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domingo, 1 de noviembre de 2009

ALIEN III de David Fincher – 1993 – (“Alien III”)


Cuando se despierta, la teniente Ellen Ripley descubre con horror que su hija adoptiva Newt y sus compañeros han muerto y que la nave en la que escaparon se ha estrellado en el planeta prisión Fiorina 161, en donde convive, sin armas de ningún tipo, una comunidad de viejos reclusos hostil y fanática. Ripley descubre además otra cosa: un alien sobrevivió y, por supuesto, la compañía que la traicionó desea hacerse con él, el último de su especie… Ripley toma una determinación: acabar con la bestia y destrozar los planes a la compañía que le destrozó a ella y a tantos otros la vida.

David Fincher siempre tuvo vocación por lo oscuro. Lo demostrarían obras como “Seven” o “El club de la lucha”, y también su irregular debut, “Alien III”, que bajaba el listón que tan alto habían dejado Ridley Scott y James Cameron con las dos primeras e imprescindibles entregas de la saga. Fincher da al desenlace de la trilogía (trilogía en su momento, pues hubo una inesperada cuarta entrega) un tono que, si bien falla en sus expectativas, es personalísimo y muy propio de su obra: intenta regalar un capítulo que nada tiene que ver con los anteriores ni con el posterior de Jean-Pierre Jeunet; intenta recrear un drama psicológico de terror. Para ello, desarrolla una historia de absoluta desesperanza y la ambienta en un mundo desolador, corrupto y oscuro. Ripley es, una vez más, la única que sobrevive de la segunda entrega a ésta. Sus amigos han muerto y también su hija adoptiva, por la que tanto luchó, mientras que el androide Bishop es un armatoste destrozado y viejo que no puede hacer nada salvo pedir la eutanasia. Estos incidentes hacen de Ripley, aquí rapada, un ser desencantado y amargado con una vida destrozada a las espaldas por sus dos enemigos implacables: una amenaza alienígena y, lo que es más grave, los propios humanos, los directores de la compañía que en las entregas anteriores la traicionaron sacrificando vidas inocentes para incubar aliens, la forma de vida perfecta que tanto ansían atrapar. La sensación de soledad y malestar de Ripley en el planeta prisión en el que está confinada como la única mujer en una colonia de perturbados y fanáticos está muy conseguida, y es ciertamente deprimente comprobar de qué manera han muerto los supervivientes de “Aliens. El regreso” con los que nos habíamos encariñado (este hecho, por cierto, hizo que James Cameron montase en cólera, pues adoraba a estos personajes). “Alien III” transmite pesimismo existencial y fatalidad por los cuatro costados, lo mismo que transmite “Seven” y, en menor grado, “El club de la lucha”. Por ello, es una obra tan personal como la de Scott o la de Cameron. Sin embargo, el conjunto básico de la película se viene abajo por diversos factores, y la sensación que queda tras su visionado es la de una insatisfacción básica que, la verdad, fastidia, sobre todo tras las expectativas creadas y tras la genialidad de sus antecesoras. David Fincher intenta volver a recuperar el espítu del primer “Alien”: vuelve a colocar a una sola bestia asesina frente a un grupo de hombres desarmados e indefensos. El ambiente es ahora de luces y sombras, de pasillos oscuros y de tonalidades sepia, lúgubre y extraño de nuevo. Sin embargo, el terror no funciona: el mito es ya conocido y no sorprende, y Fincher no sabe explotar la sugerencia como lo hizo Scott. Tal vez sin proponérselo, Fincher acaba realizando una película de acción, por lo menos en su mitad segunda, la referida a la lucha contra el alien. Y el caso es que como película de acción también se plantea insuficiente, sin pulso, llegando por momentos, ante la falta de originalidad, al puro efectismo frenético vacío que ya empezaba a cuajar entre los autores de cine comercial. A esto se le añade una galería de personajes medianamente interesantes en los inicios pero que acaban resultando anodinos, sin mucho carisma y completamente olvidables (los más olvidables de todas las entregas). Tampoco ayuda el hecho de que la protagonista albergue un oscuro secreto que no voy a revelar pero que se predice con rapidez y que poco aporta. De “Alien III” se salva su desenlace, completamente inesperado, en el que Ripley por fin se venga de la compañía y les destruye para siempre su sueño de grandeza. El resto, por desgracia, resulta insuficiente por las razones antes comentadas. Eso sí, al parecer a Fincher los productores le destrozaron su proyecto, eliminando escenas sin piedad y cambiando el concepto original de la historia para hacerlo más comercial. ¿Qué ocurrió exactamente? El caso es que, por desgracia, la película es la más floja de la saga (yo incluso la situaría por debajo de la también irregular aportación de Jeunet). ¿Qué opinan?

