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martes, 17 de agosto de 2010

PIRATAS DEL CARIBE: EL COFRE DEL HOMBRE MUERTO de Gore Verbinski - 2006 – (“Pirates of the Caribbean: Dead Man’s chest”)


Antes de casarse, Will Turner y Elizabeth Swann se meten sin quererlo en problemas. La culpa es, una vez más, del capitán Jack Sparrow, que es buscado tanto por sus habituales enemigos de la Compañía de las Indias Orientales como por Davy Jones, el demoníaco capitán del Holandés Errante y señor del lado más oscuro de los mares. Ambos habrán de ayudar a su viejo aliado porque no sólo está en juego su pellejo… Sino el de todo el mundo de la piratería. Davy Jones es el enemigo más terrible al que van a enfrentarse…

Tres años después del enorme éxito de “Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra” llegó a los cines su esperada segunda entrega, que era a su vez la primera parte de la tercera, que llegó a las salas al siguiente año. Las dos fueron rodadas a la vez y ambas componen una nueva aventura en la que todos los personajes de la primera parte repiten para enfrentarse (o aliarse) con un nuevo y ciertamente muy carismático villano: otro pirata maldito llamado Davy Jones que está basado en una leyenda nórdica real. Por desgracia, del excelente producto de entretenimiento que fue la película del 2003 queda muy poco en esta del 2006 (y en su continuación, una triste bazofia del todo infumable). Aciertos los tiene, no hay que negarlos, pero no solucionan el principal problema del filme (de éste y del posterior): su guión, no por poco interesante (porque la historia básica que plantea podría haber sido efectiva tratada con otra fórmula) sino por lo pésimamente compuesto que está. Entre los aciertos de “Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto” encontramos un mejor desarrollo de todos los personajes, en cuyos pasados se profundiza o a los que se les refuerza con nuevos objetivos para otorgarles un renovado interés; así como un tratamiento de la trama más serio e incluso violento (aunque en ningún momento se deja de lado el humor familiar presente en su antecesora) y un ambiente más cuidado, más oscuro y onírico y por momentos casi rococó (las escenas pesadillescas dentro de la nave de Davy Jones están realmente bien recreadas). Por desgracia, aquí queda todo. “Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto” es un prólogo para “Piratas del Caribe: En el fin del mundo”, su continuación directa. La película está estructurada como una interminable sucesión de secuencias de acción frenética justificadas con cuatro o cinco apuntes argumentales. Parece mentira, pero es cierto, y por si fuera poco este prólogo dura más de dos horas. En el filme se presentan a los nuevos personajes, se presenta la nueva trama y se presenta lo que va a ser la tercera entrega de la hasta ahora trilogía. Y punto. El resto es puro relleno, relleno que consiste en acción, acción y más acción gratuita y colocada con calzador: carreras constantes de un lado para otro, un objeto que va sin cesar de un personaje a otro (el corazón del villano) y traiciones y alianzas incesantes y a cada cual más rebuscada. Cualquier excusa es buena en esta película para colocar una escena de acción. Mientras, la trama no avanza y el espectador siente que lo están timando. Y con un timo, como he dicho antes, de dos horas y media (tiradas por la borda, nunca mejor dicho). Lo peor sin embargo es que “Piratas del Caribe: En el fin del mundo” fue aún más infame.

martes, 27 de julio de 2010

UN PUENTE HACIA TERABITHIA de Gabor Csupo – 2007 – (“Bridge to Terabithia”)


Jesse es un chico tremendamente imaginativo y amante del dibujo y de las carreras que no se siente integrado ni en su colegio ni en su casa. Todo cambia cuando llega al vecindario Leslie, una chica que comparte sus mismos intereses. Junto a ella, construirá una cabaña en un árbol y, en las profundidades del bosque, vivirá grandes aventuras imaginarias. Sin embargo, un hecho terrible le hará volver al mundo real… Al que tendrá que enfrentarse.

El cineasta, restaurador y músico húngaro Gabor Csupo es uno de los nombres más importantes de la animación actual. Junto a su mujer, la estadounidense Arlene Klasky, fundó la compañía Klasky Csupo, que se ocupó de animar varias temporadas de las series “Los Simpsons”, “Los Rugrats” o "Ah!!!!!! Real Monsters", además de los largometrajes basados en la última de ellas. Su primera película para la gran pantalla fue la muy irregular aunque interesante “Un puente hacia Terabithia”, a la que siguió el filme de animación "Inmigrants" y el nuevo filme para niños "El secreto de la última Luna".

“Un puente hacia Terabithia” está basada en la famosa y premiada novela homónima de Katherine Paterson, y estuvo en su día también claramente orientada a aprovechar en las taquillas el tirón de sagas fantásticas de los últimos años como “El Señor de los Anillos”, “Harry Potter” o “Las Crónicas de Narnia”. La película, orientada a un público infantil y muy juvenil, trata de ser una obra digna destinada a este mismo público, cosa que básicamente consigue, aunque de ahí no pasa. Narra “Un puente hacia Terabithia” (uno de los reinos mencionados en los libros de Narnia) la historia de Jesse y Leslie, dos niños llenos de inventiva que están a punto de entrar en la adolescencia y que, inadaptados y marginados en su colegio y también en su hogar (el chico especialmente en el segundo), inventan un mundo mágico en las profundidades del bosque que hay cerca de sus casas, en donde, en una cabaña en un árbol, viven aventuras imaginarias enfrentándose a toda clase de seres fantásticos extraídos de cuentos y narraciones como las mencionadas de Tolkien, Rowling o Lewis. La vida feliz que llevan, sin embargo, se les hunde con una inesperada tragedia que les devuelve al mundo real. La novela fue escrita originalmente para el joven hijo de su autora, que había perdido a uno de sus mejores amigos. Por ello, la trama no consiste en que los protagonistas se enfrenten a las fuerzas del mal, ni en que tengan que buscar un tesoro o salvar a un pueblo oprimido, sino en el paso a la madurez de éstos, por lo que el filme se muestra ciertamente fresco en, por lo menos, este aspecto (especialmente cuando sorprende hasta cierto punto con el giro argumental que desencadena la mencionada tragedia -y que no desvelo-). Por desgracia, aquí se queda casi todo. Hay que destacar unos buenos efectos especiales, unas buenas actuaciones de los dos jóvenes protagonistas y un aceptable manejo del drama. El resto de la película es completamente mediocre: argumento lineal, seres mágicos sin demasiada inventiva y personajes y acciones predecibles. Cierto es que es una cinta destinada para niños y que posiblemente muchos de estos niños no pidan nada más. Sin embargo, hubo otras épocas en las que incluso las películas para niños tenían una gran sensibilidad y madurez. “Un puente hacia Terabithia” se queda en el camino de esa sensibilidad y esa madurez. Trata un asunto duro, crudo incluso, pero no sabe llevarlo por un cauce ni duro, ni crudo, ni artístico y ni siquiera imaginativo.

miércoles, 14 de julio de 2010

EL RETRATO DE DORIAN GRAY de Oliver Parker – 2009 – (“Dorian Gray”)


El joven y atractivo Dorian Gray vuelve a su Londres natal para, tras haber pasado su infancia en el campo, heredar la gran fortuna de su padre y su mansión. En la capital inglesa Dorian se hace pronto amigo del bondadoso pintor Basil y del desconsiderado vividor Lord Henry, que le sumerge en un mundo de libertinaje absoluto en el que triunfa gracias a su belleza y juventud. Sin embargo, Dorian cada vez es más consciente de que algún día esta belleza y juventud desaparecerán. Sus deseos de ser joven para siempre son entonces proyectados en el hermoso cuadro que Basil ha realizado de él. Comienza la gran aventura de Dorian Gray y, también, su gran pesadilla.

El bastante irregular director inglés Oliver Parker se mueve entre filmes dignos y mediocres y todavía no ha desarrollado una personalidad completa como autor. Su filmografía, en la que hay bastantes adaptaciones de clásicos de la literatura (muchas de Oscar Wilde, el cual pienso que le apasiona debido a todas las veces que le ha revisitado), se compone de su versión de "Otelo", de sus versiones de las obras de Wilde "Un marido ideal" y "La importancia de llamarse Ernesto", del thriller sobre metacine "Fundido a negro", de las comedias "I really hate my job", "Supercañeras" y "Supercañeras II" y de la nueva versión de "El retrato de Dorian Gray".

Estrenada ahora en las salas españolas (no sé por qué, ya que la película es del pasado año 2009), esta nueva versión de "El retrato de Dorian Gray" ofrece giros interesantes en el mito joven inmortal y de su cuadro maldito pero no llega a ser un producto completo debido a que no desarrolla completamente (lo olvida en favor de las "novedades") los pormenores de la clásica historia de Oscar Wilde. Dorian Gray (un correcto Ben Barnes) lleva ahora su historia más allá y vive, tras viajar por el mundo haciendo gana de su juventud eterna, una época de cambios que deja atrás su ambiente victoriano. Este planteamiento sería interesante si estuviese bien desarrollado. Pero no lo está: dos de los personajes clave de la trama, Sybil Vane y Basil Hallward (buenos Rachel Hurd-Wood y Ben Chaplin), no tienen todo el peso que deberían tener y no se proyectan con suficiente fuerza en el futuro de Dorian. E insisto: son dos personajes clave sin los cuales la obra pierda mucho sentido (especialmente Sybil Vane se echa muchísimo en falta, ya que parece no ser más que una anécdota). Por otra parte, la película termina resultando un filme "de aura de terror" al uso con carreras finales e incendio incluido en el cual, además, el personaje de Lord Henry (buen Colin Firth) pierde casi de golpe toda su idisincracia cínica y por momentos inhumanamente egoísta para intentar pararle los pies a Dorian. Detalles buenos si tiene el filme: el no mostrar el cuadro hasta el final es acertado (aunque es lo poco sugerente que posee la obra) y el poder desarrollar explícitamente (con hechos) la atracción homosexual entre Basil y Dorian (porque los tiempos de hoy lo permiten, vaya) son dignos de reseñar. Pero el conjunto se pierde finalmente en lo mediocre debido a los fallos antes mencionados. Esta nueva versión de "El retrato de Dorian Gray" no es una mala película (es entretenida y por lo menos conserva dignidad alejándose de la ridiculez), pero eso no la salva de ser olvidable. Y es una pena, sobre todo teniento en cuenta que Oliver Parker, su director, tiene gran experiencia adaptando a Oscar Wilde o, por lo menos, debería tenerla.

