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miércoles, 14 de octubre de 2009

LA JUNGLA 4.0 de Len Wiseman – 2007 – (“Live free or die hard”)


A John McClane, de nuevo en el servicio, le han encargado una misión aparentemente fácil y rutinaria: recoger en su apartamento a un joven pirata informático llamado Matt Farrel al que sus superiores quieren interrogar por un caso que desconoce. Cuando llega a la casa del chico, unos misteriosos hombres les atacan y, tras huir de ellos, los dos descubren que el caos reina en las calles porque todos los sistemas de los Estados Unidos están controlados por un misterioso grupo terrorista. Ambos tendrán ahora que unir sus fuerzas para salvar al país.

El joven y hasta ahora mediocre Len Wiseman, formado en la publicidad, ha dirigido únicamente tres películas hasta la fecha: las muy olvidables “Underworld” y “Underworld Evolution” y la aceptable “La jungla 4.0”.

Nada más y nada menos que trece años después de “Jungla de cristal. La venganza” nos encontramos en las salas de cine con la cuarta parte de una saga que ya todos pensaban que iba a quedar para siempre como una trilogía: “La jungla 4.0”. Su salida al mercado coincidio con una nueva y hasta cierto punto polémica moda que se ha instaurado en el Hollywood totalmente falto de ideas de hoy: la del rescate de sagas comerciales clásicas (especialmente de los años ochenta y noventa) por medio de nuevas y del todo inesperadas secuelas: “Terminator III: La rebelión de las máquinas” (no hablo de la cuarta entrega de esta saga porque la considero, de alguna forma, una entrega aparte que inaugura una nueva trilogia), “Rocky Balboa”, “John Rambo” o “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” ya han asentado esta mencionada moda. Es lógico que, cuando se resucitan las andanzas de personajes míticos que llevan tanto tiempo “jubilados”, un cierto halo de desconfianza envuelva al público y a sus fans. Además, el hecho de que la propia industria norteamericana ponga en evidencia la crisis artística total en la que lleva sumergida ya más de una década no ayuda mucho a mirar con confianza un filme de estas características. Los resultados de estas sorpresivas resurrecciones pueden ser catastróficos, como en el caso de la tercera parte de “Terminator”, o medianamente aceptables (por lo menos eso opino yo), como en el caso de las mencionadas “Rocky Balboa”, “John Rambo”, “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” o la película que nos ocupa. “La jungla 4.0” no va a sorprender ya a nadie y, sin embargo, y a pesar de la mediocridad de la que hasta ahora ha hecho gala el director encargado de dirigirla, Len Wiseman, resulta en todo momento un producto de acción divertido (lo cual hoy, tristemente, es ya extraño, y más tratándose de la cuarta parte de una serie). Bruce Willis interpreta a un John McClane más viejo, más cínico y más desilusionado con el mundo que nunca que, de nuevo (y ya van), tiene que hacer de héroe a su pesar enfrentándose a unos nuevos terroristas con la ayuda de un nuevo compañero, un joven y experto hacker (muy solvente Justin Long, aunque se echa muchísimo de menos al genial Samuel L. Jackson de la anterior cinta). Los mencionados terroristas ahora, además de usar las armas, utilizan la informática para paralizar todos los sistemas de los Estados Unidos. Para enfrentarse a ellos McClane pondrá la fuerza, y su compañero Matt Farrell sus conocimientos del mundo de los ordenadores. La química entre ambos está muy bien instaurada, y la trama, lineal y básicamente bien llevada y con buen pulso y ritmo, avanza alternando frenéticas y espectacularísimas escenas de acción con pequeños enigmas que hay que resolver. Los efectos especiales son más y mejores que nunca, y la acción que articula la historia es verdaderamente delirante (en el buen sentido, ya que ciertas escenas ni se toman en serio ellas mismas –la película “goza” de una total falta de pretensiones en todos los sentidos que la hace tremendamente fresca-). El villano de turno, interpretado por Timothy Olyphant, aporta un carisma aceptable (aunque no llega al nivel de los anteriores Alan Rickman y Jeremy Irons), al igual que sus secuaces, entre los que se encuentran hombres saltarines y expertas en artes marciales (la pequeña aparición de Kevin Smith es también muy destacada). “La jungla 4.0” no va a enseñar nada nuevo y tampoco va a aportar nada a una saga que tal vez debería haberse dejado cerrada. Sin embargo, tampoco pretende ninguna de las dos cosas. Lo único que busca es divertir, y lo cierto es que lo consigue con una dignidad que pocas películas de su género ya tienen.

