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domingo, 1 de noviembre de 2009

ALIEN. RESURRECCIÓN de Jean-Pierre Jeunet – 1997 - (“Alien Resurrection”)


Más de doscientos años después de su muerte, Ripley despierta: ha sido resucitada empleando técnicas avanzadas de clonación y su ADN se ha mezclado con el de la Reina Alien, por lo que posee poderes superiores a los del resto de los humanos. La compañía que la traicionó ha desaparecido, pero otra nueva relacionada con el poder militar ha podido devolverla a la vida para hacerse con su bien más preciado: los aliens, a los que ahora están criando en secreto un laboratorio del espacio. Por supuesto, las letales e ingobernables bestias escapan y siembran el terror en el lugar. Ripley se une a unos piratas espaciales para acabar con ellos y para asestar el golpe de gloria a la maldita raza que le ha destrozado la vida.

Cuando todos creían que la saga de Alien por fin había terminado con el sacrificio de Ripley para salvar al mundo, aparece un poco por sorpresa una cuarta parte que echa a temblar a más de uno. Si la tercera de Fincher no fue todo lo buena que pudo haber sido… ¿Qué podría ser ya una cuarta en la que la teniente aparecía absurdamente resucitada? La clave para salir de este atolladero estaba en algo que Hollywood siempre olvida o ignora: un guión aceptable y, tal vez, un director con una personalidad o, por lo menos, un buen artesano. Jean-Pierre Jeunet, después de debutar en Francia, su país natal, con dos geniales películas fantásticas (“Delicatessen” y “La ciudad de los niños perdidos”) que ahora ya son dos clásicos de su cine, se lanzaba al mercado estadounidense para hacerse cargo de esta cuarta entrega y, al menos en mi opinión (que sé que muchos no comparten en absoluto) sale medianamente bien parado. Perteneciente a la generación que surgió tras la estela de Luc Besson, Jean-Pierre Jeunet hace una versión de Alien adaptada al tipo de cine que esta generación suele practicar: un cine siempre comercial pero que busca una personalidad marcada. Es lo que es, básicamente, “Alien. Resurrección”: una entrega que vuelve al modelo de la acción de Cameron (como Fincher volvió al del terror de Scott) buscando conectar con un público que busca diversión pero también tratando de conectar con otro que busca un producto de calidad. Jeunet presenta un espectáculo pirotécnico de efectos especiales y efectismo excesivo, mucho más que el de Cameron, y muy frenético, que no deja parar un minuto al espectador. Los aliens vuelven a ser una mayoría, y sus víctimas vuelven a estar armadas hasta los dientes. La ambientación es recargada, barroca, también de luces y sombras, aunque ya es incapaz de aterrorizar lo más mínimo (también porque el mito del Alien está ya muy visto en una cuarta entrega). Claro que en ningún momento “Alien. Resurrección” intenta ser una película de terror. Es una película para divertir, y la verdad es que creo que Jeunet, básicamente, lo consigue, aunque no aporte nada nuevo. La considero algo superior a la también irregular entrega de David Fincher ya que esta apuntaba muy alto y caía bastante bajo. La gran mayoría de las sagas, al llegar a su cuarta entrega, ya se presentan completamente deterioriadas en todos los aspectos. La de alien cae, como es normal, pero no llega a este grado. No pienso que “Alien. Resurrección” sea un filme malo: es simplemente un filme de acción, un filme de acción que, como los de Luc Besson o los del propio Jeunet, están muy por encima de la media del cine de acción del Hollywood actual. La clonación de Ripley a manos de los militares, si bien en una primera instancia puede parecer de auténtica risa, está realmente bien tratada por Jeunet: no queda tan absurda ni tan delirante como se espera. Tampoco está su personaje mal desarrollado: tiene la suficiente dosis de desencanto para resultar coherente con su vida anterior, destrozada por los alienígenas y por los seres humanos y su maldad, que, peores que los propios aliens, esta vez han rizado el rizo en su búsqueda de la grandeza y el poder. El resto de sus compañeros resultan atractivos, tan extravagantes como los habituales de Jeunet e interpretados por algunos de sus actores fetiche: Dominique Pinon, Ron Perlman… junto a otros como Winona Rider, que no lo hace mal. El desenlace contra el alien-humano está bien resuelto y es coherente, y realmente presenta una aceptable historia que se puede seguir con interés. ¿Piensan que “Alien. Resurrección” está infravalorada como simple película de acción y diversión? Tras su aventura americana, Jean-Pierre Jeunet volvería a Francia para rodar su famosa y bonita “Amelie”.