sábado, 12 de junio de 2010

LA GRAN AVENTURA DE PEE-WEE de Tim Burton – 1985 – (“Pee-Wee’s big adventure”)


Al pobre Pee-Wee le han robado su amada y flamante bicicleta. Desesperado, acude a la única persona que puede ayudarle a encontrarla: la adivina. Pero Pee-Wee tiene tan mala suerte que ésta se equivoca… Y lo envía a recorrer un camino lleno de peligros en el que va a enfrentarse a criminales, fantasmas y hasta dinosaurios. Por supuesto, Pee-Wee va a sembrar el caos allí a donde llegue…

“La gran aventura de Pee-Wee”, el debut para la gran pantalla de Tim Burton, es una de sus películas más olvidadas y lo es con razón, ya que deja bastante que desear en todos los aspectos a pesar de que tenga a su favor el hecho de que, aún siendo un puro trabajo de encargo de un creador en busca de pista de despegue, cuenta con una cierta personalidad visual en la que se encuentra el embrión de lo que iba a ser en el futuro el cine del director gótico de Hollywood. La ópera prima de este famoso realizador no era más que un vehículo para el lucimiento de Pee-Wee Herman, el mítico personaje cómico de la televisión de los años ochenta al que encarnaba Paul Reubens, un hombrecillo supuestamente entrañable, alocado, infantil, ingenuo y bondadoso que nunca deja de meterse en líos y que alcanzó tanta popularidad en la referida década que llegó a poseer su propio show y a protagonizar aventuras suyas destinadas a las salas como ésta. Él mismo fue quien seleccionó a Burton para dirigir la primera de ellas (habría otra: “Big Top Pee-Wee”), tras haber visto sus excelentes cortometrajes “Vincent” y “Frankenweenie”. La película, que funcionó bastante bien en las taquillas y que abrió las puertas a su director para que pudiera embarcarse en otros proyectos como “Beetlejuice”, no deja de ser la clásica obra familiar orientada casi exclusivamente a los niños y a los seguidores del personaje. La historia que narra carece de cualquier interés: a Pee-Wee le roban su bicicleta, por lo que ha de recuperarla y viajar por una infinidad de lugares en los que ha de enfrentarse a toda clase de seres extraños, seres en los que se encuentra la impronta de un Tim Burton primerizo pero ya interesante. La cinta ha envejecido muchísimo: su humor hoy no tiene ninguna efectividad y se ha quedado completamente obsoleto (ni siquiera para los salvajes niños de nuestros días, muy distintos a aquellos pobres ingenuos que éramos los niños que nos criamos en los ochenta) y Pee-Wee, que no para un segundo de hacer horrorosas muecas y sonidos extraños, resulta en todo momento aborrecible y hasta patético por irritante. Las gracietas del filme básicamente consisten en constantes persecuciones, golpes y caídas, y poco más. Hoy, veinticinco años después de su estreno, muy pocos se acuerdan de esta cinta de consumo rápido. ¿Qué se puede aprovechar de “La gran aventura de Pee-Wee”? Sus personajes, esbozos de lo “burtoniano”: el propio Pee-Wee, un freak excéntrico y extravagante, aunque feliz y nada oscuro, y todos los que le rodean en su periplo: seres sacados de un circo o de un carnaval onírico entre los que hay fantasmas y dinosaurios (espléndidamente animados en stop-motion). También se puede encontrar el “toque Burton” en algunos escenarios como la casa del protagonista, llena de extraños inventos, o como el barranco oscuro en el que se llega a caer. Pero nada más. Como curiosidad se puede ver, pero sólo para los muy fans de su creador.

martes, 25 de mayo de 2010

SPIDERMAN II de Sam Raimi – 2004 – (“Spiderman II”)


Peter Parker compagina como buenamente puede su vida como universitario y como Spiderman. Las cosas no le van bien con las personas a las que más quiere: se siente alejado de su amada Mary Jane y cada día que pasa se le hace más patente la desconfianza que siente por él su antes mejor amigo Harry, que le intuye el asesino de su padre, el hombre que se convirtió en el Duende Verde. Por si fuera poco, ha de enfrentarse a un nuevo y poderoso enemigo: el Doctor Octopus.

Dos años después del gran éxito de “Spiderman” llegó a los cines su secuela, una película que, sin ser una maravilla en mi opinión, mejoraba en algunos aspectos los fallos de su primera parte y que, como ésta, volvió a arrasar en las salas. Repite en “Spiderman II” casi todo el equipo de la anterior entrega, y no hay cambios ni en el reparto principal ni en la dirección. Raimi enmienda en parte la infantilidad que imprimió a “Spiderman” y la mediocridad total de su planísima trama y consigue una historia más seria y compleja, unas mejores y hasta cierto punto más imaginativas escenas de acción y, lo que es más importante, un villano con algo más de carisma y más parecido al original de los comics en todos los aspectos que el olvidable Duende Verde cutremente robotizado de la anterior: el mítico y espectacular Doctor Octopus, al que da vida con gran solvencia Alfred Molina. Por desgracia, siguen quedándosele cosas en el tintero que de nuevo impiden que la película alcance la cota de “seriedad” que su protagonista se merece, por lo que todo el conjunto vuelve a caer en el error de base de la primera “Spiderman”, el de la mencionada infantilidad que se respira en toda ella. Peter Parker, a pesar de los esfuerzos del director por mostrarle como un perdedor atormentado, sigue siendo el personaje infantil de aquella porque sigue sin tener el cinismo, el humor irónico y el cierto pesimismo que caracteriza al verdadero héroe/antihéroe de las viñetas. Por otra parte, los diálogos no han mejorado (siguen resultando pueriles y desaprovechados) y la trama se mueve entre momentos realmente acertados en los que se aprecia la mejoría antes comentada (los que desarrollan la creciente enemistad de Parker con su amigo Harry –el futuro nuevo Duende-, los que muestran el conflicto interior del Doctor Octopus –un poco mejor desarrollado que el del primer Duende-, la excelente escena del tren…) y otros verdaderamente ridículos, como algunos de su antecesora (la “lucha” de la tía de Parker contra Octopus -¿se supone que tiene que hacer gracia?-, el inicio del filme que muestra a Parker haciendo chorradas –hay maneras más sutiles de mostrar que las cosas no le van bien-…). “Spiderman II” resulta un filme entretenido en todo momento, aunque sigue, en mi opinión, siendo fallido, ya que Raimi, una vez más, no se lo tomó en serio. El horror de “Spiderman III”: mañana.

lunes, 24 de mayo de 2010

SPIDERMAN de Sam Raimi – 2002 – (“Spiderman”)


Peter Parker, un joven tímido y débil pero inteligente y sobresaliente en los estudios, ve cómo su vida cambia radicalmente cuando una araña modificada genéticamente le pica y le otorga la fuerza, la agilidad, la velocidad y los poderes de una de ellas. Peter se transforma en Spiderman, personalidad secreta tras la que defiende a los débiles del mal. Sin embargo, terribles hechos cambian su vida en otros aspectos: su tío Ben es asesinado y una amenaza como ninguna otra aparece en la ciudad de Nueva York… El Duende Verde, su primer gran enemigo.

Después de bastantes series para televisión de animación y de actores reales de muy diverso acabado y de alguna que otra desafortunada película que es mejor olvidar, “Spiderman”, uno de los superhéroes más importantes y famosos de la casa Marvel y uno de los grandes iconos del mundo del comic de todos los tiempos fue llevado a la gran pantalla, por primera vez con una cierta dignidad, por Sam Raimi. El gran éxito de esta adaptación ha propiciado hasta ahora dos secuelas (una mediocre pero entretenida y otra del todo despreciable) que han dejado la saga en una trilogía que, al parecer, va a terminar en un "reinicio" de dicha saga (reiniciar sagas que a veces no tienen ni una década: la nueva moda de los próximos años del Hollywood falto de ideas y de ganas de arriesgarse de siempre). La adjudicación de las hasta ahora tres adaptaciones de las aventuras del Hombre Araña a Raimi ha propiciado una cierta polémica que todavía continúa entre los fans y entre el público en general: muchos las detestan, otros tantos las adoran y otros cuantos las ven sólo aceptables. En mi opinión, las tres son cintas fallidas, aunque las dos primeras pueden resultar distraídas. Es bastante decepcionante que un director como Sam Raimi, de filmografía irregular pero muy curtido en el cine fantástico, en adaptaciones de historias de las viñetas y gran amante de Spiderman, haya optado en sus nuevas creaciones por rodar lo que otros tantos directores sin personalidad han rodado (los de bazofias como “Daredevil”, "Elektra", “Los 4 Fantásticos” y su secuela, la segunda “The Punisher”, “El Motorista Fantasma”, "X-Men III"…): tres películas para niños que no rescatan en ningún momento el concepto “serio” de superhéroe que sí que lograron llevar a las salas creadores como Richard Donner con los dos primeros "Superman", Tim Burton en los dos primeros “Batman”, Christopher Nolan con las soberbias "Batman Begins" y "El Caballero Oscuro", Ang Lee en la injustamente infravaloradísima “Hulk” o Bryan Singer con la también injustamente infravalorada "Superman Returns". “Spiderman” y sus dos secuelas son películas de acción con protagonistas planos, antagonistas planos y tramas planas que vuelven, una vez más, a presentar al clásico superhéroe que no pasa de ser un simple cartón con traje de colores que lucha contra el mal. Hay que decir que las elecciones en el reparto son acertadas: todos los personajes, entre los que destacan Tobey Maguire como Peter Parker, Kirsten Dunst como Mary Jane y Willem Dafoe como el Duende Verde (el villano de turno de la entrega que comentamos hoy), son físicamente bastante parecidos a los de los comics. Pero todo queda ahí. “Spiderman” no comienza nada mal: sabe mantener el interés e incluso resulta emocionante en todo su primer segmento, segmento que culmina con la terrible muerte del tío de Parker. Hasta aquí Raimi sabe llevarlo todo con pulso, soltura y bastante fidelidad al original. Sin embargo, a partir de la mencionada muerte todo se desinfla irremisiblemente. ¿El principal fallo? Los personajes: Spiderman es un héroe cínico, descreído por momentos y a veces un directo antihéroe que no para de hacer chistes y de burlarse con ironía de todo lo que le rodea a pesar de vivir atormentado por un pasado triste y un presente incierto. No es así en estas películas: Spiderman es un “niño bueno” sin ningún carisma que tras la muerte de su tío se queda estancado y no evoluciona en toda la saga. Su primer enemigo tampoco ayuda: Willem Dafoe es un soberbio actor, pero con el disfraz "ultratecnológico" (en realidad bastante cutre) que le han colgado no puede desarrollar un villano que habría dado muchísimo juego si hubiera sido como el original en el que se basa, un duende auténtico, y no un simple hombre con una armadura. Ni el protagonista ni el antagonista tienen poder para llevar la trama a buen puerto, pero además, ni un solo secundario aporta algo digno de elogio (ni siquiera Mary Jane) y las escenas de acción son simplonas y sin imaginación. “Spiderman” podría haber sido una excelente película, y no lo ha sido porque ni el mismo Raimi se la ha sabido tomar en serio. Por cierto que, teniendo al Duende Verde como villano, se podría haber llevado a la pantalla la saga de la muerte de Gwen Stacy, la primera novia de Spiderman (no, no fue Mary Jane), que falleció por culpa del referido Duende en uno de los momentos más duros, desencantados y dramáticos de los comics. Extrañamente, al personaje de Gwen no nos lo encontraremos hasta la tercera y horripilante entrega y con una concepción que nada tiene que ver con la original. Mal, Raimi, mal, y muy decepcionante por tu parte. Y lo peor es que no mejora con las demás cintas de la hasta ahora trilogía.