JUNGLA DE CRISTAL. LA VENGANZA de John McTiernan – 1995 – (“Die Hard with a vengeance”)


Un misterioso hombre que se llama a sí mismo Simon ha llenado de bombas ocultas la ciudad de Nueva York. Sólo pide una cosa: que el policía John McClane, ahora divorciado, retirado momentáneamente del servicio y con un pie en el alcoholismo, participe en su juego, el “Simon dice”. Si no logra superar las malévolas pruebas que le propone, las bombas estallarán. John McClane accede a jugar y, una vez más, a convertirse en un héroe a su pesar. No va a estar solo: Zeus, un tendero negro y racista de Harlem, va a tener que ayudarle a salvar la ciudad, y también lo va a tener que hacer a su pesar. Juntos, tendrán que averiguar la identidad de Simon y el porqué de su odio a McClane.

Después del nuevo éxito de “La jungla II. Alerta roja”, dirigida por Renny Harlin, John McTiernan volvió a la saga para encargarse de dirigir su tercera parte. El cambio fue acertadísimo, ya que “Jungla de cristal. La venganza” volvió por lo menos a alcanzar el nivel de calidad de la primera entrega de las aventuras del policía John McClane e incluso introdujo unas más que gratas novedades, entre las que destaca la presencia del mejor de los aliados que hasta ahora ha tenido el mencionado protagonista, Zeus, al que da vida un genial Samuel L. Jackson, y una primera mitad del filme de aires detectivescos en la que ambos héroes (a su pesar, por supuesto) han de resolver un conjunto de retorcidos enigmas para salvar a la ciudad de Nueva York, amenazada por el hermano del villano de la primera parte (Alan Rickman), un también genial Jeremy Irons muy ajustado a su frío y deshumanizado papel. Los efectos especiales son, de nuevo, más y mejores, pero esto no quita protagonismo en absoluto a una trama bastante imaginativa y con un cierto misterio cuya resolución está realmente bien economizada y que mantiene al espectador interesado en la historia desde el principio hasta el desenlace. En la antes mencionada primera mitad de la película (la mejor sin ninguna duda), John McClane y Zeus han de solucionar el grupo de problemas de inteligencia que el malvado Simon les ha propuesto, mientras que en la segunda han de enfrentarse directamente a él en el clásico espectáculo de acción frenética, luchas, disparos y explosiones ya más convencional pero no por ello aburrido. El humor mejora notablemente con respecto al de la segunda parte, con un McClane hastiado en horas bajas divorciado, retirado del servicio y con un pie en el alcoholismo que vive su aventura junto al referido Zeus, un tendero negro de Harlem muy racista que desprecia a los blancos basandose exclusivamente en sus prejuicios (lo repito: genial y brutalmente divertido Samuel L. Jackson). “Jungla de cristal. La venganza” es una trepidante tercera parte para una saga mítica y una de las últimas películas de acción verdaderamente destacadas de los años noventa (prácticamente la última). Hoy sigue estando a un alto nivel, aunque tampoco lo tiene nada difícil con la cantidad de porquerías que siguen ocupando las salas comerciales. Como curiosidad, la película estuvo a punto de llamarse “Simon dice” y de ser una obra independiente antes de, finalmente, acabar cerrando la entonces trilogía de John McClane.

LA JUNGLA II. ALERTA ROJA de Renny Harlin – 1990 – (“Die Hard II”)


Navidad. El Aeropuerto Dulles de Washington ha sido tomado por un grupo de mercenarios que piden la liberación inmediata de un dictador sudamericano que está a punto de aterrizar en dicho aeropuerto como prisionero. Sitiado el lugar, los aviones que lo sobrevuelan corren el riesgo de estrellarse al perder su combustible si los secuestradores no satisfacen pronto sus peticiones. En el lugar cunde el pánico. Sin embargo, nadie sabe que el hombre que liberó el edificio Nakatomi Plaza de Los Ángeles de los terroristas que lo asaltaron está en ese mismo aeropuerto, al que ha ido a recoger a su mujer, pasajera de uno de estos aviones. John McClane va a ser, una vez más, héroe a su pesar.