viernes, 23 de octubre de 2009

ZODIAC de David Fincher - 2007 - (“Zodiac”)


Finales de los años sesenta. En San Francisco todos los medios de comunicación hablan de Zodiac, un asesino misterioso e impredecible, meticuloso y perfeccionista que tiene atemorizada a toda la ciudad con sus amenazas y del que la policía no logra averiguar lo más mínimo. Tres hombres investigan su caso con sus propios medios: el inspector David Toschi, el periodista Paul Avery y el dibujante Robert Graysmith. Los tres van a colaborar para intentar desenmascararlo, y los tres se van a ver sumergidos en la pesadilla de la obsesión. Muy pronto, el mito de Zodiac va a dominar sus vidas…

Formado en el mercado de los videoclips y en el de los efectos especiales, David Fincher se ha convertido en uno de los cineastas norteamericanos comerciales modernos más aclamados desde la mitad de los años noventa. Debutó trabajando para la Industrial Light And Magic, desde la que pasó a dirigir vídeos musicales para artistas como Madonna, George Michael, Aerosmith o The Rolling Stones para más tarde debutar en el largometraje de ficción con la irregular secuela “Alien III”, ambientalmente muy conseguida pero con un guión fallido a pesar de su originalidad, secuela que no supo llegar al gran nivel de las dos primeras entregas de la saga, de Ridley Scott y James Cameron respectivamente. El salto a la fama y al reconocimiento de crítica y público le llegaría en 1995 con “Seven”, su primera obra maestra, uno de los mejores thrillers de la década. Tras ella, su estilo cinematográfico, bastante comedido, preciso y sin efectos superfluos en sus dos primeras películas, se tornaría, influenciado como estaba por el mundo videoclipero, efectista y hasta grandilocuente, amante de la expresión por medio de imágenes rápidas y numerosas, de gran imaginación y pericia visual y de constantes recursos espectaculares para resaltar la narración, recursos que a veces resultan completamente antinaturales y fuera de lugar (no siempre). Fue esta la opción estética que David Fincher tomó y la que le hizo más conocido entre ciertos sectores jóvenes que la alabaron, al igual que pasó posteriormente con la de creadores de la misma “escuela” como Darren Arofnosky. Por supuesto, no dejó de desatar las iras de otro sector de fieros detractores de la invasión videoclipera. Sin embargo, sí es verdad que Fincher, como Arofnosky, a pesar de pertenecer a esta corriente, no abusa de ella como abusan otros malos directores (y posteriormente incluso se ha alejado de dicha tendencia, por lo menos en casos puntuales, como le ha ocurrido igualmente al mencionado Arofnosky). Fincher se mueve muy bien con la cámara, y no atosiga al espectador de forma brutal con cascadas de imágenes sin sentido o con constantes flashes y filtros o con montajes tiránicos y frenéticos de forma gratuita. En sus obras posteriores a “Seven” se destacarían sus guiones enrevesados, dislocados, desordenados y vueltos a ordenar y a menudo con varias vueltas de tuerca inesperadas y desenlaces espectaculares aunque a veces algo tramposos. Destacaría con nuevos, personales y violentísimos thrillers en los que se mostraba la sociedad norteamericana más decadente y podrida, más corrupta y oscura. Rodaría en 1997 la buena “The Game”, a la que seguirían la genial y polémica “El club de la lucha” (por la que fue acusado de fascista), la para mi flojita “La habitación de pánico”, la genial “Zodiac” y “El curioso caso de Benjamin Button”, su primer drama.