jueves, 20 de mayo de 2010

EL CAMINO DE LOS INGLESES de Antonio Banderas – 2006 – (“El Camino de los Ingleses”)


Años setenta. Málaga. Un grupo de jóvenes amigos está a punto de vivir el verano que va a cambiar sus vidas. Después de pasar una temporada en el hospital tras una extracción de riñón, Miguelito ha descubierto que quiere ser poeta. Su novia, Luli, quiere ser bailarina. En la relación de ambos se entromete Cardona, un hombre mayor y adinerado que quiere seducir a Luli y que va a emplear todos los medios a su alcance para lograrlo. Mientras, Paco, después de que su padre sea el protagonista de un escándalo tras una fiesta salvaje, vive su primera crisis. El Babirusa también empieza a cambiar: en un breve viaje a Londres, conoce la decepción en el personaje de su madre, a la que apenas veía. Otro amigo, El Garganta, lucha diariamente por alcanzar su sueño: ser locutor de radio.

El malagueño Antonio Banderas, conocido de sobra como actor, tiene únicamente dos películas en su filmografía como director, “Locos en Alabama” y “El Camino de los Ingleses”.

“El Camino de los Ingleses” está basada en la novela homónima del también malagueño Antonio Soler, novela con la que se hizo con el muy discutido Premio Nadal en el año 2004. Como paisano suyo que soy, no me quejo en absoluto de Antonio Banderas, aunque piense que en los USA ya tiene suficiente caché como para elegirse mejores papeles que los que habitualmente realiza. El actor y director, desde Hollywood, siempre ha luchado y lucha por promocionar mi ciudad, y su segunda película tras la cámara es una plena reafirmación suya en estos objetivos. Lo mismo tengo que decir de Antonio Soler. Sin embargo, creo que este proyecto a los dos se les fue de las manos, a pesar de todo el esfuerzo que en él invirtieron y a pesar de haber arriesgado tanto ambos con un filme plenamente de autor y en absoluto comercial en sus formas y en su contenido (a pesar de toda la publicidad que en su momento se le dio). Cimentada en una narrativa pausada e intimista, “El Camino de los Ingleses” retrata varios momentos decisivos de las vidas de un grupo de jóvenes amigos de la Málaga de los años setenta que pasan del mundo adolescente al adulto y que lo hacen a base de golpes, golpes que les van desposeyendo, poco a poco, de sus ilusiones y de sus sueños de infancia. La historia, condenada a repetirse generación tras generación en cualquier lugar del mundo, ya la hemos visto miles de veces, y miles de veces han sabido algunos cineastas y guionistas hacerla atractiva. Banderas y Soler no lo logran. Básicamente, el filme tiene un problema que lo hunde: la estructura de su trama. La cinta está estructurada como un conjunto de retazos de las vidas de los protagonistas (se va saltando constantemente de un personaje a otro, aunque poniendo más énfasis en el de Miguelito) que vienen separados por interludios poéticos de gran belleza. Estos interludios retratan, mediante metáforas plásticas, las interioridades de los chicos. El problema es que, casi cada vez que se pasa de un personaje a otro, casi cada vez que se cambia de escena, tenemos un interludio de este tipo, y llegan a ser tantos que cansan, que rompen el ritmo sin cesar y logran así que la película no termine de despegar nunca. “El Camino de los Ingleses” da la impresión de ser un eterno prólogo a una historia que no comienza (realmente, tiene un prólogo auténtico que dura casi veinte minutos si no he calculado mal). Su epílogo, cargado de violencia y de lirismo, también resulta, como su prólogo, demasiado largo: por momentos interminable. El filme termina resultando, gracias a esto, realmente soporífero. La obra se resiente tremendamente por esta estructura que se ha utilizado en ella. Por otra parte, los personajes secundarios no están desarrollados del todo: muchos se quedan colgando en el vacío. También tengo que decir que sus diálogos son a veces pedantes y pretenciosos a más no poder. La obra busca, como tantas películas y novelas españolas actuales, resultar poética a toda costa, y cae por ello en el error de colocar sin cesar símbolos e imágenes que intentan ser sugerentes pero que a veces no aportan nada y también en el error del “hablar por hablar”, esa manía que tienen tantos de querer que cada diálogo, cada frase, guarde un significado oculto y hondísimo a toda costa (y así salen las barrabasadas que salen). El resto es ya destacado, pero no suficiente para salvar el conjunto: bonitas escenas intimistas (sustentadas tal vez de forma abusiva en los primeros planos), una fotografía hermosa y onírica, una bella banda sonora de Antonio Meliveo, unos momentos verdaderamente sensuales, unas actuaciones solventes y una excelente representación de la época en la que se ambienta la película. Me gustó en su día ver mi ciudad en el cine: los lugares en los que he pasado grandes momentos de mi infancia y adolescencia, los lugares que aún frecuento y que frecuentaré y que son importantes para mi, y me ha gustado siempre cómo Banderas ha tratado a su ciudad, que también es la mía, y cómo la ama. Sin embargo, ni el sentimiento puede cambiar mi opinión. “El Camino de los Ingleses” es una película fallida que se hunde por su propio peso. Lo asumo por mucho que me guste Málaga: a esta película no hay, en demasiados momentos, por donde cogerla.

domingo, 2 de mayo de 2010

1408 de Mikael Hafström – 2007 – (“1408”)


Mike Enslin es un escritor un tanto particular: se dedica a visitar lugares supuestamente encantados para, tras comprobar que no ocurre nada especial en ellos, desmitificarlos en sus libros. Mike no cree en lo sobrenatural y lleva una vida triste marcada por la muerte de su hija pequeña. Todo va a cambiar cuando se aloje en la habitación 1408 del Hotel Dolphin de Nueva York, una habitación de la que según dicen nadie ha salido vivo… El escéptico Mike Enslin va a hundirse en su peor pesadilla.

El sueco Mikael Hafström lleva una carrera irregular entre su país y los Estados Unidos que constantemente se mueve entre obras solventes y fallidas, aunque en todos sus proyectos intenta siempre aportar por lo menos buenos acabados fílmicos y trabajar ideas originales. Es pronto aún para valorar su filmografía, corta y a la que le falta todavía una personalidad autoral definida. Debutó con los dramas sobre la juventud sueca “Vivir la vida” y “Evil”, tras los que llegó el filme de terror “El fantasma del lago”. Ya en los USA ha dirigido el thriller “Sin control” y el nuevo filme de terror “1408”.

“1408”, basada en un relato corto de Stephen King, es una película de terror en líneas generales fallida que goza de un excelente comienzo y de un desenlace hasta cierto punto sorprendente y que simultáneamente y por desgracia cuenta con una desinfladísima parte intermedia que hunde al cojunto casi por completo. John Cusack da vida de manera solvente a un escritor que se dedica a visitar lugares supuestamente encantados para desmitificarlos en libros cargados de escepticismo y que vive atormentado por la muerte de su hija pequeña. Su nuevo trabajo consiste en pasar una noche en la habitación, también supuestamente maldita, de un hotel de Nueva York, habitación que desmontará sus teorías sobre la inexistencia de lo sobrenatural y que le sumirá en la peor pesadilla de su vida. La premisa atrae, ya que, a pesar de que siempre se mueve entre la novela aceptable y el bodrio más infumable, a Stephen King si algo le suele sobrar es imaginación. No he leído el relato que Hafström ha adaptado, pero, ciñéndome exclusivamente a su filme, he de decir que, tras un interesante arranque en el que se muestra la vida como fracasado del protagonista y unos primeros momentos bastante coseguidos en la habitación fantasma todo cae bruscamente en la vulgaridad más absoluta. Un terror que comenzaba resultando sugerente y que contenía comedidos y atractivos golpes de efecto (sonidos extraños, objetos que aparecen de la nada, electrodomésticos que se encienden solos, espejos irreales en las ventanas…) se transforma, poco antes de la mitad del filme, en el terror más tópico, predecible y aburrido imaginable gracias a que, una vez más, los efectos especiales se convierten en los protagonistas casi totales de la obra: todo pierde de golpe su misterio y su capacidad para asombrar y se sume en un barroco sopor. Aparecen monstruos cada vez más feos dentro del cuarto, las paredes se alargan de manera efectista, se empieza a mover la estancia como un barco en medio de una tormenta y se termina inundando para más tarde congelarse y estallar por los aires. Nada da ya el más mínimo miedo, pues lo que encontramos a partir del mencionado cambio es acción pura y dura (y además sin mucha imaginación), aunque se dé dentro de un espacio reducido. El desenlace sí levanta algo el destrozo efectuado, pero no es suficiente. Una lástima, porque se podía haber hecho un filme de terror interesante con “1408”, que de hecho resulta bastante prometedora en sus inicios. Triste.

jueves, 8 de abril de 2010

UP IN THE AIR de Jason Reitman - 2009 - ("Up in the air")


Ryan Bingham es un especialista en recortes financieros cuyo trabajo consiste en viajar por todos los Estados Unidos despidiendo a los trabajadores que sus propios jefes no despiden por falta de valentía y, a la vez, ofreciéndoles otras oportunidades de seguir en el mundo laboral. Ryan vive viajando sin cesar
y habita en hoteles la mayor parte de los días del año. No tiene amigos ni pareja y a sus dos hermanas apenas las ve. A él no le importa: no quiere ningún tipo de compromiso ni de problema. Su vida, sin embargo, puede cambiar algún día... Aunque ni él mismo lo crea.

