierto a innovaciones.

ORGULLO Y PREJUICIO de Joe Wright – 2005 – (“Pride and Prejudice”)


Finales del siglo XVIII. Elizabeth Bennet vive con su numerosa familia en una casa de la campiña inglesa. Su madre está obsesionada con casar bien a todas sus hijas, idea que a ella no le llena en absoluto, pues piensa en un futuro más amplio de miras, en algo mejor que, simplemente, contraer matrimonio con un hombre de buena posición. Su vida cambia cuando conoce a Fitzwilliam Darcy, amigo del Señor Bingley, prometido de una de sus hermanas. La primera impresión de ambos no es buena: ella piensa que es un hombre arrogante e inhumano y él se dedica a esquivarla con frialdad helada. Poco a poco, todo empieza a variar…

El joven Joe Wright ha dirigido hasta la fecha dos excelentes películas: “Orgullo y prejuicio”, basada en una obra de Jane Austen, y “Expiación”, basada en otra de Ian McEwan.

“Orgullo y prejuicio” ha sido adaptada en numerosas ocasiones para las pantallas y ha visitado tanto las salas de cine como la televisión. No voy a hablar ni de Jane Austen ni de su obra, aunque sí voy a mencionar que todavía está abierta la polémica sobre si se trataba de una escritora conservadora o sobre si era una mujer de ideas “feministas” (aunque tal vez no sea apropiado usar el término dada la época a la que pertenece). Tampoco he leído todavía la novela en la que esta nueva película se basa, por lo cual, voy a limitarme a comentar la propia cinta sin apenas tocar la obra literaria. En mi opinión, la adaptación funciona perfectamente porque expone la problemática original (la cual sí conozco) adaptándola (valga la redundancia) a nuestro tiempo y acercándose más a la supuesta Austen “feminista” pero sin hacer inverosímil el retrato del pasado que muestra. Una genial Keira Knightley da vida a una mujer que, en una sociedad en la que ninguna de ellas tiene derechos y en la que han nacido única y exclusivamente para casarse, intenta ser fiel por lo menos a sus sentimientos. Muchos/as podrían haber pedido al guión del filme un personaje más abiertamente rebelde, más rabioso o más trasgresor que éste. Es muy seguro que hoy en día ciertos momentos de “Orgullo y prejuicio” resulten indignantes por el retrato que en ellos se hace tanto de las mujeres como de los hombres que aparecen, especialmente porque la mayoría se muestran perfectamente conformistas con lo que les ha tocado vivir y afrontan sin rechistar sus existencias sufrientes por culpa de las hipocresías y de los convencionalismos que les rodean. Sin embargo, y ahí está un gran mérito de la creación que nos ocupa, esto ocurre porque Wright pretende en todo momento retratar la época de Austen tal y como era. Por lo tanto, la moral de los personajes (odiosa o no) es la moral que una gran mayoría de la población de su época profesaba en Europa (la Revolución Francesa estaba calentándose entonces). No vamos a encontrar en “Orgullo y prejuicio”, como en otras películas, a seres del siglo XVIII hablando en términos modernos sobre asuntos como la libertad, la individualidad o la emancipación de la mujer. Sería, además, faltar al respeto a la escritora de la obra (guste o no su propia obra o su pensamiento, conservador o “feminista”). Sin embargo, hay que decir también que, en todo momento (y aquí viene la “actualización” de la que hablé antes) el mencionado personaje de Knightley marca una cierta diferencia respecto a, por ejemplo, los de su madre o sus hermanas. Juega según las reglas (no le queda otra cosa que hacer por desgracia) pero, perdida en un ambiente que hasta cierto punto le es hostil, lucha por un futuro más abierto y anticipa una rebeldía y una negación a pasar por un aro que tratan de imponerle y que no le satisface (rechaza “buenos” pretendientes, prefiere ser una eterna solterona a casarse mal, habla en tono airado a personas de clase supuestamente superior cuando lo cree justo, trata a los hombres como a iguales y en más de una ocasión no se comporta como se espera que una mujer de su posición –o simplemente “una mujer”- se comporte). Además, no dejan de mostrarse con ojo agudo las situaciones tristes de los demás caracteres femeninos, menos contestatarios que el suyo. Por todos estos puntos, esta versión de “Ogullo y prejuicio” resulta tan fresca y novedosa, aunque Austen también destacó por su profunda ironía a la hora de dibujar idiosincrasias y relaciones humanas. Elizabeth Bennet ha de enfrentarse a sus propios fantasmas y lo mismo ha de hacer Fitzwilliam Darcy (un también magnífico Matthew McFayden): los dos van a tener que superar su orgullo y sus prejuicios (ambos son parecidísimos, como Elizabeth sentencia) para poder enfrentarse a su mutuo amor, que no va a venir sin que pasen antes por el desprecio, la admiración o incluso el odio (que también van a ser mutuos en más de una ocasión). El reparto del filme es sensacional (secundarios como Judi Dench o Donald Sutherland están espléndidos), así como su brillante fotografía su excelente y riquísima representación de época, su poético ambiente y su acertadísima y preciosa banda sonora. Un debut recomendabilísimo.