Renny Harlin es un director especialista en cine de corte familiar que no destaca por nada en especial. Autor de obras divertidas algunas, horripilantes otras y mediocres la mayoría, no tiene una personalidad destacada ni ninguna gran cinta digna de mención. Ha dirigido algunos grandes éxitos y, también, otros grandes fracasos. El género en el que mejor se ha movido ha sido el de la acción, aunque también ha realizado incursiones en otros. Su en líneas generales anodina filmografía se compone de las secuelas de terror y de acción “Pesadilla en Elm Street IV” y “La jungla II. Alerta roja”, de la comedia “Las aventuras de Ford Fairlane”, del filme de acción “Máximo riesgo”, de la película de piratas “La Isla de las Cabezas Cortadas” (con la que intentó resucitar el género – lo que no se logró hasta la llegada de “Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra” - y con la que se dio uno de los más sonados batacazos de taquilla de la década), el nuevo filme de acción “Memoria letal”, la película de terror y acción “Deep Blue Sea”, el filme deportivo “Driven”, el thriller “Cazadores de mentes”, la precuela de terror “El Exorcista: el comienzo”, el thriller de aventuras “La Alianza del Mal” y los nuevos thrillers “Cleaner” y “12 trampas”.

Era de esperar que, después del enormísimo éxito de “La jungla de cristal” no tardasen en llegar sus correspondientes secuelas. La primera de ellas fue “La jungla II. Alerta roja”, la más flojita de todas junto a la cuarta entrega, que en mi opinión la supera ligeramente ya que por lo menos no es casi un calco de la mencionada “La jungla de cristal”. John McClane, de nuevo interpretado por Bruce Willis, que asentaba el carácter de su personaje más famoso en otro genial papel de héroe a su pesar, tiene que salvar de nuevo a su mujer y a otro grupo de personas de otros malvados terroristas en otra Navidad desafortunada y en otro lugar cerrado y aislado (un aeropuerto en este caso) que ha de usar como un arma más contra sus enemigos. Como pueden observar, el factor sorpresa no está ya por ninguna parte, y no sólo eso: “La jungla II. Alerta roja” no es únicamente una película que ya no sorprende, sino que además es, como he comentado arriba, prácticamente una copia de su antecesora (lo cual por lo menos no es “La jungla 4.0”). Eso sí, a pesar de esto no deja de ser una creación que, en líneas generales, y aún sin alcanzar a obras maestras como su antecesora u otros títulos míticos, está por encima de la media del resto de obras de su devaluado género: la dirección del mediocre Renny Harlin es aceptable, se incrementan las dosis de espectacularidad y de violencia, los efectos especiales son más y mejores, hay ahora tres villanos (tres, y uno es toda una sorpresa, lo cual siempre es de agradecer) con un carisma solvente (aunque no le llegan a los talones ni al anterior, Alan Rickman, ni al inmediatamente posterior, Jeremy Irons) y la acción sigue siendo frenética e imparable. La película no busca otra cosa salvo divertir, y como segunda parte de un clásico resulta en todo momento más que disfrutable. La saga mejoraría notablemente tras la marcha de Harlin de la dirección y el retorno de McTiernan para “Jungla de cristal: la venganza”.

LA JUNGLA DE CRISTAL de John McTiernan – 1988 – (“Die Hard”)


John McClane, policía de Nueva York, viaja en Navidad a Los Ángeles para visitar a su mujer, que trabaja en una empresa ubicada en el imponente rascacielos Nakatomi Plaza. El edificio está desierto salvo por un pequeño grupo de empleados que celebran las fiestas. Ocurre algo entonces: una banda de terroristas se adueña del lugar y logra engañar a la policía para que les dejen campar a sus anchas. John McClane, cuya presencia los invasores desconocen, se va a enfrentar a ellos desde las sombras con la única ayuda de Al Powell, un agente algo patoso pero valiente al que nadie toma en serio.