Antes de comenzar a hablar de "Up in the air" afirmo rotundamente que la sobrevalorada "Juno" no me gustó nada de nada (en la crítica que de ella hay en este mismo blog lo pueden ver). Sin embargo, he de reconocer que la tercera película del hijo de Ivan Reitman me ha gustado... Hasta su desenlace, lo cual me lleva a incluirla entre mis "Filmes mediocres y fallidos". George Clooney entrega un gran papel como el clásico individuo deshumanizado en un mundo deshumanizado que no quiere ni amor ni familia ni amistad ni nada que pueda suponerle una implicación emocional que pueda llevarle a un conflicto o a un compromiso. Los secundarios le acompañan y la cámara del director retrata, con unos pocos trazos iniciales marcados por un cierto efectismo suave (las secuencias de los despidos son verdaderamente geniales, lo mejor del filme), el mundo aséptico, ordenado y rutinario (rutinario a pesar de estar sumergido en el viaje constante por toda la variada geografía de los USA) de este personaje que, suavemente, se va tornando entrañable mientras el metraje avanza dosificando bien la información sobre su vida. Hasta aquí todo bien: se intuye que el personaje va a cambiar su concepción del mundo pero su historia se sigue con interés y amenidad. Sin embargo, Reitman demuestra ser más políticamente correcto de lo que parece ser en un principio y, el mensaje que en sus inicios "Up in the air" parece querer lanzar (contra el capitalismo agresivo y deshumanizado en el actual contexto de crisis económica casi mundial que estamos viviendo desde hace ya dos años) termina resultando ser un canto a la libertad... De oportunidades para volver a rehacer una vida... Según las reglas del mundo capitalista (esto se evidencia también en la conversación que sostienen las dos protagonistas, verdaderamente horrenda). La idiosincracia políticamente correctísima de "Up in the air" queda bien patente en su desenlace, en el que el protagonista aprende a valorar lo que los "buenos norteamericanos" valoran: la familia, el amor... Y por supuesto, la vida profesional, que nunca se puede olvidar. Una pena, porque el tercer filme de Reitman comienza siendo una cosa (muy grato comienzo) y termina siendo otra radicalmente distinta (la opuesta).

domingo, 28 de marzo de 2010

CUENTOS DE TERRAMAR de Goro Miyazaki – 2006 – (“Gedo Senki”)


El bondadoso mago Gavilán encuentra en medio del desierto a un joven misterioso con una espada aún más misteriosa. Tras salvarle de unos lobos que iban a devorarlo, le permite unirse a él en su viaje… Un viaje hacia un reino corrupto sumido en la decadencia al que acude para enfrentarse a alguien terrible, a otro mago como él que quiere vivir para siempre y que está dispuesto a todo para lograrlo. Gavilán y su nuevo compañero están a punto de enfrentarse al reto más oscuro de sus vidas. No van a estar solos: en su camino se les van a unir otros como ellos.

Paisajista antes que animador, el hijo del gran Hayao Miyazaki, Goro Miyazaki, ha seguido los pasos de su padre y ha heredado su oficio. Únicamente cuenta con un filme dirigido hasta el momento: “Cuentos de Terramar”.

“Cuentos de Terramar” supone el debut de Goro Miyazaki al frente de una película de animación, debut cuya gestación le ocasionó numerosos problemas con su padre Hayao, que pensaba que no estaba preparado todavía para dirigir un filme de estas caracterísiticas (de hecho, no se hablaron durante la producción de la película que comentamos, aunque posteriormente hicieron las paces). Está esta cinta basada en el tercer libro de la famosa serie de Terramar de la escritora estadounidense Ursula K. Le Guin, llamado “La costa más lejana”, y narra una clásica historia épica de amor, amistad, arrepentimiento y redención en la que un grupo de héroes se enfrenta a un malvado mago que quiere vivir para siempre, personaje ambiguo por medio del cual se reflexiona sobre la vida y la muerte y sobre el sentido de ambas, unidas indisolublemente. La película, como todas las del Studio Ghibli, goza de una factura técnica sencillamente soberbia: la animación, realista y fluidísima, es una delicia, al igual que los escenarios en los que todo se desarrolla, esplendorosos y cargados de belleza y de innumerables detalles. La trama es ágil y el ritmo está llevado con pulso, mientras que las escenas de acción resultan notables en todo momento. “Cuentos de Terramar” ha sido una película tremendamente criticada a pesar de su gran éxito de taquilla en Japón: la primera en no estar conforme con el trabajo de Goro Miyazaki fue la propia autora de las novelas en las que se basa, mientras que otros sectores también la vapulearon. Hay que decir que no es ésta, en absoluto, una de las mejores obras de un estudio de animación que desde su fundación no ha parado de regalar maravillas; además, tampoco se puede negar que el filme tiene elementos confusos que no son explicados tras su desenlace (la transformación de la chica en dragón, la identidad de la “sombra” del protagonista, el asesinato inicial del padre de éste…). Sin embargo, hay que tener en cuenta que Miyazaki Hijo ha adaptado únicamente el tercer libro de toda una saga, por lo que es de esperar que estos puntos oscuros queden explicados en las novelas (lo cual no le excusa tampoco de no haber tratado de dejar el conjunto más claro). Por otra parte, se trata “Cuentos de Terramar” de una ópera prima, y en este aspecto no deja der ser recomendable. Hay que dejar tiempo para que los nuevos autores deslumbren.

domingo, 7 de febrero de 2010

ROCKY III de Sylvester Stallone – 1981 – (“Rocky III”)


Rocky Balboa ha llegado a ser un gran y famoso boxeador. Imbatido desde su victoria sobre Apollo Creed, está preocupado porque ve cercana su hora de retirarse. Pasan los combates y no encuentra a ningún rival que le ponga en verdaderos apuros. Por suerte y por desgracia para él, este rival aparece: se llama Clubber Lang, y con su brutal forma de combatir, le destroza en el ring y le arrebata su título. Rocky pierde además a Mickey, su entrenador y amigo, que muere dejándole solo. Sin embargo, no piensa rendirse. Va a comenzar un nuevo y durísimo entrenamiento para derrotar a Lang. Y su entrenador va a ser ahora su viejo rival, Apollo.

Dos años después del gran éxito de “Rocky II” llega a las salas “Rocky III”, confirmando la rentabilidad de las aventuras del personaje y también la tendencia a la baja en el aspecto de la calidad de estas aventuras. Stallone repite en la dirección para contar cómo Rocky, ya famoso y pensando con tristeza en retirarse tras llegar a lo que él cree que es la cúspide de su carrera, es inesperadamente destrozado en el ring por Clubber Lang, un brutal boxeador que le arrebata el título de campeón. Esto origina que Rocky se plantee si es tan bueno como cree, ya que descubre, a partir de esta derrota, que sus combates han estado programados para enfrentarle a luchadores muy buenos pero que no son los mejores. Por si esto no fuera poco, su entrenador y gran amigo Mickey, muere (una de las mejores escenas de la película –aunque poco más tiene-). Rocky ha de demostrar a los demás y sobre todo ha de demostrarse a sí mismo que es merecedor del título que ha llevado consigo tanto tiempo. Para recuperarlo, tendrá que someterse a un duro entrenamiento… Que le descubrirá su antiguo rival, Apollo Creed, lo que propiciará que surja una fuerte amistad entre ambos, aunque la rivalidad no desaparezca nunca. La película es lineal y predecible en todo momento, aunque es distraída y, por lo menos, no es un calco de la primera parte como en mi opinión lo es “Rocky II”. Alterna momentos divertidos, como la lucha en tono paródico contra Hulk Hogan, que se interpreta sí mismo prácticamente (y que a partir de esta interpretación, aunque ya era bastante conocido en el mundo de la lucha libre, alcanzó la gran fama) con otros bastante ridículos, como el desafío de Clubber a Rocky en la escalera frente a su estatua (con unos diálogos horrendos sobre hombría machista rancia). Los personajes son más planos que en las dos anteriores entregas (salvo el de Mickey y el de Apollo) y repiten sus roles sin aportar mucho nuevo, aunque el brutal rival de Rocky, interpretado con solvencia (tampoco tiene mucho que interpretar) por Mr. T. (que en breve iba a hacerse famosísimo al ser uno de los cuatro protagonistas de la mítica serie de televisión “El equipo A”), tiene un gran carisma. La hoy nostálgica banda sonora incluye un tema mítico de la década de los ochenta: “Eye of the Tiger”, del grupo Survivor. “Rocky III” es una película que no sale de mediocre pero que cumple su función de divertir. Fue otro gran éxito de taquilla que propició una patriotera cuarta parte, la peor entrega de toda la saga con diferencia aunque la más taquillera de todas.