David Fincher se ha ganado a pulso el poder situarse entre los mejores directores de thrillers modernos y entre los más destacados directores comerciales norteamericanos de nuestro tiempo. “Zodiac”, su sexta película y tal vez la mejor acabada de su obra conjunta (en mi opinion), lo confirma y pasa por derecho propio a ocupar un lugar de honor en su filmografía y en la historia del cine norteamericano de las últimas décadas, lugares de honor que va a compartir con sus dos obras maestras “Seven” y “El club de la lucha” (sus otras obras de formato thriller –“Alien III”, “The game” y “La habitación del pánico”- me parecen, a la vez que personales, fallidas en algunos aspectos, mientras que “El curioso caso de Benjamin Button” la considero dentro de un espectro aparte al ser su primer drama). “Zodiac” está basada en la investigación real que se realizó en torno al asesino del mismo nombre que conmocionó a todos los USA a finales de los sesenta y principios de los setenta y que fue olvidado por casi todos cuando desapareció (supuestamente) de la escena sin que lo hubiesen atrapado. Un magnífico Jake Gyllemhaal da vida al personaje real Robert Graysmith, un dibujante de un periódico que investigó el caso a fondo y hasta sus últimas consecuencias (a pesar de que sus hipótesis nunca fueron probadas por razones que no revelo) y que plasmó todos sus descubrimientos en dos novelas en las que el filme de Fincher, que pasó su infancia viviendo el “fenómeno de Zodiac” a través de los medios, se ha basado. La labor de información realizada para llevar la película a buen puerto ha sido titánica, y los resultados se dejan ver en un apasionante thriller que mantiene al espectador tres horas agarrado a la butaca sin dejarle un segundo de respiro. David Fincher revisa toda la historia de este asesino mítico a través de la del personaje mencionado de Gyllenhaal y de la de los otros dos principales investigadores del caso, con los que éste colaboró estrecha y activamente: el inspector David Toschi y el periodista Paul Avery, a los que dan vida dos excelentes y carismáticos Mark Ruffalo y Robert Downey Jr. La acción los sigue a los tres a lo largo de prácticamente dos décadas de constante búsqueda, de enfrentamientos entre ellos, de desilusiones, de miedos y de flaquezas. Todo ello se narra utilizando un estilo que poco tiene que ver con el del último Fincher, el de “El club de la lucha” y “La habitación del pánico”. La imaginería visual y el efectismo que exhibían (comedidamente y sin estorbar a la narración) estos dos filmes desaparece casi por completo para dar paso a un acabado visual sobrio y limpio, tremendamente realista y comedido en todos los aspectos, incluso en el ambiental, sin filtros ni trucajes de ningún tipo. Narrativamente tampoco busca la cinta que comentamos sorprender: todo se desarrolla siguiendo una estructura lineal. Sin embargo, y aquí se nota la plena madurez que el autor ha alcanzado, “Zodiac”, como he dicho, no deja parar un segundo al público. Aunque su historia se desarrolla a lo largo de dos largas décadas, el que disfruta de ella no pierde el interés por la intriga en ningún momento gracias, sobre todo, a una información excelentemente ordenada y dosificada, a un ritmo genial y a un pulso narrativo magistral que logran que la tensión nunca se relaje en las casi tres horas de metraje que se nos ponen por delante. “Zodiac” es, por encima de todo, un thriller sincero que huye de la manipulación, del efectismo, de la visualidad exuberante pero vacía y de las piruetas narrativas originales pero que no aportan nada a lo que en la ocasión se narra. “Zodiac” es la exquisita obra (nada comercial) de madurez de David Fincher, la que le muestra como un creador seguro de sí mismo y de lo que desea crear. Menos mal que en Hollywood todavía quedan cineastas inteligentes. Altamente recomendable.