sábado, 24 de octubre de 2009

AMELIE de Jean-Pierre Jeunet – 2001 – (“Le Fabuleux Destin d'Amelie Poulain”)


La joven parisina Amelie Poulain ha visto a su pez de colores caer a las alcantarillas, a su madre morir en la plaza de Notre-Dame aplastada por una gárgola, a su padre dedicar todo su afecto al gnomo de su jardín y a sus vecinos, incapaces de darse amor, pelearse o avasallarse entre ellos o directamente ignorarse. Así que, a sus veintidós años, Amelie ha decidido su vocación: ayudar a los demás interviniendo en sus vidas sin que ellos lo sepan. Uno de los hombres a los que va a ayudar se llama Nino. Es un chico mediocre, joven y soñador. Amelie va a enamorarse de él…

Jean-Pierre Jeunet es tal vez el heredero del modo de ver el cine de Luc Besson más afamado fuera de las fronteras francesas. Como éste, cree en la posibilidad de hacer un arte fílmico comercial y a la vez realmente artístico, y también como éste, ha sido bastante criticado por ello. Sus películas están orientadas a un estilo fantástico/costumbrista de aire muy francés. En unas ocasiones han sido muy oscuras y de tintes macabros (“Delicatessen”), y en otras luminosas y románticas (“Amelie”), pero siempre con un toque de lirismo y con una ambientación onírica, muy recargada y retorcida, tendente al barroquismo y al efectismo (efectismo que Jeunet aplica a menudo pero del que no satura demasiado al espectador). Sus historias suelen ser estrambóticas, de personajes inquietantes y tiernos, a veces bastante violentas y a veces exacerbadamente soñadoras, cargadas de elementos mágicos y algo surrealistas. Es un gran maestro del ambiente, evocador como pocos (en ciertos aspectos me recuerda a una especie de Tim Burton francés). Practica un cine de evasión muy efectivo y ciertamente muy personal, un cine de líneas simples y siempre de entretenimiento pero en absoluto de vulgar consumo rápido. Tiene Jeunet una filmografía aún corta pero de gran imaginación y calidad dentro de su género, en el que cada día es más difícil sorprender. Debutó con dos películas muy sombrías y crudas, ambientadas en una Francia apocalíptica y ruinosa y ambas co-dirigidas con su amigo Marc Caro: “Delicatessen” y “La ciudad de los niños perdidos”. Tras ellas, los dos separaron sus carreras y Jeunet rodó su discutida película norteamericana “Alien. Resurrección”, la cuarta entrega de la saga de Alien (que a pesar de haber sido criticada sin piedad no es, en mi opinión, una mala película de acción). Después volvió a su cine habitual y su Francia negra se tornó alegre y bucólica, luminosa y límpida con la comedia romántica “Amelie”, la película que le dio la fama frente al gran público, y con el drama bélico romántico “Largo domingo de noviazgo”, que dicho sea de paso me parece su peor película con diferencia: un plastazo de efectismo tiránico y cansino.

Aún estando notablemente sobrevalorada, “Amelie” es una película de entretenimiento más que digna, especialmente en las carteleras muertas de los últimos años. Conjuga a la perfección comercialidad y arte; de hecho arrasó en las taquillas mientras dejó contentos a una gran parte de los críticos. Narra la historia de Amelie (entrañable Audrey Tautou), una chica parisina que dedica su vida a ayudar a los demás sin que ellos lo sepan, para lo cual elabora unos planes imaginativos como pocos y a veces delirantes. Amelie se enamora de Nino (un buen Mathieu Kassovithz), uno de los hombres perdidos a los que quiere ayudar y poco más hay que decir de la trama, aunque tampoco es lo más importante. Con un ágil ritmo y comedidamente efectista, Jeunet sabe enganchar al espectador desde el primer momento y sabe compenetrarle bien con la altruista heroína de su obra, ambientada en un París bucólico y onírico, siempre alegre y en el que mezcla el costumbrismo con la pura fantasía y la magia cotidiana. “Amelie”, sin ser en mi opinión la obra maestra que tantos afirman que es, es una de esas películas con capacidad para alegrar una tarde mala, un día aburrido; una película con una pasmosa capacidad para desatar una sonrisa. Jean-Pierre Jeunet, por lo menos hasta ahora, ha sabido dar un excelente cine de consumo que no engaña ni decepciona al espectador (ni al que simplemente quiere pasar un buen rato ni al que busca algo más que un filme palomitero cualquiera).