ROCKY II de Sylvester Stallone – 1979 – (“Rocky II”)


Después de haberse enfrentado al gran campeón Apollo Creed y haber perdido por muy poco contra él, Rocky Balboa se ha convertido en una figura de éxito. Sin embargo, no parece estar hecho para el mundo de la fama. A causa de su bondad, sinceridad e ingenuidad, no llega a cuajar como producto publicitario y vuelve a verse en la mediocridad de su vida anterior y de nuevo en apuros económicos. Por ello, y para asegurarle un futuro a Adrian, con la que se ha casado, acepta enfrentarse otra vez a Apollo, que está sediento de revancha. Eso sí, esta vez Rocky piensa tumbarle de verdad.

Tras el brutal taquillazo que supuso “Rocky” era de esperar que una secuela hiciese pronto acto de presencia. Lo hizo tres años después, y vino de nuevo escrita y protagonizada por Sylvester Stallone, que, además, optó por dirigirla, como haría con las otras dos siguientes a ésta y con la sexta parte, la reciente “Rocky Balboa”. La película confirmó el éxito del personaje y propició que se rodasen todas las demás entregas sobre sus combates. “Rocky” iba a ser una de las sagas comerciales más largas de la historia (y una de las que más decayó con cada entrega, aunque alzase algo el vuelo en las últimas). Muy poco o casi nada hay que decir de “Rocky II”. No sé si es verdad eso de que es en realidad el desenlace alternativo de su antecesora ampliado a una película independiente, pero desde luego lo parece (si alguien lo sabe que me lo diga, por favor). En “Rocky II”, el boxeador italo-americano de los suburbios se convierte en un “campeón del pueblo” después de resistir todo el combate contra Apollo Creed, y, tras pasar un brevísimo tiempo como figura de éxito, vuelve a caer en la pobreza y en la mediocridad por su bondad, su sinceridad y su inocencia, no aptas para el cruel mundo de la publicidad y de la fama, que intenta exprimirle a fondo mientras está en lo más alto. La oportunidad de volver a alcanzar su perdido estatus de estrella le llega de nuevo en forma de un segundo combate contra Apollo, indignado porque casi perdió contra Rocky y, además, porque su popularidad ha decrecido considerablemente por ello. Balboa, después de dar muchas vueltas y de verse en una mala situación económica que puede acabar con su matrimonio, se enfrenta a él. Y sí, esta vez le gana y se hace con el título de campeón. Y fin de la película. “Rocky II” no es más que un calco absoluto de “Rocky” con un final distinto en el que el “triunfo moral” se sustituye por el “triunfo material”. Por si fuera poco, ya no sorprende en absoluto, porque todos los personajes y todas las situaciones están explotadas. “Rocky II” deja un regusto a algo ya visto, casi a puro timo. Es una de las segundas partes menos originales de la historia (y miren que hay segundas partes pésimas). Es distraída, sí, y se pasa muy rápido. Pero no es excusa para que sea este calco tan indignante que es. Es a partir de aquí cuando la saga empieza a caer en el vacío irremediablemente. Eso sí, repito que “Rocky V” presentaba apuntes interesantes (aunque era un filme fallido) y que “Rocky Balboa” me parece una entrega muy digna.

SOLOMON KANE de Michael J. Bassett - 2009 - ("Solomon Kane")


Siglo XVI. El sanguinario y despiadado Capitán Solomon Kane, temido en todo el mundo conocido por su sadismo y maldad, lucha por su patria, Inglaterra, saqueando ciudades del norte de África cuando una terrible maldición diabólica cae sobre él. Aunque consigue escapar de sus garras, termina destrozado e ingresado en un apartado monasterio en su tierra natal. Allí se cura y decide dedicar su vida a luchar por la paz y por el bien de los más débiles. Sin embargo, su maldición no le ha abandonado, y las fuerzas de la oscuridad no van a descansar hasta que se hagan con su alma... Por ello, Solomon Kane va a tener que enfrentarse a un terrible enemigo que el creía que formaba parte de su triste pasado.

Michael J. Bassett sólo ha dirigido hasta la fecha dos películas: "Deathwatch" y "Wilderness".

El prematuramente fallecido (con tan sólo treinta años) y para muchos el maestro y hasta padre definitivo del llamado género de "espada y brujería" Robert E. Howard, muy despreciado injustamente por los "ilustrados" prejuiciosos de siempre, es uno de los más grandes escritores fantásticos del pasado siglo, creador de personajes míticos imitados hasta la saciedad como Conan (el bárbaro cimmerio), Kull el Conquistador, Red Sonya o Solomon Kane, el personaje que nos ocupa, que ha tenido este pasado 2009 su primera adaptación cinematográfica, que se presenta, desde mi punto de vista, por lo menos digna (aunque pierde bastante fuelle conforme su desenlace se va acercando). El famoso cazador de demonios puritano viene maravillosamente interpretado por el gran James Purefoy, que le aporta un gran carisma en todos los aspectos, mientras que su historia, lineal pero muy entretenida, está básicamente bien narrada y con las dosis de acción y de drama ajustadas. La violencia del conjunto sorprende, especialmente en los inicios del filme, en el que el personaje es bien delineado con un sólo trazo, y la ambientación gris y oscura de constante niebla y lluvia está muy lograda y mantiene el espíritu pulp de los relatos de Howard, lo que redondea el aspecto de los villanos monstruosos de turno. Falla en la película, como he comentado, su desarrollo final, que termina precipitándose tras la escena de la crucifixión en una espiral muy predecible de acción en la que el antagonista (de identidad también muy predecible) no resulta ser tan amenazador como se esperaba y que viene lastrada por la invocación de un horrible y nada sugerente demonio gigantesco (un feísimo "emplaste" de efectos especiales) y un combate final sin mucha alma que terminan vulgarizando el conjunto. Sin embargo, hay que decir que la película es divertida, a pesar de sus evidentes fallos, y que por lo menos no llega al nivel de ridiculez absoluta al que otros filmes de las mismas características llegan. ¿Que se podía haber sacado muchísimo más jugo a este genial personaje? Por supuesto, nadie lo niega, y es triste que todo se quede nada más que en un producto correcto.

jueves, 21 de enero de 2010

EL CONDE DRÁCULA de Jesús Franco - 1970 - ("El Conde Drácula")


Siglo XIX. El joven Jonathan Harker viaja desde Londres a la lejana y siniestra Transilvania para venderle una propiedad en su ciudad al Conde Drácula, un noble misterioso que vive en un oscuro, apartado y ruinoso castillo y que sólo se deja ver por las noches. Harker empieza a sentir cosas extrañas en su hogar de paso: se siente cada día más débil y su anfitrión siempre actúa de forma enigmática. Pronto, descubre que el Conde es en realidad un ser diabólico que se alimenta del sufrimiento humano y que tiene unos planes terribles para hacerse más poderoso en los que entran su prometida Mina y sus propios amigos de Londres. ¿Podrá Jonathan o alguno de los suyos pararle los pies a Drácula?

Con casi doscientos títulos a sus espaldas, el director, guionista, productor y músico Jesús Franco, ignorado casi constántemente por la industria española (lo que a él a menudo no le ha importado lo más mínimo) pero con un público extremadamente fiel tanto en España como en otros países, es un enorme maestro de la creación cinematográfica con presupuestos verdaderamente ínfimos. Su cine, centrado especialmente en el género del terror, en el fantástico, en el erótico, en el de aventuras y en el negro, no hace ascos a ningún tipo de estética, intérprete o recurso. Sus filmes son una amalgama de influencias caracterizados por una mirada estética conscientemente amateur, cutre y descuidada (y a veces experimental) y por unas tramas en las que absolutamente todo vale, desde su recurrente violencia y erotismo hasta el humor más negro pasando por la pornografía directa y sin tapujos. Jesús Franco ha rodado con actrices porno a las que ha transformado en divas indies y en reinas del "destape", ha reciclado escenarios y vestuarios constante y descaradamente, ha trabajado con material desechado y utilizado anteriormente, ha rodado varias películas seguidas (a veces improvisando con el dinero sobrante de la anterior producción) y ha utilizado un buen montón de seudónimos (Jess Frank, Jess Franco, Franco Manera, James P. Johnson, David Khunne, Clifford Brown...) para rodar otro tipo de cine como el pornográfico o para esquivar a la censura. Outsider underground férreo y declarado, insobornable y extremo director independiente, Jesús Franco trabajó muchísimo fuera de España a causa de los problemas con la censura franquista y, a la llegada de la democracia, siguió realizando su mismo cine de siempre con los mismos medios minúsculos de siempre sin importarle hacerse un hueco en la industria comercial española que entonces comenzó a salir adelante (por cierto que siempre criticó muchísimo a esta industria con la que prácticamente nunca hizo concesiones). Hay que alabar, desde luego, el carácter insobornable de este cineasta español inclasificable. Sin embargo, hay que decir también que su variada y extensísima filmografía está llena de unos pocos títulos muy apreciables y de un buen montón de bazofias y de bodrios infumables (algunos grandes clásicos a pesar de todo). Especialmente su primera etapa muestra obras muy personales, polémicas y destacadas de alguna u otra manera: "Gritos en la noche", "Vampiresas 1930", "Necronomicón", "La muerte silba un blues", su curiosa (y polémica por supuesto) reconstrucción del "Don Quijote" que Orson Welles dejó sin acabar, "El castillo de Fu Manchú", "El proceso de las brujas", la comentada "El Conde Drácula", "Las vampiras", "Drácula contra Frankenstein", "El siniestro Dr. Orloff", "La mansión de los muertos vivientes", "El tesoro de la diosa blanca"... ¿Genio incomprendido? ¿Farsante? ¿Freak aprovechado? ¿Ed Wood a la española sin complejos? ¿Imitación cutre de Roger Corman o de directores de la Hammer? Ustedes deciden... La polémica nunca abandonará a Jesús Franco.