En la década de los ochenta y en la primera mitad de la de los noventa, el género de la “acción moderna” vivió su edad dorada, desatado por las frescas y geniales primeras obras de autores como James Cameron, Richard Donner o John McTiernan, uno de los directores claves del género y uno de los que, por desgracia, más bajo ha caído con los años, como el propio género. El cine de acción, ese tipo de cine de entretenimiento tan efectivo y denostado (en parte por culpa de lo devaluado que ha quedado hoy) no fue siempre como es en la actualidad: utilizando una historia extremadamente simple como excusa, enfrentaba al espectador con un espectáculo frenético de efectos especiales y de escenas trepidantes montadas de manera inteligente y rodadas en un estilo artesanal que a veces incluso resultaba personal. Las dos primeras entregas de “Terminator”, “Aliens. El regreso”, “Depredador”, la saga de“La jungla de cristal”, “Los goonies”, la trilogía de Indiana Jones…Eran todas películas que, herederas del cine de Alfred Hitchcock (especialmente de obras maestras como “Con la muerte en los talones”), del cine de catástrofes, del cine de acción de Hong Kong, del terror clásico, de la serie B, del western y de las aventuras, entre otros géneros del Hollywood dorado y de más allá, únicamente buscaban divertir, aterrorizar, hacer pasar un gran rato frente a la pantalla. Lo conseguían con creces, y no trataban a los espectadores como estúpidos, tal y como ocurre hoy. Algunas, como las de James Cameron, hasta presentaban personajes e historias con una cierta hondura. John McTiernan era un director que sabía, sobre todo, imprimir ritmo, frescura y buen hacer a sus películas. Sin ningún tipo de pretensiones (salvo algún mensaje ecológico y alguno que otro patriotero) fusionó los más diversos géneros con las reglas elementales del cine de acción y logró que cada una de sus películas fuese distinta de la anterior pero con la misma estructura y las mismas reglas internas: aventuras con un toque de humor y otro de violencia de personajes de trazo simple pero no simplones. Su cine comercial era cine comercial con mayúsculas. No era, evidentemente, un Howard Hawks o un John Huston, pero sí un Richard Donner (otro que también ha caído en desgracia en los últimos tiempos). Debutó con una película de terror: “Nómadas”, a la que le siguieron dos obras cumbres del cine de acción; “Depredador” y “La jungla de cristal”, dos iconos de su década. Después llegó el thriller bélico “La caza del Octubre Rojo”, la aventura ecológica “Los últimos días del Edén” y la parodia de las películas de acción “El último gran héroe”, una película que fue un fracaso de taquilla y que para unos es una obra genial e infravalorada y para otros un fracaso artístico y hasta pretencioso. Tras ellas, McTiernan se movió entre buenas cintas y grandes bazofias: la divertidísima “La jungla de cristal III: La venganza”, el anodino remake “El secreto de Thomas Crown”, la divertida película de aventuras “El guerrero nº13”, el nuevo y repulsivo remake “Rollerball” y la flojita “Basic”. ¿Volverá este director a regalar una obra comercial como las de su primera etapa?

“La jungla de cristal”, basada en la novela de Roderick Thorp “Nothing last forever”, es una de las más importantes sagas de la historia del cine de acción y su primera entrega es una de las películas decisivas de este cine durante su mejor década, la de los ochenta, junto a obras como “Acorralado”, “Depredador”, “Robocop”, “Arma letal”, “Arma letal II”, “Aliens. El regreso” o “Terminator” (en los noventa vendrían otras tantas geniales como “Terminator II” o las propias secuelas de esta cinta que nos ocupa, aunque el género comenzaría a decaer definitivamente hundido por una sobredosis de calcos mediocres de estos clásicos). “La jungla de cristal” fue concebida inicialmente como la segunda entrega de la exitosa “Comando”, aunque tras la negativa de Arnold Schwarzenegger a volver a protagonizarla se optó por rodar una película independiente. El encargado de dirigirla fue el entonces destacado y hoy por desgracia tremendamente devaluado John McTiernan, y el actor elegido para dar vida al protagonista fue Bruce Willis, que tras ella pasó a convertirse en una de las grandes estrellas de Hollywood. Su personaje, el policía John McClane, un héroe a su pesar cínico, irónico, malhablado y de fondo bondadoso se convirtió en un icono de culto que ya forma parte de la historia del cine norteamericano. Mil veces imitada y con sus raíces bien ancladas en las películas de policías “sucios” clásicas y en el cine de catástrofes (los cuales revisita y moderniza ligeramente), “La jungla de cristal” narra la historia del referido policía, que ha de enfrentarse a la banda terrorista que ha tomado el rascacielos en el que trabaja su mujer y que, prácticamente solo (únicamente le ayuda un policía algo torpe pero valiente interpretado por Reginald Veljohnson, al que veríamos como padre de familia en la serie “Cosas de casa”) termina con ella empleando sus propias armas y utilizando el solitario edificio como una más. La acción es incesante, vertiginosa, brutal y espectacular como pocas veces se había visto antes: un festival de explosiones, peleas, disparos y sangre imparable y que, sin embargo, no es el protagonista absoluto (como tristemente suele ocurrir), ya que la trama, muy bien desarrollada y con gran pulso, mantiene el interés desde el principio hasta el final. Willis entrega una genial interpretación, al igual que hace un excelente y tremendamente carismático Alan Rickman como el villano de turno. “La jungla de cristal” fue uno de los mayores éxitos de toda esa década que terminaba. Lo mismo le ocurrió a sus hasta ahora tres secuelas (de irregular calidad ya aunque aceptables en su conjunto).