Admirada y denostada a partes iguales (y de manera extremada en ambos casos), "El Conde Drácula" de Jesús Franco es una producción desarrollada entre España, Italia, Alemania e Inglaterra que fue finalmente dirigida por el director que nos ocupa aunque fue al parecer inicialmente planteada para que lo hiciese Terence Fisher. Promocionada todavía hoy como la primera adaptación escrupulosamente fiel del "Drácula" original de Bram Stoker (lo que no es cierto ni por asomo), esta versión del mito del vampiro más famoso del mundo, si bien no era en un principio una de las obras más personales de Franco, sí que se ha convertido con el tiempo y la acción del boca a boca en una de las más representativas. Rodada con un presupuesto ínfimo, llena de errores técnicos (habitual en el cine de este autor), abusiva con ciertos recursos "setententos" (como los acercamientos bruscos de cámara que pretenden ser dramáticos y que a veces dan risa) y envuelta en un aura amateur inspirada en los clásicos de la Hammer, "El Conde Drácula" se erige (desde mi punto de vista, que va a ser criticadísimo por muchos) como una revisitación muy digna de la historia de este personaje. Más comedida y sobria que otras obras desquiciadas de Franco (al parecer porque el director estuvo más controlado por sus productores que en otras ocasiones), "El Conde Drácula" cuenta con unos escenarios simples pero muy efectivos y evocadores de la oscuridad del relato, con unas actuaciones frías (desconozco si realizadas conscientemente o por incompetencia o desidia del equipo -en el que hay grandes nombres como Christopher Lee, Klaus Kinski, Herbert Lom o la habitual del director Soledad Miranda-) que ayudan a enrarecer el ambiente que estos decorados crean, una violencia y erotismo bien llevados (sin los abusos habituales del director, lo cual en ciertas ocasiones es de agradecer) y una historia que no es fiel a la original (aunque... ¿cual lo es a estas alturas?) pero que introduce variantes interesantes. Le fallan al filme el ritmo, descompensado a veces, y los mencionados errores técnicos, pero eso no quita que "El Conde Drácula" resulte en todo momento una apreciable adaptación. ¿Imaginan que Pasolini hubiese rodado su propia versión de "Drácula"? Algo parecido podría ser esta obra de Jesús Franco.

sábado, 19 de diciembre de 2009

STAR WARS. EPISODIO III: LA VENGAZA DE LOS SITH de George Lucas – 2005 – “Star Wars. Episode III. Revenge of the Sith”)


Las Guerras Clon han dejado a la República terriblemente debilitada. El Conde Dooku prosigue su lucha separatista mientras que el Canciller Supremo Palpatine ha sido hecho prisionero por el temido General Grievous, mitad alienígena-mitad robot. Obi-Wan y Anakin acuden a su rescate mientras una brutal batalla se libra sobre Coruscant, la capital, ya permanentemente amenazada. Este último mantiene en total secreto una relación con Amidala y cada día se muestra más diestro como Jedi pero también más asustado por perderla. Palpatine va a aprovecharse de esta debilidad y se va revelar como lo que verdaderamente es… La mano que lo mueve todo en la sombra. Obi-Wan, por su parte, se va a enfrentar con su peor misión: pararle los pies a su amado discípulo… Tiempos oscuros están a punto de cernirse sobre toda la galaxia.

Con “La venganza de los Sith” concluye por fin el aborrecible despropósito de la nueva trilogía del universo de “Star Wars”. Termina en ella Anakin de pasarse al lado oscuro de La Fuerza, muere Amidala, el Imperio se hace con el poder y acaba con la República, los Jedis son exterminados en su gran mayoría, Yoda y Obi-Wan Kenobi se exilian en planetas inhóspitos y nacen Luke y Leia Skywalker. Tengo que reconocer que el panorama mejora un poco con respecto a las bazofias de “La amenaza fantasma” y de “El ataque de los clones”. El colofón de este nuevo tríptico por lo menos alcanza un cierto grado de dignidad. Sigue estando dirigido con notable torpeza, su vulgar estética sigue estando cimientada en la mera acumulación de elementos y siguen resultando sus vacíos efectos especiales los protagonistas absolutos de su trama, lineal y simplona. Sin embargo, el hecho de que por fin encontremos un enlace verdaderamente interesante con la vieja trilogía hace que todo se siga con mayor interés. Anakin de una puñetera vez comienza a mostrar “algo” de emotividad y de hondura, Obi-Wan y Yoda ya se asustan ante él, Amidala le teme por fin aunque le ame con locura y el futuro Emperador Palpatine comienza a influenciarle definitivamente para atraerle a su bando. La historia se sigue con una cierta amenidad y el esperado combate final entre maestro y discípulo por fin tiene lugar (con la excelente “Duel of fates” de John Williams de fondo, por supuesto), mientras que su desenlace, abierto a “una nueva esperanza” (nunca mejor dicho) consigue calar un mínimo en el espectador, aunque hay que decir que tampoco es nada difícil, ya que si uno disfrutó con las referidas primeras tres películas es fácil que, por lo menos, sienta curiosidad al comprobar cómo quedan éstas enlazadas con las tres segundas. “La venganza de los Sith” no es ya un filme definitivamente bochornoso, aunque sigue resultando anodino. Le salvan mucho (por no decir en su totalidad) las conexiones con “La Guerra de las Galaxias” de 1977: creo que si se le quitan estas conexiones la película no pasa de ser olvidable, a pesar de su ambientación más oscura (oscura pero sin personalidad ninguna), de algunas excelentes escenas (la transformación definitiva del destrozado Anakin en el mítico Darth Vader, con ecos a Frankenstein, es verdaderamente genial) y de aislados momentos de acción que se muestran solventes (como la batalla estelar inicial o la lucha de Yoda contra Palpatine). Queda en este “Episodio III” la profunda huella de los desbarajustes hechos en los dos anteriores, además de bastantes e indignantes chapuzas en el guión, donde por desgracia siguen proliferando los momentos de pura vergüenza: la idiota muerte del Conde Dooku nada más comenzar el filme (más idiota que la de Darth Maul), la aparición gratuita de Chewbacca (persiste la manía de meter con calzador personajes de la anterior trilogía), el despreciable recurso de pésimo guionista por el que se les borran los recuerdos a C3-PO y a R2-D2 (¿también se los borras a Darth Vader, a Obi-Wan y a Yoda, tito Lucas?) y la peor de todas: la conversión de Anakin al lado oscuro en dos segundos (de risa o de llanto, como quieran tomárselo). “La venganza de los Sith” se puede ver mejor que sus antecesoras, pero no pasa de ser una cinta que no ha caído en otro pozo sin fondo gracias a las esperadas conexiones con “La Guerra de las Galaxias”, “El Imperio contraataca” y “El Retorno del Jedi”. Tristes episodios I, II y III. Nunca deberían haberse rodado (por lo menos en estas horribles condiciones y por este director en bajísima forma –por no decir en total decadencia-).

miércoles, 25 de noviembre de 2009

300 de Zack Snyder – 2007 – (“300”)


480 antes de Cristo. El poderosísimo Imperio Persa, dirigido por el ambicioso y tirano rey Jerjes, ha invadido Grecia. Mientras las polis se preparan para hacerle frente y evitar que las conquiste, el rey Leonidas de Esparta, la ciudad de los grandes guerreros, parte con sus trescientos mejores hombres para intentar pararle los pies en el angosto y hostil paso de Las Termópilas. Los persas son muchísimos más que ellos. Pero ellos no piensan retroceder un centímetro. Una de las batallas más sangrientas y heroicas de la historia está a punto de comenzar.

Pintor y cineasta llegado del mundo de la publicidad, Zack Snyder viene rodeado de una cierta polémica como adaptador de obras famosas del comic moderno. Tras debutar con el ciertamente muy buen remake de la segunda obra de zombies de George A. Romero “El amanecer de los muertos”, trajo a las grandes pantallas “300” de Frank Miller y “Watchmen” de Alan Moore y Dave Gibbons. Ambas cintas han dividido a los fans de ambas obras: ambas, valga la redundancia, por ser extremadamente fieles en el campo de lo visual a las originales pero por introducir igualmente algunas discutidas variaciones argumentales que en el caso especial de la obra de Miller son bastante facilonas e incluso pueriles. Para mi Zack Snyder es, a pesar de esto, un gran adaptador que por lo menos aporta una cierta fidelidad en una industria en la que las adaptaciones literarias, de comics, de videojuegos etc. no suelen ser nada fieles por desgracia a los originales en los que se basan. Eso si, a la espera estamos todavia de que haga alguna obra propia y personal.

“300”, basada en el comic del mismo nombre de Frank Miller, es un hito visual de su tiempo para bien o para mal: está rodada por completo sobre fondos azules y verdes utilizando la técnica del croma y casi todos sus planos tienen algún tipo de efecto especial. Dejando a un lado la controversia sobre si esto es o no es cine (debate que siempre estará abierto), hay que decir que la segunda cinta de Zack Snyder es en todo momento una muy buena película de acción, a pesar de algunos elementos puntuales que la lastran parcial aunque no totalmente. El comic de Miller narraba, en clave de pura ficción, la gran Batalla de Las Termópilas, en la que trescientos guerreros espartanos murieron luchando fieramente contra los soldados del rey persa Jerjes, que había invadido Grecia. Su sacrificio sirvió para retrasar a las tropas de este imperio y para debilitarlas de cara a las batallas que quedaban por librar, en las que las demás polis griegas aliadas pudieron vencerles definitivamente. Lo hacía el entonces genial escritor y dibujante norteamericano, hoy algo devaluado tras algunas obras inexplicablemente horrendas en lo que a argumento se refiere (entre ellas su infumable “El Señor de la Noche contraataca” y su despreciable debut en el cine “The Spirit”, con la que Will Eisner va a a pasar siglos gritando de horror en su tumba), mezclando acontecimientos y personajes históricos reales con otros inventados que enriquecían extraordinariamente la trama, ambientada en un pasado de aires míticos y estética tan épica como realista, ambigua, colosalista e incluso pulp. Fue “300” uno de sus mayores éxitos junto a creaciones maravillosas como las primeras historias de “Sin City”, “El Regreso del Señor de la Noche” ,“Batman: Año Uno” o “Ronin”. La película básicamente calca a la obra original, aunque introduciendo algunas variantes en mi opinión nada acertadas. La trama es sencillísima: tras una introducción sobre la dura vida en Esparta y la enemistad de toda Grecia con el hostil Imperio Persa, el rey espartano Leonidas parte con trescientos de sus mejores guerreros para parar los pies a las tropas del mencionado invasor Jerjes. El resto del filme es ya una interminable batalla que viene alternada con la subtrama de la mujer de Leonidas, que en la propia Esparta intenta acabar con una conspiración persa para hundir a la ciudad (subtrama que en el comic no aparece y que, la verdad, no aporta casi nada a la historia). “300” hay que verla como lo que es: una película de acción, un espectáculo “pirotécnico” de choque de armas, de héroes tópicos y de discursos tópicos por la libertad y la justicia. Y punto. Por eso es tan disfrutable y por eso, también, no llega a ser la mejor película que podría haber sido. Las batallas, rodadas en un estilo colosalista y a veces comedidamente videoclipero, son realmente impresionantes: frenéticas, brutales, sangrientas, impactantes, excelentemente coreografiadas (aunque sea tras un croma) y, desde luego, no dejan un segundo de respiro al espectador. La excesiva estética está también muy conseguida, sobre todo porque es idéntica a la del comic: los tonos rojos, ocres y sepia dominan un ambiente onírico que remarca el aliento épico y mítico que posee todo. Los actores hacen buenos papeles (Gerard Butler empezaba a ser conocido en su rol de Leonidas), y el drama está bien llevado en todo momento. Sobra a veces una horripilante música semi techno en algunos combates, pero se puede perdonar. Por desgracia, también tiene algunos puntos oscuros. El principal es el habitual en este tipo de cintas, el que siempre ha hecho estropicios en tantas películas históricas de Hollywood (actualmente estos estropicios son incesantes): la maldita manía de “actualizar” a los personajes de manera que piensen y razonen con nuestra moral contemporánea (bueno, con “una cierta moral contemporánea”, mejor dicho). Es lo que ha lastrado en parte a películas más o menos disfrutables como “Braveheart”, “Gladiador”, “Troya” o hasta “Alejandro Magno” con su infantil visión de la homosexualidad. Así, nos encontramos a espartanos lanzando discursos por la libertad y la justicia que quedan completamente fuera de lugar en el tiempo en el que viven, especialmente porque los conceptos que tenían de ellas no eran los mismos que los que algunos tienen hoy. La brutalidad guerrera de los espartanos sólo es mostrada en parte: quedan más humanizados, menos fríos, más alejados de la imagen que de ellos se da en el comic, más cercana a la supuestamente real. Lo mismo ocurre con los persas, que aparecen muy notablemente “malignizados” respecto a los de Miller (como siempre, en los USA hay que distinguir entre los buenos radicales y los malos radicales). En algunos momentos del filme hasta llegamos a encontrar entre ellos a monstruos horribles como ogros, gigantes con pinzas de cangrejo como manos o un alucinógeno hombre cabra (no sé a quien se le pudo ocurrir meter esas idiotas chorradas completamente fuera de lugar). Otro punto tontísimo es el de la mencionada subtrama de la mujer de Leonidas, que se salda con un bochornoso diálogo sobre la libertad frente a los ancianos y políticos espartanos que es de pura risa (y que encima tachan de “elocuente”). Pero en fin: es lo de siempre, Hollywood no se queda tranquila si no hace las cosas más políticamente correctas, si no lo da todo más masticado, más deglutido. “300” es un buen divertimento y nada más, con todo lo bueno y lo malo que esto trae consigo. Se pasa un buen rato con ella, pero se aleja mucho de la hipnotizante y desprejuiciada visión histórico-fantástica que se daba en el comic de Miller.

PD: ¿Cómo coño se les ocurre meterle el doblaje que le han metido a Jerjes? Esos sí que merecen la decapitación.

lunes, 23 de noviembre de 2009

MILAGRO EN MILÁN de Vittorio De Sica – 1950 - (“Miracolo a Milano”)


Después de quedarse huérfano tras la muerte de su anciana madre adoptiva, el pequeño Totó es internado en un orfanato. Al salir, ya mayor de edad y sin un lugar a donde ir, se queda a vivir, con otros pobres como él, en un barrio de chabolas de las afueras de Milán. Allí hacen entre todos, con toda su mejor voluntad, un lugar habitable de lo que era un vertedero. Sin embargo, algo terrible ocurre: encuentran petroleo en los terrenos donde viven y un millonario sin escrúpulos, el Señor Mobbi, intenta echarlos a todos de sus hogares para explotarlos. Totó y sus amigos se enfrentarán a él, y van a contar para ello con una ayuda extra que les va a venir directamente desde el Cielo.

Dos años después de su decisiva obra maestra del Neorrelismo Italiano “Ladrón de bicicletas”, Vittorio De Sica repite en el estilo rodando la segunda parte de su trilogía neorrealista social: “Milagro en Milán”, de nuevo aliado con el guionista Cesare Zavattini. En el plano estético, los postulados de la “primera entrega” se mantienen: el fondo prima sobre la forma, se rueda con actores de la calle en gran parte del metraje y se rueda en la calle misma o en el interior de los edificios para captar de la forma más real posible el triste momento histórico que vivía Italia entonces, la posguerra de la Segunda Guerra Mundial. En el plano argumental existen, sin embargo, bastantes cambios, cambios que alejan a esta segunda parte de sus dos compañeras de trilogía hasta convertirla en una película casi aparte, cambios que a unos les parecen apropiados y que a otros no (me incluyo entre estos últimos). “Milagro en Milán” comienza como “Ladrón de bicicletas”: mostrando la terrible realidad italiana de finales de los años cuarenta con la historia de un niño abandonado que es recogido por una anciana afable y bondadosa que sin embargo muere dejándole en un orfanato. Años después, el niño ya es un adulto y sale de este centro. Se une a unos pobres de un barrio de chabolas y lucha junto a ellos por convertir el miserable lugar que habitan en un sitio digno por lo menos para vivir. Se deja ver en todo momento la cruda crítica social y moral y el humanismo tierno y consecuente de De Sica, su amor desorbitado por sus personajes, bondadosos y luchadores atrapados por sus malas circunstancias. Sin embargo, creo que la cosa se le desmadra a sus guionistas, no se si por decisión propia de ellos y o por la necesidad de hacer concesiones comerciales al cine más beato de la época. Sin que venga muy a cuento, la fantasía se desata de forma completamente inesperada en “Milagro en Milán”: aparece de repente en la trama el fantasma de la madre adoptiva del protagonista, que ayuda a los pobres a luchar contra el millonario que les quiere quitar sus terrenos, y, junto a él, dos ángeles venidos del cielo y hasta un ejército de escobas voladoras. El desenlace (no lo cuento, pero ya lo verán), es en mi opinión desastroso, y está fuera de lugar. Lo que empieza como una fábula neorrealista de corte social acaba siendo un cuento de hadas, neorrealista pero cuento de hadas. Este cuento viene, lo que es más grave (no que en sí sea un cuento de hadas), por sorpresa, sin que el espectador lo espere: se le deja atónito con una absurda vuelta de tuerca que corona la inicial crítica social de la historia con una resolución beata e incluso me atrevería a decir de propaganda religiosa en muchos momentos. Claro que lo que yo estoy expresando es mi humilde opinión: a muchos les encantará “Milagro en Milán” por su aura mágica, por su mensaje bienintencionado, por su paralelismo con el cuento optimista capriano. Sobre gustos no hay nada escrito. Yo me quedo, por mi parte, con “Ladrón de bicicletas” y con “Umberto D.”, la tercera parte de la trilogía, en la que el tandém De Sica/Zavattini volvería al más crudo y brutal realismo social (sin fantasía). ¿Qué pensáis vosotros?

domingo, 1 de noviembre de 2009

ALIEN III de David Fincher – 1993 – (“Alien III”)


Cuando se despierta, la teniente Ellen Ripley descubre con horror que su hija adoptiva Newt y sus compañeros han muerto y que la nave en la que escaparon se ha estrellado en el planeta prisión Fiorina 161, en donde convive, sin armas de ningún tipo, una comunidad de viejos reclusos hostil y fanática. Ripley descubre además otra cosa: un alien sobrevivió y, por supuesto, la compañía que la traicionó desea hacerse con él, el último de su especie… Ripley toma una determinación: acabar con la bestia y destrozar los planes a la compañía que le destrozó a ella y a tantos otros la vida.

David Fincher siempre tuvo vocación por lo oscuro. Lo demostrarían obras como “Seven” o “El club de la lucha”, y también su irregular debut, “Alien III”, que bajaba el listón que tan alto habían dejado Ridley Scott y James Cameron con las dos primeras e imprescindibles entregas de la saga. Fincher da al desenlace de la trilogía (trilogía en su momento, pues hubo una inesperada cuarta entrega) un tono que, si bien falla en sus expectativas, es personalísimo y muy propio de su obra: intenta regalar un capítulo que nada tiene que ver con los anteriores ni con el posterior de Jean-Pierre Jeunet; intenta recrear un drama psicológico de terror. Para ello, desarrolla una historia de absoluta desesperanza y la ambienta en un mundo desolador, corrupto y oscuro. Ripley es, una vez más, la única que sobrevive de la segunda entrega a ésta. Sus amigos han muerto y también su hija adoptiva, por la que tanto luchó, mientras que el androide Bishop es un armatoste destrozado y viejo que no puede hacer nada salvo pedir la eutanasia. Estos incidentes hacen de Ripley, aquí rapada, un ser desencantado y amargado con una vida destrozada a las espaldas por sus dos enemigos implacables: una amenaza alienígena y, lo que es más grave, los propios humanos, los directores de la compañía que en las entregas anteriores la traicionaron sacrificando vidas inocentes para incubar aliens, la forma de vida perfecta que tanto ansían atrapar. La sensación de soledad y malestar de Ripley en el planeta prisión en el que está confinada como la única mujer en una colonia de perturbados y fanáticos está muy conseguida, y es ciertamente deprimente comprobar de qué manera han muerto los supervivientes de “Aliens. El regreso” con los que nos habíamos encariñado (este hecho, por cierto, hizo que James Cameron montase en cólera, pues adoraba a estos personajes). “Alien III” transmite pesimismo existencial y fatalidad por los cuatro costados, lo mismo que transmite “Seven” y, en menor grado, “El club de la lucha”. Por ello, es una obra tan personal como la de Scott o la de Cameron. Sin embargo, el conjunto básico de la película se viene abajo por diversos factores, y la sensación que queda tras su visionado es la de una insatisfacción básica que, la verdad, fastidia, sobre todo tras las expectativas creadas y tras la genialidad de sus antecesoras. David Fincher intenta volver a recuperar el espítu del primer “Alien”: vuelve a colocar a una sola bestia asesina frente a un grupo de hombres desarmados e indefensos. El ambiente es ahora de luces y sombras, de pasillos oscuros y de tonalidades sepia, lúgubre y extraño de nuevo. Sin embargo, el terror no funciona: el mito es ya conocido y no sorprende, y Fincher no sabe explotar la sugerencia como lo hizo Scott. Tal vez sin proponérselo, Fincher acaba realizando una película de acción, por lo menos en su mitad segunda, la referida a la lucha contra el alien. Y el caso es que como película de acción también se plantea insuficiente, sin pulso, llegando por momentos, ante la falta de originalidad, al puro efectismo frenético vacío que ya empezaba a cuajar entre los autores de cine comercial. A esto se le añade una galería de personajes medianamente interesantes en los inicios pero que acaban resultando anodinos, sin mucho carisma y completamente olvidables (los más olvidables de todas las entregas). Tampoco ayuda el hecho de que la protagonista albergue un oscuro secreto que no voy a revelar pero que se predice con rapidez y que poco aporta. De “Alien III” se salva su desenlace, completamente inesperado, en el que Ripley por fin se venga de la compañía y les destruye para siempre su sueño de grandeza. El resto, por desgracia, resulta insuficiente por las razones antes comentadas. Eso sí, al parecer a Fincher los productores le destrozaron su proyecto, eliminando escenas sin piedad y cambiando el concepto original de la historia para hacerlo más comercial. ¿Qué ocurrió exactamente? El caso es que, por desgracia, la película es la más floja de la saga (yo incluso la situaría por debajo de la también irregular aportación de Jeunet). ¿Qué opinan?

martes, 13 de octubre de 2009

EL PROYECTO DE LA BRUJA DE BLAIR de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez – 1999 – (“The Blair Witch Project”)


El 21 de octubre de 1994, tres estudiantes, Heather, Joshua y Michael, se internaron en las profundidades de los bosques de Maryland con la intención de rodar un documental sobre la misteriosa Bruja de Blair, un supuesto ser malévolo protagonista de muchas de las leyendas locales. Nunca más se volvió a saber de ellos. En 1999, sin embargo, se encontró la cinta que habían grabado…

¿Revolucionaria o fallida? ¿Sencilla o pretenciosa? ¿Obra maestra o bodrio? ¿Sobrevalorada o infravalorada? Pocas películas suscitan tantas opiniones enfrentadas (especialmente entre los amantes del cine de terror) como “El proyecto de la Bruja de Blair”. Dirigida por dos debutantes (de los que por cierto no he vuelto a saber nada), Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, fue una obra que, rodada con cuatro duros, arrasó en las taquillas y se convirtió en la película independiente más exitosa de su tiempo y en un clásico de culto de manera fulminante. Hay dos elementos que hicieron esto posible: el concepto de película que planteaba (que fallido o no era terriblemente atractivo en su momento) y la entonces novedosa publicidad que se le dio, que guardaba grandes similitudes con la de filmes igualmente polemicos como “Holocausto Canibal”. El concepto era el siguiente: rodada con sólo dos cámaras, el filme era un falso documental sobre tres jóvenes que se perdían en un bosque y se esfumaban misteriosamente. La publicidad complementaba a este concepto: se vendió la obra como la cinta original que estos tres jóvenes grabaron antes de desaparecer, supuestamente, por culpa de la maligna Bruja de Blair, sobre cuya leyenda querían grabar el documental que es la película en sí. “El proyecto de la Bruja de Blair” se hizo famosa a través de Internet, y sus responsables crearon toda una leyenda en torno a ella, contando la mencionada historia de que la cinta que es la película se había encontrado en el bosque años después de la desaparición de sus tres autores y protagonistas. La campaña estuvo meses corriendo por la red y el boca a boca llevó a miles de espectadores a las salas sedientos de nuevas experiencias. Después, llegaron las alabanzas y los ataques implacables. “El proyecto de la Bruja de Blair” en mi opinión no llega a ser una película fallida, pero tampoco la obra magistral que muchos aseguran que es. El concepto es originalísimo y funciona en algunos momentos. En un formato documental, nos invita el filme a internarnos en el infierno de las últimas horas de sus protagonistas. Lo único que vamos a ver fue lo que su cámara registró. Y registró muy poco, pero suficiente. La obra explota el terror creado por medio de la sugerencia, por aquello que no se ve pero se intuye. La película consigue momentos realmente aterradores y angustiantes, como la escena de la tienda de campaña, la de los ídolos de madera o la de la casa en ruinas del sorprendente desenlace. Por desgracia, tiene otros puntos realmente tediosos y vacíos, momentos en los que no se cuenta absolutamente nada y en los que se alarga innecesariamente la agonía de los tres jóvenes perdidos induciendo al puro sopor. También creo que el terror, a pesar de ser muy sugerente, no está exprimido todo lo que debería estarlo: hay pocas escenas de este tipo y están muy alejadas, separadas por todos los puntos muertos tediosos antes mencionados, que son muy abundantes. “El proyecto de la Bruja de Blair” es, creo, una película del todo irregular, aunque ha aportado bastantes novedades al cine de terror, por lo menos a la hora de la experimentación técnica y narrativa y en el campo de la fusión de géneros (sus influencias se han visto en películas posteriores de todo tipo como “Open Water”, “A la deriva”, “REC” o “Monstruoso”). Como era de esperar, la película generó muchísimo merchandising y una horrenda secuela que muy poco tenía que ver con ella: “El libro de las sombras”. ¿Qué opináis sobre esta película? La polémica creo que está servida.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

JUNO de Jason Reitman – 2007 – (“Juno”)


Juno Macguff tiene dieciséis años y se ha quedado embarazada. El padre de la criatura es el inseguro y fanático de los deportes Bleeker, uno de sus compañeros del instituto. Juno ha tomado una decisión: va a tener al bebé y lo va a dar en adopción a Vanessa y a Mark, una pareja acomodada y algo frustrada que lleva años soñando con un hijo. La vida de Juno y de todos los que la rodean va a cambiar a raiz de este acontecimiento, y no va a ser ella la única que se va a enfrentar al paso hacia la madurez.

Hijo de Ivan Reitman (el director de las dos entregas de “Los Cazafantasmas”), Jason Reitman únicamente ha dirigido dos películas hasta la fecha: la comedia satírica “Gracias por fumar” y la comentada “Juno”. Ambas están enmarcadas dentro de un estilo visualmente bastante ecléctico que da una gran importancia a los diálogos, ágiles e ingeniosos y que definen casi por completo a los personajes. Jason Reitman es una joven promesa del nuevo cine norteamericano de aura independiente.

“Juno” narra la historia de una adolescente de clase media (maravillosa y bellísima Ellen Page) que, tras quedarse embarazada, decide tener a su bebé y entregarlo a una pareja acomodada que desea adoptarlo. Esta decisión cambiará su vida para siempre: la relación con su padre y con su madrastra, con el chico que la dejó embarazada y con la propia pareja que va a criar a su hijo. El filme está rodado con pulso, con una gran agilidad y utilizando varias técnicas visuales entre las que se encuentra la animación. La fotografía es bellísima y se sirve de los esplendorosos colores que la inundan para crear ambientes acordes a cada momento que irrumpe en el filme. La banda sonora, cargada de referencias que también aparecen en los diálogos a solistas y a formaciones musicales míticas (Patti Smith, Mott The Hoople, Sonic Youth, The Runaways, The Stooges…), es también genial. Ténicamente, “Juno” es una película excelente y, además, con una marcada personalidad. Creo, sin embargo, que le falla su trama, su historia, y además desde la raiz. Pienso que el filme está, en lineas generales, muy sobrevalorado. No voy a negar que los personajes tienen un gran carisma, que están maravillosamente interpretados y que en la cinta hay varios momentos verdaderamente hermosos tratados desde una visión poética y muy madura (el beso de Juno con su amigo en el patio del recreo ante la vista de todos, el nacimiento del bebé, el desenlace con la joven pareja tocando…). Por otro lado, la relación que se establece entre la protagonista y el futuro padre de su hija sabe interesar y transmitir la emoción justa alejándose de efectismos fáciles. Todo, pienso, queda sin embargo aquí: el resto de la obra simplemente no me parece que guarde nada destacable. Los personajes, desde mi punto de vista, son meros estereotipos a pesar del carisma del que gozan (los adolescentes perdidos, los padres comprensivos, el músico frustrado, la mujer que ante todo desea ser madre: todos están dibujados con un trazo que se me antoja demasiado grueso). No existen tampoco elementos que instalen entre ellos motores para que la trama resulte interesante: todos están de acuerdo con la protagonista en casi todo momento y, cuando existen conflictos entre ellos, son mostrados sin demasiada fuerza. Pienso también que los diálogos (llenos como dije de referencias y homenajes musicales y también cinéfilos) no son lo irónicos que intentan resultar: algunos sí que son incisivos, pero otros están forzadísimos y de naturales tienen muy poco. Para terminar, aunque esto es muy personal, Juno me resulta una chica irreal e incluso irritante. Creo que existe un abismo entre lo que es un personaje maduro y un personaje simplemente sabiondo, y el de Page creo que empieza siendo lo último, aunque ciertamente madure a lo largo del filme (es un error comenzar la película queriendo mostrarla “madura” a base de colocarle sin descanso frases “adultas” metidas con calzador). Creo firmemente que “Juno” es una de las películas más supersobrevaloradas de los últimos años.